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CRÓNICA DE LA TERTULIA DE “EL MIRADERO”, 16 DE AGOSTO DE 2016.

Jaime Sinagawa Montoya

 

La diputada Rosa Elena Millán Bueno responde a una serie de preguntas resbaladizas.

La primera pregunta capciosa a la diputada Rosa Elena Millán Bueno, presidenta del CDE del PRI, la formula el inquieto y simpático Jorge Aragón. Es acerca de qué opina del flamante nuevo presidente del CEN del PRI, el doctor Enrique Ochoa Reza, salido de la Comisión Federal de Electricidad al socaire del alza intempestiva de tarifas y de la polvareda que levantó con su peregrina declaración de que el 99 por ciento de los priístas son honestos y honrados. ¡Chale!.

A bote pronto contestó la diputada Millán Bueno: “Enrique Ochoa Reza es además de un empresario exitoso, con títulos académicos muy reconocidos, un dirigente preparado políticamente, que está recorriendo el país para impulsar que los comités estatales se abran a la participación de la sociedad. En lo que se refiere a la fecha de la próxima asamblea nacional, probablemente sea el 4 de marzo del 2017, aniversario del partido. El criterio para fijar la temática, lo establecen los Estatutos internos del PRI. Aún no se decide quién será el coordinador de la tracción priísta del Congreso local: 22 de 24 diputados de mayoría relativa.

Por boca del doctor José Ángel Gil Pineda surge el tema mediático escandaloso de la corrupción y la diputada Rosa Elena no lo elude sino que entra decidida al centro de la polémica: “Que boca tan ancha, como dicen en mi rancho, la de Ricardo Anaya, presidente del PAN. Se pone a despotricar contra la corrupción imperante, y se olvida de panistas como Padrés que recién dejó el gobierno de Sonora con las finanzas despedazadas y una deuda pública inmanejable. Y no hablo de otros destacados panistas corruptos notorios.”

Luego, a propósito de la equidad de género que forzó el aumento de las candidaturas de mujeres priístas, de lo que se derivó la mayoría de los cinco reveses en las presidencias municipales del PRI en el estado, la presidenta estatal del PRI comenta: “No hallo la explicación de estas derrotas. Ahí tienen el caso de Mocorito con Trinita, una militante seria y experimentada que hizo una campaña laboriosa e intensa y perdió por unos cuantos votos. Tampoco me explico que en Angostura gane una persona de la catadura de “El Chenel”. Pero ni modo, así son las elecciones, se gana y se pierde. En esta ocasión el PRI recuperó Mazatlán y Guasave”.

Respecto a la elección del gobernador Quirino Ordaz, la diputada Millán Bueno recalcó la comunicación directa que supo establecer el candidato con los diversos sectores de la sociedad sinaloense, que fructificó en el resultado electoral, base para un gobierno que sabrá consolidar una participación social que le dará viabilidad a un programa gubernamental eficiente en su implementación.

No faltó un contertulio acelerado e ingenuo que ante el mal endémico extremo de la corrupción administrativa de los gobiernos municipales, propuso que la dirigencia estatal del partido ejerciera el año próximo una fiscalización y vigilancia sobre los 13 alcaldes priístas para recordarles que el 2018 hay elecciones nacionales con voto de castigo de un pueblo encabronado por el nepotismo, la malversación de recursos, endeudamiento atroz, el atraco descarado al erario, los moches y las licitaciones de contratos de obras y compras a los cuates y socios. Pero el mismo exponente informó que en China, el partido gobernante desde hace 10 años sostiene una movilización de masas contra la corrupción, en que han ejecutado a 10 mil funcionarios mediante decapitaciones con escarnio en las plazas públicas, y los niveles de corrupción siguen intactos.

En observancia fiel de la igualdad de género la diputada Rosa Elena, amable como siempre, pagó la cuenta de todos los contertulios a pesar de ser la invitada y la verdad sea dicha: ¡a quien no le gusta el goyete, máxime si proviene de una distinguida dama!.

CRÓNICA DE LA TERTULIA SABATINA DE “EL MIRADERO”,30 DE JULIO DE 2016.

Jaime Sinagawa Montoya

 

Mario Montijo en sus 50 años de periodista: “Según sea la sociedad así es la prensa”.

Corrían los años sesentas del siglo pasado, 1966 para ser precisos, cuando Mario Montijo de la Rocha, empezó como reportero en El Sol de Sinaloa, que era la catedral del periodismo en el estado en aquellos años,  al grado que Toñico, Antonio Pineda Gutiérrez, sarcástico cronista deportivo decía: “Si no lo publicó El Sol, es que no sucedió”.

Era un periodismo artesanal, provinciano, en el que al gobernador y al presidente de la república, no se les podía tocar ni con el pétalo de una rosa, eran figuras sagradas como la Virgen de Guadalupe. En contraste, ahora cualquier columnista o caricaturista los chotea, los pitorrea y les pega como si fueran tambora de rancho y no pasa nada.

Impresos en blanco y negro, una muestra emblemática de estos periódicos era el vespertino La Voz de Sinaloa del gratamente recordado Gustavo Daniel Cañedo, con noticias en primera plana con cabezales como: “Navolato a oscuras por falta de luz” o bien: “Mató a su pobrecita madre, sin causa justificada”.

Con anécdotas chuscas de ingenuidad pueblerina, como estas dos: José María Figueroa, secretario particular y jefe de prensa del gobernador del estado Leopoldo Sánchez Célis, le telefoneó a la redacción a Herberto Sinagawa para decirle muy circunspecto: “Beto: te tengo la nota de ocho columnas de El Sol de mañana: “El gobernador LSC resolvió definitivamente el problema educativo de Sinaloa”. “Chema: mejor dile al ciudadano gobernador, con todo respeto, que antes de enderezar la educación en Sinaloa, vaya a una escuela nocturna a terminar su secundaria que dejó inconclusa”, le contestó.

La sala de redacción de El Sol de Sinaloa, de pronto tenía una visita inusitada, “El Changanga”, un loquito inofensivo al que le permitían sentarse en un rincón, en un escritorio desvencijado con una máquina de escribir Remington Rand descompuesta, y ahí se ponía a aporrear las teclas. Shisst, shisst, decía Víctor Manuel Zárate Urbina: “Déjenlo, no lo interrumpan, está escribiendo el editorial”.

A este periódico ingresó Mario Montijo y  lo  consideró un logro extraordinario, porque alguien le  había dicho:  “Ni se te ocurra intentar entrar, porque aquí presumimos de que hemos aprendido a redactar redactando y detestamos a los que como tú han  egresado de la rimbombante Escuela Libre de Técnicas de la Difusión de la “Tencha María Teresa Zazueta”.

Irónicamente, Mario entró de sopetón a ocupar el puesto de reportero, del mismo que había tratado de cortarle las alas. “¿Quién, cómo se llamaba ése?”, se le pregunta a Mario y él contesta: “Se dice el pecado, no el pecador”. Luego luego y a primera vista recibió la bienvenida, la simpatía y el apoyo incondicional de Beto y Minor Sinagawa.

La primera noticia que le encargaron reportear a Mario fue el motín de estudiantes encabezado por Anatolio Ortega y Marco Antonio Camarena que quemaron los cines Avenida, Reforma, Humaya, Colón, Cocos, Lírico y Rex de Culiacán para presionar la destitución del rector Julio Ibarra Urrea, que renunció ipso facto cuando los canijos estudiantes hicieron desfilar un burro con un letrero que decía “Yo soy el rector Julio Ibarra”. A raíz de estos hechos, el gobernador Sánchez Celis otorgó la autonomía a la Universidad de Sinaloa.

Después de El Sol, Mario trabajó en El Debate como  subdirector y luego en El Diario, donde recuerda que el actual gobernador electo, Quirino Ordaz Coppel, les pidió prestado un rollo de papel periódico para imprimir El Demócrata de Mazatlán que era propiedad de su familia y no vivía tiempos muy boyantes que digamos.

Mario rememora el acierto empresarial del hotelero Quirino Ordaz Luna, que a los restaurantes de sus dos hoteles en Mazatlán trajo unos panaderos de la Ciudad de México, que hasta la fecha elaboran el mejor pan, insuperable, que se consume en Sinaloa. Y también refiere cómo sin querer queriendo, y lo platica porque ya es agua que no mueve molino, pudo darse cuenta cuando el gobernador Antonio Toledo Corro maniobró para que ganara la alcaldía del puerto el arquitecto Quirino Ordaz Luna al panista Humberto Rice García. Sobornaron a los guardias que custodiaban los paquetes electorales cuando los concentraron en un inmueble donde funciona ahora la Universidad de Occidente, donde embarazaron las urnas en la madrugada, pero lo hicieron con mucha delicadeza y ternura. ¡Qué tanto es tantito!

Siendo directivo de El Debate, Mario Montijo durante la parte baja de los años ochentas, vio de cerca y participó indirectamente en una noticia publicada  que marcó un parteaguas, un antes y un después. Se trata del reportaje-denuncia de un delito de tortura policíaca en Las Bombas que reportearon de manera atípica escondidos arriba de un árbol, Alejandro Sicairos y el hábil fotógrafo Leo Espinoza. Llovieron felicitaciones al periódico y muestras de respaldo solidario de la sociedad. Era presidente municipal Roberto Tamayo y secretario del Ayuntamiento Francisco Gil Leyva. “Desde entonces El Debate es el líder de la plaza”, concluye Mario.

Se le pregunta a Mario Montijo a quiénes de sus colegas recuerda por sus reportajes, fotos y notas memorables  en esta navegación ardua de 50 años. Menciona a Armando Sepúlveda Ibarra, que cuando era un primerizo redactaba sus notas como si fueran actas judiciales o notariales. Aprendió bien el oficio y llegó a director general de Excélsior.

También alude a Humberto Millán, un sabueso de la noticia, que no faltó quién comentara: “No puede descansar en paz, porque su tumba no tiene ni tendrá reposo, mientras no se haga justicia y se castigue a los autores intelectuales y materiales de su vil y artero asesinato”.

En cuanto a las féminas periodistas, por entrevistas y reportajes, géneros que desgraciadamente tienden a desaparecer, reconoce a Patricia Garnica, Adriana Ochoa y Laura González. En lo que toca a fotógrafos, enlista a El Morro Escobar, al ya mencionado Leo Espinosa y a Sergio Inzunza Norzagaray.

¿Hay algún nicho de información por llenar?, le pregunta el ingeniero Rubén Rubio a Mario. “Sí, hubo dos intentos fallidos para llenarlos. Uno  fue el de Milenio, y el otro de El Financiero, que avanzó tanto que yo fui a Mérida a interiorizarme del funcionamiento del El Financiero de  Yucatán, y hasta se adquirió el local, donde hoy  está  Vialidad y  Transportes en la avenida Emiliano Zapata de aproximadamente ocho mil metros cuadrados, donde iba a instalarse. Todo se volvió agua de borrajas”.

En la conversación de los contertulios, al evocar momentos estelares de los destapes de gobernador vino a colación el cuadrangular periodístico que conectó Mario Montijo, el año de 1974, cuando nadie concedía la más mínima posibilidad al senador Alfonso Genaro Calderón y con notable intuición y olfato profesional, Mario fue el único periodista que le hizo una amplia entrevista, para el entonces naciente Noroeste.

Mario no se anda por las ramas: El periodismo en Sinaloa, sufrió un cambio radical de calidad, cuando al frente y en el trazo de la línea editorial de los diarios, entraron a empuñar la batuta empresarios y dejaron de lado a los periodistas. Ahí se detiene con su característica moderación Mario. Un contertulio agrega, estos negociantes al margen de la  ética, chantajean a  los candidatos a puestos ejecutivos de alcaldías o la gubernatura que tienen larga cola que les pisen y canjean apoyo editorial por posiciones burocráticas que, no por casualidad, siempre son las que manejan más dinero: tesorería, educación, obras públicas, transportes, comunicación social, etc., etc.

El mundialmente reconocido periodista polaco Ryszard Kapuscinski afirma que para ser un periodista completo, entero y propiamente dicho, una cualidad indispensable es la calidad humana, ser una persona buena de corazón y correcta de espíritu, tener sentimientos y pensamientos nobles. Mario Montijo de la Rocha cumple ampliamente con este requisito y 50 años de ejercicio profesional impecable lo demuestran.

LA TERTULIA SABATINA DEVIENE REUNIÓN CONSULTIVA Y DELIBERANTE.

Jaime Sinagawa Montoya

       En el restaurant campestre “El Miradero”, a la orilla de la carretera que va a Culiacancito, kilómetro 7.5 en La Higuerita, desde hace 7 años todos los sábados llueva, truene o relampaguee tiene lugar un desayuno de amigos de diversa filiación política e ideológica y profesional: abogados, ingenieros, médicos, periodistas,  comerciantes, profesores, etc.  del   cual es el gurú máximo nuestro respetado y querido amigo, el prestigiado periodista y editor Mario Montijo de la Rocha.

A esta mesa redonda tradicional acude un invitado de honor que puede ser un político, un funcionario, un escritor, un periodista, un articulista, un empresario, un artista, etc. y la llamamos “La Tertulia”. En ella los comensales discutimos con entera libertad sobre todos los temas habidos y por haber, profanos y divinos. Y la página respectiva ha llegado a tener en Facebook hasta ocho mil visitas.

Como quien dice, con una taza de café en la mano y las meninges cerebrales  fosforeando, componemos el mundo y luego lo descomponemos.

 

Este pasado 23 de julio, el invitado especial de La Tertulia fue el presidente electo de Culiacán, el ingeniero Jesús Antonio Valdés Palazuelos, nuestro popular Chuy Valdés, quien asumirá el cargo el 1º de enero de 2017.

Fueron casi tres horas de conversación intensa, de “lluvia de ideas” en que Chuy Valdés mostró sus tablas, su agilidad mental y su sólido conocimiento de la problemática del municipio de Culiacán. Con suma humildad que lo enaltece, tomó nota de las proposiciones y sugerencias de los contertulios que, de no ser por la grata presencia de Velina Medina, futura Coordinadora de Comunicación Social del Ayuntamiento, habría sido como el “Club de Tobi”, es decir puros machines rines. Esta vez, fungió como acertado moderador el profesor, historiador y editor Nicolás Vidales Soto.

En una síntesis de los temas abordados, el anfitrión Jorge Aragón, nuestro pintoresco “Maripas”, hizo un planteamiento de tinte kennediano: que los tiempos que se vienen de escasés y recortes presupuestales,  obligan a convocar a la ciudadanía a que no se pregunte que provecho puede sacar de Culiacán, sino que se pregunte que beneficio puede aportar a la comunidad culiche.

 

El ingeniero químico y distinguido profesor politécnico Jesús Antonio Castro García, expuso a Chuy ideas sumamente pertinentes y factibles respecto a lo que el gobierno municipal puede hacer en pro del mejoramiento en la educación de niños y jóvenes.

El dinámico y valiente corresponsal de Televisa, Enrique Gil Vargas y el arquitecto urbanista Jesús Aragón argumentaron sobre cuáles son los lineamientos a seguir en tres asuntos vitales para la ciudad, como son la seguridad pública, los inaplazables problemas de la vialidad y transporte público y el mantenimiento de parques y jardines.

El doctor Fernando Armienta y el licenciado Pablo Gastélum complementaron sus criterios en un tema de alcance nacional y palpitante actualidad: la monstruosa corrupción en los tres niveles de gobierno, y los poderes Legislativo y Judicial, que no es coyuntural sino estructural y que requieren con urgencia medidas enérgicas de control, transparencia, fiscalización y sanción penal.

El ingeniero agrónomo y destacado musicólogo Rubén Rubio Valdez, fundamentó con bases históricas, culturales y politológicas la propuesta de cambio del nombre a la avenida Álvaro Obregón a fin de que  pase a denominarse avenida Eustaquio Buelna. El ingeniero Rubio sonó documentado y convincente, y Chuy lo escuchó con atención y tomó nota.

Por supuesto, también se trató el tema del crecimiento descomunal de la deuda pública, pero siempre y en todo momento el ingeniero Valdés explicó cuáles son las soluciones estratégicas de los problemas más complicados y álgidos que enfrenta Culiacán.

Por limitaciones del espacio, es imposible reseñar aquí todo el contenido de este interesante diálogo de personas preparadas, de buena fe, que amamos y queremos a Culiacán, porque aquí nos tocó nacer  y vivir desde que era un rancho grande  con estación de ferrocarril y treinta  mil habitantes.

El presidente electo Chuy Valdés, hizo hincapié en que el actual alcalde Sergio Torres ha avanzado todo el tramo inicial en la gestión de los proyectos ejecutivos relacionados con las instancias federal y estatal, como el magno y ambicioso proyecto relativo a la Zona Metropolitana Culiacán-Navolato y los trámites que posibilitan la fluidez de recursos e inversiones, en las obras públicas que necesita Culiacán y que son impostergables.