¿A Mí no me Vengan con las Reglas del Juego?

Jorge Eduardo Aragón Campos            jaragonc@gmail.com

La mujer del César no sólo debe ser decente,

debe parecerlo.

Julio César

La comunicación política no se hace con recursos de producción audiovisual (Tv, cine, video) o editorial (periódicos, revistas, libros) sino con narrativas, estructuradas en torno a una ruta crítica por objetivos, con momentos bien definidos y una meta, lo suficientemente clara, como para poder mantenerla visible durante los bandazos coyunturales propios del oficio. Lo que la comunicación política no ha hecho nunca, es funcionar como interfono entre facciones para dirimir sus asuntos.

Así se usaba, de acuerdo, y así resultaba. Insisto: estoy hablando de comunicación política, no de recetas para meter votos a una urna.

Para los mexicanos la política es como ir a la verbena de antes, único lugar donde era posible tirarle al negro de manera literal, no metafórica o figurada, que como todos los de esa época bien sabemos, y además la ciencia lo tiene ya plenamente confirmado desde décadas atrás, tirarle al negro es una de las poquísimas experiencias lúdicas que superan al orgasmo, por lo que también es más adictiva que cualquier derivado del opio. Razónenlo: se trata de un pobre cabrón feo, pobre, flaco pero no fitness, es decir muerto de hambre, que no “marcadito”, a quien de manera garantizadamente impune podemos partirle la cara de un buen putazo (“¡Gracias! Pero ya estoy retirada, diría la Gilbertona”), enfrentando sólo tres limitantes para cumplir la noble cruzada: una puntería razonable, que cualquiera la desarrolla en una semana en caso de no contar con una predisposición anatómica natural muy común en esta región, registrada en el Vademécum como fila indo pétrea o “Brazo de Mayo Piedrero”. La segunda la representan los requisitos que el empresario nos impone a quienes –desesperadamente- buscamos participar: el número de intentos, la distancia, el diámetro de la ruedita por donde debemos pasar la bola… La tercera y última, es una de esas pendejaditas que resultan ser trascendentales y le dan sentido a la vida: lo único que puede hacer el pobre pinche negro es mover la cabeza para los lados. La cereza del pastel –cómo si hiciera falta- es que todo sucede con público presente. Es por eso… y sólo por eso, que en la verbena la atracción más cara no era la montaña rusa sino Tírenle al Negro: Un pecado que puedes cometer pagando un permiso. En las democracias corruptas propias de las sociedades corruptas, a los políticos les pagamos para eso, de ahí que en esas democracias corruptas propias de las sociedades corruptas, cualquier cosa que paga el votante lo pone al borde del cáncer de codo, o lo que es lo mismo es un cliente de lo más exigente, en especial con todo lo que atañe al corazón de todo juego: sus reglas. La principal de la versión que jugamos aquí en México (pirata, por supuesto), consiste en satisfacer el deseo público de no conocer nunca nada sobre las entretelas del ejercicio público: los políticos deben parecer ser lo que decimos que son, no se deben mover de ahí porque es por ahí por donde las pelotas pasan. En realidad es algo muy simple, no tengo una explicación sobre la amnesia colectiva que a este respecto está extendiéndose entre nuestra clase política. A ver si no nos salen con que es una cepa COVID Zombie o algo peor.

¡Claro que hay cosas peores! “Váyanse acostumbrando” es un ejemplo.

Pareciera ser que son distintas las acciones del gobernador y de su secretario, del alcalde y del  presidente de la JuCoPo, porque las hacen desde sus posiciones –que sí son distintas-, pero en esencia cada uno es el mismo en las cuatro imágenes: testimonios francos de los acuerdos en lo oscurito, para violar preceptos como hacer las bolas de hule espuma en lugar de venadillo, usar máscara negra de acero laminado cubriendo la cara, en lugar de pintársela con betún para zapatos… Nos gusta acusarlos de que entre ellos se reparten el pastel, no nos gusta nos reviren con que nosotros somos las rebanadas. Eso equivale a que dejaron de jugar y esto ahora es en serio.

Las narrativas, conforme se desarrollan, generan sus propias atmósferas que les permiten interactuar con otras y en el caso de la nuestra, la local, acaba de establecer un vaso comunicante con las campañas presidenciales en USA.

Por donde se le mire, eso no puede ser bueno.