DOS A LA SEMANA: INSEGURIDAD EN MEXICO E HIROSHIMA (TERCERA DE AMLO COMIENZA A SER ATROPELLADO POR EL PEJE)

Jorge Eduardo Aragón Campos

No me podrá negar, usted, que el título es lo suficientemente mafufo como para pensar ¿Y ahora éste pendejo de cuál fumó? Pero… aquí lo tengo leyéndome y le confirmo que sí existe una relación a tomar en cuenta, entre la inseguridad actual en México y el primero –y casi único- ataque con armas atómicas contra un blanco civil, es decir contra una ciudad.

Cuando Truman protesta como presidente, sólo estaban enterados sobre el proyecto Manhattan (la producción de armas atómicas), además de los implicados de rigor: él, Roosevelt -finado en ese momento-, Eisenhower, Churchill y los espías de Stalin. Es de la última fuente que sabemos hoy como, contrario a lo que sostiene la postura de lo políticamente correcto, Estados Unidos sí usó “la bomba” en contra de su propia voluntad; la tuvo lista 4 meses antes, pero les tembló la mano por las dudas que existían respecto a lo que podría desatar la reacción en cadena de Little boy, nombre de la bomba que cayó sobre Hiroshima con la potencia de 15 kilotones. El proceso de producción de las bombas tuvo tal cantidad de accidentes, descubrimientos inesperados, etc. que provocó la división entre los mismos científicos que las crearon, pues con argumentos sólidos en mano, un grupo advertía sobre la posibilidad de que la explosión provocara que toda la atmósfera del planeta se incendiara; de hecho, un mes antes hicieron una prueba (Trinity) que no logró apaciguar las discrepancias, peor aún, las avivó.

Los gringos –o más bien dicho, el “gringo sajón”- le meten números a todo porque su verdadero Dios es el dato duro; los números le hicieron el trabajo a Truman: La batalla de Manila fue librada desde el 3 de febrero hasta el 3 de marzo de 1945 para, un mes después, iniciar la de Okinawa con el mayor asalto anfibio en el Teatro del Pacífico y concluir hasta mediados de junio. No es un hecho muy conocido que Manila es la segunda ciudad mártir de la Segunda Guerra Mundial, y ese segundo lugar es porque hay una conspiración de extranjeros ricos contra extranjeros pobres; digan ustedes si no: la poseedora del título Ciudad Mártir de la Segunda Guerra Mundial es la señorita represe… perdón! Me equivoqué de libreto: Reims es considerada así, pues el 80% de sus edificios fueron destruidos y el esfuerzo para su reconstrucción fue titánico y multinacional. En Manila fue distinto, ahí tuvieron el mayor número de civiles muertos: tan sólo en su retirada, los japoneses se fueron tirándole a todo lo que se movía y mataron 100,000; enterrarlos no requirió mayor esfuerzo, porque en todo paraíso tropical lo que sobran son mamíferos carroñeros y zopilotes. El total de civiles muertos en esas dos batallas fue de medio millón, una cantidad a la que ninguno de los modelos sobre el escritorio de Truman le consideraba algún margen: estaban al tope. Otro dato de la misma tesitura era el de las bajas militares -“sus bajas”: 300 soldados diarios. Y eso sí lo calentó.

Ya en otra ocasión, en este mismo espacio y con motivo de la pandemia, pregunté lo mismo que hoy pregunto ¿Cuántos muertos son muchos muertos? Porque aquí en México alcanzamos 75 diarios, es decir la cuarta parte de los muertos que USA estaba dispuesta a soportar en su guerra contra Japón. No estoy diciendo que 75 diarios sean muchos, ni tampoco estoy diciendo que sean pocos, estoy preguntando ¿Cuántos muertos son muchos muertos? Hago la pregunta con toda honestidad, porque la trampa la puse en otra parte: el verdadero asunto es que la magnitud del costo en vidas de la inseguridad en México, puede usar como punto de comparación el de USA en la Segunda Guerra Mundial. Con todo y eso, pensará usted “¿75 en un país de 130 millones? No suenan a muchos”.

Por eso dejé para el final la peor parte.

Esas cantidades eran intolerables para USA, porque se daban en un momento de una guerra que aún no concluía y como tal escalaba con cada día que pasaba: el modelo más cercano a los números que se tenían, anticipaba que la invasión de las islas principales costaría entre 200 mil y 250 mil soldados y dos millones de civiles… durante el primer mes. Sería una victoria pírrica clásica. Fue en ese momento que a Truman dejó de temblarle la mano: no por las pérdidas acumuladas hasta ese momento, sino por el costo que alcanzaría obligar al enemigo a rendirse.

La premisa es muy simple: nuestros 75 muertos diarios no son el costo de la inseguridad en México, sino el abono a un crédito cuyo capital sigue igual y los intereses no dejan de aumentar; por otra parte, nos guste o no, debemos aceptar a cabalidad que López Obrador se abrió de manera transparente e indudable: estoy con los narcos y el resto están contra mí.

Baudelaire decía que no hay mayor perversidad que hacer un mal sin necesidad, justamente desde el inicio de su mandato es lo que se ha dedicado a hacer AMLO y puede ser, nada más puede ser, que ya rompió la liga: nos puso entre la espada y la pared.

Le seguimos con el tema en la siguiente, porque ni piensen que lo de “la peor parte” ya lo concluí.

MECHE CARREÑO Y SU CURRICULUM

DOS A LA SEMANA

Jorge Eduardo Aragón Campos

A meche Carreño todo mundo la recuerda por sus atributos físicos y los atrevidos papeles que hizo como actriz, pero por dos razones yo no; la primera, porque ella misma así se asumió siempre, como actriz: nunca pretendió hacerla de cantante o de vidente o algo así. Me gustaba su integridad; mi segunda razón para admirarla era porque tenía un pinche culazo! Que qué bueno le salió: era lo único que podía aminorar el efecto negativo producido por el inocultable hecho de que estaba más fea que pegarle a Dios.

Confieso que sí me hizo sentir mal su muerte; me produjo un justificado sentimiento de culpa mi ingratitud de diputado plurinominal hacia ella; se las voy a poner barata: tenía 30 años que la había borrado de mi memoria. Nadie se merece tanto olvido. Por eso y porque el cerebro es mi segundo órgano favorito, escribo este artículo sin recurrir a san Google: lo menos que se merece, es me esfuerce por recuperar los vestigios de su paso por una etapa donde ya estas encarrerado para tu despegue, y hasta una piedrecilla sobre la pista ejerce influencia e impacto para todo lo que dure el trayecto hacia adelante.

Meche Carreño es parte del exuberante patrimonio cultural mexicano, el verdadero, al que le dimos la espalda porque nos quedó grande. Migró de Veracruz a la CDMX para estudiar artes en la Andrés Soler, su círculo era el de los exponentes más avanzados de una revolución contracultural global, que enfrentaban en México uno de los momentos más intensamente represivos de su historia moderna: De 1964 a 1976,  la censura mexicana se asemejaba a la de Franco en España, a la de Castro en Cuba o a la de Pinochet en Chile. Estaba prohibido tocar música de rock en toda clase de espacios públicos; el aborto y el divorcio implicaban la muerte civil, cuando no la real o la cárcel; las expresiones de homosexualismo eran consideradas delitos por atentar contra la moral pública… era toda una atmósfera impregnada de miedo que no obstante su tamaño, fue enfrentada por un pequeño grupo de artistas que hizo del cine su paso de Las Termopilas: de ahí ya no pudo pasar la censura.  Es ahí, entonces, que meche hace teatro, cine y relaciones con Jodorowski, Isela Vega, Emilio –el indio– Fernández, Helena rojo,  Carlos Ancira… tenía su empaque. No fue encueratriz, aunque pudo serlo, pues comienzo a recordar que tenía un culazo! Esa minúscula célula de la resistencia libertaria, fue la simiente de lo que poco después se conocería como “el destape mexicano”, con películas cuyas temáticas abordaban tabúes como la pedofilia, el homosexualismo, el incesto, el lesbianismo, etc. para desembocar más tarde en propuestas más abiertas y audaces de creadores como Arturo Ripstein (El Castillo de la Pureza, El Lugar Sin límites) y Jaime Humberto Hermosillo (María de mi Corazón, La Tarea), siendo entonces la matriz de donde provienen nuestras figuras actuales como Guillermo del Toro y Alfonso Cuarón, que han logrado el éxito más por sus habilidades industriales que por sus propuestas de fondo, pero eso ya es más atribuible y es otro tema.

No es coincidencia que el nombre de Emilio –el indio- Fernández resuene en dos de los mejores desnudos que el cine mexicano ha dado al mundo: el de Rosalba Brambila en “El Rincón de las Virgenes”-1972-, donde Fernández hace uno de los papeles principales, y el de Meche Carreño en “La Choca”-1974-, dirigida por él. De ahí sacamos el invento de la ecuación india de dos factores para convertir el porno en erótico: a toda escena con monas bichis, se le agregan sudor y gasa de algodón y listo. Rosalba Brambila era una especie de niña inocente y bonita, nadie se esperaba que fuera a mostrar los dos lados de su credencial del INE en “El Rincón de las Vírgenes”, durante una inolvidable secuencia submarina donde sólo viste una bata de gasa de algodón, sin nada abajo; esa imagen fue suficiente para borrar su fama de niña, porque desde entonces nadie se ha vuelto a acordar de su cara. Que era muy bonita, por cierto. O es… capaz por ahí anda todavía. A diferencia de Rosalba, en el de meche no hay sorpresas: inicia con un plano general donde ella está desnuda y de culazo… perdón… de espaldas, parada sobre la cama; con una postura que imita a la Venus de Milo, gira casi 180°mientras un lento acercamiento trae a full su rostro jadeante, con la expresión ansiosa de quien acaba de librarse de ser lapidada y se apresta a retomar de nuevo la vida; entre la mirada del espectador y su cuerpo desnudo, un mosquitero de gasa de algodón (aquí les decíamos “pabellón”) despoja de vulgaridad a la escena y establece (como una de sus muchas posibles lecturas) que “La Choca” no es una película de temática sexual, sino marxista, permeada por la visión de que la presión social determina aquellas respuestas nuestras que provienen desde la profundidad de la condición humana, que en este caso serían la endogamia y el gregarismo. Miguel Ángel Velázquez Tracy (QEPD) y Sergio López, aventuraban que la historia podía ser vista como un tributo fársico a “Lolita”, de Nabokov, similar al de Mel Brooks en su “High Anxiety” -para honrar a Hitchcok y a Freud; concluían con que la moraleja de “La Choca” era que carita mata experiencia; sí había algo de eso, “el indio” Fernández sabía muy bien que era inevitable el conflicto al hacer rivalizar a Pilar Pellicer con meche Carreño, dos anatomías gemelas separadas sólo por la edad. Cuando se estrenó en el Cinema Reforma, se sentía la tensión propia de cuando es inminente un gran enfrentamiento popular: a primera vista se notaba que el público éramos puros hombres, divididos en dos grupos antagónicos cuyos estandartes lucían el portentoso culazo al que adoptaban como faro ideológico. Yo estuve al margen: desde un tiempo antes ya había registrado domicilio en cada bando. Si la sangre no llegó al río, fue porque todos teníamos ocupadas las manos en tareas más urgentes y perentorias.

Meche fue lo contrario a lo esperado en las artistas come hombres: nunca logró conectar con el “star system” local, ni en los sectores altos de la sociedad capitalina mexicana. Tampoco le hizo mucho la lucha: su genotipo y su belleza eran más autóctonos que europeos, no embonaban con el México aspiracional y presuntuoso de aquel momento. Mucha de la crítica hacia ella era más discriminatoria que artística; la verdad es que ella no era fea, sino algo peor: era india… era india y se ganaba la vida mostrándose bichi. Fue una persona valiente, pero salada: la suerte no le favoreció. Se casó dos veces, en ambos casos con hombres del ambiente intelectual y artístico, nunca se escuchó nada sobre algún maltrato o algo así, por el contrario, ambos cónyuges se distinguieron por apoyarla en su carrera; del primero se divorció, creo, mientras del segundo enviudó siendo todavía muy joven, después de eso hizo algunos pocos trabajos más, cada vez más espaciados, hasta que hubo un día donde nadie en el mundo del espectáculo notó que se había marchado sin despedirse. Alfonso de la Vega (QEPD) coincidió con ella en un taller de teatro de Seki Sano, sin llegar a ser amigos mantuvieron trato un tiempo, la describía como una mujer “de tiro”, es decir una persona con anteojeras en los costados de la cara para impedir la visión periférica, como se hace con los caballos. Para redondear su opinión sobre ella, poncho concluía con “es una mujer que sabe lo que quiere, y eso que quiere sólo lo sabe ella”.

SEGUNDA: AMLO COMIENZA A SER ATROPELLADO POR EL PEJE.

DOS A LA SEMANA

Jorge Eduardo Aragón Campos         

No es necesario esperar a que concluya el sexenio, para afirmar que MoReNa y Andrés Manuel López Obrador fallaron miserablemente en su tarea principal, que era y es la de dignificar el ejercicio de la política, no el de repartir dinero en efectivo, ni el de andar espantando gripas con escapularios y mucho menos reclamar en el extranjero lo que no es capaz de imponer ni a sus cómplices.

Desde el primer día lo han estado haciendo mal todo; no cumplía 90 días de iniciado el nuevo gobierno, que sus paleros ya se regocijaban de manera pública porque era preferible que ahora robaran otros; en el mismo lapso, al periodismo chayotero le salió una joroba, la del chayote sin espinas, donde lord molécula era el epítome como heraldo de los grandes cambios que ya se podían sentir:

“¿Señor Presidente, usted se siente Dios?”

A este paso, vamos a terminar haciéndole una marcha de desagravio a Loret de Mola. A mí me resulta cada vez más evidente que AMLO sabe de tigres lo mismo que de cálculo diferencial, lo cual es obligado al menos por inferencia estadística frente a lo que pudiese ser cinismo puro, demencia senil, mitomanía o esquizofrenia o todas juntas, y no voy a decir que eso lo vuelve un peligro para México, sino nada más para cada mexicano que aún vive en el territorio; pero peligro, lo que se dice peligro y ahorita, es para MoReNa, pues esa lectura de que se le botó la chaveta no es verdad, es plan con maña: si el plan A era la reelección, el plan B es el maximato. Mal pensado, no es tan mala idea ser Calles y no Obregón.

Pa´ qué vean cuán sabio es el pueblo bueno: no hay loquito que coma lumbre.

Fue en los ochentas, durante el sexenio de Miguel de la Madrid como presidente y Manuel Bartlett como secretario de gobernación, que en México surgió el invento de los fraudes patrióticos, cuyo principio básico era que si el electorado se equivocaba optando por un candidato de la derecha, su decisión era indigna de respeto pues no convenía al país, por lo tanto el triunfo era para el PRI. El razonamiento era estalinismo puro, no sorprende entonces que la izquierda mexicana vio con buenos ojos los fraudes electorales contra los “Bárbaros del Norte”; finalmente, eran burgueses peleando entre sí sobre la arena de su democracia burguesa.

Esa visión política tuvo su recompensa dos años después, cuando ganaron las presidenciales de 1988.

Los fraudes electorales de esa época en México, para variar fueron objeto de la atención mundial y no fue para menos, basta un dato para ponerlo en perspectiva: ese mismo año, Augusto Pinochet se sometió al referéndum del Sí o No y lo perdió y aceptó y cumplió su resultado. Aquí en México ¡Pura madre! Y el artífice responsable del fraude fue el secretario de gobernación de ese entonces, Manuel Bartlett, actual titular de CFE y poseedor de un aval presidencial (ahí que sí: para los fines que el interesado considere pertinentes…) expresado de manera pública en la mañanera.

Pero nadie se fue en blanco, el proceso dejó valiosas lecciones que hoy se empeñan en descalificar todos los miembros de la clase política, no sólo los morenistas, valga la aclaración; Gabriel Zaíd, llenó en aquel momento el hueco que había dejado Daniel Cosío Villegas como el más confiable interprete del sistema político mexicano: a través de sus artículos nos confió una narrativa que concluyó en hacer del Presidente el principal beneficiario y artífice del fraude electoral. Mejor aún, a manera de palimpsesto, sus escritos poseen una dimensión de lectura donde se les puede ver como mapas de ruta con los diferentes momentos del proceso.

Le seguimos en la próxima entrega. Es viernes y tengo que cocinar ¡No puedo estar haciendo todo siempre!