DOS A LA SEMANA

DE QUÉ CALIBRE LOS VAN A QUERER
Jorge Aragón Campos                                    jaragonc@gmail.com

No le veo el caso a ahondar la crónica de lo ocurrido el pasado jueves 4 de enero, durante el inicio de campaña a senador de Héctor M. Cuén Ojeda, porque supongo usted ya debe estar enterado del sainete escenificado por un miembro de la derecha sinaloense.

Me parece un despropósito, ponerse a analizar sobre la base de a quién le convino más lo ocurrido, si el saboteador cumplió su cometido o si resultó contraproducente; me parece alarmante la actitud ya general de aceptar estos hechos como distintivos de lo que será (ya es) el actual proceso electoral.

Hay que agradecerle a Cuén, la decencia de no haberse aprovechado para hacer más grande el mitote; formado en la escuela del botepronto político universitario, tiene sobrada agilidad mental para dar respuesta similar a la provocación, lo cual desembocaría en lograr que el otro lo agrediera físicamente sin muchas consecuencias, para salir convertido en mártir, una etiqueta que en tiempo de elecciones es oro puro, pero que dado el particular momento histórico en el que estamos, resultaría un precedente peligrosísimo.

Es en serio, el horno no está para bollos.

Me preocupa sobremanera, la autoridad no haya hecho ni siquiera un pronunciamiento al respecto. Lo menos que podemos hacer es preguntarnos el significado de ese silencio ¿O sea que se puede hacer tal cosa? ¿Hasta ese punto, al menos hasta hoy, será el límite legal para actuar? ¿En serio?

El autor del zipizape es confeso zavalista, es decir apoya a una aspirante independiente a la presidencia, que renunciara a su militancia panista. Legalmente en qué situación está el tipo me resulta un misterio por los cambios a recientes a la legislación electoral, y por desconocer los estatutos panistas; ahí, tanto PAN como INE deben aclarar si es aún panista, o sus actos se abonan a la aspirante, porque de resultar que existe un limbo, donde a quien se le ocurra por cualquier motivo reventar el evento que se le antoje podrá hacerlo, las dudas quedarían disipadas: esto va a terminar a balazos.

Este asunto es muy grave.

Como universitarios, no podemos dudar sobre cuál es la postura correcta frente a estos hechos: condenar a quien los comete, solidaridad con quien los padece. No pasarán. No deben pasar estos modernos camisas pardas, esta derecha extrema, camorrera y doctrinaria, que sin ningún empacho asoma el rostro y asesta el golpe. Me cuesta aceptar las declaraciones de supuestos liberales y progresistas, festejando lo ocurrido partiendo de sus filias y sus fobias personales. Me asusta el nivel de miopía y la profundidad de su desmemoria: cómo iniciaron la Alemania nazi, la España franquista, el Chile de Pinochet y tantos y tantos ejemplos, que tantas veces juraron no olvidar nunca y que hoy les pasaron de noche.

Que en la UAS no nos ocurra lo mismo. Por favor.

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