La falsa democracia bipolar mexicana

Cuando se habla de sistema electoral en México hay una tendencia inconsciente, o mejor dicho irreflexiva, a creer que esto es un eufemismo para referirse al Instituto Nacional Electoral, así las inconsistencias de los resultados de elecciones y el caos imperante en las campañas terminan adjudicándosele, cuando hay otros elementos responsables y principales beneficiados: los partidos políticos, estos son el principio y el fin de todo el sistema electoral, pero mañosamente han jugado a transferir todos los negativos al INE.

A través de su operar poco transparente y argucias han ido imponiendo al árbitro electoral condiciones para beneficiarse en la medida de lo posible de las reglas que ellos mismo imponen y deforman a conveniencia, aunque después les salga el tiro por la culata, así es como hemos terminado con periodos de campaña de 2 meses que a un publicista sensato no le servirían ni para posicionar una nueva presentación de Coca Cola, mucho menos para que la población abierta conozca a los ilustres desconocidos que están de candidatos (ni hablar de planes de gobierno) a menos que ya estén en el puesto por el que participan y gocen del sano repudio de sus representados, es decir quien se reelige trae hándicap a favor, aunque sea pésimo funcionario.

Para los partidos es más fácil culpar al INE por las inequidades e incoherencias que ellos mismos propician, no hay que olvidar que todos los consejeros del Instituto a final de cuentas han sido puestos ahí a través de convenios entre los partidos mismos, de lo cual no se salva ninguno. Póngale las siglas y el color que quiera, el más molacho masca piedras.

Una de las incoherencias más notables y costosas en este proceso es el hecho de que existan más de cuatro partidos, en el caso de Sinaloa hasta ocho, que aspiran a los diversos puestos de representación, ya que a nivel nacional es evidente que sólo están en pugna dos bloques perfectamente identificables, los que representan al gobierno en ejercicio y los que estuvieron en gobiernos anteriores, en medio de esas dos expresiones perfectamente definidas pululan bichos rastreros que se han distinguido por negociar cotos de poder y económicos prestándose como herramientas de las triquiñuelas de los partidos hegemónicos, sirviendo como receptores de cuadros expulsados, desplazados, impresentables y locos advenedizos, o como cancha extendida de los arreglos entre las cúpulas de los partidos dominantes. Esta diversidad de partidos no resulta en expresiones o propuestas diversas, es un truco de las cúpulas partidistas para acomodar más cuadros y manejar recursos con mayor impunidad.

La polarización que en el ámbito nacional se presenta es la prueba más evidente de que sólo hay dos bloques en real pugna, las figuras pedestres y reduccionistas de “fifís” y “chairos” (lo que sea que signifiquen) es la que mejor representa esto. Existiendo tal circunstancia, tan evidente, por qué se nos simula en el espectro electoral una falsa diversidad, cuál es el objeto de sostener presupuestalmente a partiditos que sólo son extensiones de los intereses de los dos bloques hegemónicos, lo único real es que sirven como vehículo presupuestal para que las cúpulas usen dinero de los impuestos para invertir más recursos en sus intenciones de llegar a las posiciones de poder político.

No espero que ninguno de esos dos bloques lleve al paraíso de abundancia, de ríos de miel y leche que prometen a México, pero por lo pronto me parece que sería pertinente que esos partidos que no aportan nada se queden sin registro, quitar parásitos al sistema electoral también es una forma de clarificar y mejorar el escenario nacional. Si usted ya tiene decidido su voto por alguna de las grandes coaliciones perfecto, pero si usted está en esa población que quiere ejercer su voto por algún candidato marginal haga algo mejor: anule su voto. Es probable que alguno de esos candidatos de partidos pequeños le parezca simpático y tal vez hasta inteligente, pero le digo algo: por ingenuidad o por taimado esa persona sólo está negociando una pequeña porción del pastel del sistema del poder y tiene todo el derecho, pero que lo haga sin los impuestos de la mayoría.

Es mentira que en estas próximas elecciones la democracia no presente opciones más allá de los partidos, no se deje avasallar por la nauseabunda propaganda electoral que día y noche ve y llega a su pantalla, no caiga en el desánimo por la degradación del discurso político. No renuncie a su derecho de expresar su rechazo a ese sistema de partidos y candidatos, no abandone el observar los asuntos públicos, eso es lo que buscan quienes están en los partidos y posiciones de poder. Puede empezar por deshacerse de los bichos más fáciles de purgar, por esas garrapatas que sirven a las bestias, después se puede ir por estás para amaestrarlas y que sirvan a sus verdaderos amos, no que los muerdan y aparte pidan que se les celebre como una gracia.

ANDO POR LA PLAZUELA

Cultura: altar de la fe social y mendigo feligrés del presupuesto.

Por Octavio Valdés

Toda persona que se da por enterada habla de la cultura como el camino para restaurar el tejido social, dotar de sensibilidad a las personas, volver a los niños genios, convertir el plomo en oro, encontrar el verdadero amor, curar la gota, la migraña, el mal de ojo, quitar los callos de los pies y lo negro de las axilas.

La ONU, a través de la UNICEF, establece como ideal la inversión en el rubro cultural en alrededor del ocho por ciento del PIB. En México las últimas mediciones fijan la inversión del Estado en alrededor 0.4%, porcentaje no muy variable en el registro histórico, es decir, hay un déficit tradicional.

Se le puede dar vueltas y revolcar conceptos (o pretextos) pero la reducción en el presupuesto de cultura federal es de inicio una mala noticia, ya que de por sí nunca ha estado en jauja, así como un gesto incongruente de parte del ejecutivo federal, ya que la toma de protesta del titular se dio en un contexto de referencias simbólicas hacia la revalorización de la cultura (aquel que la revalorizare será un buen…).

Queda ver cómo operan en la realidad el presupuesto de cultura, un buen ejercicio de aplicación de recursos podría dar tablas en los resultados prácticos, pero por experiencia esperar eso es más un acto de fe que una proyección de posibilidades y aún así sería terreno perdido.

En lo personal, el aumento presupuestal a la SEDENA y la disminución en cultura, me devuelve al ejercicio de dudar y observar, porque no sé cómo calza esto en el mantra de campaña de “Abrazos no balazos” y me viene a la mente otro dicho revelador ante las circunstancias: “Hechos son amores”.

ANDO POR LA PLAZUELA

La estúpida liviandad jurídica de las entidades públicas.
Octavio Valdez

Hace algunas semanas se planteó por parte de algunos organismos públicos pasar en espacios comunes la transmisión de un capítulo de la serie animada Dragon Ball Super, a algunas personas les parece un asunto de mal gusto a otras una frivolidad, frente a las necesidades de la población general, y a otros tantos les ha caído en gracia.

Lo que me parece grave es que las instancias gubernamentales no consideren los detalles legales de dicha actividad, la caricatura está protegida por las leyes de derecho de autor, nacionales e internacionales ya que la trasmisión del capítulo que se pretende reproducir públicamente está disponible sólo a través de internet, su transmisión pública se llevará a cabo exclusivamente en Japón, hay que aclarar que las fuentes o páginas que tienen disponible el material lo ponen a disposición de manera ilegal. También habría que considerar que una empresa nacional, Televisa, es la que tiene los derechos en México del programa, por lo que se podría dar por aludida en cuanto a las pérdidas económicas que la acción de las instancias de estado le provocarían.

No hace mucho, en una plática el actual presidente municipal de Culiacán exponía la difícil situación financiera que tenía el ayuntamiento, de manera laboriosa se logran operar los servicios básicos para la población.

Una de la variables para esta situación que más llamó la atención en la charla, fue la de las deudas generadas por concepto de demandas en las que el ayuntamiento se tenía que hacer cargo de  indemnizaciones a  terceros, el monto que se comentó fue de alrededor de 200 millones de pesos, que para cualquiera que tenga una mínima idea de la dimensión de las finanzas de una entidad municipal, sabrá que es una cantidad comprometedora para el buen funcionamiento de muchos programas.

Estás demandas son de distinta índole; expropiaciones mal hechas, proyectos mal aplicados, despidos mal planteados… La mayoría de los casos de administraciones anteriores, algunos litigios incluso con más de 10 años, lo que por lógica acarrea montos cada vez mayores a resarcir. Algunos de los presentes de profesión y ejercicio abogados, indignados por la facilidad con la que se podía sacar dinero de las arcas públicas, le planteaban como camino prioritario fincar responsabilidades sobre los funcionarios que hubieran facilitado por omisión o complicidad el quebranto del erario.

La pregunta que me hago es para qué sirven las áreas jurídicas de las distintas entidades públicas, ¿será que los funcionarios encargados de tomar decisiones no consultan a sus asesores legales? ¿Estamos frente a una generación de abogados inútiles o analfabetas?

Los medios de comunicación tampoco ayudan, ya que tienden a vender como gracia el ganarle una lana a las autoridades, pero al final del día el que paga cada liviandad jurídica en la operación pública es el contribuyente. Usted y yo.