Category Archives: Dos a la Semana

DOS A LA SEMANA

LO PEOR ESTÁ POR VENIR
Jorge Aragón Campos                          jaragonc@gmail.com

En definitiva los culichis no estamos sabiendo ponernos a la altura de nuestros retos, ya hasta estoy sospechando sea genético y en un descuido abarque a todo Sinaloa.

La oleada de asesinatos que asola a la capital, particularmente los de muchachos muy jóvenes, ha provocado una respuesta muy original de ellos: llamar a protestar contra los juvenicidios.

Al igual que las mujeres, frente a una situación que demanda a convocar a todos los sinaloenses sin distingos, los jóvenes han optado por poner su raya y separarse del resto de la sociedad, para exigir un trato especial que plantea no el logro de justicia, sino el privilegio de ser favorecidos por la autoridad responsable no de impedir ocurran esos hechos, sino de castigarlos conforme lo dicta la ley, que sin duda es la mejor manera de prevenirlos; es decir, en el discurso juvenil subyace la idea de mantener intocado el estado de cosas mientras a ellos no les perjudique.

Las mujeres se les adelantaron desde hace años y hasta la fecha no han logrado nada, bueno en realidad sí: han contribuido al empeoramiento del fenómeno, por la vía de alejarse del resto de los grupos afectados. Nadie quiere entender que los sinaloenses estamos todos juntos en esto, toda propuesta de solución que no nos abarque y beneficie a todos sólo redundará en nuevos fracasos.

En lo que va de este mes, en redes apareció un meme sobre Copérnico que decía “hace 500 años lanzó su teoría heliocéntrica, aquella que afirma que tú no eres el centro del universo. Ridícula!” Así estamos aquí, con un atraso aproximado de cinco siglos.

Los culichis seguimos pensando que el mundo se puede acabar sin ningún problema, pues es posible tal cosa ocurra sin que me afecte en lo más mínimo, cuestión de seguir cuidando bien mis muy particulares intereses así sea en detrimento de los demás, que los problemas de Culiacán son problemas de ellos y a mí que me esculquen.

Me parece en verdad increíble –en el peor sentido de la expresión-, nuestra firme voluntad para insistir en obtener resultados distintos por la vía de seguir haciendo lo mismo, es una demostración de irracionalidad que obliga a preguntarnos cómo es que aún no nos hemos matado todos contra todos, aunque para esto último ahí la llevamos, cuestión de pasearse por las calles de nuestra ciudad capital.

Ya no me alcanza la imaginación para especular hasta dónde vamos a llegar.

DOS A LA SEMANA

LO PEOR ESTÁ POR VENIR
Jorge Aragón Campos                          jaragonc@gmail.com

 

En definitiva los culichis no estamos sabiendo ponernos a la altura de nuestros retos, ya hasta estoy sospechando sea genético y en un descuido abarque a todo Sinaloa.

La oleada de asesinatos que asola a la capital, particularmente los de muchachos muy jóvenes, ha provocado una respuesta muy original de ellos: llamar a protestar contra los juvenicidios.

Al igual que las mujeres, frente a una situación que demanda a convocar a todos los sinaloenses sin distingos, los jóvenes han optado por poner su raya y separarse del resto de la sociedad, para exigir un trato especial que plantea no el logro de justicia, sino el privilegio de ser favorecidos por la autoridad responsable no de impedir ocurran esos hechos, sino de castigarlos conforme lo dicta la ley, que sin duda es la mejor manera de prevenirlos; es decir, en el discurso juvenil subyace la idea de mantener intocado el estado de cosas mientras a ellos no les perjudique.

Las mujeres se les adelantaron desde hace años y hasta la fecha no han logrado nada, bueno en realidad sí: han contribuido al empeoramiento del fenómeno, por la vía de alejarse del resto de los grupos afectados. Nadie quiere entender que los sinaloenses estamos todos juntos en esto, toda propuesta de solución que no nos abarque y beneficie a todos sólo redundará en nuevos fracasos.

En lo que va de este mes, en redes apareció un meme sobre Copérnico que decía “hace 500 años lanzó su teoría heliocéntrica, aquella que afirma que tú no eres el centro del universo. Ridícula!” Así estamos aquí, con un atraso aproximado de cinco siglos.

Los culichis seguimos pensando que el mundo se puede acabar sin ningún problema, pues es posible tal cosa ocurra sin que me afecte en lo más mínimo, cuestión de seguir cuidando bien mis muy particulares intereses así sea en detrimento de los demás, que los problemas de Culiacán son problemas de ellos y a mí que me esculquen.

Me parece en verdad increíble –en el peor sentido de la expresión-, nuestra firme voluntad para insistir en obtener resultados distintos por la vía de seguir haciendo lo mismo, es una demostración de irracionalidad que obliga a preguntarnos cómo es que aún no nos hemos matado todos contra todos, aunque para esto último ahí la llevamos, cuestión de pasearse por las calles de nuestra ciudad capital.

Ya no me alcanza la imaginación para especular hasta dónde vamos a llegar.

DOS A LA SEMANA

LOS PERSAS EN EL CONGRESO
Jorge Aragón Campos                                     jaragonc@gmail.com

De entre las obras teatrales más clásicas de entre las clásicas, está Los Persas, escrita por Esquilo casi quinientos años antes de cristo, donde encontramos un pasaje donde las mujeres de Persia, hartas de ver morir a los hombres en guerra tras guerra contra los griegos, deciden hacer huelga de sexo: pancho no vuelve a cenar hasta que no se dejen de pendejadas; hagan la paz ya. Algo así más o menos.

Parece mentira que las mujeres de hace casi dos mil quinientos años, tenían más cabeza que las de hoy.

Las mujeres sinaloenses, desde hace años están viendo morir a sus hombres y no sólo no han hecho nada para remediarlo, han contribuido a darles cuerda y han hecho crecer la locura hasta que ya comenzó a afectarlas también.

Un grupo de feministas acaba de estar en el Congreso estatal, demandando justicia para las mujeres que recientemente han sido asesinadas en Sinaloa, nada más que con una postura excluyente, con un discurso que olvida por completo a todos los muertos varones –que son legión-, es decir, siguiendo a la perfección el guión establecido por una autoridad que busca ante todo no hacer nada, salvo compartimentar la inquietud y la protesta social para seguir haciendo precisamente lo mismo: nada. Eso de las alertas de género, los fiscales especiales y demás inventos comprobadamente inútiles, no son más que la promesa de una pequeña cuota de impunidad, que genera la expectativa de que “jodidos los demás, a ustedes sí les vamos a dar un trato especial, justicia, equidad y todo lo que gusten de poner en la listita”.

Me sorprende la facilidad con que las feministas han caído en la trampa, pero más me sorprende la tremenda miopía que padecen, lo necias que son, cuando tienen frente a sus narices las pruebas fehacientes de que su lucha no tiene futuro alguno, salvo la derrota y la ruptura con otros sectores de la sociedad, a los que deberían estar convocando ellas, con el propósito de ofrecer un frente común, para presionar hacia la solución de un problema que nos afecta a todos.

Si algo nos puede salvar es esa parte del espíritu femenino que antepone la empatía por los débiles y por los vencidos, por los niños y por los viejos, por los pobres y por los enfermos… en fin, por todos aquellos que sufren y que siempre tendrán cabida en el corazón de toda mujer que se precie de serlo y, sobre todo, que sepa serlo, como las rastreadoras, que han sabido convertir su dolor y canalizar su amor hacia resultados que evidencian la complicidad y negligencia de las autoridades, en lugar de andar haciéndole el caldo gordo a demagogas presupuestívoras; son mujeres que sí saben muy bien que el fenómeno de la impunidad nos afecta a todos, por lo mismo es fundamental la unidad de todos para enfrentarlo, lo demás es grilla…y de la barata.

DOS A LA SEMANA

DE QUÉ NOS ASUSTAMOS

Jorge Aragón Campos                                            jaragonc@gmail.com

Un hombre convive durante la cena con su familia, tiene una buena mujer por esposa, ambos crían y forman a dos hijos pequeños encantadores (la parejita), son personas civilizadas, respetables  y respetuosas de los demás, verdaderos modelos de ciudadanos cuya vida como pareja cualquiera de nosotros tendría como meta para alcanzar.

Amanece, nuestro admirable personaje es despertado por la alarma de la base militar estadounidense en Jordania; teniente coronel de la USAF, en menos de tres minutos ya despegó en su caza bombardero rumbo a Siria y en menos de una hora ya regresa a su base, después de haber descargado sus bombas sobre un hospital repleto de civiles y, sí, de combatientes islámicos heridos, pero finalmente hospital. La cifra de muertos es de más de cien, la de heridos mucho mayor.

El teniente coronel ha cumplido sus órdenes y por ello recibirá un salario, reconocimiento social y una vida maravillosa aquí en la tierra, no como esos locos islámicos que piensan combatir con su suicidio y ganarse así el cielo y un respetable número de vírgenes, a las cuales pasarse por las armas por el resto de la eternidad; quién les manda no vivir en un país desarrollado; quién les manda no modernizarse y abrazar la democracia; quién les manda no adoptar nuestras costumbres, nuestra religión y nuestra forma de concebir la vida, pero sobre todo quién les manda tener recursos naturales. No nos hagamos pendejos: todo lo que les pasa es por ser pobres.

Un hombre aún joven convive con sus compañeros combatientes dentro de una finca en ruinas en Afganistán; no tiene esposa, no ha tenido tiempo para ello todavía y en estos tiempos ser musulmán y tener familia no es una buena idea; sus padres están a salvo en otro país lejos de Palestina, sus hermanos varones muertos -los mayores -, mientras los menores ya entrenan en un campo de refugiados en Líbano; sin patrimonio que defender, combate por pura inercia; nacido seis años antes de la primera guerra del golfo, toda su vida ha sido soldado, nunca fue a la escuela pero aprendió a leer y escribir gracias a los religiosos que lo enseñaron a recorrer el Corán, los momentos de oración han sido sus únicas vacaciones desde siempre: en los textos sagrados existe una salida, una liberación, una vida plena y feliz muy diferente a la mierda en que ha vivido siempre, sin noches gélidas y días abrasadores sin acondicionadores de aire, sin raciones, sin poder siquiera encender una fogata por razones de seguridad.

¿Morir matando? Por qué no. Acabar con todo esto, liberarme y de pasada llevarme entre las patas a un montón de infieles, que con su apoyo mantienen a los demonios de la tierra, esos que nos han despojado de hogares, de amores, de certidumbres y de ganas de vivir. ¡Monstruos hijos de puta! ¡Salvajes! ¡Bárbaros! Yo les voy a enseñar lo que es un héroe… de mí aprenderán cómo se llega a santo.