DOS A LA SEMANA: AMLO COMIENZA A SER ATROPELLADO POR EL PEJE.

Jorge Eduardo Aragón Campos       

No cabe duda de que en el espectro político mexicano, lo único que tenemos peor que MoReNa es… todos los demás, porque vaya manera de llevársela papando moscas; el reciente fallecimiento de Luis Echeverría Álvarez (LEA), sirvió para recordarnos que sigue siendo correcto el diagnóstico que desde tiempo atrás mantenemos sobre nuestra clase política: no sirven para nada; les falta un peso pa´l tostón; de todos no se hace uno; no sacan un perro de una milpa…

Eso sí, viven comiendo pichón. El que entendió, entendió.

El deceso de Echeverría fue una buena oportunidad para construirle al actual presidente una narrativa derrotista de aquí al 2024, pero para ello se requiere un poco de memoria y una pizca de talento con cierto toque de imaginación, es decir tendríamos que importar todo de China porque aquí ni las gallinas ponen; Echeverría, Salinas y AMLO presentan tres paralelismos que son igual número de puntos débiles por debajo de su línea de flotación, y que permiten establecer la circunstancia actual así como un modelo de mapa de ruta para el futuro inmediato:

1.- hay una línea en el tiempo que une e iguala a los tres: desde antes de llegar se abrieron como reeleccionistas. Sus corazones son de tiranos y en eso son iguales a todos los otros tiranos de ayer y de hoy, la única diferencia entre estos de petatiux y los de a devis (Hitler, Stalin, Franco, las suegras) la han hecho los pueblos sobre los que han gobernado. Siempre criticamos el hecho real de que todos los políticos de todos los colores siempre se olvidan de sus promesas, pero ni mencionamos que, en contraparte, los ciudadanos nos olvidamos de nuestros éxitos y logros, que los hemos tenido; aquellos son rateros ¿Nosotros que seríamos? Echeverría primero y Salinas después, nos imprimieron con sangre la lección de que la política no se trata de economía, ni de salud, ni de construir caminos, sino de eso: de política. Ambos fallaron en lo político y eso arruinó todo lo demás: economía, salud, seguridad, etc.

2.- Ser político es una cosa y andar en la política es otra; un rasgo central que distingue al estadista del grillo (y que lo vuelven una suerte de cirujano relojero) es la longitud de su mirada y la precisión de su  motricidad fina; la mirada larga sirve para tener siempre una visión clara sobre la naturaleza de la meta a la que se pretende llegar y que suele estar en casa de la chingada; la motricidad fina sirve para todos los ajustes del día a día, que se van acumulando por capas hasta volverse la masa crítica necesaria para que por sí solo se mantenga en movimiento. La política es un oficio de creación y de conducción de inercias sociales, porque las naciones se comportan de una forma muy parecida a la deriva continental: la península de Baja California se mueve en una dirección distinta a la del resto del territorio y se está convirtiendo en una gran isla frente a América, similar a la de Madagascar en África o la de Nueva Zelanda en Oceanía; ahorita no se nota porque el proceso no tiene mucho de iniciado, pero dense una vueltecita dentro de 1800 millones de años, durante el día, para que puedan ver bien la diferencia. Es tan lento que pierde toda importancia para nosotros, que andamos tras la concesión del servicio de Ferris Tijuana – Ensenada; pero intenten detenerlo… o frenarlo. Lo verdaderamente trascendente ahorita, en este día de hoy, es eso: si ya se puso en marcha ya no tienes mucha capacidad de maniobrarlo y ni pensar en detenerlo.

Tal y como le ocurrió a Echeverría –primero- y a Salinas después, AMLO ya se dio cuenta de que el mecanismo creado por él “se levantó y andó” y no es gran cosa lo que podrá hacer con respecto a su velocidad, dirección, fuerza, etc. Justo como en los tiempos del preclásico priista: al inicio de la segunda mitad del sexenio, inicia la etapa de la decadencia. Y no es algo como para festejarlo.

Le seguimos en la próxima.

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