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En la raya

EL CHOQUE Y EL ACUERDO
Nuevo pacto
Por José Luis López Duarte

Quién sabe qué y hasta dónde hayan pactado las élites del poder en nuestro país para que se hayan dado los resultados electorales del primero de julio y en consecuencia una transición política aterciopelada e incluso color de rosa, con tintes de seducción.

Fue muy obvio que desde el 2013 y 2014 la unidad de las élites del poder se fracturó y surgió una guerra política – económica que auguraba para el 2018 un choque de trenes y un destino incierto, por lo menos, para el país.

En 2013 se aprobaron reformas estructurales que provocaron que el grupo en el gobierno perdiera poderosos aliados y se convirtieran prácticamente en enemigos mortales, como ocurrió con la reforma educativa y el encarcelamiento del símbolo político de la burocracia sindical del SNTE, otro tanto ocurrió con la reforma fiscal que igualó el IVA en todo el país (quitó los privilegios fiscales a los estados fronterizos) e incrementó IEPS a comida chatarra y refrescos que provocó la ira de BIMBO, FEMSA y PEPSICO; lo más espectacular fue la reforma de telecomunicaciones que puso fin a la preponderancia de TELMEX (al monopolio pues), así como el apagón analógico que obligó a abrir la televisión y la radio, logrando con ello que Slim y TELEVISA perdieran ente las dos casi 40 mil millones de dólares en el valor de sus empresas; y para rematar en febrero de 2014 detienen al capo más anhelado, el “chapo” Guzmán.

La reacción fue violenta y todos los frentes abiertos desataron una guerra brutal contra la presidencia de la república y sus aliados, Peña Nieto junto al PAN y el PRD, coautores del Pacto por México y las reformas estructurales.

Muy caro pagaron el precio, tanto que la primera bomba que explotó fue en la cara del PRD, en Ayotzinapa, Guerrero, que dinamitó a ese partido sin que sus líderes pudieran salir de la trampa, resultado triturados y aplastados políticamente con más de un millón de spots de radio y televisión en su contra en los seis meses siguiente a ese suceso.

Y al presidente Peña Nieto, lleno de soberbia y sin comprender la obra política que venía construyendo, le ganó la frivolidad del poder dando rienda suelta a la corrupción de todas sus congéneres políticos, dentro y fuera del gobierno, tramándole también en el 2014 el escándalo de “La Casa Blanca”.

Desde fines del 2013 y principios del 2014, cuando concluyeron las reformas estructurales, los campos ya estaban minados y la guerra se había desatado, tanto que el 2015 explotó todo el aparato de inteligencia y seguridad del país con la segunda fuga de Joaquín Guzmán.

El paraíso del 2013 se había convertido en un infierno que apuntaba hacia el 2018 en ese choque de trenes que nunca llegó y significó que los afectados por las reformas estructurales y la política en general del gobierno de Peña Nieto habían construido un gran bloque de poder que arrodilló políticamente al presidente y lo obligó a pactar.

El PAN y el PRD habían sido los aliados de aquellas reformas, por lo que no eran opciones políticas y el PRI estaba en manos del presidente ¿Qué salida quedaba? El gran acuerdo con MORENA y AMLO que significó construir un nuevo discurso para AMLO de “paz y amor” al extremo de que todo parezca políticamente hablado más a romance que otra cosa.

El “choque de trenes” se disipó, el acuerdo de las élites de poder se impuso y de nuevo la república sigue cabalgando en el lomo de la oligarquía y la nueva servidumbre política, aunque muchos piensen  en una gran victoria popular y un tsunami de cambios en el país como la famosa cuarta república que tanto ha anunciado López Obrador.

Pero paradójicamente hoy tenemos el riesgo de una regresión mayúscula porque esa abrumadora victoria electoral puede convertirse en la reproducción de un nuevo partido de Estado que elimine los contrapesos y equilibrios para terminar con un nuevo PRI, reconvertido y potenciado. El PRIMOR, como algunos le llaman ya.

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QUIRINO ¿Y LA GOBERNABILIDAD?Prudencia
Por José Luis López Duarte
Para el amigo Jesús Aguilar Padilla, un abrazo solidario ante la muerte de su madre, Doña Consuelo.

Cerró el Congreso del Estado este 31 de julio el último periodo ordinario de la actual legislatura con propuestas y resoluciones que tal parece reflejan la desesperación de un gobernador cuando debiera prevalecer la mesura, más aún cuando los partidos rivales a su gobierno a partir de octubre próximo son abrumadora mayoría y estos convocan en sentido contrario a la mesura, la concordia y al diálogo que casi nunca han tenido con sus opositores.

Si, ahora es minoría el PRI, por primera vez en el Congreso del Estado y en consecuencia el gobernador, por lo menos desde 1917, por lo que la conducta política, particularmente del PRI y del propio gobernador, también deben cambiar de acuerdo al mandato popular de las elecciones del pasado 1° de julio.

El gobernador Quirino Ordaz Coppel es el primer responsable de asumir esta nueva realidad política y actuar en consecuencia, por la sencilla razón de que es la autoridad la primera responsable de mantener los mejores términos de la gobernabilidad política.

Ya ha tenido este gobierno desatinos brutales en el manejo de la institucionalidad democrática cuando se atrevió a promover las reformas constitucionales en febrero de 2017 que modificaban la representación proporcional de los regidores y diputados en los municipios y el estado cuando era obvio que no era un problema de pesos y centavos, sino de pesos y contrapesos políticos como era la reforma constitucional 60 y 40 establecida en nuestra Carta Magna, desde 1995 y a nivel nacional de 1988.

Tan sencillo que era entonces ahorrar dinero, optimizar el gasto reduciendo prebendas sobre sueldos y salarios insultantes, particularmente de los mismos diputados y regidores. Fue tan torpe dicha reforma que hoy en esta elección se refleja la distorsión que pretendieron favorecerse y resultó MORENA la que capitalizó al proporcionarle sobrerrepresentación.

Por eso, las reformas constitucionales que ya tienen los dictámenes listos para ser aprobadas en el Congreso del Estado sobre la autonomía de la Auditoría Superior del Estado (ASE) y la modificación de los roles de la Junta de Coordinación Política del Congreso del Estado, así como la aprobación que se atrevieron a hacer del presupuesto del Congreso para el año que viene, representan excesos del ejecutivo estatal que no abonan a la armonía política y la concordia de la que debiera hacerse cargo el gobernador.

Si el primero de octubre tomarán posesión los nuevos diputados y la nueva correlación de fuerzas políticas en el Congreso, en los municipios (1° de noviembre) y estos cambios repercutirán en el gobierno estatal en todo su funcionamiento, operación, objetivos y métodos, que obligarán además que a partir del 1° de diciembre que tome posesión el gobierno federal, por lo menos aconseja a cualquier políticos, ya no se diga gobernador, a tener prudencia, cautela y tacto.

Si se trata de una provocación pues es un consejo y una decisión del gobernador poco inteligente, porque las fuerzas no le favorecen ni en los municipios, ni en el estado y mucho menos a nivel federal y  a lo que está convocando desde ahora es a un pleito en el que tiene todas las de perder.

El primer paso ya lo dieron con la aprobación del presupuesto de la cámara ¿Querrán seguir con las reformas constitucionales? No es lo más recomendable.

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AMLO: EL BENEFICIO DE LA DUDA
Obligado
Por José Luis López Duarte

Soy de los que han cuestionado en múltiples ocasiones la política electoral “a la carta” que enarboló AMLO en su campaña que declaró infinidad de propuestas de acuerdo a lo que la gente quería escuchar, más que una solución a los problemas del país, y así ganó la elección con un amplísimo margen de votos, que sin duda le dan un respaldo social inédito y a la vez un mandato que obliga a actuar rápido y en congruencia.

Por eso es indiscutido el beneficio de la duda y obligados todos, por ese mandato popular, a empujar lo que AMLO prometió con el debido rol de contrapesos en las diferencias, pero todos comprometidos con esas causas sociales a riesgo de convertirnos todos en populistas, que ojalá funcione.

Ante la tesitura del nuevo gobierno de la república, nos viene a la memoria una entrevista en 1997 con Don Adolfo Sánchez Vázquez en Nexos, un exiliado español contemporáneo del poeta Antonio Machado y que compartió trincheras en la guerra civil española, decía que la peor contradicción del capitalismo es su enorme desarrollo material y la ausencia de su pertinencia social, que se agudizaría por la derrota que sufría el socialismo y la izquierda en el mundo, cuestión que ahora se refresca precisamente, porque 30 años de neoliberalismo han ensanchado la brecha entre ricos y pobres, los ricos cada día más ricos y los pobres cada día más pobres, lo que pone al día con urgencia las posibilidades de construir un gobierno de amplia justicia social o truncar el sueño.

Existe una enorme presión  por enfrentar la desigualdad y ese es el dilema del nuevo gobierno, que ahora debiera pensar que esa es la asignatura vital si se quiere recuperar eficacia del gobierno y funcionalidad del estado mexicano en el nuevo mundo del siglo XXI ante el abandono y deterioro durante estos últimos 30 años.

Enfrentar la desigualdad será la “piedra de toque” ante cualquier problema y no puede el discurso simple contra la corrupción, si no combatir esa desigualdad a fondo, porque puede resultar simple retórica y lo peor perder esta oportunidad.

Nadie en la historia nacional ha vivido momentos de tanta fortaleza política como AMLO con el respaldo electoral que recibió el pasado 1° de julio y de ese tamaño es el esfuerzo que deberán hacer todas las fuerzas políticas.

Si existiera además de ese respaldo popular, la grandeza de construir un nuevo pacto político nacional con todas las fuerzas, sería sin duda un paso del tamaño del tamaño del 1° de julio, cuestión que es necesaria frente al quid del país: la desigualdad.

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2018: LOS PARTIDOS.
¡A cambiar!
Por José Luis López Duarte

No sé en qué vaya a terminar cada partido, incluso MORENA, que desde ahora todos están en proceso de cambio, pero cambios verdaderamente radicales que representan un antes y un después, luego de la marejada electoral del 1° de julio que confirmó la catarsis del sistema de partidos y la bancarrota de varios institutos políticos.

Antes de las elecciones y más atrás, cuando se pretendía elegir a los candidatos, todos los partidos mostraban sus grietas, sus controversias, sus divisiones y la ausencia en todos de métodos democráticos para elegir sus candidatos, provocando de suyo que en ningún caso terminaría bien, como así ocurrió, con excepción de MORENA, donde todo lo designó el propio López Obrador.

Fue así, tanto que del PAN y PRD surgieron fracturas inmediatas, con una división en todo el país del PAN, mientras que en el PRD se aceleró su disgregación de un conjunto de integrantes que emigraban a MORENA y lo que repercutió más aún sin duda fue haber impedido por el Frente la elección abierta y universal de sus candidatos, cuestión que por lo menos les hubiera dado unidad y personalidad propia desde el arrancón.

El contexto de por sí ya era adverso con el agotamiento del PRI que quemaba su única identidad que representaba el presidente de la república quien era prácticamente linchado en la opinión pública e incluso por los propios priistas, advirtiéndose desde entonces su bancarrota total.

El sistema de partido en su conjunto “hacía aguas” precisamente porque había pactado desde el 2008 la creación de un sistema electoral “a modo” que le permitiera a las burocracias de los partidos administrar como franquicias las organizaciones políticas, cuando la nueva ley electoral del 2013 no incluía reglas al interior de los partidos que permitieran respetar los derechos e intereses de la militancia de cada partido, convirtiéndose en rehenes, en el mejor de los casos, y en el otro extremo en marionetas.

A lo más que se llegó fue a incluir las candidaturas ciudadanas a modo que no representaban competencia alguna para los partidos con condiciones tan adversas que muy pocas prosperaron y las que lo hicieron casi siempre fue en contubernio con algún partido al final.

Hoy la crisis es de todos, el sistema político electoral no sirve y el régimen político presidencialista tampoco. Si esto es así ¿Qué futuro tienen los partidos? La única posibilidad es la construcción de un gran acuerdo por la refundación de la república donde las nuevas formaciones políticas emerjan de programas, de proyectos de nación y no de botines políticos y clientelas electorales.

En lo que corresponde al Frente, y en particular al PRD, necesitarán ir a fondo, sin prejuicios ni complejos, en abordar asuntos como el caso de la legalización de algunas drogas, el caso de la desigualdad que amerita con urgencia la revisión al salario mínimo, posiblemente establecerlo en $300.00 como propuso Anaya, junto con otras respuestas a las necesidades del país y su población, por lo menos.

No hay otro camino posible si se trata de la reconstrucción del país y si no es posible ese acuerdo, quien quiera mantenerse como opción político electoral deberá sufrir una mutación cultural donde primero sean las ideas, las causas, los compromisos, la responsabilidad, mucho antes que los cargos, las cuotas y nunca los cuates. ¿Se podrá?