ZONA POLITEiA: Bloquear el camino hacia el desastre.

31 de enero de 2022

César Velázquez Robles

Hay que bloquear el camino hacia el desastre. No hay un solo ejemplo de una sociedad que haya podido fincar su desarrollo social y material así como una convivencia civilizada, promoviendo la crispación y la polarización. Cuando estas se apoderan de la vida colectiva, se cancela toda posibilidad de consensos, el diálogo se vuelve imposible y los disensos, como lo estamos viendo ahora, se persiguen por la vía penal. Desafortunadamente, caminamos en esta ruta: la ruta de una regresión autoritaria; la pérdida de no pocas de las conquistas logradas por el movimiento democrático en estos azarosos años de la transición. Estamos corriendo el riesgo de una involución en las relaciones políticas y sociales que puede colocarnos en los años setenta del siglo pasado, cuando el viejo régimen autoritario priista se enseñoreaba de toda la vida pública mexicana.

Sin embargo, causa una enorme desazón que muchos militantes que entregaron durante años su esfuerzo generoso para avanzar una sociedad moderna y pluralista, de mercados políticos y económicos abiertos, sean hoy fervientes defensores de un modelo autoritario, que busca restablecer los viejos controles gubernamentales,  reducir los espacios de expresión de amplios grupos sociales y derribar, demoler instituciones y mecanismos que en democracia funcionan como diques frente a los excesos arbitrarios del poder.

El presidente López Obrador, al atizar el conflicto de modo permanente, al recurrir a un lenguaje endurecido, que descalifica y niega todo valor a quienes no piensan como él, sean estos partidos de la oposición, representaciones empresariales, expresiones de la sociedad civil, académicos, comentaristas u opinadores, cierra las vías a toda conciliación, a cualquier posibilidad de acercar posiciones y a hacer de la política un espacio común de entendimiento que permita procesar al menos algunas elementales coincidencias que impidan una fractura mayor a la que ya estamos experimentando. Si la economía, que marcha decididamente hacia el desastre, estuviera creciendo a un ritmo aceptable –por ejemplo, con capacidad para recuperar los niveles del PIB previos a la pandemia– y si en las elecciones intermedias hubiera ratificado el enorme respaldo conseguido en 2018, no habría ninguna duda de que su propósito, el cambio de régimen, podría transitar sin resistencias. Pero resistencias hay, y muchas. Sin embargo, cuando no hay sensibilidad para integrarlas como parte de la necesaria reflexión y el debate obligado de nuestros asuntos públicos, se termina por atizar la conflictividad de la vida social.

¿Cómo va a abordar el gobierno la recesión de la economía? ¿Tiene capacidad por sí solo de trazar estrategias y desplegar políticas para dar curso a una nueva economía política del desarrollo? ¿Tiene el liderazgo para hacer creíbles sus propuestas? ¿Tiene autoridad política y moral para convocar a todos los factores de poder para generar las interdependencias que promuevan un desarrollo sostenido? Precisamente porque el gobierno no tiene estrategia para enfrentar la recesión y vamos camino de un sexenio de crecimiento cero, y porque las respuestas a las últimas preguntas son negativas, es que se hace necesario un cambio, un viraje para recuperar capacidad de crecimiento, de atracción de inversiones y de creación de empleos. Estos son los asuntos que constituyen nuestro talón de Aquiles, y que no pueden seguir obviándose, sino a condición de seguir camino hacia el desastre.

La Nueva Etapa de la Ofensiva Contra los Órganos Autónomos

imposición

28 de enero de 2022

César Velázquez Robles

La ofensiva gubernamental contra los órganos con autonomía constitucional, ha sido una constante a lo largo de los últimos tres años. Como sabemos, estos órganos forman parte del entramado institucional que se ha construido a lo largo de los años de nuestra azarosa transición, y son y han sido actores clave para limitar el ejercicio arbitrario del poder. Precisamente ahí, en ese hecho, reside su relevancia: son entidades de control al poder. Y como al poder no le gusta que lo controlen –no le gustan los contrapesos, pues–, el “poder Supremo”, cuando no puede capturarlos o colonizarlos en su estrategia de restauración autoritaria, emprende contra ellos una ofensiva, una estrategia de acoso y derribo. En el caso de la CNDH, un órgano con autonomía constitucional, la captura es muy evidente y grotesca; en el caso del Banco de México, el esfuerzo se ha hecho pero no ha prosperado para someterlo a los caprichos presidenciales, y en el caso del Instituto Nacional Electoral, está en marcha una acción política desde distintos frentes que, de alcanzar su objetivo, significará desmantelar uno de los últimos valladares contra la regresión de nuestra vida democrática.

El presidente parece no entender el grave daño que con su discurso contra los órganos con autonomía constitucional está haciendo a la vida democrática del país. Un discurso beligerante, ofensivo contra los órganos autónomos en el caso del sector energético, con el propósito explícito de cancelar su función de garantizar la competencia, proteger a los usuarios y asegurar la producción, distribución y provisión adecuada del fluido eléctrico que impida la restitución del viejo monopolio gubernamental, en nada contribuye a esclarecer los caminos por donde se habrá de transitar para abrir una nueva etapa de desarrollo del país. Ayer ya nos dijo que arde en deseos de salir a recorrer el país para “orientar” a los ciudadanos y convencerlos de las bondades de su iniciativa de reforma constitucional –en los hechos, una auténtica “contrarreforma”— en materia energética que permita “recuperar” la rectoría del Estado, que será en los hechos una auténtica cruzada para continuar con una política de demolición de todo aquello que limite el ejercicio arbitrario de su poder.

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Dígalo si no, por ejemplo, el lenguaje endurecido contra la Comisión Federal de Competencia Económica (COFECE) uno de esos órganos autónomos, utilizado ayer: El tema del litio es importantísimo porque es un mineral estratégico, al grado de que una de estas empresas creadas por los neoliberales corruptos, la llamada Comisión de Competencia Económica para afianzar la privatización, acaban de autorizar que se lleve una operación donde una mina en Bacanora, Sonora, pase a ser propiedad del gobierno chino.” Pero el asunto no quedó ahí. Luego añadió: “Imagínense eso, nosotros no queremos que el litio lo manejen potencias extranjeras ni de Estados Unidos ni de China ni de Rusia, el litio es de los mexicanos, pero fíjense el nivel de perversidad que hay en todo esto, por qué crearon estos organismos supuestamente autónomos”.

En la lógica retorcida del presidente, el órgano con autonomía constitucional encargado de garantizar la competencia e impedir la conformación de monopolios que controlen la producción y distribución, se equipara con “una empresa” creada por “neoliberales corruptos”, y todo ello no revela sino el “nivel de perversidad” en la creación de estos “organismos supuestamente autónomos”. Con este lenguaje endurecido es prácticamente imposible del debate civilizado y respetuoso. No interesan las ideas. Se busca arrollar al adversario, en realidad, al enemigo al que hay que destruir, para impedir que la perversidad se apodere del país. Ese es el discurso con el que buscará incendiar al país en los próximos meses y semanas.

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Esperan al país días difíciles. Polarización y crispación se profundizarán como nunca antes en nuestra historia contemporánea. El gobierno, apoyado por su mayoría en el Congreso intentará arrollar a las oposiciones que no aciertan a definir una estrategia común y compartida frente a esta política de avasallamiento que ha puesto en marcha el régimen. Veremos si son capaces de resistir y actuar en unidad para impedir que se conformen las mayorías calificadas que hagan posible la reforma constitucional en materia energética. Creo que el gobierno tiene ahora la batalla perdida en el campo ideológico, pues su apuesta es por el pasado, a donde quiere mantener al país anclado. Falta la otra batalla, la decisiva. Ahí vamos a ver de qué cuero salen más correas.

ZONA POLITEiA: LA CATÁSTROFE QUE NOS AMENAZA.

27 de enero de 2022

César Velázquez Robles

Mientras el presidente insiste en mostrar músculo macaneando por encima de las 300 milésimas, el país está sumido en un tremendo “slump” que lo ha llevado a caer varias posiciones en el “standing”. Actúa como si quisiera echarse el equipo al hombro, ser el hombre “clutch” (el hombre confiable en situaciones cruciales), pero el “line up” no da para mucho. El equipo no parece tener las figuras confiables ni mucho menos una estrategia que permita salir de esta mala racha que amenaza con prolongarse. Este es el problema real. Lo demás es bisutería.

Pero nos encanta que nos entretengan (“tengan para que…) con el testamento político, como si en ello a los ciudadanos comunes, de a pie, nos fuera la vida. Ya vamos para una semana en que la agenda pública ha estado copada por este tema, con lo que los asuntos en verdad relevantes, han quedado obscurecidos. Entre esos asuntos relevantes está la salud de la economía. Se han encadenado ya dos trimestres con crecimiento negativo, lo cual ha hecho entrar técnicamente al país en una recesión. A ello hay que agregar el hecho de que estamos atravesando por un periodo de inflación como casi una generación completa de mexicanos no había conocido, lo que nos permite ya ver en un horizonte temporal no tan lejano el fantasma de la estanflación.

Este es el tema relevante. Pero el presidente prefiere hacer como que la virgen le habla. Lo elude, patea el bote hacia adelante, inventa su agenda, se recrea en un mundo ideal donde los problemas no existen, solo ve fortalezas y oportunidades y no debilidades y amenazas. La coyuntura pandémica escondió muchas de las debilidades estructurales: los árboles impidieron ver el bosque. Peor todavía, al dejarse al azar a millones de micro y pequeñas empresas, se destruyó una parte de la base material que sería en el futuro la plataforma de lanzamiento para una recuperación sostenida del crecimiento.

Más aún: a nuestro presidente le dio presumir su modelo y tuvo la ocurrencia de decir urbi et orbi que lo patentaría como ejemplo del talento y la capacidad de los mexicanos para salir airosos de la crisis. Los excesos y despropósitos verbales de pronto se convierten en “boomerang”. Hoy, al conocerse el informe sobre el estado actual y las perspectivas de la economía mundial del Fondo Monetario Internacional, podemos visualizar mejor la magnitud de la catástrofe hacia la que nos encaminamos. Es difícil creer que con el presidente vamos a recuperar la senda correcta. Eso no es lo suyo. De eso que se encargue… ¿Quién? ¿El Estado? ¿El mercado? ¿La divina providencia? Chi lo sa. Está emprendiendo una fuga hacia adelante, en lugar de convocar de urgencia a todos los actores sociales y productivos, a todos los que representen un factor real de poder, a sentarse a la mesa para construir a través del diálogo las convergencias estratégicas necesarias para enfrentar los tiempos sombríos que ya tenemos encima.

¿Qué dice el informe citado? Pues nada más y nada menos que México y España serán los únicos dos países del Grupo de los 20 que no recuperarán este año los niveles pre-pandémicos del PIB. Este año 2022 la economía mexicana crecerá a un ritmo de 2.8 por ciento, un recorte desde el 4.0 por ciento que se había pronosticado por allá en noviembre del año pasado. El asunto es bastante serio: apenas vamos empezando el año y ya iniciaron los recortes en los pronósticos. ¿Qué será conforme avance el tiempo y esta dinámica recesiva se profundice? Ese es el riesgo al que hay que poner atención, y dejar de lado ese absurdo distractor del testamento. El asunto es que la crítica y la autocrítica no se le dan al presidente y probablemente siga montado en su macho camino al desfiladero.

Pero volvamos al informe. Enrique Quintana, de El Financiero, apunta dos razones que explican el desastre que está experimentando la economía mexicana. Primera, que “el gobierno mexicano prácticamente no destinó recursos a apoyar a la economía en el año 2020, cuando el desplome fue superior a 8 por ciento” y, segunda, que “desde el primer año de esta administración, hubo una erosión de la confianza que propició un desplome de la inversión. De acuerdo con los últimos datos oficiales, el nivel actual de inversión está 9.3 por ciento por abajo que el del cierre de 2018”. Pero el presidente, como el caudillo, es “inasequible al desaliento”. No acepta este diagnóstico; tiene sus propios datos, su realidad alterna, y a ella se atiene. Según se anunció en días pasados, a fines de este mes de enero se daría a conocer el tercer paquete de obras del plan nacional de infraestructuras, y calibraremos cuál será el aporte a la recuperación del crecimiento, aunque no es factible esperar mucho porque en estos dos años ha habido una enorme destrucción de capital social.

En fin, veremos…