En la raya

2018: LOS PARTIDOS.
¡A cambiar!
Por José Luis López Duarte

No sé en qué vaya a terminar cada partido, incluso MORENA, que desde ahora todos están en proceso de cambio, pero cambios verdaderamente radicales que representan un antes y un después, luego de la marejada electoral del 1° de julio que confirmó la catarsis del sistema de partidos y la bancarrota de varios institutos políticos.

Antes de las elecciones y más atrás, cuando se pretendía elegir a los candidatos, todos los partidos mostraban sus grietas, sus controversias, sus divisiones y la ausencia en todos de métodos democráticos para elegir sus candidatos, provocando de suyo que en ningún caso terminaría bien, como así ocurrió, con excepción de MORENA, donde todo lo designó el propio López Obrador.

Fue así, tanto que del PAN y PRD surgieron fracturas inmediatas, con una división en todo el país del PAN, mientras que en el PRD se aceleró su disgregación de un conjunto de integrantes que emigraban a MORENA y lo que repercutió más aún sin duda fue haber impedido por el Frente la elección abierta y universal de sus candidatos, cuestión que por lo menos les hubiera dado unidad y personalidad propia desde el arrancón.

El contexto de por sí ya era adverso con el agotamiento del PRI que quemaba su única identidad que representaba el presidente de la república quien era prácticamente linchado en la opinión pública e incluso por los propios priistas, advirtiéndose desde entonces su bancarrota total.

El sistema de partido en su conjunto “hacía aguas” precisamente porque había pactado desde el 2008 la creación de un sistema electoral “a modo” que le permitiera a las burocracias de los partidos administrar como franquicias las organizaciones políticas, cuando la nueva ley electoral del 2013 no incluía reglas al interior de los partidos que permitieran respetar los derechos e intereses de la militancia de cada partido, convirtiéndose en rehenes, en el mejor de los casos, y en el otro extremo en marionetas.

A lo más que se llegó fue a incluir las candidaturas ciudadanas a modo que no representaban competencia alguna para los partidos con condiciones tan adversas que muy pocas prosperaron y las que lo hicieron casi siempre fue en contubernio con algún partido al final.

Hoy la crisis es de todos, el sistema político electoral no sirve y el régimen político presidencialista tampoco. Si esto es así ¿Qué futuro tienen los partidos? La única posibilidad es la construcción de un gran acuerdo por la refundación de la república donde las nuevas formaciones políticas emerjan de programas, de proyectos de nación y no de botines políticos y clientelas electorales.

En lo que corresponde al Frente, y en particular al PRD, necesitarán ir a fondo, sin prejuicios ni complejos, en abordar asuntos como el caso de la legalización de algunas drogas, el caso de la desigualdad que amerita con urgencia la revisión al salario mínimo, posiblemente establecerlo en $300.00 como propuso Anaya, junto con otras respuestas a las necesidades del país y su población, por lo menos.

No hay otro camino posible si se trata de la reconstrucción del país y si no es posible ese acuerdo, quien quiera mantenerse como opción político electoral deberá sufrir una mutación cultural donde primero sean las ideas, las causas, los compromisos, la responsabilidad, mucho antes que los cargos, las cuotas y nunca los cuates. ¿Se podrá?

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