16 de noviembre de 2021
César Velázquez Robles
La conflictividad política en Mazatlán, que se prolonga ya por 15 días, esto es, desde el inicio mismo de la entrada en funciones del nuevo gobierno local, va in crescendo. En la primera “semanera” del nuevo gobierno estatal, Rubén Rocha dio por terminado el conflicto al anunciar que ya había un acuerdo entre los regidores del Partido Sinaloense (PAS) y el Químico Benítez, pero éste casi de inmediato desmintió que se hubiese firmado la pipa de la paz. Ayer, en su segunda comparecencia ante los medios, el gobernador pareció algo desesperado porque los adversarios no logran ponerse de acuerdo para poner fin al clima de inestabilidad que se vive en este municipio. La política como método para dirimir los desacuerdos, acercar posiciones y establecer los consensos mínimos que garanticen la gobernabilidad, ha fracasado. Ahí se ha instaurado una lógica de guerra, con dos contendientes decididos a destruirse mutuamente antes que ceder en sus pretensiones. Unos y otros convocan a sesiones que son desairadas con acusaciones mutuas de ilegalidad, y no parece haber ninguna posibilidad real de alcanzar un punto de equilibrio que permita al municipio desarrollar sus tareas básicas con eficiencia.
Era evidente desde hace meses que la relación entre ambas fuerzas, la de Cuén y la del Químico, entraría en esta deriva. Cuén jugó con habilidad y puso un precio muy alto al alcalde que, a su vez, no le quedó más que agarrase a ese clavo ardiente para sobrevivir a la tempestad que él mismo creó. Desde el poder estatal se perdió tiempo valioso para desactivar el conflicto que se veía venir, y por lo visto, no se buscaron los acercamientos, los acuerdos más elementales que impidieran la beligerancia de los contendientes. Fue, evidentemente, una apuesta fallida.
Han pasado 15 días y Rocha no logra encontrarle la cuadratura al círculo. Se nota desesperado, no le hacen caso, cada quien sigue montado en su macho: “Ya está bueno, deben llegar a un acuerdo, no pueden estar empeñados en ambiciones de puestos, tienen que conciliar tanto en Mocorito como en Mazatlán porque ya ganaron la elección y los deben dejar gobernar”, dijo el gobernador en su alocución. Pero los suyos han sido como los llamados a misa. “Acá (en Mocorito) un grupo de regidores de Morena y del PRI y aliados contra una presidenta que es del PAS y en Mazatlán, los regidores del PAS peleados con los del PRI y no se con cuántos le están impidiendo al presidente que nombre a sus secretarios. Pues tampoco lo comparto, tiene que haber conciliación. Tiene el Químico Benítez mi apoyo pero es un apoyo en el que no puedo intervenir porque son autonomías municipales”.
Algo raro está pasando. El Químico tiene el apoyo de Rocha, pero Rocha no puede intervenir. Es que, ¿sabe usted?, son autonomías municipales. Bueno, en otras autonomías se ha intervenido y no ha pasado nada, ¿o sí? Si la principal autoridad política del estado no puede intervenir en un conflicto tan prosaico como el mazatleco, entonces, ¿para qué está ahí? Y no se necesita dar un golpe de autoridad, sino ejercer la autoridad de que está investido para ofrecer salidas, proponer soluciones e, incluso, poner un ultimátum a los contendientes. Si tan solo los urge a ponerse de acuerdo, pues el caso puede seguir de manera indefinida, hasta entrar en una descomposición absoluta, y el gobierno estatal como si nada.
Hay puestos como nunca, les dijo Rocha a los contendientes, así que no tiene caso que anden peleándose: “No podemos estar empeñados en temas de ambiciones de puestos, como nunca tenemos puestos para los compañeros y que se andan peleando ahora eso, atentando contra la normatividad del municipio”. Pero las palabras entran por un oído y salen por el otro.
Ayer mismo empezó a procesarse la cargada de la representación popular de Sinaloa en la cámara de diputados y en el Senado en favor de las declaraciones de Rocha. Un texto breve, suscrito por los dos senadores y los siete diputados federales, se lee lo siguiente:
“Los que suscribimos… nos sumamos al respaldo del gobernador Rubén Rocha Moya a la alcaldesa de Mocorito… y al alcalde de Mazatlán… así como el llamado que hiciera a los regidores y regidoras de los municipios para que se restablezca la legalidad en el funcionamiento de los ayuntamientos.
“Consideramos que la Cuarta Transformación significa el respeto al mandato popular de Gobierno Municipal.
“Es la gobernabilidad democrática la guía para darle estabilidad a las transformaciones que están en marcha. No son tiempos de distracciones; no es la ambición política ni la lucha del poder por el poder lo que caracteriza a los protagonistas del cambio verdadero.
“Cerremos filas para darle progreso y desarrollo a México y Sinaloa bajo los liderazgos del presidente Andrés Manuel López Obrador y del gobernador Rubén Rocha Moya, haciendo lo que nos toca en cada trinchera.”
¿Qué le toca hacer al Congreso del Estado en su trinchera?




