Jorge Eduardo Aragón Campos
El trabajo no le gusta a nadie,
lo prueba que todos cobren por hacerlo.
Anónimo
Lyndon b Johnson fue el 36° presidente de USA y llegó a ese cargo merced al asesinato de Kennedy. De él decían sus críticos que toda su vida la había hecho en el gobierno, un burócrata en toda la extensión de la palabra. Años después del cargo, ya en retiro, en una entrevista le lanzan una bola encebada:
¿Cómo vive usted ahora, que ya no goza de cargo público alguno, es decir que se siente ser ahora un ciudadano común?
Su respuesta:
¡Es maravilloso! Toda mi vida fui servidor público, ahora que soy ciudadano soy yo el que recibe atención y servicios, dejé de ser el que los da.
Me acordé de la anécdota frente a las reacciones que provocó en el círculo rojo, la noticia de los nuevos nombramientos que hace pocas semanas el gobernador otorgó, más concretamente dos de ellos cuyos beneficiarios son briosos corceles del establo de la competencia, concretamente del PRI, el partido del que MORENA prometió salvarnos.
Si algo tenemos que agradecerle ya al nuevo gobierno estatal es su didáctica. Se los voy a decir en sinaloense llano, porque si lo hago en español a secas… el gobernador nos está diciendo que él no anda haciendo tonto a nadie; que aquí la tontera es autosuficiente y autosustentable: nos hacemos tontos nosotros solitos. Sin ayuda.
…Y yo estoy 100% de acuerdo con él.

El gobierno tiene obligaciones muy concretas que por nuestro propio bien debe cumplirlas bien y de las cuales no queremos ni oír hablar: dar la orden de disparar selectivamente contra una multitud; introducir gas venenoso a un auditorio repleto de rehenes y sus secuestradores; optar por no destinar recursos contra la pandemia para mejor destinarlos a construir represas; impedir la desaparición de una sinfónica para mantenerla tocando mientras te bombardean… Para eso es para lo que sirve un gobierno y si para ello ocupa contratar a Satanás pues que lo contrate, por eso no nos vamos a asustar… o no debiéramos, mejor dicho.
En esto de los nuevos funcionarios estatales, fue de llamar la atención lo que sí despertó interés mediático (que no público) y lo que no, quedando en esto último lo referente a las valoraciones sobre las responsabilidades institucionales de los cargos en cuestión. Los abordajes, las hipótesis, los análisis, las interpretaciones, etc. sobre el tema, todavía siguen y todavía comparten un mismo basamento: que el sentido primero y último, su esencia, su razón de ser del gobierno son sus chambas. La visión y las conclusiones generales se han dedicado a bordar desde esa perspectiva chambista, donde los únicos perjudicados fueron los morenistas, a quienes se les fueron dos muy merecidos huesos porque los que nos iban a robar ahora eran ellos, de ahí entonces no sea problema nuestro pues quienes se la jugaron durante la campaña y al final recibieron un violín… es decir, mansamente seguimos aceptando que la gubernatura es un patrimonio personal del que su titular puede disponer a discreción durante seis años nada más, y eso porque alguien o algo organiza elecciones quién sabe por qué razón, aunque eso pudiera estar ya por cambiar. Cada vez resulta más evidente que la única virtud, o capacidad, o vocación, o llámenle como ustedes quieran, distintiva de nuestra clase política respecto al resto, es su capacidad de reproducción: cada vez hay más. El problema es que su naturaleza conejil se empata con otra que los distingue también: son unos estómagos. Cada nuevo sexenio ha resultado peor que el anterior desde Miguel de la Madrid para acá. Eso es a nivel nacional porque a nivel estatal en Sinaloa estamos peor. Mucho peor: Sinaloa pasó de ser uno de los cinco estados más ricos del país a uno de los cinco más pobres; somos la entidad con los salarios más bajos mientras Culiacán es una de las ciudades más caras, y si nos fijamos en la calidad de lo que recibimos por esos precios más altos… Dubai nos viene guango. Pese a nuestro evidente retroceso en todos los órdenes, es hora no contamos ni siquiera con criterios y herramientas para evaluar el desempeño de nuestros funcionarios públicos, de hecho ni siquiera tenemos claridad en los motivos para contar con un gobierno, como si en verdad los asuntos públicos no tuvieran relación con el ciudadano común y con su vida diaria.
La ciudad capital, Culiacán, es zona de desastre donde desde mucho atrás nada funciona bien, además de que las dos últimas administraciones estatales la flagelaron sin recato, en beneficio de Mochis una y de Mazatlán la otra, mientras aquí insistimos en no darnos por afectados. Echamos a la basura una premisa básica: los funcionarios públicos son empleados nuestros y no al revés, porque todo lo público es propiedad nuestra, no de ellos, más importante todavía es que todo asunto de esa índole que no se resuelva bien, trae consecuencias para nosotros, no para ellos. Con la llegada de MoReNa a la alcaldía y luego con el impulso extra de conquistar la gubernatura, ha crecido de forma desmesurada el circo provocado por las contradicciones y las luchas internas de ese partido, que como no tiene ni local en la plaza optaron por hacer del gobierno estatal y los municipales (y de una vez el Congreso ¡Qué caray!) el ring para trompearse con libertad. El inicio de la lucha de relevos australianos que se traen, inició con el pretexto del proyecto del Metrobus (beneficioso para una economía exprimida por los altos costos de movilidad), que ya quedó en el olvido mientras el pleito sube de tono.
Díganme lo que ustedes quieran, pero a estos no los escogimos para que hagan lo que finalmente se han dedicado a hacer; sus sueldos no los paga la federación o la virgen de Guadalupe, los pagamos nosotros; los únicos afectados estamos siendo nosotros y no tiene por qué ser de otra manera. No son ellos quienes deben ponerse las pilas.


