EL SHOCK DEL REGRESO

Jorge Eduardo Aragón Campos   jaragonc@gmail.com

Los efectos del aislamiento, están razonablemente bien documentados por la NASA y por su homóloga rusa, merced a numerosos estudios sobre el tema realizados a partir del año 1973, cuando se puso en órbita la primera estación espacial conocida como Skylab; en la actualidad y frente a la crisis del COVID, si algo dejó bien establecido la OMS, es que adoptó la estrategia del aislamiento sin tener ninguna idea sobre sus posibles consecuencias en la población. Ninguna idea y ningún interés, agregaría yo. Y así, hasta la fecha.

Antes que nada, debemos poner en perspectiva el hecho de que nunca en toda la historia del hombre sobre la tierra, se había vivido un fenómeno como este, donde la mayoría de la población se sometió voluntariamente a la medida de aislarse en sus hogares. El hecho no es menor, frente a la bien demostrada incapacidad de todos los principales actores para encontrar soluciones nuevas a problemas nuevos.

Existe un fenómeno poco conocido, cuya relación no es con el aislamiento sino con el intercambio de rutinas en grupos de personas cercanas entre sí; no es común; a mí me tocó conocerlo en el ambiente teatral, que es una de las actividades donde se presenta con mayor frecuencia. Les explico:

La parafernalia teatral arranca con los ensayos de la obra a montarse, los cuales inician a la misma hora en que se presentará la obra, lo cual somete a los artistas a un cambio en sus rutinas de vida, que puede abarcar hasta seis meses más la temporada de las funciones. Cuando todo concluye, los integrantes de la compañía despiertan al día siguiente de manera normal, realizan sus actividades cotidianas, etc. hasta acercarse la hora de asistir al ensayo y es entonces cuando descubren que una parte de sus vidas ha desaparecido; se enfrentan a una franja de tiempo a la que se entregaron por completo, en compañía de sus mejores amigos, que están igual de desorientados y sin asideros para retomar lo que se dejó atrás, a meses de distancia. Suena simplón porque así lo parece, porque así lo vemos desde afuera, pero lo que te ocurre adentro cuando te pasa… hay una suerte de vacío y de soledad en verdad muy dolorosa; se parece a lo que experimentamos frente a una pérdida, pero como aquí no tenemos esa certeza, pareciera obedecer entonces a una ausencia pero… ¿de qué o de quién? Un teatrero local, en su momento, intentó aproximarse más a su descripción diciendo que no es la incomodidad que te produce el no saber qué hacer, sino el dolor que provoca la convicción de que no hay nada qué hacer.

En las nuevas generaciones, es notorio y fácilmente demostrable que padecen de una menor capacidad de abstracción con respecto a sus antecesores, esto abarca la noción del tiempo y yo afirmo que la inmensa mayoría, ni siquiera se dio cuenta de por dónde acaba de pasar. Cuatro meses no es mucho tiempo, si los ponemos junto a los 960 que logran quienes alcanzan a vivir 80 años, pero no es tan poquito si lo comparamos con lo que podemos hacer en ese lapso: un paciente con un cáncer avanzado, recibe el diagnóstico y cursa la fase terminal hasta morir y le sobran días; en cuatro meses cruzamos de una estación a otra y todo el mundo natural cambia; en cuatro meses superas un frustrado amor eterno y encuentras otro; en cuatro meses puedes superar para siempre una adicción de décadas; una pareja contrae matrimonio, concibe su primer hijo y conoce su sexo (el de la criatura); en cuatro meses puedes cambiar al punto de volverte otro.

El grueso de la masa laboral de Culiacán está en el sector público, como suele ocurrir con toda capital estatal; ellos, más los que hayan logrado hacerlo, el día tres de agosto se presentarán en sus centros de trabajo después de cuatro meses de aislamiento.

AL DIABLO CON LOS MITOS

Jorge Eduardo Aragón Campos  jaragonc@gmail.com

Dicen que un clavo saca otro clavo; nada más falso. El discurso oficial sobre el atipismo (positivo, claro) de AMLO, pasó de la burla al rechazo desde hace rato, evidenciando aún más, con ello, la absurda pretensión de seguir tapando el sol con el mismo dedo de siempre.

¿En verdad creen que apantallan a alguien con las dichosas encuestas de aceptación? Anda circulando un chiste de comunicadores: basta que un morenista piense en una mentira, para que antes de soltarla el mismo ya se la creyó entera. Le hago una pregunta a usted, lector ¿Después de verle la zanca al pollo, a poco más de un año de gobierno transcurrido, usted cree que si AMLO tuviera esa aceptación que le atribuyen las encuestas, no haría cada fin de semana una concentración monstruosa en el Zócalo?

Sus panegiristas, y hasta algunos supuestos críticos, no dejan de describirlo como un sagaz carismático y maestro del ajedrez político, como un orador capaz de mantener en vilo a un pueblo, mediante una retórica distinta y refrescante.

¿En serio?

O sea que el tipo es simpático, más convincente que un vendedor de autos usados, congruente e imaginativo para ofrecer soluciones innovadoras a problemas viejos… y por lo menos 30 millones lo adoran. Pues se están durmiendo, porque con la mitad de eso ya estuvieran haciendo la mañanera en el estadio Azteca y cobrando la entrada; de ahí se paga el avión, las medicinas, el impuesto a las gasolinas, etc.

Yo me apunto para la reventa.

El tipo habla mal y se explica peor, dejando aflorar una mente retorcida, incapacitada para recurrir a una recta a la hora de recorrer la distancia entre dos puntos: es día que no ha pronunciado una sola línea memorable por su brillantez. Los únicos dos asuntos que mantuvo resueltos durante la campaña, ya resucitaron corregidos y aumentados: su boca. No la tiene fácil. Mientras menos tiene que decir, más habla. Sus dictados en contra de la realidad no reflejan a un tramposo, sino una patología: la del burócrata grillo, cuya mayor pesadilla es la de un problema bien resuelto. Ni siquiera fue capaz de meter orden en su propio partido. Su único mérito para llegar hasta donde está, fue el de no morirse mientras sus opositores le hicieron todo el trabajo.

No es más que un afortunado farsante más, como lo fueron Luis Echeverría, José López Portillo, Miguel de la Madrid, Ernesto Zedillo, Vicente Fox, Felipe Calderón y Enrique Peña nieto…o como los que aún siguen siéndolo, como la Yakult Polevsky, Bartlett, Durazo, napito, Elba Esther… Estoy en todo mi derecho de expresar mi inconformidad, frente a la forma como AMLO se está comportando desde que llegó a la silla presidencial; estoy en todo mi derecho a llamarme engañado; estoy en todo mi derecho de señalarle su carácter de estafador, marrullero y corrupto, una y mil veces corrupto, además de intolerante, pues no le basta con jodernos igual que lo hicieron quienes le precedieron; estoy en todo mi derecho, a negarme en cumplir su exigencia de que le aplaudamos y agradezcamos cada barbaridad que a cada rato nos avienta. Viene por lo último que nos queda: nuestro derecho a quejarnos.

No vaya fregando.

UNA REVOLUCIÓN CULTURAL (TERCERA)

SUSANITAS

Jorge Eduardo Aragón Campos jaragonc@gmail.com

La próxima semana ya será marzo, es decir estaremos a menos de 30 días de cumplir un año viviendo bajo la égida de la pandemia. Un año. Al menos no podemos quejarnos de que nos resultó inútil: el esfuerzo económico, sanitario, social, educativo… que nos ha costado la experiencia, demuestra que los sinaloenses mantenemos muy buenas reservas de nuestra capacidad para tolerar cuánta barbaridad nos cometan nuestros políticos… comerciantes… médicos… narcos… policías… abogados… albañiles… camioneros… el del carro de las donas que nunca se para (este es el peor de todos).

¡Maldito! ¡Mil veces maldito!

No debe extrañarnos entonces, que entre la sarracina de “mierda guardada” en que han derivado las campañas políticas (perdón por mi francés), resalte la poca presencia del tema de la pandemia, ya no digamos que lo hiciera bajo un abordaje primordialmente local.

Aquí es adónde yo quería llegar.

En la entrega anterior, concluí señalando que los sinaloenses somos dados a describirnos como lo que somos, mientras que raras veces lo hacemos recurriendo a lo que hacemos. El motivo es muy sencillo: nunca hacemos nada y para muestra basta un botón. Podemos hacer mil especulaciones y aventurar mil hipótesis sobre las medidas que se han tomado, así como sus resultados para enfrentar la pandemia tanto a nivel mundial como nacional, estatal… y lo único en firme que tenemos es a Sinaloa como el estado con la mayor incidencia de casos y de muertos, lo cual no es digno de ser tomado en cuenta, al menos no lo suficiente como para despertarnos alguna duda o siquiera la curiosidad, porque los únicos culpables de todo esto son los que salieron a fiestas… en diciembre. No deja de sorprender la facilidad con que le encontramos una conveniente explicación a lo que sea que se nos presente. En la tira cómica de Mafalda, la protagonista tiene su némesis en Susanita (que mejor debería llamarse sinaloita), quien para enfrentar en un examen la pregunta sobre ¿cuánto tiempo llevaría levantar un muro de X longitud, si el albañil responsable puede hacer Y cantidad de metros por día? ella responde: ni un milímetro, porque el albañil no hará nada, porque en este país los pobres son pobres porque ninguno de ellos quiere trabajar. Susanita no se mete en problemas porque no permite que el mundo se le meta en ella (salvo lo que le conviene), y lo logra porque su estrecha visión es tan limitada que no percibe la más ínfima mota de realidad, salvo su único problema que es su único objeto de su único interés: Felipito, quien no la quiere.

Dios castiga sin palo y sin cuarta.

¿Estoy sugiriendo que los sinaloenses somos como Susanita? No, de ninguna manera, no sería justo de mi parte, ella por lo menos tiene una meta bien definida, así como los motivos que la llevaron a esa decisión: a Felipe lo quiere para que sea su marido y le resuelva todos sus problemas. Nosotros no ocupamos metas ¿Para qué? Ya las tuvimos; ya las alcanzamos; ya las perdimos ¿Y? ¿Algún problema? ¿Sirvieron para algo? La pregunta es pertinente porque quien nos viera juraría que no, caso contrario alguien las recordaría y por ende las mencionaría, pero no, de ahí que nuestros candidatos luzcan más como aspirantes a gerentes de supermercado que a cargo de elección popular…y eso en los casos donde vamos de gane, porque hay otros que…