ZONA POLITEiA, Economía y política en México: los desafíos del 2022 (I de II).

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04 de enero de 2022

César Velázquez Robles

Como siempre, cada inicio de año tiene que ser una nueva oportunidad para la esperanza. Quienes nos interesamos en los asuntos de la vida pública, deseamos que nuestra convivencia sea cada vez más respetuosa de la diversidad, y que la relación entre el poder y los ciudadanos se base en el respeto mutuo, en el reconocimiento del pluralismo y la tolerancia como valores que en su observancia y ejercicio, hacen posible un disfrute pleno de las libertades políticas que la sociedad mexicana en su conjunto ha conquistado en años de lucha. Indisociable de la política está la economía –la política es la expresión concentrada de la economía, dijo más de una vez Lenin— de ahí que también llame la atención la persistencia de problemas estructurales –y coyunturales— del aparato productivo que lastran el crecimiento económico, dificultan la recuperación del empleo, atizan ahora un acelerado incremento de precios, y que nos puede llevar a una situación de estancamiento con inflación, de cuyos primeros avisos hemos ya sabido.

En su interrelación, economía y política no prefiguran para nuestro país en el año que empieza a correr, el mejor escenario. La suerte de una puede ser seguida por la otra, de ahí la importancia de que todos los actores de la vida económica, política, social y cultural realicen sus intercambios encuentren ese espacio común de entendimiento que permitan gestionar sus interdependencias como un juego de suma positiva. Sé que no es fácil: una forma que considero equivocada de entender la política y ejercer el liderazgo, ha conducido a la polarización y a discursos excluyentes que ha terminado por ahondar una brecha que nos separa y divide. A lo anterior, añádase el hecho de que la política mexicana –más bien, un sector de la clase política— ha insistido en volver a un viejo vicio que parecía desterrado: la persecución penal del disenso, lo que, como lo sabemos muy bien, debilita el Estado democrático de derecho.

Dicho lo anterior, tratemos de hacer un repaso de los principales retos que tenemos en la política y en la economía mexicana para el año 2022:

1.- Una restauración de la institucionalidad democrática. No quiero con ello decir que el Estado democrático de derecho esté haciendo agua. Simplemente, que nuestro sistema de división de poderes, el modelo de control social recíproco que entre todos, unos desde el poder, otros desde la oposición, hemos construido, deje de estar sometido a las tensiones absurdas que en nuestro país pretenden hacer del poder ejecutivo el poder de los poderes. El presidencialismo mexicano, exacerbado como no lo estuvo ni siquiera en la época dorada del autoritarismo priista, gravita sobre las discusiones y decisiones de los poderes legislativo y judicial, condicionando su autonomía e independencia. Las presiones, las coacciones, el chantaje, el intervencionismo, las amenazas, los condicionamientos, son rasgos de una pulsión autoritaria refractaria a los equilibrios, a los pesos y contrapesos propios de la democracia. Hasta hoy, el poder judicial ha logrado resistir esta ofensiva, pero la fuerza de ese presidencialismo es tan poderosa que no es descartable la posibilidad de que termine también siendo un espacio colonizado por el ejecutivo, con todas las consecuencias nefastas para nuestra vida pública y para la calidad de nuestra vida democrática.

Cada vez está más claro que el poder legislativo es un poder capturado. Su autonomía e independencia es letra muerta. Es cierto que en un sistema presidencialista como el nuestro, donde no hay gobierno dividido, es natural que la fuerza mayoritaria en el Congreso apoye y promueva los proyectos, las iniciativas y políticas impulsadas por el poder ejecutivo. Es legal y es legítimo. Lo que no es ético ni estético, es que el ejecutivo ordene a los diputados el sentido de su voto, como por ejemplo pedirles que aprueben tal o cual iniciativa “sin quitarle ni ponerle ni una coma”, o que los propios diputados coreen, luego de aprobarla, “es un honor estar con Obrador”. Ello es comprensible en un régimen parlamentario donde los altos funcionarios del gobierno son escogidos de entre los propios diputados. Baste ver cómo en las sesiones parlamentarias de control al gobierno, los diputados del partido gobernante se desgañitan en apoyo a su presidente, perdiendo toda compostura.

No es el caso del poder judicial, que permanentemente está sometido a presiones que buscan coartar su autonomía e independencia, y que obligan al titular de ese a poder a declarar frecuentemente que “como en todos los asuntos la Corte actuará con la independencia e imparcialidad con la que lo ha venido haciendo hasta ahora”, y que su único compromiso “es, ha sido y seguirá siendo con la Constitución y los derechos humanos”, gusten o no sus fallos.

La Corte, el poder judicial, tiene desafíos muy importantes en la perspectiva inmediata y mediata. Tiene que resolver sobre recursos de inconstitucionalidad y controversias constitucionales de cuya resolución dependerá la calidad de nuestra democracia. Tiene razón el ministro presidente: sus fallos pueden gustar o no. Lo importante es que los integrantes de la Corte no cedan a las presiones, y que sus decisiones se apeguen estrictamente a la legalidad, en el marco de su autonomía e independencia. Lo diría claramente: es, si no el último, uno de los últimos valladares contra cualquier intento de restauración autoritaria. Si cede la Corte, si actúa bajo presiones, si cede ante la voluntad del poder y deja de lado la fuerza de la ley, dejará el camino libre a un ejercicio autoritario del poder.  

2.- Asegurar condiciones de equidad en la competencia por el poder político. La iniciativa de reforma electoral, la reducción de la representación proporcional en el Congreso, la destitución de los consejeros, la captura y el control de los procesos electorales, la devolución de los procesos a la esfera gubernamental, representaría, en caso de prosperar, la involución autoritaria más grave en la accidentada historia de la construcción de un nuevo orden democrático en nuestro país. Arrancar las elecciones del control gubernamental, ciudadanizar los órganos electorales federales y locales, fue producto de una larga lucha democrática. Sin duda alguna, uno de los logros más importantes de la transición hacia la democracia en nuestro país. Defender esas conquistas es una tarea de primer orden. (Continuará).

ZONA POLITEiA: Estamos viviendo tiempos aciagos.

03 de enero de 2022

César Velázquez Robles

Estamos viviendo tiempos aciagos. En México estamos adentrándonos en la cuarta ola del coronavirus y en Europa han pasado ya por la quinta y van por la sexta. La variante Ómicron es la más contagiosa de cuantas variantes hasta hoy se han conocido, y su crecimiento y propagación exponencial causa enorme alarma en el mundo. “Ómicron es el virus con la propagación más rápida de la historia”, dice la cabeza de una nota del diario español El País.  Cientos de miles de personas en todas las latitudes hasta llegar a más de un millón en un solo día se contagian y las estrategias hasta hoy seguidas se advierten impotentes e incapaces para frenar el flagelo. Ya no basta la mascarilla, la sana distancia, la higiene constante. Todo se somete al método de prueba y error. En algunos países, como Israel por ejemplo, se anuncia ya una nueva ronda de vacunación, una cuarta dosis, en un afán desesperado por evitar que el rebrote provoque nuevo e irreversibles daños. A propósito de Israel. Ayer domingo se presentó el primer caso de “flurona”, una infección simultánea de gripe y covid-19, cuya gravedad aún no se ha determinado. En nuestro país, instituciones de salud como el ISSSTE hicieron también ayer un llamado a tensar todos los resortes para enfrentar el desafío.  Aquí también empieza a extenderse como reguero de pólvora, y qué bueno que hay al menos un sector sensible que advierte el gran riesgo que vivimos y convoca a prepararse para enfrentarlo. Dos años de pandemia dejan entre nosotros un saldo aterrador. Un sentimiento de indefensión frente a la tragedia y la muerte de muchos seres queridos, padres, hijos, familiares, amigos. Cuando parece verse la luz al final del túnel, viene de nuevo el ariete demoliendo nuestras esperanzas.

Tiempos aciagos sin duda. Tiempos sombríos, le llama Ernesto Hernández Norzagaray. Tiempo nublado, le nombra Octavio Paz  a propósito de otros temas. Los datos, no los “otros datos”, no dan margen para la confianza, para la esperanza. Estamos en medio de una auténtica catástrofe, según Manuel Becerra-Acosta M, en su artículo en el diario El Universal. Aquí van algunos datos. Hasta el 29 de noviembre, van 448 mil 663 muertes asociadas al covid. ¿Por qué hasta el 29 de noviembre? Porque no hay datos oficiales correspondientes a diciembre. De ese nivel es la calidad de la información disponible.  El 23 de diciembre hubo 3 mil 363 contagios, y el 30 de diciembre fueron 8 mil 24, un incremento de 138 por ciento. De acuerdo con el Instituto de Métricas y Evaluación de la Salud, de la Universidad de Washington, Seattle, estaremos ante un escenario cuasi apocalíptico: de mantenerse la tendencia, habrá 20 mil 430 muertos más al 3 de febrero, y si hubiera una aplicación acelerada de la tercera dosis de vacunación, habría menos casos: algo así como 17 mil 630 para el próximo 7 de febrero. Hay más proyecciones siniestras: 24 mil muertes más del 13 de diciembre al 01 de abril: 24 mil fallecimientos en 100 días. Hay un escenario todavía más catastrófico, pero hay otro, que puede llamarse el “mejor escenario”: que el 80 por ciento use cubrebocas, que la tercera dosis avance, que se reduzca el rechazo a la vacuna, y que se avance en zonas con mayor rezago social. En ese escenario “solo” habría 18 mil muertes del 13 de diciembre al primero de abril próximo.

Pero al poder eso no le importa

Así están las cosas. Es en verdad muy triste, doloroso y lamentable que ante estos escenarios catastróficos, no haya claridad ni una acción institucional organizada. ¿Hay algo más importante que salvar vidas? ¿Hay algo más urgente que preservar el tejido social, la solidaridad humana, la protección de los grupos sociales de más alta vulnerabilidad? Bueno, al menos no debiera haberlo. Pero para el poder, lo relevante es garantizar los mecanismos de su reproducción.

Cerramos el 2021 en medio de un ruido ensordecedor. Una enorme coalición de fuerzas se lanzó en contra del Instituto Nacional Electoral. El acto más grotesco de cuanto se montaron lo protagonizó el presidente de la Cámara de Diputados quien, no satisfecho con interponer una controversia contra el árbitro electoral, anunció la presentación de una denuncia penal ante la Fiscalía General de la República contra el comisionado presidente, Lorenzo Córdova; el comisionado Ciro Murayama, y el secretario ejecutivo del INE por la decisión de suspender los trabajos preparatorios de la revocación de mandato. Eso ya fue el colmo de los despropósitos y el desfiguro total. En ese ambiente, que más bien pareció un concurso de quién quedaba mejor con el presidente, se escucharon, sin embargo, voces sensatas. Todas ellas se pueden resumir en dos breves expresiones, pero llenas de contenido: contra las pulsiones autoritarias, la defensa de las libertades democráticas, y en un Estado democrático de derecho, las diferencias de opinión no pueden perseguirse como delitos.

La denuncia del titular de la cámara de diputados, dijo ayer en un tuit el presidente el INE, “es un acto que recuerda las peores prácticas de los regímenes autoritarios… perseguir a servidores públicos por tomar acuerdos y recurrir a otros poderes para tratar de cumplir con sus responsabilidades legales, implica criminalizar el derecho a disentir.”

El país entero corre el grave riesgo de que esta deriva autoritaria nos envuelva a todos. Ojalá se imponga la cordura y la sensatez. Ojalá.

En ese propósito, quiero hacer una declaración de principio: este espacio de ZONA POLITEiA será un foro de reflexión y análisis sereno, sin excesos, sin desfiguros, defendiendo, sí, una idea, un proyecto, una propuesta. Pero siempre tratando de presentar, de exponer razones y argumentos, dejando de lado juicios ad hominem que en nada contribuyen al fortalecimiento de nuestra vida democrática. Ese es el propósito que en este espacio me he fijado para el año que inicia, y que deseo sea mucho mejor que cualquier otro año para todos mis lectores.