¿Se Acerca el Armagedón Nuclear?

28 de febrero de 2022

César Velázquez Robles

Hace unos días escribí sobre el reloj del día del juicio final, a propósito del incremento de las tensiones en Europa y en el mundo entero por el diferendo entre Rusia y Ucrania, y por la posibilidad de que este conflicto pudiese acercarnos a una conflagración nuclear. Esta posibilidad todavía hasta hace poco era vista como algo remoto, pero las declaraciones del dirigente ruso, Vladimir Putin, exigiendo que ninguna fuerza, país, organización o potencia militar intervenga, porque entonces habría consecuencias jamás antes vistas, sonó ahora sí, como una amenaza muy real. Esas consecuencias nunca antes vistas, inevitablemente llevan a imaginar un cataclismo. Ese lenguaje amenazante, no a Estados Unidos o las potencias europeas, sino a la humanidad entera, debería obligarnos a actuar, a expresar un compromiso ético y moral por la vida, contra la violencia, la destrucción y la muerte que, como hemos visto en estos últimos días, recorre ya los campos y ciudades de la heroica Ucrania en defensa de sus libertades, de su integridad territorial y de su independencia.

Por lo que nos ha mostrado la televisión, la invasión rusa a Ucrania no ha sido un día de campo para el ejército ruso y sus aliados. Han surgido ya las primeras posibiidades de una negociación a las que el presidente de Ucrania, Zelensky, ha dado la bienvenida, aunque con escasas esperanzas de que alcanzar una solución negociada. En esos juegos de guerra a los que es tan afecto Putin, ha pedido a los más altos comandantes de las fuerzas armadas que pongan en tensión su armamento nuclear, en lo que llaman un “régimen especial de servicio de combate”. ¿Es una fanfarronada de Putín? ¡Quién sabe! Lo que sí es cierto, es que ese lenguaje no es común, ni lo fue en los momentos más álgidos de la guerra fría. Además, como lo han recordado, el recurso verbal a las armas de disuasión en esta escalada de violencia, no es un buen presagio para nadie: “La guerra nuclear no puede ganarse y nunca debe librarse”.

Sobre este tema, el director ejecutivo de la Asociación para el Control de Armas, Darryl Kimball, apuntó que la decisión de Putin de “insertar armas nucleares en la ecuación bélica de Ucrania en estos momentos es extremadamente peligroso, y Estados Unidos, el presidente Biden y la OTAN deben actuar con extrema moderación… Este es un momento muy peligroso en esta crisis, y tenemos que instar a nuestros líderes a alejarse del borde nuclear”.

Pero la escalada militarista en el mundo entero se ha desatado. Alemania, que fue derrotada durante la Segunda Guerra Mundial y fue condenada a no rearmarse, anunció ayer mismo, su decisión de incrementar en 100 mil millones de euros su presupuesto militar para enfrentar las amenazas que representa Rusia. Ese mismo camino seguramente seguirán otros países europeos, que siguen dependiendo en gran medida para su seguridad de los Estados Unidos, uno de los principales reclamos en años recientes de Donald Trump que los instó a destinar más recursos a la defensa.

Deseo de todo corazón que Dios los ilumine y se encuentre un punto de equilibrio que ponga fin a la guerra. Que se conjure todo peligro de una conflagración nuclear. No he sabido que los científicos atómicos que idearon el “doomsday clock”, lo hayan adelantado en estos días de guerra, pero creo que las declaraciones de Putin los obligarán a tomar una decisión.

Por si no lo recuerdan, el doomsday clock es un reloj simbólico de que la humanidad está a unos minutos del final, es decir, de la medianoche. Dice Wikipedia:

“El número de minutos para la medianoche —que mide el grado de amenaza nuclear, ambiental y tecnológica para la Humanidad— es corregido periódicamente. El 25 de enero de 2018, el reloj se adelantó desde “tres minutos para la medianoche”, en donde estaba desde el 19 de enero del 2017, a “dos minutos y medio para la medianoche”. El reloj fue actualizado en 2018, poniendo las agujas a dos minutos para la medianoche. Ha permanecido a esta hora en 2019. En enero de 2021 se adelantó veinte segundos, quedándose a 100 segundos para la medianoche, lo que supone el momento en el que más cerca se ha situado de las 12 en su historia”.

Si, ese reloj está a 100 segundos para la medianoche. Por eso digo, ojalá que Dios los ilumine a todos.

¿Autocontrol o Heterocontrol en los Medios?

medios

Después de muchos años en que la relación entre medios y poder político (y económico) se desarrolló en un entorno de placidez, con el advenimiento de la transición el tema pasó a desenvolverse en un entorno de turbulencias. La subordinación y abyección de la prensa escrita, la radio y la televisión en el largo periodo autoritario, se trocó en unos medios levantiscos que encontraron en el ejercicio de la crítica una forma más funcional de inserción en la competencia por el favor de las audiencias propia de mercados abiertos. Empezó a expresarse una relación más abierta y transparente aunque con notables zonas de opacidad. Pese a muchas propuestas para una asignación de publicidad conforme influencia, penetración y circulación, el gobierno siguió regulando este procedimiento y utilizando como un instrumento para premios y castigos.

Esta cultura sedimentada durante décadas, sigue definiendo el modus operandi de la relación entre medios y poder. Hay tensiones, por supuesto, y éstas solo se pueden resolver en la medida en que las partes de la ecuación son capaces de encontrar, a través de la deliberación, de la discusión serena y responsable, un  punto de equilibrio en el que se preserven los derechos de los medios a informar en libertad, el derecho de las audiencias a recibir información de calidad y el derecho de las instituciones de la sociedad democrática a establecer algunas normas de regulación que garanticen la calidad de los bienes y servicios informativos en un clima de libre circulación de las ideas. Aparentemente el asunto no entraña grandes dificultades, pero en la práctica encontrar el equilibrio entre distintas libertades y derechos es sumamente difícil. Dígalo si no, el gran debate que se ha producido por la resolución de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN), según la cual los medios deberán distinguir claramente para proteger el derecho de las audiencias, entre información y opinión.

Hago un rápido resumen de la litis en cuestión:

1.- El pasado 19 de enero, la SCJN resolvió eliminar las normas que permiten a concesionarios de radio y televisión elaborar sus propios códigos de ética, y “restablecer la responsabilidad de los medios de distinguir entre opinión e información para evitar eventuales violaciones a los derechos de las audiencias”. 2.- De acuerdo con la Cámara Nacional de la Industria de la Radio y la Televisión (CIRT), esta resolución viola el derecho a la libertad de expresión. 3.- La SCJN dispone de 60 días para pronunciarse a partir de la resolución de mediados de enero, de tal modo que en marzo se abordará en el pleno la controversia. 4.- La CIRT se pronunció ayer en contra de la eventual y definitiva aprobación de esta disposición, en términos una inusual dureza, que permite pronosticar un fuerte enfrentamiento y, en consecuencia, la dificultad para llegar a un consenso.

¿Qué dijo ayer la CIRT? Que la supuesta defensa de las audiencias que preconiza la SCJN no es sino una abierta intromisión y un inadmisible acto de censura, que nos retrotrae a los periodos de gobierno de Luis Echeverría y José López Portillo, y de aprobarse acudirán a instancias internacionales, al tiempo que reclamó al Congreso evitar que se invada su esfera jurisdiccional y al Ejecutivo federal pidió ampliar libertades y no acotarlas: “Hacemos un llamado al Pleno de la Suprema Corte de Justicia de la Nación para que revise con cuidado lo que este tema se está diciendo por la abierta censura que habrá sobre comunicadores y las limitantes a la información sobre millones de mexicanos. También un llamado al Congreso para que no dejen que les invadan sus facultades legislativas y al Ejecutivo para que amplíe las libertades y no las acote”. Más todavía: “No tengan dudas. Acudiremos a instancias internacionales para evidencia el manto censor y ominoso con que algunos quieren cubrir a nuestro país”. Añadió que protegerán “el derecho de los mexicanos para que la información que decidan ver y oír sea libre de censura y sin avales gubernamentales”.

¿Cómo equilibrar los derechos de unos y otros? El asunto no es fácil, y ha sido el centro de las controversias en la actual sociedad de la información en el propósito de garantizar, como apunté, la libre circulación de los bienes y servicios informativos, y me parece que si la Corte decide eliminar el derecho de los concesionarios a elaborar sus propios códigos de ética, y a distinguir entre información y opinión, habrá jaleo en serio. En estos casos, siempre es conveniente acudir a nuestros expertos. Cito in extensu a Manuel Núñez Encabo, redactor del Código Europeo de Deontología del Periodismo del Consejo de Europa, quien al analizar la relación medios, ética, derecho de audiencias y poder político o económico, dice lo siguiente:

“Si el control fuese principalmente Jurídico podría encorsetar, sofocar u obstaculizar la propia libertad de expresión, ya que, el derecho, por definición, supone un, heterocontrol ajeno a los propios medios de comunicación que se ejerce y se impone con coacción y rigidez. Por tanto, parece más adecuado establecer un control asumido desde el interior de los medios y que se ejerza como autocontrol ético. En definitiva, en relación con los contenidos de la información, es preferible aplicar un máximo ético y un mínimo jurídico. Sin embargo, ésta sólo será una solución válida a condición de que los compromisos y la responsabilidad ética se asuman públicamente, porque la ética de los medios de comunicación debe concebirse como una ética social y pública, ya que los medios de comunicación, sean públicos o privados, ejercen claramente una función pública, por eso no es admisible afirmar que el ejercicio del periodismo queda reducido a una relación privada entre los emisores, los medios de comunicación y los receptores, los ciudadanos como personas individuales, porque tanto la libertad de expresión como el derecho a la información son derechos fundamentales que afectan al mismo tiempo a la raíz misma de la persona y al desarrollo de la sociedad y de la vida social.”

Creo que en estas palabras está una solución de compromiso, y evitar así que de este asunto se haga un casus belli.

Un Chivo en Cristalería

10 de febrero de 2022

César Velázquez Robles

El en mundo de las relaciones internacionales, el presidente López Obrador está actuando como un chivo en cristalería. Va causando cada estropicio que está dejando cada vez más mal parada la doctrina Estrada, algo de lo que México podía presumir por sus tesis de la autodeterminación de los pueblos y el rechazo a la injerencia exterior en los asuntos internos que, por cierto, en estas épocas, con la existencia de muchas entidades suprasoberanas como causa y efecto de la globalización, pasan a tener un espacio más limitado. Aquel cuento de que “la mejor política exterior es una buena política interior”, ha tenido su traducción práctica en los no pocos desencuentros internos con un discurso excluyente hacia distintos actores de la vida pública del país, y que se proyecta también al ámbito de las relaciones con otros países, a los que se exige y demanda reconocimiento de errores pasados, un ejercicio crítico y autocrítico del papel desempeñado en acontecimientos históricos, como es el caso de España, o el caso de Austria, al que se califica de “egoísta” por su negativa a prestar el famoso penacho de Moctezuma, para cerrar con el caso de la canciller panameña que por el rechazo de su gobierno a entregar el plácet para Pedro Salmerón como embajador, calificó de “Santa Inquisición”.

Ayer miércoles 10 de febrero, después de un descanso de dos o tres meses, decidió retomar su querella con España. Recordó la falta de respuesta al reclamo histórico de México, la emprendió contra las empresas españolas que, en una especie de “reconquista”, se extienden por el país haciendo pingües negocios, y llamando a hacer una “pausa” en las relaciones diplomáticas para que dar oportunidad a las partes de reflexionar sobre el papel desempeñado en este periodo. Claro que el tema cayó en la opinión pública como una bomba, pues no es un tema crucial en la agenda, pero impuestos a que el presidente marque el ritmo y el volumen de la conversación colectiva, ahí estamos, otra vez, todos hablando del asunto. Quizá fue la molestia por el retraso en el otorgamiento del plácet a Quirino –finalmente otorgado, según comunicó el ministro español de Exteriores a su homólogo mexicano en días pasados— lo que ocasionó la “muina” presidencial, pero lo real es que el asunto ahora no venía “ni al caso”, como dicen los plebes.

Es cierto, sin embargo, que el asunto no es menor. No decretó ruptura de relaciones, optó por la palabra pausa, que en el lenguaje diplomático no tiene significado práctico, pero introduce un enorme ruido en la relación con un país cuyas inversiones en México alcanzan 76 mil millones de dólares, el 12 por ciento de la inversión extranjera total, además de que puede dificultar la renovación del Tratado de Libre Comercio México-Unión Europea, para cuya firma, hace ya poco más de 20 años, fue decisivo el respaldo de las autoridades españolas.

Es cierto que la política exterior de un país es por lo general una política de Estado, esto es, tiene el consenso de todas las fuerzas políticas, con las que se discuten medidas y decisiones de trascendencia. En este caso, en el anuncio de la pausa en las relaciones, como en muchos otros, fue una decisión imprevista, no consultada con nadie, ni con la Comisión de Relaciones Exteriores del Congreso, y seguramente recibirá un rechazo masivo. México, aunque lo piense el presidente, no es un país de un solo hombre.

El damnificado: Quirino Ordaz Coppel

En este exabrupto presidencial, hay un damnificado: Quirino Ordaz Coppel, quien ya tenía el plácet en la bolsa, según lo había informado Marcelo Ebrard. Las primeras declaraciones del senador Ricardo Monreal, en el sentido de que el trámite para su aprobación en la cámara alta seguiría su curso normal, aunque luego de la pausa anunciada, no puede saberse qué pasará: “Nosotros no nos vamos a detener, nosotros vamos a continuar con nuestro trabajo. Si nos llega el nombramiento, ya otorgado el beneplácito convocaremos y lo votaremos en la comisión de Relaciones Exteriores, según sea el caso”.

Lo más probable es que Quirino no llegue a ocupar el cargo de embajador, aunque podría recibir en compensación, algún puesto en la administración pública federal, una subsecretaría, alguna dirección general de relevancia. Ha hecho mérito en estos cuatro o cinco meses transcurridos, y el presidente sabrá reconocerlo. Veremos.