ZONA POLITEiA, Elecciones primarias: Monreal y el Frente Cívico Nacional.

12 de enero de 2022

César Velázquez Robles

Decía ayer que la confrontación entre el senador Ricardo Monreal y el presidente López Obrador sigue escalando, y que pese al lenguaje cuidadoso de aquél en el sentido de que no se confrontará con la “Historia”, todo indica que la trayectoria es irreversible: no hay lugar para el líder de la Junta de Coordinación Política del Senado en Morena. En tal tesitura, ¿cuál es el camino que puede seguir? ¿Qué alternativas se abren para su futuro político? Formulaba un escenario que me permito transcribir: “Monreal sale de morena. Se incorpora a Movimiento ciudadano, que lo postula como candidato a la presidencia. A esta candidatura se adhiere una parte de la militancia de morena, grupos de la sociedad civil y los activos de los tres partidos que no lograron su registro en las elecciones intermedias del pasado junio: Fuerza por México, Redes Sociales Progresistas y Partido Encuentro Solidario, que anunciaron la constitución de un nuevo partido: Fuerza Progresista Solidaria. En principio, esta coalición de fuerzas, articulada alrededor de Movimiento Ciudadano puede no tener la fuerza necesaria para ganar la presidencia, pero si impedir la conformación de una gran fuerza alternativa como lo propone el llamamiento del Frente Cívico Nacional, o la coalición de fuerzas articuladas alrededor del Partido Acción Nacional, el Partido Revolucionario Institucional y el Partido de la Revolución Democrática.  En otras palabras: una ruptura como la que en morena está en curso puede no poner en riesgo la posibilidad de reeditar su triunfo, sobre todo, si la oposición va dividida a esta contienda.”

Planteé el tema a mis compañeros en la mesa de análisis de Punto Crítico Sinaloa Digi TV, que se transmite en las redes a través de Facebook martes y jueves de 5 a 6 pm, Carlos Calderón Viedas y Arturo López Flores. Calderón Viedas planteó otro escenario: que si en verdad Monreal actúa como un político demócrata, su lugar estaría más bien en la coalición opositora integrada por los partidos Acción Nacional, Revolucionario Institucional y de la Revolución Democrática, a lo que respondí que esta coalición difícilmente lo aceptaría incluso en el caso de que la decisión se procesara a través de una especie de elecciones primarias. Mi argumento es que un partido como Acción Nacional tendría un precandidato con una gran fuerza y pese a lo desvaído de esa organización, Ricardo Anaya es de las pocas figuras de la oposición que representa un alto nivel de competitividad política, algo a lo que el PAN no estaría dispuesto a renunciar. Pero, agregué, es un escenario que no puede descartarse. De lo torcidos renglones de la política cualquier cosa puede esperarse. A este propósito, dije a mis compañeros de mesa que en la prensa de ese día había leído un artículo de Adrián Rueda, con un posicionamiento similar al de Calderón Viedas. ¿Qué plantea Rueda? 

¿Y si es candidato de la alianza Va por México?

“El senador ha dicho en más de una ocasión —y el domingo lo reafirmó— que será candidato presidencial en 2024, y que no se ve compitiendo contra Morena, sino representando esos colores. Pero eso no pasará y todo el mundo cree que, en realidad, Monreal estaría buscando, al final, ser candidato de la alianza Va por México, preferentemente para buscar la Presidencia de  la República, pero que no se descartaría para ir por la Jefatura de Gobierno. Todo depende de si se mantiene el acuerdo con Marcelo Ebrard, para que, en caso de que Sheinbaum sea impuesta por Morena, el hoy canciller busque la candidatura presidencial por el PVEM o el Movimiento Ciudadano o, de plano, por una alianza amplia de la oposición.” (Como decía el clásico: “subrayados míos”).

Es cierto que, como dijo Arturo López Flores, es muy temprano para adelantar vísperas, y que faltan al menos dos años para que se abra de manera formal el juego sucesorio. Sin embargo, la sucesión adelantada por López Obrador ha tenido el efecto de abreviar el tiempo histórico y tenemos ya frente a nosotros todo el escenario del relevo y sabemos ya dónde están los dados cargados y el papel que de antemano el poder ha asignado a cada uno de los eventuales contendientes.

Si en Morena no hay lugar para Monreal, ¿dónde si lo hay? Recordemos que el Frente Cívico Nacional ha planteado una ruta crítica para llegar a la conformación de una candidatura única de la oposición a la presidencia en 2014, producto de una especie de elecciones primarias en las que cada fuerza presentaría sus eventuales candidatos. Justamente el planteamiento que ha formulado Monreal es el de la realización de esas elecciones primarias en su partido que, evidentemente, tienen el rechazo de la línea dura del morenismo y de la mayor parte de sus afiliados. Si no hay el más mínimo propósito del poder de abrir el proceso, sería muy lamentable y lastimoso que el senador siguiera en morena, con todo y la zanahoria de la eventual candidatura a la jefatura de gobierno de la Ciudad de México.

Hay, por supuesto, muchísimos otros elementos, hecho y datos a considerar en unos escenarios como los que aquí se han bosquejado con brochazos muy gruesos. En caso de que el desencuentro, por llamarlo de alguna manera amable, entre estas dos figuras, continúe y se profundice, una consecuencia inmediata es la cancelación de las (contra)reformas energética, electoral y de seguridad con la incorporación de la Guardia Nacional a la Secretaría de la Defensa. No alcanzaría a cerrarse el ciclo que presupone en la lógica lopezobradorista el cambio de gobierno y cambio de régimen.

En fin, veremos…

ZONA POLITEiA, Morena: caminos de ruptura.

11 de enero de 2022

César Velázquez Robles

El senador Ricardo Monreal cada vez está más lejos de morena, de López Obrador y de la posibilidad de alcanzar la candidatura presidencial rumbo a la elección de 2024. Digamos que su inserción estructural en eso que se dio en llamar “4T” es disfuncional con el proyecto político de involución o restauración autoritaria. Lo es porque si algo no se acepta en las filas del lopezobradorismo es cualquier expresión de rebeldía o de autonomía e independencia política e intelectual, De ello ha dado el senador importantes muestras que han terminado por enajenarle el apoyo de los grupos duros del morenismo, cuyo sectarismo y dogmatismo los ha llevado a acusarle cuando menos de traidor a su causa. Además, no se necesita ser muy perspicaz para advertir que el senador no tiene buena prensa entre la militancia: el respaldo que arrojan las encuestas indica que está muy lejos de los niveles de aceptación que tiene la candidata in pectore del presidente, pero también del canciller, quien aparece en el segundo lugar.

Ayer me refería a las humillantes y agraviantes formas de selección de candidatos y dirigentes en morena, que son las tómbolas y las encuestas “unidigitales”. Constituyen éstas la desnaturalización de las más elementales formas de ejercicio de la vida democrática, la confiscación de derechos de la militancia a debatir proyectos y propuestas partidistas y la entronización de formas autoritarias de conducción que prohíben en los hechos la libre circulación y confrontación de las ideas. Y todos estos vicios y defectos de la vida partidista moderna, que por cierto no son privativos de morena, se acentúan ahí porque es la fuerza que gobierna. Desmontarlos es prácticamente imposible porque impera la cultura política de la línea, el verticalismo, la ausencia de debate. Esto lo sabe cualquiera que haya militado en una organización de izquierda. Todos los vicios, todos los defectos, todos los lastres políticos e ideológicos que se arrastran, en el poder adquieren su condensación más lastimosa.

A eso se ha opuesto abiertamente el senador. Aparece así como un demócrata porque sabe y entiende que hay en morena un espacio para este posicionamiento que, sin embargo, no es suficiente para calar hondo y generar grandes rendimientos políticos. Frente a esas formas fraudulentas de vida política partidista como las que ha impuesto López Obrador, reivindicar el debate interno, la discusión y la confrontación de ideas y proyectos, hace aparecer a Monreal como portador de un liderazgo moderno, de avanzada. Este desencuentro con el presidente y con los sectores duros del morenismo, poco proclives al diálogo y a la búsqueda de acuerdos, fue uno de los primeros anuncios de una ruptura que, a estas alturas, se ve como prácticamente inevitable.

El choque de Monreal por la detención de un colaborador en el Senado con el gobernador de Veracruz, uno de los más fieles seguidores de López Obrador, ha sido otro de los momentos tensos en esta escalada de confrontación en morena. Un lenguaje endurecido de las partes que impide toda posibilidad de conciliación, da cuenta del nivel que ha alcanzado la confrontación. En este conflicto el presidente ya decidió: respalda abiertamente al gobernador, un personaje sin muchas luces pero fiel y leal al presidente. Si todavía cabía alguna duda de que se podría atemperar el choque entre el senador y el presidente, se habrá en definitiva desvanecido.

Y el remache llegó este lunes. El domingo, el diario Reforma publicó una extensa e interesante entrevista con el senador, y entre las cosas que dijo una llamó la atención del presidente. Fue su referencia a la posibilidad de que los grupos radicales de morena se apoderen del proyecto y den al traste con los propósitos de transformación que orientan y dan sentido al proyecto político. ¿Qué fue lo que dijo Monreal en la entrevista? Lo siguiente: “Los que creen que siendo más radicales pueden obtener el cargo o la posición política que anhelan, allá ellos. Se equivocan porque no va a quedar país para nadie, el aniquilamiento solo deja destrucción”. Ante la insistencia de los reporteros, fijo su posición, por supuesto, contraria a lo planteado por Monreal. He aquí sus palabras: “Somos radicales nosotros, por la palabra ‘radical’, viene de ‘raíz’, y nosotros queremos arrancar de raíz al régimen corrupto de injusticias y de privilegios, claro que somos radicales”.

La ruptura está en marcha y parece irreversible. Tanto la posición del senador como la del presidente parecen irreductibles, pese al lenguaje cuidadoso con que Monreal se refiere a su relación  histórica con López Obrador. ¿Qué tanto puede lastimar a morena esta ruptura en marcha? ¿Puede poner en riesgo el eventual triunfo de morena en la elección presidencial de 2024? Es cierto que ese horizonte temporal todavía está lejano, pero quiero adelantar un escenario nada improbable.

Monreal sale de morena. Se incorpora a Movimiento ciudadano, que lo postula como candidato a la presidencia. A esta candidatura se adhiere una parte de la militancia de morena, grupos de la sociedad civil y los activos de los tres partidos que no lograron su registro en las elecciones intermedias del pasado junio: Fuerza por México, Redes Sociales Progresistas y Partido Encuentro Solidario, que anunciaron la constitución de un nuevo partido: Fuerza Progresista Solidaria. En principio, esta coalición de fuerzas, articulada alrededor de Movimiento Ciudadano puede no tener la fuerza necesaria para ganar la presidencia, pero si impedir la conformación de una gran fuerza alternativa como lo propone el llamamiento del Frente Cívico Nacional, o la coalición de fuerzas articuladas alrededor del Partido Acción Nacional, el Partido Revolucionario Institucional y el Partido de la Revolución Democrática.  En otras palabras: una ruptura como la que en morena está en curso puede no poner en riesgo la posibilidad de reeditar su triunfo, sobre todo, si la oposición va dividida a esta contienda.

Como dice Carlos Calderón Viedas: quien no especula no alcanza el cielo.