BIFOCAL

Amlopardismo y la utopía regresiva de López Obrador
Joel Salomón

En el ambiente político se le llama “gatopardismo” a la práctica de los gobernantes que actúan bajo la premisa de “cambiar todo para que todo siga igual”, invocando la obra emblemática del escritor italiano G. Tomasi Di Lampedusa, intitulada El gatopardo, escrita a mediados del siglo pasado.

En este sentido, muchas de las decisiones que Andrés Manuel López Obrador (AMLO) ha tomado desde que asumió el rol de presidente electo(y hoy constitucional), rayan en este concepto, al retomar muchas de las políticas que antes duramente criticaba, en abierta contradicción al discurso de cambio radical que prometió en campaña.

Tal vez solamente era eso: campaña política. El clásico “atole por medios digitales” (Julio Hernández López dixit). Y lamentablemente todo esto envuelto en un visión de regreso al pasado, añorando los regímenes oprobiosos de Luis EcheverríaAlvarez y José López Portillo, como lo estableció muy claro en su discurso de toma de protesta, un speech que celebraron sus seguidores pero que definitivamentepreocupó sobremanera al resto de los mexicanos que no votaron por él.

En primer término, una de sus principales promesa de campaña como lo fue “sacar al ejército de las calles y regresarlos a los cuarteles”, no sólo piensa incumplirla sino que hará todo lo contrario y en una versión reload, armando una Guardia Nacional preponderantemente de corte militar. Es decir, va a calderonizar aún más la lucha contra el narcotráfico y la delincuencia organizada.

Prometió, no disminuir, sino “acabar” con la corrupción y resulta que no lo hará porque simplemente “no es su fuerte la venganza” y promete una versión  de lo que en Argentina se implementó como Ley de Punto Final. Es decir, el famoso borrón y cuenta nueva, muy legítimo cuando se trata de transacciones comerciales pero inaceptable como prescripción de la acción penal contra actos de corrupción.

Se comprometió a “cancelar” la “mal llamada” reforma educativa y abolir su principal herramienta la evaluación docente, “evaluación punitiva” así denostada por el sector magisterial más conservador y reacio a la modernización de las planes y programas de estudio. Pues finalmente y para fortuna de la niñez mexicana, permanece (como deber ser) la evaluación docente, nomás con un cambio semántico en su apellido. Será evaluación correctiva o diagnóstica.

Por último y para no extendernos mucho en el cúmulo de contradicciones, prometió no presentar ternas a modo con subordinados suyos para integrar la Suprema Corte de Justicia de la Nación y termina haciendo todo lo contrario. Propone al Senado como ministros de la Corte a tres conspicuos militantes de Morena con absoluto compromiso político personal con el presidente de la República.

Hasta la prestigiada periodista Carmen Aristegui, de público afecto recíproco con AMLO, ha escrito que la “La clara cercanía con el Ejecutivo que tienen los propuestos (a la Suprema Corte) no garantiza la independencia necesaria para ocupar ese puesto” (Reforma, 07/Dic/2018).

Se dice en el medio electoral que una campaña es para prometer todo lo que se puede hacer y el ejercicio de gobierno para explicar los motivos por los que es imposible cumplir.

El desgaste a la fecha de López Obrador es inédito para un presidente mexicano. Y se explica porque a pesar de llevar sólo días en el cargo, tienes meses apoderado de la toma de decisiones, pues Enrique Peña Nieto desde el primero de julio pasado se convirtió en una especie de ex presidente en funciones y delegó el mando absoluto a AMLO desde esa fecha.

En este momento los mercados financieros y los organismos cúpula del sector empresarial ya le han retirado el beneficio de la duda. La irracional cancelación del aeropuerto de Texcoco (que implica la destrucción de 12 mil millones de dólares) y diversas iniciativas legislativas de Morena, han ocasionado una perdida del 10 por ciento del valor de las empresas mexicanas que cotizan en bolsa, la paridad del dólar ha pasado de 18 a cerca de 21 pesos, la tasa de interés (el precio del dinero) se ha incrementado y, lo peor de todo, la proyección de crecimiento del PIB para el 2019 ronda entre el 1.6 y el 1.9 de acuerdo a las más prestigiadas valuadoras de riesgo financiero. Ironías de la política, en 2019 AMLO va a envidiar el crecimiento del PIB de 2.2 por ciento del vilipendiado (y por él humillado en la toma de protesta) Enrique Peña Nieto.

El expresidente español Felipe González ha dicho que algunos líderes políticos erróneamente plantean como salida a los males nacionales una “utopía regresiva”, una especie de vuelta a un pasado idílico que nada tiene que ver las realidades del presente y menos del futuro. Parece ser el caso de nuestro AMLO, inspirado en la narrativa escolar de la “historia patria”, como afirma Héctor Aguilar Camín (Milenio, 05/Dic/2018). Una versión muralista de un México sin matices, de buenos contra malos, héroes y villanos, nacionalistas y vende patrias. Hoy son los neoliberales y conservadores vs AMLO y Morena. Dicotomías absurdas, trasnochadas y verdaderamente ridículas, cuando lo que ocupa el país es un estadista con vocación real para unir a México en torno un gobierno con sensatez y visión de futuro; no un gobernante con prejuicios realmentedecimonónicos, añorando la época del “desarrollo estabilizador” (todo los países del mundo crecieron y hasta más en ese tiempo de la Posguerra), el populismo de Luis Echeverría y la defensa perruna y siniestra que hizo de la economía José López Portillo.

Economista y abogado.

Facebook: /JoelSalomónmx

Twitter: @JoelSalomónmx