ZONA POLITEiA 17 de junio de 2022

César Velázquez Robles

*Si cede la ley, entonces es la guerra

*Culiacán: legitimidad por rendimientos

*POLITEiA de junio ya está en circulación

Si cede la ley, entonces es la guerra. La disputa por el poder político, si quiere ser civilizada, como corresponde a una sociedad que ha internalizado los brutales costos del Estado de naturaleza o del Estado autoritario para no ser tan exagerados, debe librarse conforme a reglas consensuadas entre los actores políticos. Si estas reglas no disfrutan del consenso lo que impera es un Estado de fuerza. El nuestro, el mexicano, es y ha sido en los últimos años de la democracia burguesa, un Estado de consenso. Si, se me dirá, pero ha imperado la violencia y tiene muchos de los rasgos de un Estado despótico.

Digamos por lo pronto para zanjar la discusión que, en efecto, en no pocos sentidos, tenemos que distinguir entre el país formal, de leyes, y el país real, de saltarse la ley a la torera, que puede sintetizarse en esa lamentable expresión de “no vengan a mí con ese cuento de que la ley es la ley”. Como dice Norberto Bobbio en un par de muy viejos artículos, de julio-agosto de 1977, cuyos títulos he pedido prestado para este segmento de mi colaboración, la diferencia entre el Estado despótico y el gobierno civil “es la forma de gobierno en el cual el uso de la fuerza está regulado por las leyes y sometido al juicio de los jueces por encima de las partes”.

Aquí tenemos ordenamientos legales que regulan la competencia política. Tenemos una red intrincada de órganos y mecanismos, muchos de los cuales derivan de la desconfianza recíproca de los protagonistas de la lucha por el poder. Sin embargo, unos y otros, los que tienen el control del gobierno, que no del Estado, y los que están en la oposición, se obligan a respetar el orden legal. Esa es la condición de coexistencia civilizada y de la posibilidad de procesar cambios y transformaciones sin recurrir al expediente de la violencia, ya sea para promoverlos o para impedirlos. Creo que esto, que es elemental, se entiende bien, pero de pronto ganan las tentaciones autoritarias propias de todo poder para transgredir las leyes y normas. De ahí expresiones tan desafortunadas que emanan un tufillo autoritario como las de que “entre la ley y la justicia, hay que optar por la justicia”.

Por eso, citando a Bobbio, digo que si cede la ley…  Por ejemplo, son muchas las disposiciones legales del INE para impedir que se juegue con dados cargados. Pero en lugar de aceptarlas y asumirlas como demócratas, algunos funcionarios se mofan del árbitro, hacen escarnio y anuncian que ya habrá oportunidad de verlos pasar “con la cola entre las patas”, como lo dijo nada más ni nada menos que el responsable de la política interior del país, el encargado de garantizar que la famosa “rule of law”, el imperio de la ley, el Estado de derecho, regule nuestra convivencia. Igual pasa con disposiciones del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, que algún diputado del bloque gobernante ha dicho que son “inatendibles”, con una soberbia y una intolerancia que resulta verdaderamente preocupante. Al menos, para quienes desde hace años participamos en la lucha social por romper con el Estado autoritario y construir un orden democrático en nuestro país.

La burla y el escarnio del domingo pasado en el Estado de México contra el INE, la violación de las más elementales normas democráticas por actos anticipados de campaña, como lo dijo el profesor de derecho de la UNAM y frustrado precandidato de morena a la presidencia de la república, Ricardo Monreal, no es un buen presagio para la competencia por el poder. Y éste no es un mal de la política mexicana. Es un problema que recorre la política en el mundo entero. Ahí están los casos de Estados Unidos, con Trump, que con su conjura golpista lastimó la democracia estadounidense, el autoritarismo de Putin, la intolerancia represiva de Orban en Hungría, para no hablar de Rappit Erdogan en Turquía. Ojalá que esta deriva autoritaria y estas horas bajas de la democracia no lastimen más nuestra convivencia.

Culiacán: legitimidad por rendimientos. Decía en una de mis más recientes colaboraciones que en el caso Culiacán hay que tratar de pasar página frente al conflicto. Son muchas las exigencias y necesidades que se le plantean al desarrollo local como para seguir enzarzados en un conflicto que desgasta y distrae atención y recursos de las autoridades estatales y municipales. Más allá de las relaciones personales o familiares que en la reflexión política han pasado a ser preponderantes y determinantes de algunos analistas, diría que hay que cambiar la perspectiva. Habría que revisar agenda y pendientes de desarrollo social y material del espacio local desde la perspectiva del federalismo, de la vida republicana y de la posibilidad de desarrollo de la vida democrática.

Hay que decirlo cuantas veces sea necesario: el nuestro, el mexicano, ha sido un federalismo centralizado. El gobierno federal subsume a los gobiernos estatales y estos, a su vez, subsumen a los gobiernos locales. Eso ha ocurrido históricamente, y nunca hemos tenido, en consecuencia, un federalismo cooperativo y democrático, sino un federalismo asimétrico que ha concentrado recursos en la parte superior del sistema y el famoso goteo hacia abajo, trickle down”, ha sido de bicocas y miserias. De todo ello ha emergido un sistema de relaciones intergubernamentales y un modelo de coordinación que nada tiene que ver con un auténtico sistema democrático. Los gobiernos locales, en casi permanente astringencia financiera, están casi siempre pidiendo apoyo para no morir en el intento de sobrevivir cada año, y ello reproduce un modelo de dependencia que contradice la teoría y la práctica del federalismo.

Lo que se requiere, entonces, es un modelo de autoridad coordinada y no subordinada. Encontrar y utilizar esos espacios de convergencia entre los ámbitos de gobierno para poner en marcha políticas que agreguen realmente valor al quehacer institucional. Puede y debe lograrse: hay una legitimidad que se pone en entredicho, pero hay también una legitimidad por rendimientos que puede dar mucho. Poner en marcha esos proyectos que demanda la ciudad capital y el municipio entero, tensar todos los resortes del desarrollo local, movilizar a los agentes sociales y productivos, convertir y consolidar al territorio local como espacio crucial para el desarrollo social y material, es la piedra de toque para que el nuevo alcalde rinda buenas cuentas. Puede hacerlo.

POLITEiA 81 ya está en circulación. La revista POLITEiA número 81 correspondiente al mes de junio, si, junio, ya está en circulación. Paso a paso el equipo que pide los textos, los revisa y corrige y que está pendiente de las distintas fases del proceso, va regularizando su publicación. Queremos que la revista salga con puntualidad, al inicio de cada mes, porque lo asumimos con un compromiso con nuestros lectores y patrocinadores. Es, como siempre, un número excelente que incluye varios textos sobre asuntos de interés de la vida pública: sobre el Plan Estatal de Desarrollo 2022-2027, la propuesta y crítica de la reforma electoral recientemente propuesta por el presidente López Obrador, comentarios sobre el recientemente publicado libro de Cuauhtémoc Cárdenas, “Por una democracia progresista. Discutir el presente para un futuro mejor”, y un interesante análisis sobre las recientes elecciones presidenciales en Francia.

La revista está a la venta en el puesto de revistas de Cayetano González, en Buelna y Rubí, en el centro de la ciudad, y si usted desea apoyar este proyecto editorial, puede adquirir cuatro ejemplares o más con el autor de esta columna. Todo es cuestión de que le envíe un “guasap”.ZP

ZONA POLITEiA 15 de junio de 2022

César Velázquez Robles

*La decencia es un valor cada vez más en desuso en la política

*El caso del ex alcalde Estrada Ferreiro

* POLITEiA de junio está en circulación

La decencia es un valor cada vez más en desuso en la política. Candidatos y dirigentes partidistas pierden una elección tras otra, y sin rubor alguno proclaman avances frente a sus adversarios, hablan de una fortaleza inexistente y se aferran a los cargos erigiéndose en figuras inmarcesibles capaces de llevar a sus correligionarios a la tierra prometida. Son cada vez más raros los personajes que asumen las derrotas con dignidad y con decencia, y ponen a disposición de sus formaciones los cargos. Eso lo vemos en sociedades y en partidos que han institucionalizado sus rutinas y cuyos integrantes son portadores de una ética distinta en el ejercicio del liderazgo político o de la función pública. Entre nosotros, el caso de Germán Cázares, del PAN, que ante los pésimos resultados en un proceso electoral, puso su cargo a disposición del equipo dirigente, es un caso excepcional: pagó con su renuncia un desempeño muy pobre de su partido y optó con dignidad y decencia por la renuncia.

El caso del PRI actual es paradigmático de la indecencia política. Su dirigente nacional, que bien merece el mote que le puso Trotsky a Stalin, “gran organizador de derrotas”, no ha pasado las pruebas de la competencia política. Durante su mandato, el otrora invencible ha ido perdiendo presencia territorial al dejar en la cuneta casi una decena de entidades federativas. Esa deriva parece imparable y en caso de perder las dos elecciones estratégicas del año próximo, en Estado de México y Coahuila, se quedaría con un partido realmente inexistente, sería la extinción del dinosaurio que dominó la vida política de México a lo largo de prácticamente todo el siglo XX.

Los viejos liderazgos priistas, constituidos en una especie de conciencia crítica, llamaron a cuentas al actual presidente Alejandro Moreno, “Alito”. La encerrona de ayer martes 14, incluyó la petición de renuncia para enfrentar la crisis en curso y/o la convocatoria a un congreso nacional para elegir una nueva dirigencia. De eso, nada, respondió el dirigente, y sostuvo que cumplirá su periodo de cuatro años: seguirá al frente del priismo hasta el 23 de agosto de 2023, ni un día más, ni un día menos. Por lo que ha trascendido y han declarado algunos participantes en la reunión, hubo una resistencia, aquí sí que numantina, para seguir en el sillón principal del edificio de Insurgentes.

Menos mal que el asunto se ha tratado con cierta apertura. Los partidos son entidades de interés público, y lo que pase o deje de pasar en ellos, sobre todo en el que fue durante décadas pieza central de la columna vertebral del sistema de partidos, es de interés no solo de la opinión publicada, sino también de la opinión pública, de los ciudadanos comunes, de a pie, interesados en la construcción de un democrático. Este encuentro, sin acuerdos concretos, no cierra el debate. Por el contrario, parece un nuevo punto de partida para empujar una discusión interna que airee la vida partidista. El PRI es todavía una fuerza considerable y si no escucha el disenso interno, va camino de una fractura irreversible que lo puede convertir en un partido insignificante. Será un triste destino para esa maquinaria formidable de control y dominación política. Habrá que estar atentos a lo que ahí ocurra.

El caso del ex alcalde Estrada Ferreiro. Confieso que no tengo los elementos jurídicos para explicar de manera racional el conflicto que involucra de manera central al hasta el fin de semana alcalde de Culiacán, y las consideraciones políticas son tan endebles, con muchas señales cruzadas, que tratar de hacer un pronóstico sobre el desenlace es complicado. Me parece que la decisión del desafuero cierra el caso en falso, que el conflicto va a continuar y que Estrada Ferreiro agotará todas las instancias legales, esto es, que el asunto llegará a la Suprema Corte de Justicia de la Nación. Y ahí puede ocurrir cualquier cosa.

El veredicto de la opinión pública es desfavorable al alcalde. Pero, para fortuna, el Estado de derecho todavía tiene bastante qué decir. Y tiene sus propios tiempos, así que habrá que esperar. Su ausencia de tres o cuatro días, su viaje a Estados Unidos, que dio lugar a las hipótesis más descabelladas –como la de que buscaría convertirse en “testigo protegido”–, han quedado atrás: ayer martes 14 convocó a una conferencia de prensa para explicar su ausencia y anunciar su defensa. Fue parco, lejos de la verborragia de los días precedentes; rechazó las acusaciones que se le imputan pero lo hizo en un tono mesurado y tranquilo, el que debió haber utilizado en su relación con otras figuras y poderes institucionales. Pero no; le ganaron los despropósitos verbales, los insultos, los descalificativos, cierto estilo pendenciero impropio de un político en una sociedad que quiere ser moderna, abierta y pluralista.

Hizo hasta lo imposible por obturar los canales de comunicación; los llamados a dialogar, a conciliar no fueron atendidos, lo cual no puede sino considerarse un fracaso de la política. No creo que nadie en su fuero interno pueda sentirse contento con el desenlace real o aparente del conflicto. La pedagogía política, el acercamiento de posiciones, ha fallado y eso lastima nuestra convivencia democrática. Eso, por lo que corresponde al ámbito de la política. Falta ver si el campo jurídico no depara sorpresas.

POLITEiA 81 ya está en circulación. La revista POLITEiA número 81 correspondiente al mes de junio, si, junio, ya está en circulación. Paso a paso el equipo que pide los textos, los revisa y corrige y que está pendiente de las distintas fases del proceso, va regularizando su publicación. Queremos que la revista salga con puntualidad, al inicio de cada mes, porque lo asumimos con un compromiso con nuestros lectores y patrocinadores. Es, como siempre, un número excelente que incluye varios textos sobre asuntos de interés de la vida pública: sobre el Plan Estatal de Desarrollo 2022-2027, la propuesta y crítica de la reforma electoral recientemente propuesta por el presidente López Obrador, comentarios sobre el recientemente publicado libro de Cuauhtémoc Cárdenas, “Por una democracia progresista. Discutir el presente para un futuro mejor”, y un interesante análisis sobre las recientes elecciones presidenciales en Francia.

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ZONA POLITEiA 14 de junio de 2022

César Velázquez Robles

*La unidad de Morena y la encuesta “unidigital” a prueba

*En el PRI no hacen mal los quesos

*Sinaloa: pasar página al conflicto

*POLITEiA. En circulación el número de junio

No sin cierta “incomodidad” –según comenta una nota de Excelsior—por aquello de que no es miembro del Partido y no puede opinar sobre asuntos de la vida interna de Morena (ajá)–, el presidente Andrés Manuel López Obrador se refirió al proceso sucesorio, al método de designación del abanderado de su formación política rumbo a la elección presidencial de 2024 y al necesario sentido de inclusión que debe caracterizar el debate de perfiles y proyectos. Todo esto a propósito de la pasarela organizada el domingo pasado en el Estado de México, donde las tres “corcholatas” presidenciales, Sheimbaum, Marcelo Ebrard y Adán Augusto Hernández, se placearon con entusiasmo tratando de ganarse el respaldo y la aquiescencia del respetable que se reunió por millares para vitorear a sus futuros próceres.

¿Qué dijo el presidente en su mañanera de ayer lunes 13 de junio? En primer lugar, que no se limite a nadie; que todos tengan libertad para competir; que se incluya a Ricardo Monreal, a Tatiana y a todos los que quieran y puedan competir, y que para las elecciones del 24 apoyará a quien gane la encuesta interna de Morena. El prácticamente defenestrado para la candidatura, el líder de Morena en el Senado, expresó de nuevo su desconfianza respecto de la encuesta, y su empeño en que sea a través de un proceso democrático como el partido gobernante pueda elegir su candidato. En esa misma línea se han pronunciado muchos comentaristas y analistas, pero todo indica que el método de la encuesta, establecido en los estatutos partidistas, no tiene vuelta de hoja. Será, como he escrito en otras ocasiones, una “encuesta unidigital”, esto es, una encuesta de un solo dedo, y ese dedo, según puede advertirse desde ahora, solo puede tener dos destinatarios, los que representan el plan a) o el plan b). No más.

Pero en Morena se escuchan voces que reclaman oxigenar la vida política interna, que se abra el debate, que la nomenklatura y el presidente liberen al partido de las amarras de la antidemocracia y el autoritarismo. Para ir no muy lejos, ahí está, por ejemplo, la opinión de Gibrán Ramírez, a quien se puede acusar de muchas cosas pero no de ser antimorenista, ayer en Milenio: “Todo mundo sabe que las encuestas de Morena son una vacilada, que son apenas el disfraz del dedazo… y ya ni siquiera se ha hecho la finta de ocultarlo”. Si ese dedazo funciona –como es muy seguro que funcione— Morena se arriesga, si no a una fractura, sí a desprendimientos importantes, que pueden pesar en la vida partidista, sobre todo si se combina con el desencanto de algunos sectores sociales cuyas expectativas no han sido atendidas, o con dificultades para atender problemas estructurales o de la coyuntura económica, que sigan limitando el crecimiento, como ahora está ocurriendo.

En el PRI no hacen mal los quesos. El PRI sigue viviendo sus horas bajas. Es natural que, en un partido en franca decadencia, después de haber experimentado durante muchos años la exuberancia de su poder y a cuyo alrededor se fincaron consensos activos y pasivos de la sociedad mexicana, ahora viva atormentado por la activación de tendencias centrífugas que, en caso de que acentuarse en el futuro inmediato, pueden dar al traste con la posibilidad de construir una alternativa realmente competitiva de cara a las elecciones presidenciales del 24. La convocatoria a una encuentro urgente, a realizarse hoy mismo en la sede del PRI, no se desarrollará bajo los mejores augurios: es cierto que todo mundo hace profesión de unidad, pero las visiones y los proyectos son tan disímbolos y contrapuestos, que en el horizonte temporal de ese partido se ve más la ruptura, la fractura, que la posibilidad de acuerdos. La suma de sus divergencias es mucho mayor que la suma de sus coincidencias. Triste destino para uno de los grandes partidos clásicos que cubrió prácticamente todo el siglo XX mexicano. Es cierto: tendrían que hacer un esfuerzo extraordinario, generoso, para salvarlo, de lo contrario, pasarán a la historia como los liquidacionistas. Ah, y por supuesto, con los restos del naufragio no construirán una nueva alternativa.

El PRI, lo que queda –que es bastante: los 15-18 puntos que le dan todavía las encuestas,  demuestran cómo se sedimentó en las conciencias una cultura política de dominación y control–, es ahora un rehén de su dirigente nacional. Alejandro Moreno chantajea con la posibilidad de llevarse los restos a la tienda de en frente si su liderazgo corre el riesgo de ser derribado. En un excelente artículo de este lunes, Raymundo Riva Palacio, apunta que con ese porcentaje –que iría de 7.5 a 10 millones de votos—“Moreno considera que puede hacer lo que quiera con el PRI y presionar a la alianza opositora Va por México”. Vamos a ver en qué termina o cómo se gestiona este nuevo conflicto en el otrora invencible.

Sinaloa: pasar página al conflicto. Los meses transcurridos de la actual gestión estatal han estado inmersos en conflictos de naturaleza diversa que, a querer o no, han distraído la atención de asuntos no tan urgentes pero si muy importantes. Hay que hacer un decidido esfuerzo por que lo urgente no desplace a lo importante o, al menos, darle una relevancia equilibrada. Ahí está el tema de la economía, sobre el que he dicho que el problema está en saber por medio de que ritmo de crecimiento y de qué estructura económica se va alcanzar el nivel de desarrollo que se desea. El crecimiento de la economía sinaloense ha sido en las últimas tres décadas bastante mediocre, al igual que el de la economía nacional, y proponerse colocarlo por encima de la media del país, no dice nada. Hay problemas serios: distorsiones estructurales del aparato productivo, insuficiente diversificación, falta de innovación, apoyos muy magros a la industrialización, que ciertamente se arrastran desde hace años, y cuya atención no puede seguir postergándose indefinidamente.

Hay que impulsar acciones y proyectos que hagan transitar a Sinaloa de territorio potencialmente perdedor, a territorio ganador. El estancamiento de estos años ha significado reducir el peso específico de Sinaloa en el PIB nacional, bloquear no pocas de sus grandes potencialidades, limitar su competitividad –que sin grandes pretensiones el IMCO define como la capacidad de atraer y retener talento e inversiones—y cancelar proyectos de futuro. Las oportunidades están ahí y si no se aprovechan se seguirá perdiendo lastimosamente el futuro. La puesta en marcha de la planta de fertilizantes en el norte del estado, con una inversión multimillonaria, tendrá un efecto multiplicador sobre la capacidad de crecimiento de la economía y propiciará la creación de un polo de desarrollo regional como desde hace años no se advierte en la entidad. Hay otros proyectos de desarrollo regional en el norte del estado, aprovechando el impulso de la carretera Topolobampo-Ojinaga para conectar con uno de los mercados de más alto consumo masivo en el mundo, que están esperando la oportunidad para desplegar toda su potencialidad.

En estos días, según informaba el gobernador Rocha Moya, sostuvo una reunión con el consejo ejecutivo de empresas globales, que expresó su disposición a invertir en Sinaloa. Eso suena bien. Hay que aprovechar ese capital de riesgo y que se oriente a proyectos estratégicos, que impulsen el crecimiento, que rompan con la inercia de años pasados y permitan que Sinaloa recupere su papel protagónico en el desarrollo del país. Lo mismo vale para el desarrollo de los municipios y para impulsar en Culiacán, con el cambio de la coyuntura, un modelo de cooperación intergubernamental que propicie la acción coordinada de los ámbitos de gobierno local y estatal. Esas son posibilidades que se deberían explorar de inmediato.

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