Por: Alberto Camacho Sarabia.
Otro Mundial voló.
Esos 30 días que pasan por nuestras vidas cada cuatro años, una vez más se han ido volando, y Rusia 2018 pasa a los libros de historia como uno de los torneos más animados y con sorpresas al por mayor; un campeonato mundial que superó las expectativas de la gran mayoría de los participantes, otros que resultaron en decepciones, un grupo más que pasó de noche por las canchas rusas, y un finalista inesperado que celebra su subcampeonato en grande.
La Copa del Mundo nos enseña algo muy importante, pueden existir sorpresas, selecciones que se caen de la cama y se avientan un Mundial de ensueño, pero al final, los que levantan el trofeo siempre son los mismos; la camiseta siempre termina pesando por encima de cualquier selección que esté superando sus propios límites.
¿El campeón? Francia, la selección gala ingresa al selecto grupo de las llamadas “potencias” del fútbol mundial, si bien hasta antes de Rusia 2018, los franceses contaban con solamente un campeonato en su palmarés, la realidad es que su generación de futbolistas prometía llevar a la nación europea hasta la cúspide del fútbol mundial, y vaya que no desentonaron al figurar como un campeón invicto, empatando solamente en una ocasión.
Un salto a la fama meteórico el que logró la joven estrella francesa, Kylian Mbappé, quien con tan solo 19 años, ya portó el dorsal 10 en la cancha, se dio el lujo de ningunear a un tal Lionel Messi, y se hizo presente con una anotación en la final contra Croacia; eso sí, siempre bien escoltado por gente como Antoine Griezmann, Paul Pogba y el mediocampista N’Golo Kanté, todos ellos de destacada actuación.
¿Qué podemos decir de los subcampeones? Nadie esperaba que Croacia llegara tan lejos, un equipo que clasificó al Mundial por la vía del repechaje, con un entrenador que tomó al equipo antes de los partidos de repesca ante Ucrania (cómo que me quiero acordar de alguien); al final, los jugadores balcánicos se pusieron la camiseta y la sudaron en serio, superando sus límites, esos que estaban presupuestados a un partido de cuartos de final si bien les iba, pero el fútbol les dio más, y llegaron merecidamente hasta un partido por el título; cierto, fueron derrotados, pero el recibimiento en Croacia fue como de auténticos campeones.
Los que terminaron decepcionando se cuentan por montones, y empezando con aquellos de quienes se esperaba mucho, podemos acomodar a la Selección de Egipto, Perú, y los propios Polacos; en el caso de Egipto, se tenían altas expectativas de Mohamed Salah y compañía, equipo que pasó de noche, y un Salah quien tras su lesión en la final de la Liga de Campeones, no volvió a ser el mismo, y “los Faraones” naufragaron en Rusia.
Perú levantaba expectativa al ser una selección sudamericana que regresaba al plano mundial, y con un nivel prometedor, pero, al igual que Egipto, naufragaron, y pese a intentarlo y buscar algo distinto, el fútbol jamás les sonrió; finalmente, Polonia era otro equipo que venía en un alto puesto del ranking FIFA, contando con una estrella top como Robert Lewandowski, pero quien, al igual que su país, jamás llegó a Rusia, resultando en una tremenda decepción.
El caso de: Alemania, Argentina, Brasil, España y Portugal son aspectos que se deben contar aparte, hablando de los primeros, vale la pena recordar la conocida “maldición del campeón”, aquella selección que se alza como monarca del Mundo, al siguiente torneo es una lágrima y no pasa de fase de grupos, y casos que podemos apuntar son los de Francia en 2002, Italia en 2010 y España en 2014, es el precio que debe pagarse.
Argentina venía adoleciendo una falta de personalidad, una selección secuestrada por Lionel Messi, quien una vez más tuvo que cargar con diez conos en su espalda, lejos de ayudarle, sus compañeros una vez más fueron un estorbo para el mejor jugador del planeta, y, con la complicidad de un entrenador timorato, quien solo llegó a robar al banquillo, Argentina despide a su máximo futbolista por la puerta de atrás.
Brasil fue un espejismo, bueno, los cariocas han sido un espejismo desde Alemania 2006, y su actuación en Brasil 2014 fue meramente circunstancial; para este Mundial, la cinco veces campeona del Mundo no pudo desplegar su mejor fútbol, y cuando fue exigido por un equipo competitivo, fue borrado del campo, ¿y Neymar?, pasó de noche por Rusia, reafirmando la situación de este jugador: podrá ser un futbolista mediático, pero se encuentra lejos de ser el mejor del mundo.
Cristiano Ronaldo es otro que no pudo trascender en la Copa del Mundo, pero él, a diferencia de Lionel Messi, tiene el colchón de haber ganado la Eurocopa, mientras que al argentino se le ha negado todo título a nivel de selección mayor que ha jugado, y esa, será una cruz que deberá cargar por siempre.
Finalmente, España fue víctima de la turbulencia sufrida días antes de la Copa del Mundo, el entrenador Julen Lopetegui anunció que se iba al Real Madrid horas antes del debut, y ante las prisas, se designó a Fernando Hierro como entrenador interino, quien hizo lo que pudo, pero la “Furia Roja” naufragó en sus propios errores, entregando una Copa Mundial fácilmente olvidable.
¿Quiénes nos sorprendieron? Sin duda podemos mencionar a equipos como: Uruguay, Rusia, Inglaterra, Suecia y Bélgica, todas estas selecciones entregaron actuaciones memorables, unos más que otros, superando las expectativas.
Uruguay fue el que tuvo un camino muy sencillo, puestos a disposición del Sector A, los sudamericanos no batallaron para imponerse a débiles equipos como Arabia Saudita y Egipto, y ante el anfitrión, Rusia, no tuvieron problema alguno para avanzar como líderes de grupo, a su vez que derrotaron a Portugal en octavos de final con suma personalidad, resaltando el corazón y el talento de unos uruguayos que jamás decepcionan, pero ya en cuartos, Francia fue mucha pieza, equipo que a la postre resultó campeón.
Rusia fungió como un excelente anfitrión y que se fue del torneo con la frente en alto, vendiendo muy caro el boleto a semifinales a Croacia, actual subcampeón del mundo, ya que se fueron hasta la tanda de penaltis para definir el al ganador de aquella llave de cuartos de final.
A diferencia de muchos equipos, Rusia sabía de sus limitantes técnicas y de nivel colectivo, aun así, demostraron que con ganas de trascender, y sobre todo, con hambre de triunfar, pueden echar fuera a equipos importantes, como fue España en octavos de final.
Inglaterra y Bélgica se enfrascaron en un duelo por el tercer lugar donde los belgas terminaron imponiéndose, explotando por fin esa cantidad interminable de talento con el que cuenta el Reino; los De Bruyne, Hazard, Lukaku y compañía obtuvieron un nada despreciable tercer lugar, y con un futuro importante de cara a Qatar 2022, donde también se espera mucho de Bélgica.
Inglaterra se encontró con una generación de futbolistas capaces de jugar con sangre caliente en sus venas, no pudieron obtener el tercer lugar como mínimo, pero sí se ganaron el respeto del mundo, ese que por años fue pisoteado y hasta minimizado por los aficionados al fútbol, finalmente los inventores de este deporte se comportaron a la altura y entregaron buenas cuentas, tanto para el presente, como para el futuro inmediato.
Y finalmente, Suecia fue el claro ejemplo de que las cosas grandes no solo se sueñan, se hacen; los vikingos, sin su máxima estrella, Zlatan Ibrahimović, pudieron llegar hasta cuartos de final, conscientes de sus limitantes y su juego destructivo, pusieron por encima sus ganas de divertirse y triunfar, consiguiendo resultados muchísimo mejores que lo presupuestado en un principio.
Así fue mi percepción de la Copa del Mundo, obviamente hay varios equipos que no se tocaron a fondo, pero a nuestro juicio, las selecciones antes mencionadas son las que dejaron huella en Rusia, para bien o para mal.
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Ahora sí, lo toral de esta columna, es calificar la actuación de la Selección Mexicana en la Copa del Mundo, la cual podemos calificar de: normal, tirándole a mediocre, porque México no mostró un rostro distinto al que ya nos enseña desde Estados Unidos 1994.
Lo que marcó a este Mundial fue la frase del Chicharito, esa de “imaginar cosas buenas” (en palabras elegantes), de no ir derrotados desde el principio, como sucedió en diciembre, cuando se conoció el Grupo al que la Selección se enfrentaría.
Antes de arrancar participación en Rusia, México tenía presupuestado avanzar como segundo lugar, cayendo ante Alemania por goleada, ganándole a Corea del Sur, y logrando rasguñar el triunfo ante los Suecos, de manera que caerías en la llave de octavos ante Brasil, la cual evidentemente no se ganaría.
Pues bien, Javier Hernández hizo el llamado a pensar de manera diferente, imaginar en grande, soñar cosas increíbles, y así, mágicamente por soñar, México sería campeón del mundo; pues bueno, parecía que esta mentalidad estaba surtiendo efecto porque se le ganó a Alemania por la mínima, sí, a la peor versión del equipo teutón, pero victoria al fin; la selección mostró personalidad y auguraba un Mundial distinto, digo, le ganaste a la potencia, podías pasar como líder de grupo.
Se jugó contra Corea y se consiguió el triunfo, en este caso todo de acuerdo al libreto, ya eran 6 unidades y soñar con el primer lugar de grupo era más que viable, total, ibas a jugar contra el rival que tenías en el libreto ganarle para seguir avanzando, solamente se necesitaba la ambición y ganas de trascender para salir avante de ese encuentro.
Pero no, México, fiel a su estilo, decidió echar a la basura todo intento de hacer las cosas distintas, y contra Suecia firmó un partido tristísimo, consiguiendo su clasificación gracias a que Corea del Sur derrotó a Alemania, y, por más que los jugadores nos quisieron vender la idea de clasificar gracias a méritos propios, la realidad es que tiraron por la borda un buen mundial, conformándose con lo mínimo y teniendo ese pensamiento mediocre.
Ya contra Brasil fue un partido meramente anecdótico, al igual que en Sudáfrica 2010, cuando México se midió con argentina, se sabía desde antes del silbatazo inicial que poco podía hacer la Selección para una hipotética clasificación a cuartos de final, y no hubo sobresalto.
Una actuación normal, pero rayando en lo mediocre, la cual se maximiza por lo hecho ante Alemania, donde se jugó con personalidad y con esperanzas de hacer las cosas distintas por primera vez en 24 años, pero al final, el conformismo hizo de las suyas, dejando a México en el mismo lugar de siempre, ese eterno partido de octavos de final.
Juan Carlos Osorio tuvo un mundial de acuerdo a lo que se esperaba de él, obtuvo los mismos resultados que otros seleccionadores, lo único que cambió fue el resultado ante Alemania y Suecia, volteando las expectativas que se tenían para estos dos rivales.
Se equivocó al momento de dejar fuera a jugadores que pudieron marcar diferencia, hablamos de: “El Gallito” Vázquez”, Jesús Molina, Oswaldo Alanís, Rodolfo Pizarro e incluso Orbelín Pineda; a cambio, llevó a futbolistas carentes de nivel, como los hermanos Dos Santos, y el defensor Rafael Márquez, quien podrá ser histórico y todo, pero también debe contar con la autocrítica de asimilar su presente, y admitir que no tenía el nivel para jugar un Mundial.
México no creció un solo centímetro en nivel, y fue una actuación puramente olvidable, al igual que en Sudáfrica 2010, cuando nuestro equipo no pudo trascender y se fue con un amargo sabor de boca; caso contrario a Corea-Japón 2002, Alemania 2006 y Brasil 2014, que, a juicio personal, la Selección dio muestras de hambre y personalidad por lapsos, permitiéndonos soñar con algo más.
A esperar otros cuatro años, esperando resultados distintos, pero conscientes de que México no da para más, y hasta que se sacrifiquen a las conocidas “Vacas Sagradas”, no saldremos de donde mismo.
Pendientes.
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Con esto nos despedimos por hoy, les deseamos una gran semana.
Hasta la próxima.