¿DEFENDER AL TLC?

Jorge Eduardo Aragón Campos

Como bien se habrán dado cuenta, la nueva histeria es ahora en torno a una probable cancelación del TLC y a decir verdad, me inquieta que o no la vi o seguimos sin tener una mínima valoración sobre los resultados del TLC, a dos años de cumplir los 30 de iniciado; me refiero a un amplio conjunto de interrogantes que desde entonces afloraron y que hasta la fecha ahí siguen; desde entonces, fueron inevitables las comparaciones con respecto al proyecto de la Unión Europea y lo primero que brinca es que aquellos sí han hecho esa tarea de la evaluación, mientras que nosotros no.

Mira qué novedad.

La primera conclusión que nos ofrece Europa es su diagnóstico: su proyecto de unión fracasó, pues estaba planteado como un plan de integración de las economías y nada más. Fue un error grave, reconocen ahora. La segunda: han entendido que debe ser sobre bases culturales, dicho esto en su sentido más amplio, o lo que es lo mismo, han confirmado que a Europa no la constituyen un conjunto de monedas, vocaciones productivas, patrones de consumo, etc. sino un conjunto de naciones que a su vez son constituidas por un conjunto de identidades. Esto que menciono es a botepronto y con respecto al momento actual, porque aquellos desde el inicio lo hicieron mejor que nosotros y miren como les fue; pero nosotros no nos damos por aludidos ¿A qué me refiero? Dejando para después las lecciones principales de la experiencia europea, para no hacerla cansada retomo dos asuntos que desde el inicio y hasta hoy siguen siendo fundamentales: la corrección de las asimetrías y lo limitado de los alcances del propio TLC.

Las dos fórmulas

Entre otros, Portugal, España y Grecia fueron algunos de los países beneficiados con apoyos, prórrogas, etc. en los inicios del proyecto europeo, al considerar todos sus miembros que no era justo, ético, posible, etc. someter al mismo esfuerzo a países con evidentes debilidades frente a las también evidentes fortalezas de los restantes; en cambio aquí… En lo económico, un rasgo importante del salinismo -que desde hace rato se dejó de mencionar- se describía con la siguiente frase: la mejor política industrial consiste en no tener una política industrial. Lo más curioso es lo siguiente:

“No queremos ayuda, queremos comercio”, fue la justificación de Salinas frente a las advertencias sobre las limitaciones de un Tratado, diseñado para que corrieran con la parte principal de los costos el más pobre de los tres firmantes y los segmentos de más bajos ingresos de USA. En sentido contrario a la orientación de la UE, nuestro TLC se hizo para garantizar el libre tránsito de mercancías y de capitales pero no el de personas y el de profesiones. Si a esto le agregamos su rasgo anti industrial, cabe preguntarse ¿Pues qué pensaba comerciar el salinismo? Sobre eso no hay dudas porque nos lo dijeron de manera clara, directa y con todas sus letras: mano de obra barata. Nuestra aspiración era convertirnos en los maquiladores de nuestros dos socios. No sonaba tan mal, hasta eso. También de eso deberíamos preguntarnos por qué. El eje central del TLC para México, consistía en abandonar uno de los dos mayores soportes de la etapa del desarrollo estabilizador: el programa de sustitución de importaciones. Para quienes no tengan mayores referencias, ese programa era muy parecido al del actual modelo chino para la industrialización acelerada. Se trataba, entonces, de hacer del sector maquilador la locomotora de la economía mexicana. Es de aquel momento, que Guadalajara se hizo de mulas Pedro para volverse ciudad industrial, además de comercial -que ya lo era- en detrimento de Monterrey. Guadalajara es un caso de éxito y de buena fortuna, pues desde dos décadas antes, el efecto cucaracha la había convertido en asiento del narco sinaloense. Yo les pregunto a ustedes ¿Del resto qué pudiéramos decir? De una vez y para ser más específicos ¿Qué podemos decir de lo que ha significado el TLC para Sinaloa? Los nacidos antes de 1977 y que no padezcan de mala memoria económica, pueden dar excelente testimonio y compartir sus conclusiones sobre la salud de sus billeteras tanto en aquel momento como en este. Si conoce a alguien de ese rango, pregúntele y haga sus comparaciones, así a mí no me tiene que creer nada. De hecho, si la plática se alarga, aproveche y pregúntele si recuerda sobre cómo eran en aquel entonces la educación, la seguridad, la salud…

Van los obligados créditos: el sábado pasado en El Miradero, estuvo como expositor invitado de la tertulia de Don Mario Montijo, el diplomático sinaloense Enrique Hubbard Urrea con el tema La Diplomacia como Jardinería, es de su charla y de la posterior sesión de preguntas y respuestas que surgieron la mayoría de los elementos que constituyen este artículo; la principal lección que estamos obteniendo los participantes, es la demostración de que el diálogo resulta ser una actividad sumamente compleja que reclama un arduo aprendizaje hasta lograr el hablar poco, el escuchar mucho y el actuar un chinguero más, y la recompensa vale la pena: bajando el ruido se mejora la vista y todo resulta más claro. El resto no es literatura, son mamadas para escurrir el bulto.

El texto realizado por Hubbard para su exposición de La Diplomacia como Jardinería, en su versión adaptada como artículo, muy pronto será publicado aquí en SINALOATV.MX.