ZONA POLITEiA 24 de junio de 2022

Sucesión: ruptura y continuidad (II)

César Velázquez Robles

En mi colaboración de ayer, planteé las posibilidades de ruptura y continuidad en el contexto de la sucesión presidencial. Partía del supuesto de que Morena repetirá en el poder en 2014, pero los modos de ejercer el poder tendrán que cambiar, en algunos aspectos de manera radical, para ganar la aquiescencia ciudadana. La clásica relación clientelar de apoyo recíproco entre el poder y los electores no dará ya los rendimientos políticos de estos años por el agotamiento de las finanzas públicas, lo que obligará a quien gane la encuesta del presidente  a replantear el modelo de conducción política y el estilo personal de gobernar.

Es obvio que el presidente López Obrador busca garantizar la continuidad de su mandato en una especie de nuevo maximato, sin que se distorsione la naturaleza, fines y propósitos que han guiado el ejercicio del poder en estos casi cuatro años. Dicho de otro modo: el presidente aspira a que quien le suceda condense el continuismo del régimen que se aspira a implantar. Para no darle muchas vueltas al asunto, asumamos la definición que da la RAE: “Situación en la que el poder de un político, un régimen, un sistema, etc., se prolonga sin indicios de cambio o renovación”.

Preguntaba, entonces, ¿quién de las “corcholatas” puede garantizar en el marco de la sucesión continuidad?, ¿quién está dispuesto a intentar una recuperación crítica para dar un nuevo impulso al cambio de régimen?, ¿quién podría intentar una ruptura?

Intentemos aportar elementos para una posible respuesta. Veamos el caso del llamado plan a) presidencial: ¿Puede Sheimbaum, en caso de alzarse con la candidatura de Morena, plantearse un modelo de continuidad o, más bien, de continuismo, y transitar sin mayores dificultades hacia la presidencia? Por lo que hasta hoy se ha visto, su condición de mímesis, de epígono presidencial, la ausencia de autonomía e independencia política e intelectual, no dan cuenta ni siquiera de manera remota de una reconducción de la vida democrática del país.

Resulta lastimosa la vehemencia acrítica con que reproduce en sus intervenciones el discurso presidencial, y si ese estilo se impusiera en la campaña, significaría otra vuelta de tuerca en los riesgos de una regresión de corte autoritario. Sus respaldos principales parecen provenir de ese núcleo duro no muy dispuesto a la conciliación y el acuerdo para una competencia civilizada, y son los que la jalean en las concentraciones masivas con los gritos de ¡presidenta!, ¡presidenta! En otras palabras: una eventual candidatura de la jefa de gobierno de CDMX tendría el propósito fundamental de llevar adelante las transformaciones pendientes para completar la aspiración del presidente: el cambio de régimen.

En el caso del plan b), Marcelo Ebrard, me parece que hay más posibilidades de cambios importantes en el talante, naturaleza y contenido del discurso como candidato. Ha hecho ahora hasta lo imposible por identificarse plenamente con el discurso presidencial, apechugando con errores y justificando conductas y comportamientos que en el escenario internacional han dañado la imagen del presidente y del país. No es del pleno agrado del presidente, pero su pragmatismo puede hacer que reconsidere la decisión final, si se convence de que la eventual candidatura de Ebrard le ofrece mayor certidumbre de triunfo en 2024.

Decía que la clave para garantizar fidelidad y lealtad de los beneficiarios de la política social, requería de recursos adicionales que solo podrán provenir de una reforma fiscal a la que López Obrador ha opuesto una resistencia numantina. Creo que Ebrard, en caso de hacerse con la candidatura y llegar a la presidencia, tendría que plantearla de inmediato, lo que significaría no una ruptura con el pasado, sino una recuperación crítica que buscaría marcar la continuidad histórica del proyecto lopezobradorista.

Es cierto que es muy temprano para estas conjeturas algo deshilvanadas, pero la abreviación de los tiempos sucesorios crea el marco para ello. El desparpajo con el que se mueven las principales figuras, como ocurrió en Coahuila, puede que vaya dando sentido a las conjeturas o de plano las elimine. Veremos. ZP

ZONA POLITEiA 23 de junio de 2022

César Velázquez Robles

*Sucesión: ruptura y continuidad.

*Estrada Ferreiro: un alcalde defenestrado sigue vivo.

El banderazo de salida para la sucesión que con mucha anticipación  ha dado el presidente Andrés Manuel López Obrador, ha tenido el efecto de abreviar los tiempos. Una gestión que prácticamente ha llegado a su fin, acelerado por el rechazo del Legislativo a una reforma constitucional en materia eléctrica, que prefiguró el rechazo a otra de las grandes reformas pensadas para cerrar el ciclo de las grandes transformaciones que anunciaban el cambio de régimen, esto es, la reforma electoral. El saldo: una demolición de una parte importante del andamiaje jurídico-político y administrativo del periodo precedente, un crecimiento económico que será el más mediocre de la historia contemporánea, una incapacidad para enfrentar el fenómeno de la inseguridad ciudadana expresada en el aumento desmedido de la violencia, lo que se ha traducido en la imposibilidad material de garantizar la seguridad física, jurídica y patrimonial de sus ciudadanos, tarea primera del Estado.

Y sin embargo, el presidente sigue disfrutando de un enorme apoyo social. A su favor tiene sin duda una política social de “gran benefactor”, que le ha ganado un aprecio y un reconocimiento de millones de mexicanos que durante años formaron parte del patio trasero de la modernidad salvaje y engrosaron sistemáticamente los cinturones de miseria, de exclusión y marginación. Recibir por primera vez en años un apoyo económico directo, dejar de ser parte, o al menos no sentirse parte de los “condenados de la Tierra”, cambió para muchos el sentido de su vida. Para ellos se abrió una esperanza de redención que en ambientes donde impera una cultura política parroquial, tiene un valor enorme. Ahí sí, como gusta decir el presidente, “amor con amor se paga”. Ese quid pro quo, sin embargo, no es eterno, no tiene sustentabilidad en un horizonte temporal de mediano plazo, y de lo cual tendrá que hacerse cargo quien logre recibir la estafeta en busca de asegurar la continuidad en el poder.

En caso de ganar quien en la encuesta decida el presidente, tendrá el enorme desafío de encontrarle la cuadratura al círculo.  El poder actual tiene un considerable margen de legitimidad por ese intercambio que ha establecido con los electores de los sectores sociales más depauperados. Lo acaba de decir el presidente en el municipio de Iztacalco de Ciudad de México: más del 70 por ciento de los hogares mexicanos reciben un apoyo directo o indirecto del gobierno de la República. Pero empieza a advertirse que los rendimientos de esta política de corte clientelar empiezan a disminuir y hay un evidente riesgo de que tarde o temprano se manifiesten sus fallas estructurales. ¿Qué hará quien gane si gana Morena en 2024? Para mantener esa relación do ut des se necesitarán miles de millones de pesos, de los que la hacienda pública no podrá disponer, pues todas las minitas disponibles se han ido vaciando. AMLO no quiso nunca hacer la reforma fiscal, pero ésta es inevitable. Es evidente que no se anunciará en campaña, pero de que se tendrá que hacer no hay ninguna duda. En tal sentido, ahí, en el campo de las finanzas públicas, el eventual relevo tendrá que ensayar una ruptura o, si se prefiere, una recuperación crítica de las políticas de desarrollo social, que corrija derroches, despilfarros, y desaseo en el manejo de recursos públicos, como se ha venido exhibiendo en los últimos tiempos. Esta recuperación crítica es la que puede marcar la continuidad histórica.

¿Quién de las “corcholatas” puede garantizar en el marco de la sucesión continuidad? ¿Quién está dispuesto a intentar una recuperación crítica para dar un nuevo impulso al cambio de régimen? ¿Quién podría intentar una ruptura?

Estrada Ferreiro: un alcalde defenestrado sigue vivo.

Todo el affaire Estrada Ferreiro-Congreso del Estado sigue dando de qué hablar. Y más dará a partir de las comparecencias que tendrá el defenestrado alcalde a partir de hoy cuando escuche las acusaciones y haga su defensa. Para algunos analistas, la destitución, desafuero, sustitución en el cargo antes de que se cumpla un año de gestión, obliga a nuevas elecciones. Para otros, no estaba en su primer año, sino en su segundo periodo y, por tanto, no cabe la posibilidad de nuevas elecciones para alcalde.

El diario El Debate levantó una encuesta en el municipio de Culiacán y preguntó: “¿Le gustaría un nuevo proceso electoral para elegir un nuevo alcalde?”  Y para los que insisten en que la ciudadanía ya está harta de estar yendo a las urnas a cada rato, o que los asuntos de la vida política no le llaman mucho la atención, he aquí los resultados: 62.58 por ciento contestó que sí le gustaría un nuevo proceso electoral, en tanto que 32.90 se expresó en sentido negativo. Inquiridos sobre qué tan de acuerdo están con el desafuero de Estrada Ferreiro, 6.7 en promedio lo aprueban, promedio similar, 6.6, de quienes están de acuerdo con la decisión tomada por el Congreso del Estado  de elegir a Juan de Dios Gámez Mendívil como nuevo alcalde de Culiacán.

Sin embargo, ante la pregunta sobre cómo considera la designación por parte del Congreso de Sinaloa de Juan de Dios Gámez Mendívil como nuevo alcalde de Culiacán, lo que tenemos es una respuesta de una ciudadanía madura, crítica con la opacidad o falta de transparencia en los procedimientos y razones que llevaron a decapitar a Estrada. Estos son los datos que arroja la encuesta: 45.81 por ciento considera que fue poco democrática y 8.39 por ciento sostiene que fue “nada democrática”. Frente a estos datos, están estos “otros datos”: 35.18 por ciento afirma que fue democrática, y 9.03 que fue “muy democrática”.

También se les cuestionó sobre cuál de los dos funcionarios que en este proceso han suplido a Estrada Ferreiro les genera más confianza, la síndica procuradora María del Rosario Valdez Páez, tiene claramente un mayor respaldo: 43.9 por ciento, frente a 19.4 por ciento que se decantó por Gámez Mendívil. De ahí que, como apunté en una mis más recientes colaboraciones, ante el déficit en la legitimidad institucional, como parece mostrarlo la encuesta, tiene el gran desafío de ganarse la legitimidad por rendimientos. Esa es la clave para una gestión exitosa. ZP

¿Han Votado Mal los Colombianos?

mario vargas llosa

César Velázquez Robles

*¿Los colombianos han votado mal?

*¡Que renuncien todos!

*La revista POLITEiA 81 sigue en circulación

¿Los colombianos han votado mal? Bueno, al menos eso es lo que piensa el Nobel de Literatura Mario Vargas Llosa, quien desde Madrid, en un acto celebrado ayer lunes en la Casa de las Américas, lamentó el triunfo de Gustavo Petro. Ya sabemos que el extraordinario talento literario del peruano es inversamente proporcional a su talento político, donde sus posiciones liberales lo han llevado a chocar desde hace años con la izquierda latinoamericana e, incluso, con corrientes progresistas o más cercanas al reformismo que al extremismo político e ideológico. Todo ello, sin embargo, no demerita su enorme calidad de hombre de letras, como lo han querido presentar quienes desde posiciones sectarias y dogmáticas, quieren hacer tabula rasa con la que sin duda es una enorme riqueza intelectual.

Pero vayamos a los ecos de la elección. Ayer decía, citando a Juan Gabriel Vásquez, que el resultado no hace sino confirmar que Colombia es un país dividido, escindido, polarizado, y que en cierta medida, quien el domingo ganó la elección tiene su cuota de responsabilidad en ello, pues “a lo largo de muchos años ha jugado a la polarización y al sectarismo, y se ha ganado con justicia fama de intransigente y autoritario”. Pero lo cierto, lo real, es que ganó la elección, ajustada, pero la ganó, como lo reconoce el presidente en funciones, Iván Duque, quien dijo, en conversación telefónica con el escritor: “Todos los colombianos fuimos a las urnas, y lo primero que hay que reconocer para defender la democracia es cuando hay un pronunciamiento popular…―Claramente, los colombianos eligieron a un nuevo presidente”.  No fue una elección atípica o desviada, como todo parece indicar fue la elección mexicana de 2018; fue una elección cerrada, altamente competida, con dos fuerzas más o menos igualadas que fueron a las urnas con la convicción de que podían ganar. Simplemente, todos los contendientes están obligados a respetar la regla áurea de la democracia, el principio de mayoría: gana quien obtiene más votos. Por cierto, corrijo un error: ayer escribí que Petro, el ganador de la elección, estaba vinculado al movimiento guerrillero de las FARC; no, estaba vinculado a otro agrupamiento armado, el M-19.

Esperemos ahora que la hybris del poder, la soberbia, no empañe el desempeño de Petro en sus funciones como presidente de la República. Que no actúe como si hubiese obtenido la mayoría absoluta. Que busque la construcción de consensos, que acerque posiciones, que concilie y busque acuerdos. Que voltee hacia otras latitudes y advierta que la polarización no conduce sino a fracturas y rupturas que lastiman la vida colectiva.

Los colombianos lo saben muy bien.

¡Que renuncien todos!

Acá siguen los desfiguros. Los precandidatos de Morena están en el desenfreno total, lo que presagia una batalla campal por hacerse con la candidatura. En este propósito, no le vengan a Claudia, Marcelo y Adán Augusto con que la ley es la ley. Si los primeros obligados a respetarla, son los primeros en violarla, el Estado democrático que en esta larga y sinuosa transición hemos ido entre todos construyendo, sufrirá enormidades. Es increíble: todo mundo, propios y extraños, acepta y reconoce que los antes citados están realizando actos anticipados de campaña en abierta violación a la legalidad. ¿Con qué autoridad moral, qué ética de la función pública pueden presumir ante la ciudadanía atropellando los ordenamientos legales en la materia, queriendo verle la cara a la gente al insistir en que van al encuentro de la ciudadanía para informarle de sus gestiones institucionales.

¿Quieren hacerlo? Muy bien. Que renuncien a sus responsabilidades institucionales. Ah, pero de eso no estamos hablando, dirán los precandidatos de marras. Pero de lo que si estamos hablando es de defensa de la legalidad, del imperio de la ley, del Estado de derecho, por lo que durante mucho tiempo se ha luchado, y por lo que lucharon muchos de los que hoy frente a todos estos desfiguros, hacen como que la virgen les habla. Es una lástima: estamos asistiendo a la demolición de los fundamentos del Estado democrático.

Quienes hoy tienen el poder pueden mantenerlo, refrendarlo en 2024, pero no pueden ni deben saltarse a la torera las reglas básicas de la competencia. Pero también deben renunciar los de la alianza PAN-PRI-PRD. Deben renunciar a la comodidad, a la burbuja que habitan desde hace tiempo y que reduce su quehacer al ámbito de las instituciones, para salir a la calle para dar la batalla. Como decía ayer: la arena pública es monopolio del poder; la calle, que históricamente ha sido el espacio

donde las oposiciones han hecho su experiencia y construido su alternativa, no parece ser

por lo pronto el ámbito natural de su actuación. Tenemos una oposición anodina, que no

acierta a encontrar la cuadratura al círculo para afirmarse como alternativa. Mientras, los

tiempos políticos se abrevian.

POLITEiA 81 sigue en circulación. La revista POLITEiA número 81 correspondiente al mes

de junio sigue en circulación. Paso a paso el equipo que pide los textos, los revisa y corrige

y que está pendiente de las distintas fases del proceso, va regularizando su publicación.

Queremos que la revista salga con puntualidad, al inicio de cada mes, porque lo asumimos

con un compromiso con nuestros lectores y patrocinadores. Es, como siempre, un número

excelente que incluye varios textos sobre asuntos de interés de la vida pública: sobre el

Plan Estatal de Desarrollo 2022-2027, la propuesta y crítica de la reforma electoral

recientemente propuesta por el presidente López Obrador, comentarios sobre el

recientemente publicado libro de Cuauhtémoc Cárdenas, “Por una democracia

progresista. Discutir el presente para un futuro mejor”, y un interesante análisis sobre las

recientes elecciones presidenciales en Francia.

La revista está a la venta en el puesto de revistas de Cayetano González, en Buelna y Rubí,

en el centro de la ciudad, y si usted desea apoyar este proyecto editorial, puede adquirir

cuatro ejemplares o más con el autor de esta columna. Todo es cuestión de que le envíe

un “guasap”.ZP