¿Autocontrol o Heterocontrol en los Medios?

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Después de muchos años en que la relación entre medios y poder político (y económico) se desarrolló en un entorno de placidez, con el advenimiento de la transición el tema pasó a desenvolverse en un entorno de turbulencias. La subordinación y abyección de la prensa escrita, la radio y la televisión en el largo periodo autoritario, se trocó en unos medios levantiscos que encontraron en el ejercicio de la crítica una forma más funcional de inserción en la competencia por el favor de las audiencias propia de mercados abiertos. Empezó a expresarse una relación más abierta y transparente aunque con notables zonas de opacidad. Pese a muchas propuestas para una asignación de publicidad conforme influencia, penetración y circulación, el gobierno siguió regulando este procedimiento y utilizando como un instrumento para premios y castigos.

Esta cultura sedimentada durante décadas, sigue definiendo el modus operandi de la relación entre medios y poder. Hay tensiones, por supuesto, y éstas solo se pueden resolver en la medida en que las partes de la ecuación son capaces de encontrar, a través de la deliberación, de la discusión serena y responsable, un  punto de equilibrio en el que se preserven los derechos de los medios a informar en libertad, el derecho de las audiencias a recibir información de calidad y el derecho de las instituciones de la sociedad democrática a establecer algunas normas de regulación que garanticen la calidad de los bienes y servicios informativos en un clima de libre circulación de las ideas. Aparentemente el asunto no entraña grandes dificultades, pero en la práctica encontrar el equilibrio entre distintas libertades y derechos es sumamente difícil. Dígalo si no, el gran debate que se ha producido por la resolución de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN), según la cual los medios deberán distinguir claramente para proteger el derecho de las audiencias, entre información y opinión.

Hago un rápido resumen de la litis en cuestión:

1.- El pasado 19 de enero, la SCJN resolvió eliminar las normas que permiten a concesionarios de radio y televisión elaborar sus propios códigos de ética, y “restablecer la responsabilidad de los medios de distinguir entre opinión e información para evitar eventuales violaciones a los derechos de las audiencias”. 2.- De acuerdo con la Cámara Nacional de la Industria de la Radio y la Televisión (CIRT), esta resolución viola el derecho a la libertad de expresión. 3.- La SCJN dispone de 60 días para pronunciarse a partir de la resolución de mediados de enero, de tal modo que en marzo se abordará en el pleno la controversia. 4.- La CIRT se pronunció ayer en contra de la eventual y definitiva aprobación de esta disposición, en términos una inusual dureza, que permite pronosticar un fuerte enfrentamiento y, en consecuencia, la dificultad para llegar a un consenso.

¿Qué dijo ayer la CIRT? Que la supuesta defensa de las audiencias que preconiza la SCJN no es sino una abierta intromisión y un inadmisible acto de censura, que nos retrotrae a los periodos de gobierno de Luis Echeverría y José López Portillo, y de aprobarse acudirán a instancias internacionales, al tiempo que reclamó al Congreso evitar que se invada su esfera jurisdiccional y al Ejecutivo federal pidió ampliar libertades y no acotarlas: “Hacemos un llamado al Pleno de la Suprema Corte de Justicia de la Nación para que revise con cuidado lo que este tema se está diciendo por la abierta censura que habrá sobre comunicadores y las limitantes a la información sobre millones de mexicanos. También un llamado al Congreso para que no dejen que les invadan sus facultades legislativas y al Ejecutivo para que amplíe las libertades y no las acote”. Más todavía: “No tengan dudas. Acudiremos a instancias internacionales para evidencia el manto censor y ominoso con que algunos quieren cubrir a nuestro país”. Añadió que protegerán “el derecho de los mexicanos para que la información que decidan ver y oír sea libre de censura y sin avales gubernamentales”.

¿Cómo equilibrar los derechos de unos y otros? El asunto no es fácil, y ha sido el centro de las controversias en la actual sociedad de la información en el propósito de garantizar, como apunté, la libre circulación de los bienes y servicios informativos, y me parece que si la Corte decide eliminar el derecho de los concesionarios a elaborar sus propios códigos de ética, y a distinguir entre información y opinión, habrá jaleo en serio. En estos casos, siempre es conveniente acudir a nuestros expertos. Cito in extensu a Manuel Núñez Encabo, redactor del Código Europeo de Deontología del Periodismo del Consejo de Europa, quien al analizar la relación medios, ética, derecho de audiencias y poder político o económico, dice lo siguiente:

“Si el control fuese principalmente Jurídico podría encorsetar, sofocar u obstaculizar la propia libertad de expresión, ya que, el derecho, por definición, supone un, heterocontrol ajeno a los propios medios de comunicación que se ejerce y se impone con coacción y rigidez. Por tanto, parece más adecuado establecer un control asumido desde el interior de los medios y que se ejerza como autocontrol ético. En definitiva, en relación con los contenidos de la información, es preferible aplicar un máximo ético y un mínimo jurídico. Sin embargo, ésta sólo será una solución válida a condición de que los compromisos y la responsabilidad ética se asuman públicamente, porque la ética de los medios de comunicación debe concebirse como una ética social y pública, ya que los medios de comunicación, sean públicos o privados, ejercen claramente una función pública, por eso no es admisible afirmar que el ejercicio del periodismo queda reducido a una relación privada entre los emisores, los medios de comunicación y los receptores, los ciudadanos como personas individuales, porque tanto la libertad de expresión como el derecho a la información son derechos fundamentales que afectan al mismo tiempo a la raíz misma de la persona y al desarrollo de la sociedad y de la vida social.”

Creo que en estas palabras está una solución de compromiso, y evitar así que de este asunto se haga un casus belli.

Un Chivo en Cristalería

10 de febrero de 2022

César Velázquez Robles

El en mundo de las relaciones internacionales, el presidente López Obrador está actuando como un chivo en cristalería. Va causando cada estropicio que está dejando cada vez más mal parada la doctrina Estrada, algo de lo que México podía presumir por sus tesis de la autodeterminación de los pueblos y el rechazo a la injerencia exterior en los asuntos internos que, por cierto, en estas épocas, con la existencia de muchas entidades suprasoberanas como causa y efecto de la globalización, pasan a tener un espacio más limitado. Aquel cuento de que “la mejor política exterior es una buena política interior”, ha tenido su traducción práctica en los no pocos desencuentros internos con un discurso excluyente hacia distintos actores de la vida pública del país, y que se proyecta también al ámbito de las relaciones con otros países, a los que se exige y demanda reconocimiento de errores pasados, un ejercicio crítico y autocrítico del papel desempeñado en acontecimientos históricos, como es el caso de España, o el caso de Austria, al que se califica de “egoísta” por su negativa a prestar el famoso penacho de Moctezuma, para cerrar con el caso de la canciller panameña que por el rechazo de su gobierno a entregar el plácet para Pedro Salmerón como embajador, calificó de “Santa Inquisición”.

Ayer miércoles 10 de febrero, después de un descanso de dos o tres meses, decidió retomar su querella con España. Recordó la falta de respuesta al reclamo histórico de México, la emprendió contra las empresas españolas que, en una especie de “reconquista”, se extienden por el país haciendo pingües negocios, y llamando a hacer una “pausa” en las relaciones diplomáticas para que dar oportunidad a las partes de reflexionar sobre el papel desempeñado en este periodo. Claro que el tema cayó en la opinión pública como una bomba, pues no es un tema crucial en la agenda, pero impuestos a que el presidente marque el ritmo y el volumen de la conversación colectiva, ahí estamos, otra vez, todos hablando del asunto. Quizá fue la molestia por el retraso en el otorgamiento del plácet a Quirino –finalmente otorgado, según comunicó el ministro español de Exteriores a su homólogo mexicano en días pasados— lo que ocasionó la “muina” presidencial, pero lo real es que el asunto ahora no venía “ni al caso”, como dicen los plebes.

Es cierto, sin embargo, que el asunto no es menor. No decretó ruptura de relaciones, optó por la palabra pausa, que en el lenguaje diplomático no tiene significado práctico, pero introduce un enorme ruido en la relación con un país cuyas inversiones en México alcanzan 76 mil millones de dólares, el 12 por ciento de la inversión extranjera total, además de que puede dificultar la renovación del Tratado de Libre Comercio México-Unión Europea, para cuya firma, hace ya poco más de 20 años, fue decisivo el respaldo de las autoridades españolas.

Es cierto que la política exterior de un país es por lo general una política de Estado, esto es, tiene el consenso de todas las fuerzas políticas, con las que se discuten medidas y decisiones de trascendencia. En este caso, en el anuncio de la pausa en las relaciones, como en muchos otros, fue una decisión imprevista, no consultada con nadie, ni con la Comisión de Relaciones Exteriores del Congreso, y seguramente recibirá un rechazo masivo. México, aunque lo piense el presidente, no es un país de un solo hombre.

El damnificado: Quirino Ordaz Coppel

En este exabrupto presidencial, hay un damnificado: Quirino Ordaz Coppel, quien ya tenía el plácet en la bolsa, según lo había informado Marcelo Ebrard. Las primeras declaraciones del senador Ricardo Monreal, en el sentido de que el trámite para su aprobación en la cámara alta seguiría su curso normal, aunque luego de la pausa anunciada, no puede saberse qué pasará: “Nosotros no nos vamos a detener, nosotros vamos a continuar con nuestro trabajo. Si nos llega el nombramiento, ya otorgado el beneplácito convocaremos y lo votaremos en la comisión de Relaciones Exteriores, según sea el caso”.

Lo más probable es que Quirino no llegue a ocupar el cargo de embajador, aunque podría recibir en compensación, algún puesto en la administración pública federal, una subsecretaría, alguna dirección general de relevancia. Ha hecho mérito en estos cuatro o cinco meses transcurridos, y el presidente sabrá reconocerlo. Veremos.

La Revocación de Mandato y las Razones de AMLO

amlo

08 de febrero de 2022

Ayer, 7 de febrero, se publicó en el Diario Oficial de la Federación, la convocatoria a la consulta de revocación de mandato. Se ha iniciado una especie de periodo de veda electoral, en el que está prohibida, hasta el 10 de abril, fecha de la consulta, toda actividad de propaganda gubernamental a favor o en contra de la consulta, y los partidos mismos podrán hacer labor de publicidad para promover la participación. Tal es el contenido y el espíritu de la Ley de Revocación de mandato, publicado en septiembre del año pasado. Sin embargo, esta disposición legal ha parecido a los ministros de la Suprema Corte de Justicia de la Nación excesivamente laxa, por lo que han decidido acotarla, y reducir su ámbito de acción. Así lo explicó el propio árbitro electoral: “Si bien la Ley Federal de Revocación de Mandato establece que los partidos políticos podrán promover la participación ciudadana en este proceso, la Suprema Corte de Justicia de la Nación ha declarado inconstitucional dicha determinación al considerar que es una labor exclusiva del Instituto Nacional Electoral”.

De inmediato han surgido reparos, que no dejan de ser razonables. El primero, obvio, evidente, es el del propio presidente López Obrador, que en su mañanera anunció que se dirigirá al alto tribunal para que precise los alcances del concepto propaganda. Y creo que tiene razón: “Existe el concepto general de propaganda. Y todo lo que tiene que ver con el gobierno, de una u otra forma, todo lo que hace puede considerarse propaganda. Tenemos muchas cosas que se están haciendo”, entre ellas sus proyectos estratégicos, aunque a final de cuentas, por el enorme poder que concentra el representante el poder ejecutivo en un sistema presidencialista, puede saltarse, como se ha visto, ésta y otras normas sin que la transgresión de la legalidad se traduzca en castigo alguno. Pero más allá de esta consideración, me parece que el presidente da en el clavo, cuando dice: “Yo siento que debería de acotarse lo de propaganda en la participación a favor de la postura de un partido. Algo que beneficie al partido en el gobierno o que el gobierno promueva algún partido”. De inmediato veremos también entonces, la protesta del partido gobernante por esta restricción en la promoción de este ejercicio ciudadano.

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Me parece que esta limitación a la participación de los partidos poco contribuye a ampliar los espacios de participación ciudadana en los asuntos de la vida pública. Tenemos en México un alto déficit de participación ciudadana y eso se refleja, entre muchas otras cosas, en la tasa de abstencionismo en procesos electorales, en la escasa fortaleza de la sociedad civil y del magro número de asociaciones ciudadanas que constituyen esos centros intermediarios de poder. Es necesario alentar una más activa y entusiasta participación ciudadana para ensanchar la base social en que se sustenta la democracia, y los partidos deberían asumir esta tarea como parte de una pedagogía cívica permanente, y no actuar solo como maquinarias burocráticas que se activen solo en periodo de elecciones.

Para morena, esta disposición restrictiva será una oportunidad para activar más su fuerza. La mera denuncia de que se limitan derechos de los partidos –en lo que tendría razón— será una excelente oportunidad de propagandizar su propuesta “revo-confirmatoria”, ponderar lo que considera los grandes logros de la transformación en curso del país, y tensar todos los resortes políticos internos no solo de cara a la jornada del 10 de abril, sino para atender la orientación estratégica en favor de la reforma energética y prepararse para las elecciones de gobernador en varias entidades de la república en junio próximo.

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Pero para los partidos de la oposición, de manera señalada los que conforman la coalición Va por México –PAN, PRI y PRD— la disposición de que los partidos callen les caerá de perlas. No son partidos de acción; son organizaciones burocráticas que pueden moverse más o menos bien en los espacios institucionales, pero que son alérgicos a la calle; que no saben, porque nunca ha sido lo suyo, combinar la lucha en las instituciones con el respaldo de los ciudadanos en los espacios públicos. Por eso están desaprovechando esta coyuntura, en la que podrían haber movilizado a miles, decenas o cientos de miles de ciudadanos, no a favor o en contra de la revocación-ratificación, sino explicando de manera pedagógica el significado y la importancia de un procedimiento que debiendo haber surgido desde la base social, como derecho que es de los electores, ha sido confiscado desde el poder, que al apropiárselo, lo desnaturaliza y distorsiona, contribuyendo no a la ampliación y consolidación de la vida democrática, sino a dificultar su desarrollo.