OTRA VEZ UCRANIA

Enrique Hubbard Urrea

Hola a todos, los saluda el inefable Emba desde su rincón de la patria que es su tierra, Sinaloa. Como es su inveterada costumbre, el Emba resuelve abordar temas de los cuales ignora casi todo y, esta vez, no será distinto, de modo que prepárense para su usual perorata y si no están de humor para ello, sáltense hasta donde dice “Y no olvidemos la apenas velada amenaza de Putin..”

Tal vez el tema de la invasión rusa a Ucrania se ha tratado suficientemente sobre todo en los medios, pero tiene sentido señalar que siempre habrá enfoques y aspectos novedosos, espero que este sea uno de ellos.

Mire usted, a raíz de la presentación de la iniciativa de AMLO en favor de la paz, se ha vuelto a generalizar el análisis de ese conflicto, que de tan lejano geográficamente nos suena ajeno y nos quedamos con los partes de guerra y poco más. ¿Realmente qué sabemos sobre Ucrania?

Ucrania es un país de 603,548 km2, con una población aproximada de 44 millones asentado en una tierra fértil que ha sido reconocida como el granero de Europa. Para efectos de comparación, Chihuahua tiene un territorio de poco menos de 250,000 km2.

Ucrania colinda al norte con Bielorrusia, al sur con el Mar Negro, al este con Rusia y al oeste con Polonia, Moldavia, Hungría, Eslovaquia y Rumania. Un país integrado en sus orígenes por diversas tribus eslavas, cuya conformación pasó por varios estatus. En la Europa medieval, formó parte de la mancomunidad lituano-polaca, así como del reino de Rutenia.

El occidente de Ucrania es mayoritariamente católico; el oriente en gran parte ortodoxo ruso. En el occidente se habla ucraniano; Oriente habla principalmente ruso.

Es cierto que Ucrania ha formado parte de Rusia durante siglos y sus historias han estado entrelazadas. Algunas de las batallas más importantes por la libertad rusa, comenzando con la Batalla de Poltava en 1709, se libraron en suelo ucraniano. La Flota del Mar Negro, el medio de Rusia para proyectar poder en el Mediterráneo, tiene su base en arrendamiento a largo plazo de Sebastopol, en Crimea. Incluso disidentes tan famosos como Aleksandr Solzhenitsyn y Joseph Brodsky insistieron en que Ucrania era una parte integral de la historia rusa y, de hecho, de Rusia.

Del otro lado, Nikita Khrushchev, ucraniano, reconoció oficialmente en 1954 que Crimea era parte de Ucrania.

No se trata, ergo, de una situación diáfana, clara, indudable. Y aún hay más.  

Desde 1654 Ucrania firmó con la Rusia zarista un tratado en busca de protección contra otras invasiones, ¿cómo firmar un tratado con una región que no es estado soberano? Lo cierto es que se le reconoció como estado autónomo y se propició el ingreso de un número importante de rusos. Así, Rusia fue absorbiendo paulatinamente el dominio sobre una parte de Ucrania.

Los separatistas, apoyados por Rusia en las regiones de Donets y Luhansk -conocidas colectivamente como “El Dombás”- se separaron del control del gobierno ucraniano en 2014 y se proclamaron “repúblicas populares” independientes, hasta ahora no reconocidas por las Naciones Unidas.

Rusia ha respaldado a los separatistas de numerosas maneras, entre ellas mediante apoyo militar encubierto, ayuda financiera, suministro de vacunas contra covid-19 y la emisión de al menos 800,000 pasaportes rusos a los residentes.

El reconocimiento ruso a una Ucrania independiente acaba de hecho con los acuerdos de paz de Minsk de 2014-2015 que, aunque todavía no se han aplicado, han sido considerados hasta ahora por todas las partes, incluido Moscú, como la mejor vía para una solución. Los acuerdos consolidan la toma de la península de Crimea por parte de Rusia y exigen un amplio grado de autonomía para las dos regiones hoy reclamadas dentro de Ucrania, pero no se les reconoce independencia en los acuerdos.

Se dice que en 2008 (tomen nota del tiempo) en una serie de pláticas, Putin le exclamó al entonces presidente de Estados Unidos, George Bush, Jr.: “George, es que tienes que entender, Ucrania no es ni siquiera un país”.

Moscú siempre negó que planeara invadir Ucrania, pero eso se explica si se sabe que la postura oficial es que esas dos regiones no son Ucrania.

Desde entonces, Ucrania afirma que unas 15,000 personas han muerto en los combates.

No está demás volver a precisar que en derecho internacional no hay reconocimiento del derecho a la secesión, debe respetarse la integridad territorial de un estado soberano. 

Hay un antecedente regional cuando Rusia reconoció la independencia de Abjasia y Osetia del sur, dos regiones separatistas georgianas, tras librar una breve guerra con Georgia en 2008. Rusia les ha proporcionado un amplio apoyo presupuestal, ha extendido la nacionalidad rusa a sus poblaciones y ha estacionado miles de tropas allí.

Vladímir Putin recurre para justificar su legitimación del derecho ruso a intervenir en Ucrania a dos argumentos principales:

Primero, que el actual gobierno de Kiev es nazi.

Segundo, que esos nazis estarían llevando a cabo un genocidio de la población rusófona en el este del país, argumento que recuerda al esgrimido por Stalin en 1939 para invadir Polonia, en este caso defender a los hermanos ucranianos.

Curioso, el presidente de Ucrania es judío… ¿y nazi?

Lo que creo debe ser indiscutible es que Ucrania es un estado soberano, no necesita fuerza imperial alguna que lo “libere” de un gobierno “nazi”. La libertad que quiere el pueblo ucraniano es la de elegir su destino, incluido -como quiere la mayoría- ser parte de la Unión Europea (que no es lo mismo que la OTAN) o tener como su presidente a Volodimir Zelensky, el hombre de origen judío que ganó las elecciones en 2019 con un mandato contundente:73% de los votos.

En la Asamblea General de Naciones Unidas, los países miembros votaron para aprobar la resolución que exige a Rusia detener sus agresiones contra Ucrania. México, con otras 141 naciones, dieron su voto a favor, mientras que Rusia, Corea del Norte, Siria, Bielorusia y Eritrea votaron en contra.

Parecería a simple vista que se sigue reconociendo a dos tipos de prensa: una “capitalista” y otra “socialista”; y pareciera también que en toda disputa internacional se deber ir contra “el imperio del mal”, Estados Unidos, y a favor de los herederos del socialismo real. 

¿En serio? ¿Rusia es heredera del comunismo?

El uso de los despojos del estado soviético y la corrupta privatización que lo caracteriza tienen poco o nada que ver con las masas proletarias y mucho con la escandalosa formación de una plutocracia.

República Checa, Hungría y Polonia, en 1999; Bulgaria, Estonia, Letonia, Lituania, Rumania y Eslovaquia, en 2004, y Albania en 2009, se incorporaron a la OTAN. En 2004, a quince años de la caída del muro de berlín, cada miembro del pacto de Varsovia pertenece a la OTAN o a la Unión Europea.

La contundencia de la condena a la invasión rusa, contenida en la declaración conjunta de los cancilleres de América del Norte, realizada durante la Cumbre de las Américas, sorprende cuando señala que:

“Reafirmamos nuestro apoyo a la independencia, soberanía e integridad territorial de Ucrania y condenamos la invasión no provocada de Rusia a su vecino soberano y democrático en violación del derecho internacional. Canadá, México y Estados Unidos han condenado reiteradamente las muertes de civiles causadas por la invasión ilegal de Rusia en Ucrania y han expuesto la importancia de defender el Derecho Internacional, incluida la carta de la ONU.”

Digan ustedes si no parece eso corregir los titubeos anteriores respecto de la condena a Rusia, que por lo menos desde la visión del presidente López Obrador, debe ser de respeto a nuestra “neutralidad”.

Pero el Canciller va a Indonesia a la Cumbre del G20 y se une al voto casi unánime (Argentina y algún otro país se abstuvieron) de condenar explícitamente a Rusia (cuyo canciller Lavrov estaba ahí presente) por la agresión contra Ucrania.

Sin embargo, no pasa mucho tiempo sin que Rusia envíe un reportero de Sputnik (medio estatal bajo control del Kremlin) a preguntarle al presidente sobre el tema, y éste responde contundente que México garantiza operación de empresas e intereses de Rusia, apela a “neutralidad” y dice que no cederá a presiones de EUA. 

Contradice públicamente a su propio canciller.

Otro ejemplo de esa extraña ambivalencia fue el caso del titular del Instituto Nacional de Migración (INM), quien informó a senadores que ciudadanos ucranianos y rusos podrán tener refugio permanente en México, si así lo solicitan, debido al conflicto bélico por el cual atraviesan ambos países. ¿De veras, ambos? ¿Recibiremos a refugiados rusos que huyen de la invasión que sucede fuera de su territorio? Por supuesto que siempre estaremos abiertos a acoger refugiados, pero ¿era necesario incluir a los agresores junto con los agredidos?

Desde mi perspectiva, oponernos a la agresión que se ceba con hombres, mujeres y niños ucranianos no nos hace “cómplices” de Estados Unidos; pero hacernos omisos ante la agresión masiva a ciudadanos de a pie sí nos convierte en cómplices de una tragedia inhumana. 

Una propuesta de arreglo pacífico siempre será bienvenida, aunque prevalezcan notables inconsistencias en nuestra postura respecto de la ilegal invasión.

¿Y cómo puede describirse la situación actual?

El reconocido analista de asuntos internacionales Mauricio Meschoulam escribió en un espléndido artículo en El Universal: “Las partes rivales, una vez enfrentadas, normalmente buscan comunicar el mensaje de que no serán doblegadas ante las acciones de la otra parte, y reaccionan escalando las hostilidades hasta conseguir que su enemigo ceda o negocie bajo los términos que pretenden. En ese contexto, cualquier medida tendiente a reducir o desescalar la guerra después de sufrir golpes o derrotas, puede ser percibida como signo de debilidad o de falta de capacidad para seguir adelante con el conflicto, lo que, en teoría, fortalecería al rival en sus objetivos y exigencias. Por ello se dice que iniciar una guerra es mucho más fácil que salir de ella. Más aún, cuando se inicia una intervención militar, los argumentos que se usan para haberlo hecho provocan una especie de camisa de fuerza que obliga a seguir escalando la espiral. Desarrollar estrategias de salida sin proyectar debilidad o falta de poder no es cosa sencilla.” 

De pronto, el hecho de que Putin amenace veladamente con el uso de armas nucleares parece anunciar que el poderío ruso está quedando en entredicho y, de ser así, el riesgo de un escalamiento se multiplica.

Finalmente, es conveniente recordar el dramático llamado del Secretario General de la ONU, cuando afirmó: “La crisis del poder adquisitivo se desata, la confianza se desmorona, las desigualdades se disparan, nuestro planeta arde, la gente sufre, sobre todo los más vulnerables” y a pesar de ello, “estamos bloqueados por una disfunción global colosal”.

La experiencia nos dice que este tipo de impactantes discursos pocas veces tienen efectos prácticos, pero no puede uno menos que esperar que, en esta ocasión, suceda la excepción. El llamado de atención de Guterres es una voz de alarma para Occidente.

Y no olvidemos esa apenas velada amenaza de Putin de usar armas nucleares, los analistas dudan mucho que se atreva a usarlas, pero la amenaza está latente, y no, no se trata de tomar partido como si estuviésemos aún en la guerra fría. No hay paralelismo entre esas dos épocas.

Al menos eso cree el Emba.

¡Saludes!

LA DIPLOMACIA COMO JARDINERÍA

Emb. Enrique Hubbard Urrea

Cuando se suscribe un tratado como el que se firmó con Canadá y los Estados Unidos, los países que lo suscriben acuerdan una renuncia parcial a su soberanía.

Hay que recordar también que, en términos jurídicos, un tratado internacional ratificado por el senado mexicano, como éste, tiene un nivel superior al de leyes secundarias y se encuentra solamente condicionado a la Constitución de la república.

Artículo 133. esta constitución, las leyes del congreso de la unión que emanen de ella y todos los tratados que estén de acuerdo con la misma, celebrados y que se celebren por el presidente de la república, con aprobación del senado, serán la ley suprema de toda la unión. los jueces de cada estado se arreglarán a dicha constitución, leyes y tratados, a pesar de las disposiciones en contrario que pueda haber en las constituciones o leyes de los estados.

Esto es más visible en otro tipo de tratados como las uniones económicas, como en el caso de la Unión Europea, donde incluso se renuncia a tener sus propias aduanas.

De acuerdo con los tiempos previstos por el propio tratado, el desenlace podría llegar hacia  2023, un vez agotados los plazos para consultas entre gobiernos y luego, de ser el caso, de que se integre un panel de solución de controversias que tendría, en primera instancia, seis meses para su actuación antes de dar una resolución.

A menos que haya una gran sorpresa y que el gobierno actual decida modificar su perspectiva, lo más probable es que, tras concluir el periodo de consultas, se tenga que llegar al establecimiento de un panel para la solución de controversias.

Ojalá que en el curso de las pláticas que se llevarán a cabo durante septiembre y parte de octubre, se encuentre una solución que no requiera la instalación del panel, porque si éste se instala, creo que lo vamos a perder y habrá serias consecuencias.

¿Podremos solucionar la controversia comercial con Estados Unidos en la etapa de consultas, sin llegar al panel? ¿En qué consiste “la litis” del conflicto?

La representación comercial de los Estados Unidos señala que: “México está tomando, acciones o inacciones que están restringiendo la capacidad de las empresas privadas para participar de manera efectiva, si es que lo hacen, en el sector energético de México. Estas acciones incluyen, pero no se limitan a: retrasar, denegar o no actuar sobre las solicitudes de nuevos permisos o modificaciones de permisos; suspender o revocar los permisos existentes; o bloqueando de otro modo la capacidad de las empresas privadas para operar instalaciones de energía renovable, como instalaciones eólicas y solares, para importar y exportar electricidad y combustible, para almacenar o trasvasar combustible, y para construir u operar estaciones minoristas de combustible”.

El presidente López Obrador piensa que debido a que se incluyó un capítulo, el 8, en el cual se señala que el control de los hidrocarburos corresponde al estado mexicano, con ello es suficiente para justificar las políticas que se han aplicado. O por lo menos es lo que públicamente ha planteado.

Por su parte, el gobierno mexicano (más bien el presidente) parte de la premisa de qué está en su derecho de establecer mecanismos y eventualmente cambiar las leyes para fortalecer la posición de la Comisión Federal de Electricidad y PEMEX, a su arbitrio.

Pero me temo que nada tiene que ver ese capítulo con la disputa.

Cuando existen condiciones monopólicas como las que teníamos antes de la firma del T MEC, la regulación que buscaba la creación de mercados en energía y petróleo procuraba establecer condiciones para evitar que los monopolios mantuvieran el control. Eso pasa en cualquier lugar cuando se transita de un monopolio a un régimen de competencia.

El problema para el actual gobierno es que las reglas para crear un mercado energético – en lugar de tener exclusivamente monopolios – quedaron plasmadas en la constitución y en diversos capítulos del T-MEC, por ejemplo, los que establecen un trato igualitario a las empresas de los países que suscribieron el acuerdo y los que definen las condiciones de competencia en los diversos sectores económicos.

En esas condiciones, lo más probable es que ese panel dé la razón a los quejosos y que se decrete un castigo arancelario a nuestro país. Falta conocer si habrá un solo panel debido a que Canadá también anunció la solicitud de consultas, aunque no se ha formalizado esa solicitud hasta ahora. en las próximas semanas deberá definirse si los reclamos son los mismos o difieren y si hay un solo panel o dos.

Para satisfacer a los quejosos de Estados Unidos y Canadá, se requeriría que el gobierno modificara la ley de la industria eléctrica o que cambiara las políticas que han puesto en práctica la Comisión Reguladora de Energía (CRE) y la secretaría de energía.

Sin embargo, López 0brador ha planteado que eso significaría una violación de la soberanía.

El presidente ha señalado que se pedirá el apoyo del actual embajador en china, Jesús Seade, quien fue el negociador por parte de su administración en este tratado, incluso antes de que comenzara formalmente el sexenio. No veo cómo pueda eso ayudar, ya que el embajador ha estado alejado de las negociaciones primero como subsecretario en relaciones exteriores y ahora como embajador. pero apunta esto a que se necesitará más apoyo de la diplomacia que de la secretaría de economía.

Dado que seguimos insertos en la “amenaza” de un panel de solución de controversias en el contexto del T MEC, y que nuestra diplomacia tendrá que enfrentarse a ese mecanismo, cabe hacerse la pregunta ¿qué es la diplomacia?

Veamos. Cuando china estableció su ministerio de relaciones exteriores en 1949, suprimer ministrode relaciones exteriores, Zhou Enlai, respondió a esa pregunta parafraseando a Von Clausewitz en aquello de que:

Es la continuación de la guerra por otros medios”.

Pero a su juicio, “la lucha armada y la lucha diplomática son similares” y describió a los diplomáticos como “el ejército popular de liberación vestido de civil”.

En el diseño e implementación de la política exterior, en Washington se utiliza el acrónimo dime, que se refiere a los instrumentos indispensables para un ejercicio exitoso de la diplomacia, es decir:

Diplomacy, intelligence, military power and economic power.

A mi juicio, la más útil definición de diplomacia es la de Chas W. Freeman, quien declara que:

“La diplomacia es el método establecido para influir en las decisiones y el comportamiento de gobiernos y pueblos extranjeros a través del diálogo, la negociación y otras medidas distintas de la guerra o la violencia”.

Visto así, la diplomacia es un complejo arte que combina relaciones, promoción, incentivos, amenazas, coerción y lenguaje persuasivo, para hacer avanzar la agenda de una nación sin el uso de las armas ni las balas.

Conceptualmente, la diplomacia incluye tres etapas que se pueden describir como:

  1. el arte de gobernar o de conducir los asuntos del estado (statecraft);
  2. la arquitectura; y
  3. la jardinería.

El arte de gobernar consiste en las decisiones fundamentales que toma una nación sobre su papel en el mundo y el camino que elige para enfrentar los principales desafíos para su supervivencia y progreso.

La decisión en el arte de gobernar es fundamental. Si un estado elige objetivos inalcanzables, incluso las mejores arquitecturas estarán condenadas al fracaso.

La arquitectura a su vez consiste en el diseño la construcción de regímenes, normas, instituciones y procesos para lograr los objetivos del estado. Éstos cubren un espectro que va desde el ámbito multilateral, como la ONU, hasta otros organismos internacionales, regionales y los tratados, tales como como el T-MEC.

Estas instituciones dan forma al comportamiento de los estados, de manera que protegen los intereses de la nación. Habría que tener en cuenta aquí que toda la arquitectura fundamental posterior a la Segunda Guerra Mundial, desde la propia ONU, el FMI y el Banco Mundial, hasta la OMC, la OTAN y la una gran variedad de agencias y organizaciones internacionales, fue construida en gran parte por Estados Unidos.

El tercer nivel de la diplomacia es el trabajo diario que el exsecretario de estado George Shultz denominó “jardinería”, es decir: sembrar, desyerbar, regar alimentar las relaciones para influir en las decisiones y acciones de los estados que son socios o contrapartes.

Un México estable, abierto y próspero, que asuma sus responsabilidades para construir un mundo más pacífico, está profundamente ligado al interés nacional. En otras palabras, un México que sea participante activo en la defensa responsable de los tratados y del sistema internacional existente, es un jugador sobresaliente en el ámbito internacional.

Los diplomáticos exitosos entienden a las naciones y a las personas con las que están negociando; establecen relaciones, dan forma a las percepciones, brindan incentivos, amenazan con castigos y elaboran argumentos para ganar amigos e influir en sus interlocutores.

México tiene una red de consulados en Estados Unidos que es la más grande de cualquier otro país. deberíamos ejercer cabalmente ese poder suave. El poder suave se refiere al “uso de la atracción y la persuasión positivas para lograr objetivos de política exterior, principalmente haciendo que otras naciones quieran lo que tú quieres”.

La duda radica en si escucharemos en el discurso del 16 de septiembre una amenaza explícita de abandonar el T-MEC o nada más que los fuegos encendidos de un discurso nacionalista, aunque ya el canciller y luego el presidente aseguraron que no hay intención de abandonar el tratado. Pero antes de “el grito” vendrá el secretario de estado a una visita de trabajo que se centra en un diálogo económico de alto nivel, lo cual abre otra interrogante

Parecería que si una retórica exagerada – en sorprendente repliegue nacionalista – alimenta la polarización, el gobierno de México se negaría a sí mismo algunos de los instrumentos diplomáticos más efectivos, incluyendo el poder suave.

La diplomacia se atrofiaría.

El antiamericanismo y el uso de un “extraño enemigo” como amenaza, son estrategias recurrentes en el populismo mexicano y latinoamericano. Empero, no hay escenario en el que una fractura con Washington pueda ser favorable para México. No debemos dejar que el instrumento retórico se convierta en una primera opción en lugar de en un último recurso. La consecuencia sería un daño irreparable para todos los mexicanos. Nos tomaría muchos años reformar la política exterior y aún más recuperar la influencia y la reputación de México.