ZONA POLITEiA, Economía y política en México: los desafíos del 2022 (II y última)

05 de enero de 2022

César Velázquez Robles

Decía ayer que habría que hacer un recuento de los desafíos en la economía y la política del país en el año que inicia, y apuntaba, en primer lugar, la necesidad de reinstaurar la institucionalidad democrática para una convivencia civilizada. Lamentaba que ese estilo personal de gobernar, lejos de romper con la polarización que escinde y divide a la sociedad, ahonda la distancia entre los mexicanos. Esa visión maniquea de “buenos” y “malos”, es profundamente sectaria, dogmática y excluyente: no contribuye a procesar la unidad que reconoce y respeta nuestra diversidad; no impulsa la formación de consensos, no respeta ni acepta los disensos; violenta la legalidad de la vida institucional y apuesta permanentemente por el plebiscito como método de gobernar. A este propósito, leía ayer el artículo de José Woldenberg en El Universal, “Amado líder”, una especie de recensión del libro de Diego Fonseca, inmejorable retrato de un líder populista: “… ordena la vida pública alrededor de su voluntad demandando atención permanente/termina concentrando toda la energía sobre sí mismo/(utiliza) un discurso beligerante que atribuye todos los problemas nacionales a la acción de élites políticas y económicas/… El caudillo no busca acuerdos, sino la exacerbación de los ánimos para presentar los problemas en términos apocalípticos y ofrecerse como su único salvador…”

Un segundo desafío –apuntaba–, es asegurar condiciones de equidad en la competencia por el poder político. Si releemos lo transcrito supra, lo deseable está lejos de ser lo posible. Asegurar mejores condiciones de equidad presupone la búsqueda de acuerdos, el acercamiento de posiciones, recurrir –como he dicho en no pocas ocasiones— al acercamiento de posiciones a través del diálogo, pero, otra vez, “el caudillo no busca acuerdos, sino exacerbar los ánimos”. Y no necesitamos darle muchas vueltas al asunto para llegar a una conclusión irrecusable, como lo han planteado los grandes teóricos de la política: puede haber disenso en todo, pero tiene que haber un consenso fundamental, el que se refiere a las reglas del juego. La reforma electoral que plantea el presidente no quiere ni busca acuerdos; quiere desmontar, desmantelar toda la institucionalidad que en estos años se ha construido con el esfuerzo y la perseverancia de todos. Imponer, arrasar, avasallar: esos son los propósitos de la (contra)reforma que el gobierno ha puesto en marcha.

3.- Reivindicar la centralidad de las instituciones con autonomía constitucional como factores de equilibrio y límites a ejercicios arbitrarios del poder político. Las instituciones con autonomía constitucional o con autonomía de gestión presupuestaria, no son, no han sido ni serán una moda; es un conjunto de reglas del juego, de organizaciones nacidas al calor de las luchas por la democratización del poder político. Fueron factores centrales para desmontar el andamiaje de los viejos regímenes autoritarios y para romper con la secrecía y la opacidad del poder; para romper con las condiciones monopólicas en la economía y en la política que caracterizaban a la sociedad cerrada y desmontar el patrimonialismo que consideraba a los asuntos públicos como una extensión de los asuntos privados. El PRI entendió en su momento los vientos del cambio y decidió acompañar la evolución democrática de la vida pública nacional; Fox trató de resistir la creación de la institución encargada de garantizar la transparencia en la gestión de los asuntos públicos, pero no pudo ya frenar la fuerza irresistible del cambio. Hoy, todas esas instituciones son torpedeadas desde la cúspide del poder político, desmanteladas, capturadas o colonizadas.

En el campo de la economía, los desafíos también son enormes. Estamos en los umbrales del estancamiento. Lejos quedan ya aquellas proclamas triunfalistas que en el colmo de los despropósitos hablaban de “patentar” el modelo económico seguido frente a la crisis. La economía no crece y la inflación devora los magros ingresos de amplios sectores sociales. Un panorama sombrío se abre y arroja dudas sobre la capacidad del sistema para sortear esta fase del ciclo. En el debate sobre si la inflación es pasajera o persistente, el presidente se decanta obviamente por la primera, pero nada garantiza que así ocurra, sobre todo por las ominosas señales que ya lanza la nueva ola pandémica con la variante ómicron. Recuperar el crecimiento debe ser una prioridad, pero ello exige y reclama acuerdos entre el gobierno y los actores productivos, pero el clima de desconfianza generado como consecuencia de la sistemática destrucción de capital social inhibe la inversión productiva, amén de que una enorme masa de recursos públicos se redirecciona hacia los proyectos estratégicos del gobierno. Para fortuna, las remesas, del orden de los 50 mil millones de dólares –¡un billón de pesos!— antes tan vilipendiadas por los mismos que hoy las deifican, han mantenido un cierto nivel de actividad económica y de funcionamiento del mercado interno, pues una parte importante de esos recursos se ha incorporado a los circuitos comerciales y mercantiles. Ahí está una de las claves que explica que la economía no se haya hundido: esos recursos significan cinco puntos porcentuales del producto interno bruto (PIB), y han sido el motor que ha mantenido a flote el aparato productivo.

Hay un amplio consenso compartido por los agentes productivos, los hombres de negocios, la comunidad académica, las entidades bancarias y financieras, las empresas consultoras, en que es necesario:

1.- Reactivar el crecimiento, recuperar los empleos perdidos y generar nuevos empleos. Hay al menos tres planes de impulso a la inversión pública y privada concertados con los agentes productivos, pero han quedado en el papel. Han sido planes como los llamados a misa. Y en el corazón de todo ello está la pérdida de capital social: la desconfianza se ha instalado en las relaciones sociales. Falta ese pegamento que todos jalen en la misma dirección. Y ello supone un giro que, al parecer, el gobierno no está dispuesto a dar. Ojalá no tenga que ser un golpe de realidad el que obligue a rectificar una política que nos puede estar encaminando hacia el desastre.

2.- Restablecer la confianza, garantizar los derechos de propiedad y la capacidad de atracción de inversiones. El discurso gubernamental sobre el papel de la inversión privada como motor del crecimiento choca con la realidad. La pérdida de confianza, la incertidumbre, el desconocimiento de contratos producen un desasosiego generalizado que afecta las posibilidades de recuperación de la capacidad de crecimiento.

Nunca es tarde para rectificar. El gobierno puede y debe hacerlo sin desdoro de sus principios y estrategias. Baste con entender que le corresponde sentar a todos los factores reales de poder para acercar posiciones, llegar a acuerdos y consensos para recuperar la senda perdida.

¿Habrá voluntad y compromiso gubernamental para ensayar este camino en 2022?

ZONA POLITEiA, Economía y política en México: los desafíos del 2022 (I de II).

banxico

04 de enero de 2022

César Velázquez Robles

Como siempre, cada inicio de año tiene que ser una nueva oportunidad para la esperanza. Quienes nos interesamos en los asuntos de la vida pública, deseamos que nuestra convivencia sea cada vez más respetuosa de la diversidad, y que la relación entre el poder y los ciudadanos se base en el respeto mutuo, en el reconocimiento del pluralismo y la tolerancia como valores que en su observancia y ejercicio, hacen posible un disfrute pleno de las libertades políticas que la sociedad mexicana en su conjunto ha conquistado en años de lucha. Indisociable de la política está la economía –la política es la expresión concentrada de la economía, dijo más de una vez Lenin— de ahí que también llame la atención la persistencia de problemas estructurales –y coyunturales— del aparato productivo que lastran el crecimiento económico, dificultan la recuperación del empleo, atizan ahora un acelerado incremento de precios, y que nos puede llevar a una situación de estancamiento con inflación, de cuyos primeros avisos hemos ya sabido.

En su interrelación, economía y política no prefiguran para nuestro país en el año que empieza a correr, el mejor escenario. La suerte de una puede ser seguida por la otra, de ahí la importancia de que todos los actores de la vida económica, política, social y cultural realicen sus intercambios encuentren ese espacio común de entendimiento que permitan gestionar sus interdependencias como un juego de suma positiva. Sé que no es fácil: una forma que considero equivocada de entender la política y ejercer el liderazgo, ha conducido a la polarización y a discursos excluyentes que ha terminado por ahondar una brecha que nos separa y divide. A lo anterior, añádase el hecho de que la política mexicana –más bien, un sector de la clase política— ha insistido en volver a un viejo vicio que parecía desterrado: la persecución penal del disenso, lo que, como lo sabemos muy bien, debilita el Estado democrático de derecho.

Dicho lo anterior, tratemos de hacer un repaso de los principales retos que tenemos en la política y en la economía mexicana para el año 2022:

1.- Una restauración de la institucionalidad democrática. No quiero con ello decir que el Estado democrático de derecho esté haciendo agua. Simplemente, que nuestro sistema de división de poderes, el modelo de control social recíproco que entre todos, unos desde el poder, otros desde la oposición, hemos construido, deje de estar sometido a las tensiones absurdas que en nuestro país pretenden hacer del poder ejecutivo el poder de los poderes. El presidencialismo mexicano, exacerbado como no lo estuvo ni siquiera en la época dorada del autoritarismo priista, gravita sobre las discusiones y decisiones de los poderes legislativo y judicial, condicionando su autonomía e independencia. Las presiones, las coacciones, el chantaje, el intervencionismo, las amenazas, los condicionamientos, son rasgos de una pulsión autoritaria refractaria a los equilibrios, a los pesos y contrapesos propios de la democracia. Hasta hoy, el poder judicial ha logrado resistir esta ofensiva, pero la fuerza de ese presidencialismo es tan poderosa que no es descartable la posibilidad de que termine también siendo un espacio colonizado por el ejecutivo, con todas las consecuencias nefastas para nuestra vida pública y para la calidad de nuestra vida democrática.

Cada vez está más claro que el poder legislativo es un poder capturado. Su autonomía e independencia es letra muerta. Es cierto que en un sistema presidencialista como el nuestro, donde no hay gobierno dividido, es natural que la fuerza mayoritaria en el Congreso apoye y promueva los proyectos, las iniciativas y políticas impulsadas por el poder ejecutivo. Es legal y es legítimo. Lo que no es ético ni estético, es que el ejecutivo ordene a los diputados el sentido de su voto, como por ejemplo pedirles que aprueben tal o cual iniciativa “sin quitarle ni ponerle ni una coma”, o que los propios diputados coreen, luego de aprobarla, “es un honor estar con Obrador”. Ello es comprensible en un régimen parlamentario donde los altos funcionarios del gobierno son escogidos de entre los propios diputados. Baste ver cómo en las sesiones parlamentarias de control al gobierno, los diputados del partido gobernante se desgañitan en apoyo a su presidente, perdiendo toda compostura.

No es el caso del poder judicial, que permanentemente está sometido a presiones que buscan coartar su autonomía e independencia, y que obligan al titular de ese a poder a declarar frecuentemente que “como en todos los asuntos la Corte actuará con la independencia e imparcialidad con la que lo ha venido haciendo hasta ahora”, y que su único compromiso “es, ha sido y seguirá siendo con la Constitución y los derechos humanos”, gusten o no sus fallos.

La Corte, el poder judicial, tiene desafíos muy importantes en la perspectiva inmediata y mediata. Tiene que resolver sobre recursos de inconstitucionalidad y controversias constitucionales de cuya resolución dependerá la calidad de nuestra democracia. Tiene razón el ministro presidente: sus fallos pueden gustar o no. Lo importante es que los integrantes de la Corte no cedan a las presiones, y que sus decisiones se apeguen estrictamente a la legalidad, en el marco de su autonomía e independencia. Lo diría claramente: es, si no el último, uno de los últimos valladares contra cualquier intento de restauración autoritaria. Si cede la Corte, si actúa bajo presiones, si cede ante la voluntad del poder y deja de lado la fuerza de la ley, dejará el camino libre a un ejercicio autoritario del poder.  

2.- Asegurar condiciones de equidad en la competencia por el poder político. La iniciativa de reforma electoral, la reducción de la representación proporcional en el Congreso, la destitución de los consejeros, la captura y el control de los procesos electorales, la devolución de los procesos a la esfera gubernamental, representaría, en caso de prosperar, la involución autoritaria más grave en la accidentada historia de la construcción de un nuevo orden democrático en nuestro país. Arrancar las elecciones del control gubernamental, ciudadanizar los órganos electorales federales y locales, fue producto de una larga lucha democrática. Sin duda alguna, uno de los logros más importantes de la transición hacia la democracia en nuestro país. Defender esas conquistas es una tarea de primer orden. (Continuará).

ZONA POLITEiA: Estamos viviendo tiempos aciagos.

03 de enero de 2022

César Velázquez Robles

Estamos viviendo tiempos aciagos. En México estamos adentrándonos en la cuarta ola del coronavirus y en Europa han pasado ya por la quinta y van por la sexta. La variante Ómicron es la más contagiosa de cuantas variantes hasta hoy se han conocido, y su crecimiento y propagación exponencial causa enorme alarma en el mundo. “Ómicron es el virus con la propagación más rápida de la historia”, dice la cabeza de una nota del diario español El País.  Cientos de miles de personas en todas las latitudes hasta llegar a más de un millón en un solo día se contagian y las estrategias hasta hoy seguidas se advierten impotentes e incapaces para frenar el flagelo. Ya no basta la mascarilla, la sana distancia, la higiene constante. Todo se somete al método de prueba y error. En algunos países, como Israel por ejemplo, se anuncia ya una nueva ronda de vacunación, una cuarta dosis, en un afán desesperado por evitar que el rebrote provoque nuevo e irreversibles daños. A propósito de Israel. Ayer domingo se presentó el primer caso de “flurona”, una infección simultánea de gripe y covid-19, cuya gravedad aún no se ha determinado. En nuestro país, instituciones de salud como el ISSSTE hicieron también ayer un llamado a tensar todos los resortes para enfrentar el desafío.  Aquí también empieza a extenderse como reguero de pólvora, y qué bueno que hay al menos un sector sensible que advierte el gran riesgo que vivimos y convoca a prepararse para enfrentarlo. Dos años de pandemia dejan entre nosotros un saldo aterrador. Un sentimiento de indefensión frente a la tragedia y la muerte de muchos seres queridos, padres, hijos, familiares, amigos. Cuando parece verse la luz al final del túnel, viene de nuevo el ariete demoliendo nuestras esperanzas.

Tiempos aciagos sin duda. Tiempos sombríos, le llama Ernesto Hernández Norzagaray. Tiempo nublado, le nombra Octavio Paz  a propósito de otros temas. Los datos, no los “otros datos”, no dan margen para la confianza, para la esperanza. Estamos en medio de una auténtica catástrofe, según Manuel Becerra-Acosta M, en su artículo en el diario El Universal. Aquí van algunos datos. Hasta el 29 de noviembre, van 448 mil 663 muertes asociadas al covid. ¿Por qué hasta el 29 de noviembre? Porque no hay datos oficiales correspondientes a diciembre. De ese nivel es la calidad de la información disponible.  El 23 de diciembre hubo 3 mil 363 contagios, y el 30 de diciembre fueron 8 mil 24, un incremento de 138 por ciento. De acuerdo con el Instituto de Métricas y Evaluación de la Salud, de la Universidad de Washington, Seattle, estaremos ante un escenario cuasi apocalíptico: de mantenerse la tendencia, habrá 20 mil 430 muertos más al 3 de febrero, y si hubiera una aplicación acelerada de la tercera dosis de vacunación, habría menos casos: algo así como 17 mil 630 para el próximo 7 de febrero. Hay más proyecciones siniestras: 24 mil muertes más del 13 de diciembre al 01 de abril: 24 mil fallecimientos en 100 días. Hay un escenario todavía más catastrófico, pero hay otro, que puede llamarse el “mejor escenario”: que el 80 por ciento use cubrebocas, que la tercera dosis avance, que se reduzca el rechazo a la vacuna, y que se avance en zonas con mayor rezago social. En ese escenario “solo” habría 18 mil muertes del 13 de diciembre al primero de abril próximo.

Pero al poder eso no le importa

Así están las cosas. Es en verdad muy triste, doloroso y lamentable que ante estos escenarios catastróficos, no haya claridad ni una acción institucional organizada. ¿Hay algo más importante que salvar vidas? ¿Hay algo más urgente que preservar el tejido social, la solidaridad humana, la protección de los grupos sociales de más alta vulnerabilidad? Bueno, al menos no debiera haberlo. Pero para el poder, lo relevante es garantizar los mecanismos de su reproducción.

Cerramos el 2021 en medio de un ruido ensordecedor. Una enorme coalición de fuerzas se lanzó en contra del Instituto Nacional Electoral. El acto más grotesco de cuanto se montaron lo protagonizó el presidente de la Cámara de Diputados quien, no satisfecho con interponer una controversia contra el árbitro electoral, anunció la presentación de una denuncia penal ante la Fiscalía General de la República contra el comisionado presidente, Lorenzo Córdova; el comisionado Ciro Murayama, y el secretario ejecutivo del INE por la decisión de suspender los trabajos preparatorios de la revocación de mandato. Eso ya fue el colmo de los despropósitos y el desfiguro total. En ese ambiente, que más bien pareció un concurso de quién quedaba mejor con el presidente, se escucharon, sin embargo, voces sensatas. Todas ellas se pueden resumir en dos breves expresiones, pero llenas de contenido: contra las pulsiones autoritarias, la defensa de las libertades democráticas, y en un Estado democrático de derecho, las diferencias de opinión no pueden perseguirse como delitos.

La denuncia del titular de la cámara de diputados, dijo ayer en un tuit el presidente el INE, “es un acto que recuerda las peores prácticas de los regímenes autoritarios… perseguir a servidores públicos por tomar acuerdos y recurrir a otros poderes para tratar de cumplir con sus responsabilidades legales, implica criminalizar el derecho a disentir.”

El país entero corre el grave riesgo de que esta deriva autoritaria nos envuelva a todos. Ojalá se imponga la cordura y la sensatez. Ojalá.

En ese propósito, quiero hacer una declaración de principio: este espacio de ZONA POLITEiA será un foro de reflexión y análisis sereno, sin excesos, sin desfiguros, defendiendo, sí, una idea, un proyecto, una propuesta. Pero siempre tratando de presentar, de exponer razones y argumentos, dejando de lado juicios ad hominem que en nada contribuyen al fortalecimiento de nuestra vida democrática. Ese es el propósito que en este espacio me he fijado para el año que inicia, y que deseo sea mucho mejor que cualquier otro año para todos mis lectores.