ESE PERVERSO NEGOCIO SEXENAL DE VENDER ESPERANZA

Octavio Valdez

Las instituciones mexicanas se adaptaron mal y tarde a la posmodernidad, hace mucho que el diagnóstico está hecho, tan es así que ya hubo quien lo uso para usufructuar el poder vendiendo espejismos de soluciones. Nuestro desastre de convivencia social, empapado en sangre e instalado placenteramente en la desigualdad y la asimetría económica, así como nuestro subdesarrollo intelectual y educativo lo hacen, al día de hoy, más evidente.

Nuestra relación de frivolidad con los poderes de la Unión (y toda noción de civilidad) que nos representan y que dan cuerpo a la República, con énfasis en el Ejecutivo, han convertido nuestra dinámica electoral en un engendro parte carpa de payasos y parte concurso de popularidad, esperamos a ver quién tiene la frase más chistosa, la ocurrencia más viva, el disfraz más colorido, la personalidad más avasallante y combativa o hasta el acento más peculiar, como si se tratara de encontrar al comediante para nuestra serie favorita. Un reflejo del pobre constructo, nuestra idea íntima, que como sociedad tenemos de lo humano. 

No es de extrañar que en estos momentos Televisa resurja de sus cenizas de “rating” con un “reality show” (La casa de los famosos) que explota el morbo, simula la intromisión a la intimidad de personajes que generen circunstancias en relación a exponerse en la plenitud de sus contradicciones morales y de vida, manipulando las situaciones para ofrecer la más diversa gama de miserias y patetismos para el espectador, que a su vez participa como voyerista sentimental y carnal. Nadie ha leído y conocido el espíritu del mexicano como Televisa.

Y es que la descripción arriba desarrollada, calza igual para los últimos procesos electorales, incluyendo el que inicia este 2023. La diferencia es que en el caso de los contenidos mediáticos por lo menos hay acceso a un mercado de producciones mundiales de diversa y heterogénea factura, ya decidirá uno si informarse o convertir su cerebro en gelatina, en el caso de la oferta electoral no existe esa pluralidad: es pobre, local y restringida, ahí no hay más que tragar amargo.

Lo restrictivo de nuestro sistema político electoral impide la diversidad de ideas, perfiles y ni hablar de un relevo generacional, necesario para actualizar las instituciones; por el contrario, se ha beneficiado la endogamia entre los grupos de poder político. Nuestros políticos se revuelcan tanto entre ellos, que el sistema representativo ya adolece de más taras y deformidades que el último descendiente de los Habsburgo.

Cambian de partido, fundan nuevos, hacen alianzas, se van de sabático a organismos intermedios, empresariales o sociales y vuelven, se pasean por todos los puestos de elección (diputado federal y local, senador, regidor…), son funcionarios de gobierno o de partido. Prácticamente pueden meterlos al ataúd sin nunca salir del laberinto de posiciones que el vedetteo político ofrece, sin que ello implique que desarrollen un servicio profesional de carrera, perfil muy útil para el servicio público, sólo utilizan las relaciones a las que accedieron al entrar en el sistema político electoral para flotar en el éter presupuestal.

No es extraño que los elementos políticos que lo conforman terminen comportándose como un cártel, los mismos procedimientos establecidos en las normas que lo rigen inducen ese comportamiento, con acentuado énfasis en los partidos políticos, la conducta de camarillas mafiosas que presentan está dado por la estructura que los hace funcionar.

Cómo es posible que el actual presidente de México sea visto y se autoperciba como un “outsider” del sistema, cuando lleva cincuenta años siendo parte de este, es una distorsión que sólo se puede dar cuando un ambiente se vuelve tan cerrado que pasa de la endogamia al incesto y hasta un primo es visto como extraño. Bajo este escenario, no es raro que la cleptocracia nacional muestre evidentes signos de descomposición y retraso.  

Hay una vieja y anacrónica idea, que justifica la implementación de los restrictivos procedimientos que regulan la posibilidad de que un ciudadano pueda acceder a convertirse en candidato, a ocupar un cargo de elección popular o sea parte del sistema político: evitar en lo posible la incursión de actores desestabilizadores del Estado, premisa que se vuelve absurda con la evidente infiltración actual de la instituciones del país por parte del crimen organizado, entre otros poderes fácticos que degeneran el funcionamiento de nuestro gobierno.

El sistema electoral debe abrirse y no con esa figura burda de candidatos independientes, cuyas exigencias implican una opción igual de restrictiva que la de los partidos políticos. Dados los resultados del sistema de restricciones, cabe hacer la pregunta:

 ¿Por qué no basta ser ciudadano en plena función de sus derechos para poder registrarse ante el órgano electoral como candidato?

Cuidando los detalles de residencia o lo que tenga implicaciones de validez geográfica electoral, entre otros elementos civiles básicos, sería un trámite que no generaría un gasto oneroso ni para el ciudadano ni la instancia electoral y el hecho tampoco daría carta libre a quien se registrara: tendría el mismo trabajo de convencer gente a través de la socialización de una plataforma, la obtención de recursos, justificación de gastos, etc.

Esto también liberaría el monopolio de los partidos sobre la vida pública y política del país y los obligaría a modernizar su operación, si pretenden seguir aglomerando los intereses de grupos de la sociedad y no sólo cumplir el papel de filtros arbitrarios de las dirigencias para colocar gente en la administración pública y los puestos de elección popular.

Y en el caso específico de la administración pública, implementar un examen de oposición para especializar y optimizar la función de la misma, así al mismo tiempo se quita el coto veleidoso y nocivo de los mismos grupos políticos sobre ella.

Ese perverso negocio sexenal de vender esperanza debe acabar por el bien de todos.

LAS TONTERÍAS NO DEBEN ATRAPARNOS

JOEL ORTEGA JUÁREZ

En algún momento Marx, evoca sin decirlo la Biblia, que el peso de las generaciones muertas no oprima nuestros cerebros; dejemos que los muertos entierren sus muertos, es un reto para no cometer tonterías.

Para bien, las situaciones concretas deben afrontarse concretamente, como recomendaba Lenin, cito deliberadamente a estos dos santos patronos del marxismo religioso, para vacunarnos ante decisiones políticas basadas en el pensamiento dogmático que recurre a lugares comunes para aparentar “congruencia”.

Por supuesto que las dos opciones electorales para los comicios del 2024, no incluyen una alternativa medianamente “progresista”.

AMLO, Morena y sus aliados, la opción oficialista, devino en estafa, abandonó casi todas sus promesas que le dieron el triunfo en 2018 y es una gestión gubernamental antipopular. Militarizó varios aspectos de la vida pública; se sometió a las órdenes de los gobiernos de Estados Unidos; cedió ante lo grupos criminales y se gestó un narco estado; la política económica es apegada al llamado neoliberalismo; los grandes beneficiarios son los grandes capitales, antes denominados mafia del poder; la pobreza y la desigualdad crecieron; se realizó una política sistemática de destrucción de instituciones y casi se sometieron a los poderes legislativo y judicial; la violencia creció a niveles superiores a los sexenios de Calderón y Peña Nieto; la corrupción es obscena y no se realizó ninguna acción contra ellos , salvo débiles  y contradictorios procesos  contra sus empleados; no se hizo justicia a las víctimas de los crímenes de Estado, incluyendo Ayotzinapa y se enarboló la defensa del ejército y las fuerzas armadas llamándoles  “pueblo uniformado; el sistema de salud quedó peor que nunca y los muertos por el COVID o sus secuelas son inmensos, se dejó de atender a miles de enfermos de cáncer, sobre todo niños y la escasez de medicamentos causaron afecciones graves a la salud de miles e incluso la muerte de muchos.

El presidente Andrés Manuel López Obrador ha desmantelado buena parte de las instituciones republicanas, pretende una restauración del autoritarismo del sistema priista, quiere reconstruir la dictadura perfecta.

Salvo su política de subsidios a los viejos, su fracasado programa jóvenes sembrando futuro y otras becas que no van a la raíz de la lucha contra la desigualdad y la pobreza.

 No se dieron pasos para transformar el modelo neoliberal. Al contrario.

Cualquiera de las corcholatas que designe AMLO al viejo estilo del dedazo, representa la instalación de una especie de máximato.

Votar por AMLO, MORENA y sus aliados es prolongar el camino al abismo del país.

La otra alternativa denominada Frente Amplio está marcada por el desprestigio del priato, la ineficacia de los dos sexenios panistas y la presencia de la casta que tiene el poder hace un poco más de un siglo.

Sin embargo, el descontento civil y social en cierto sentido, ha conseguido una cierta sumisión de los partidos al proceso creciente de un nuevo camino democrático.

Nada garantiza que ello ocurra, hay signos ominosos de que prevalezcan los viejos métodos de reparto del pastel.

Es preocupante que la llamada sociedad civil siga siendo el mismo grupo de suplantación, integrado por eternos saltimbanquis del aparato gubernamental a las siglas y membretes autonombrados sociedad civil.  

Xóchitl Gálvez, probable candidata del Frente Opositor, debería abrir las puertas para los movimientos sociales, políticos, culturales, de género y de identidades étnicas, también a los jóvenes y a todos los perseguidos por este gobierno. 

Xóchitl Gálvez tiene que incorporar demandas de esos movimientos, ausentes en el Frente Amplio.

Marx decía, también, que las sociedades no pueden alcanzar cambios para los cuales no están preparadas, aunque esta tesis tenga muchas objeciones de la historia misma, el dilema de hoy en México no es socialismo o barbarie, es sacar a MORENA del gobierno o aceptar que sigan gobernando los demagogos de AMLO y profundicen una ruta irreversible al país sin libertades y con precariedades mayores para los excluidos y para los sectores de las capas medias.

Esa es la disyuntiva real, ante ella no sirve practicar la política de avestruz.

Los opositores con raíces en las izquierdas ajenas al poder, deben abrirse camino ahora, después será muy tarde.  

DOS A LA SEMANA ¿QUÉ SIGUE? ¡LA MUJER BARBUDA!

La primera vez eres víctima,

la segunda vez eres cliente.

Jorge Eduardo Aragón Campos

Lo peor que se puede decir de Xóchitl Gálvez, es que pertenece a la clase política mexicana desde hace 4 sexenios, mientras que lo mejor que tendríamos para señalarle, es que pertenece a la clase política mexicana desde hace 4 sexenios.

Antes que nada, vamos diciéndolo con franqueza: es falsa la narrativa que el mismo MoReNa ha contribuido a crear, donde quienes la desaprobamos somos un sector más cultivado, porque somos aspiracionistas y hemos abjurado de nuestra noble cuna pobre, mientras que ellos son una horda salvaje, semicanibal y orgullosamente terraplanista. Volvamos con Xóchitl.

A mí también me encantó ver tragar camote al presidente, pero una cosa es una cosa y otra cosa es otra cosa, y discúlpenme, pero Xóchitl no está enfrentando a Churchill… ni el pleito es por el pueblo inglés, por lo mismo les recuerdo que ya nos vieron la cara un ranchero lenguaraz y un bombón analfabruto para el colchón, por lo mismo quiero ser insistente en afirmar que sí tiene su mérito el haber flotado apenas por arribita durante estos 4 sexenios, es una señal de mesura, sin duda, y otro punto bueno es que también transitó por más de un cargo sin escándalos, pero creo que ocupamos a alguien más calificado para el puesto, y si me contestan -porque los conozco- que cualquiera es mejor que el actual, pues entonces con mayor razón necesitamos a alguien muchísimo más capaz, porque como suele ocurrir, estos pocos días que lleva la xochimanía han sido suficientes para revelar más de una limitante de la precandidata: ahora que se alejó más alto de su línea de flotación, la sobreexposición le da más luz y se vuelven visibles las costuras,  que se mantienen invisibles sólo para quienes no las quieren ver.

El medio es el mensaje. Lo ruidoso de su éxito no es tanto por su éxito en sí, sino por lo sorpresivo, y esto es porque todos saben quien es pero nadie la conoce. No pretendo ningunearla pero tampoco le voy a dar alas ¿La hemos tenido frente a las narices desde hace 24 años y ninguno de nosotros la vio venir? Oigan ¿A qué estamos jugando? No lo voy a negar, tiene su lado seductor el tomar la contienda como una deleznable lucha en lodo entre un ruquillo crápula contra una doñis gordita semi new age, pero ahora esos entretenimientos -ya sin El Santo ni Jorge Rivero en el reparto- no dan para mucho, sin dejar de mencionar que los niveles de atención que les ponemos, y de importancia que les damos, nos evidencian más a nosotros que a ellos.

Que Xochitl Gálvez logre llegar o no a la presidencia, pertenece al mundo de lo posible y ahora también al mundo de lo probable, pero lo mismo se puede afirmar sobre las aspiraciones de Claudia Scheinbaum, Marcelo Ebrard, Santiago Creel, Beatriz Paredes… y ese… es pedo de ellos, porque el de nosotros radica en que sea quien sea el triunfador, en el mejor de los casos el próximo será otro sexenio perdido: por lo que estamos viendo, a lo que aspira el sector ilustrado es a romper las cadenas que lo atan al atolito blanco con el dedo, para ir a ponerse el grillete del atolito de Maizena con el dedo. Del “ahora vamos a robar otros”, no vamos a pasar ni siquiera al de “Ahora vamos a robar menos”, de mí se acuerdan. Les aclaro que no es reclamo ni regaño, sino más bien señalo una ventana de oportunidad: queda a la vista que nuestras discrepancias no pasan de la capa cosmética, lo cual nos dice que la polarización que estamos viviendo es más artificiosa que real. Debe ser relativamente sencillo, encontrar puntos de coincidencia entre la ciudadanía que sirvan para ir creando una nueva agenda pública más apegada a la realidad en que vivimos los mexicanos de a pie, aunque aceptando que todavía resulta más sencillo seguir esperando por una nueva aparición de la virgen de Guadalupe que venga a ponernos en orden; la narrativa sobre un crisol de razas y culturas que dificulta el entendimiento y los acuerdos entre los distintos méxicos, ya no opera en esta nueva época (si es que alguna vez operó) donde somos una sociedad más homogénea de lo que solemos aceptar, semejante a la descrita por García Márquez en una de sus obras, donde la diferencia principal entre conservadores y liberales es que unos van a la misa de seis y los otros a la de ocho.