ZONA POLITEiA: El culebrón del carnaval mazatleco.
04 de febrero de 2022
César Velázquez Robles
Vaya culebrón el que está armando el alcalde de Mazatlán, Sinaloa, Luis Guillermo Benítez, a propósito de la realización o suspensión del tradicional carnaval, que reúne a decenas de miles de personas. Suspendido el año pasado, en medio de la brutal ola de contagios y muertes por el covid-19, el jefe del gobierno local parece decidido a saltar sobre cuanto obstáculo se interponga en su propósito para, ahora sí, llevar a cabo la festividad carnestolenda. Ha hecho del asunto un auténtico “casus belli”, con más fuegos de artificio que fuego real, pero que ha conducido a deteriorar relaciones con las autoridades estatales, justo en el arranque de una gestión que debería potenciar sus esfuerzos para desarrollar relaciones armónicas y de cooperación en el mejor espíritu federalista, republicano y democrático.
Desafortunadamente, no ha ocurrido así, y ha imperado la obcecación y un absurdo propósito de medición de fuerzas, que puede derivar en un juego de suma negativa. Frente a los excesos, despropósitos y desmesuras verbales del alcalde mazatleco, la prudencia y el sentido de institucionalidad del titular del poder ejecutivo estatal, parecen imponerse. Sin embargo, me temo que en este caso, y como seguramente ocurrirá en otros momentos, el titular del gobierno local seguirá tensando la cuerda al asumir y colocar sus desencuentros y divergencias en el marco de una batalla por el poder político que tiene como horizonte el relevo del poder estatal en 2027 con una estación intermedia en 2024.
Si el gobierno del estado por medio del secretario de Salud y por voz del propio titular del ejecutivo anuncian que se tomarán en cuenta las circunstancias y condiciones de propagación de la pandemia, el alcalde responde de inmediato que el carnaval se llevará a cabo. Luego anuncia la realización de una consulta ciudadana para decidir si se hace la fiesta de la carne y que esa será una decisión inapelable, independientemente de que el semáforo epidemiológico esté en verde, en una estólida muestra de seudopopulismo. Luego llega a Mazatlán el secretario de Turismo del gobierno federal, que anuncia y celebra la realización del carnaval, lo que da aliento al alcalde para ratificar que habrá festejos y que se han hecho ya cuantiosas inversiones que corren el riesgo de irse a fondo perdido en caso de suspenderse. En este pulso, los negocios y el poder de los grupos económicos parecen llevar la delantera, a lo que hay añadir la orientación de las autoridades federales de abrir todas las actividades para dar paso a la deseada recuperación de la economía.
En el fondo, creo, está a debate la naturaleza de las relaciones intergubernamentales que derivan de nuestro federalismo centralizado. Hay una evidente tensión entre los propósitos y fines de autonomía y corresponsabilidad entre los ámbitos de gobierno para el desarrollo de un federalismo democrático, y la naturaleza centralizadora de un federalismo que históricamente ha prohijado subordinación y dependencia de gobiernos subnacionales y locales frente al gobierno federal. Tal ha sido la naturaleza de la división vertical de poderes en nuestro país, y este periodo de nuestra historia, que busca cambiar también el régimen, no hará sino reproducirla al igual que en tiempos pasados.
Pueden abordarse los desafíos que derivan de esta tensión irresuelta con una lógica beligerante, con lo cual lo que gane uno lo puede perder otro de los actores; pueden perder también ambos, si impera una lógica excluyente, pero también pueden ganar las dos partes, si impera el diálogo responsable, sereno y maduro, si hay prudencia y si se apela a una pedagogía política que aproxime posiciones limando las aristas más filosas del conflicto. Ya lo sabemos: para que haya pleito se necesitan dos. Al menos en uno de los polos no parece haber disposición para la reyerta.
Puede haber carnaval, y ello en modo alguno puede significar el triunfo o el desdoro para los protagonistas. Cualquier cosa que contribuya a bajar el excesivo ruido retórico es buena. Ayer, el propio alcalde mazatleco dio una muestra de que puede actuar con sentido político, bajarle al lenguaje endurecido y acercar posiciones. Dijo que la decisión sobre si se realizará el carnaval –que en principio se adoptaría en función de la consulta a realizarse el domingo 6 de febrero–, se tomará hasta el 7 de este mes, luego de reunirse con el gobernador: “No me ha informado el Gobernador, yo acabo de enviarle hace un momento la información en relación al covid, yo estoy esperando que él me convoque, pero quedamos en el entendido que así sería… En este fin de semana, a lo mejor el viernes, sábado, domingo, lunes, lo cierto es que faltan 20 días para que inicie el carnaval, estamos a contrarreloj, seguimos trabajando en el tema, para dejar esta incertidumbre de preocuparnos”.
Vamos a ver en qué termina el asunto.
ZONA POLITEIA: EL PRESIDENTE AMLO ESTÁ EN MODO IMPOSIBLE.
03 de febrero de 2022
César Velázquez Robles
El presidente AMLO parece estar en modo imposible. Refractario a toda crítica, ni por asomo acepta siquiera la más remota posibilidad de corregir, de variar el rumbo por el que conduce al país. Defiende sus posiciones y puntos de vista con férrea determinación, y los evidentes problemas estructurales y coyunturales que estresan ya su gestión, no tienen existencia objetiva: son tan solo deseos de sus adversarios.
El país, sostiene, marcha a buen ritmo, la economía crece, se generan empleos como nunca para un mes de enero; las inversiones siguen llegando al país, las remesas aumentan y alcanzan niveles históricos. Ese es el país que dibuja a diario el presidente en sus homilías matutinas, y está firmemente convencido de que las cosas se están haciendo bien: vivimos un tiempo histórico en que se condensa la voluntad de cambio del pueblo bueno y él es el sumo sacerdote que ha de llevarlos a la tierra prometida.
El caso que mejor ejemplifica esta disonancia cognitiva es el que se refiere al tema del crecimiento de la economía mexicana en tiempos recientes. Los datos indican que la economía encadena dos trimestres consecutivos (julio-septiembre y ocubre-diciembre) con crecimiento negativo de -0.4 y -0.1 por ciento, lo que técnicamente estaría dando cuenta de una recesión. Pero el presidente, inasequible al desaliento, dice que de eso nada, que la economía creció al cinco por ciento durante el 2021, lo cual nadie niega, pero omite que cayó 8.5 puntos porcentuales en 2020, de tal modo que el PIB no alcanza el nivel que tenía antes de la pandemia. Pero, en su lógica, que retuerce hasta hacerla coincidir con sus deseos, la economía crece y no crece más, no alcanzó el seis por ciento en 2021 por causa de la pandemia, que desaceleró el ritmo sostenido que había empezado a recuperar. La tal recesión es más un deseo de sus adversarios que una realidad.
Y argumenta con tal fuerza y determinación, con una convicción tan sincera y profunda que le sale del alma, que no necesita de los buenos argumentos del vicegobernador del Banco de México, para expresar su desacuerdo con quienes insisten en que estamos ya en la recesión. Recesión, si, quizá por la duración, pero no por la extensión y profundidad, lo que obligaría a matizar. El presidente no nada en esas profundidades; el se mueve como pez en aguas someras. Sus razones no son sólidas pero tienen el peso de la pasión. Por eso hace apuestas, que inevitablemente termina por perder. Sus pronósticos son fallidos, pero eso, al final, no importa. Veamos cómo lo dijo:
“Estamos creciendo, la perspectiva es de cinco por ciento (para este año) para que se enojen, porque los expertos, los especialistas, nos están dando cuando mucho 2.5 por ciento, y yo planteo cinco por ciento… Tengo información y además soy optimista, yo espero que nos vaya bien. Imagínense que un gobernante pesimista, no, cinco por ciento y de una vez lo digo, cinco por ciento para el 23 y cinco por ciento para el 24, y mi ideal es que a pesar de la pandemia, en promedio obtengamos más del dos por ciento”.
El caso es que no hay ninguna razón de peso, más que el optimismo y el deseo presidencial de que las cosas habrán de ocurrir como las pronostica. Los datos oficiales no cuentan, los análisis carecen de los asideros en el mundo real, que él si los tiene. Son los famosos “otros datos”, que tan buenos rendimientos le han dado desde sus tiempos de candidato, no se diga ya en la presidencia.
Y si el presidente se enroca en sus posiciones, no hay poder humano que le haga reconsiderar.





