QUIRINO Y SU GOBIERNO
Pueden crecer
Por José Luis López Duarte
Quirino Ordaz Coppel fue el último precandidato a gobernador del PRI que se apuntó (porque no se inscribió en el proceso de su partido) y fue designado candidato a gobernador por encima de otros nueve priistas que habían “dado más vueltas que un trompo” (diría Aarón Irizar) al territorio del estado buscando ser los elegidos, pero el mazatleco ya tenía la mano de Peña Nieto y por ello, sin ser el más conspicuo y popular de los aspirantes, fue el candidato del PRI.
Ordaz Coppel surgió de una elección turbia, por decir lo menos, sino es que amañada, donde le arrebataron la posibilidad del triunfo a Héctor Melesio Cuén con aquel aquelarre de terrorismo electoral que se implementó desde el gobierno, pasando por la farsa del “candidato independiente” y otros trucos que lo único cierto fue un resultado electoral en entredicho.
En un inicio parecía un gobierno anodino con personajes en la primera línea ajenos en buena medida a la política sinaloense y cargados de viejas revanchas, como del secretario general de gobierno, cuya principal iniciativa política fue reducir la representación proporcional electoral de regidores y diputados como intento de reducir la oposición y resabio de su pasado reaccionario, dizque para reducir los costos de la política.
Su gran acierto surgió con obtener la sede del Tianguis Turístico para Mazatlán en 2018, tarea que se convirtió en insignia y guía de trabajo que lo llevó a ocupar sus energías en ese compromiso, continuando la inercia y la rutina en las demás actividades y conflictos como la inseguridad que siguió con normalidad, como dijera alguien tiempo atrás.
A raíz de todo, el gobernador ha convertido, según expresan sus funcionarios, en el creador de todo lo bueno y lo malo del gobierno, al no haber asunto que se escape de sus manos, cuestión que lo ha llevado a centralizar todo, comentando hasta con sorna, que así puede quitar y poner al que quiera en cualquier dependencia al fin y al cabo él decide y hace todo, refiriéndose a los nuevos nombramientos.
Pero ha llegado un momento crucial para el país que hace indispensable que el gobernador se convierta ahora en un político abierto, receptivo, flexible y cooperativo porque ahora son tiempos en que por primera vez el gobernador no tiene el control de la cámara de diputados y al mismo tiempo las presidencias municipales y no se diga el respaldo de la presidencia del país.
Ahora se requiere de gran creatividad y esfuerzos tanto para sortear los obstáculos como para aprovechar las oportunidades de construir cosas nuevas para su gobierno y Sinaloa. Para empezar, ya debe dejar el gobierno de violar el 113 constitucional y quitar facultades a los municipios y paraestatales al no permitirles la contratación de obra, lo que provoca que los municipios pierden alrededor de mil millones de pesos por IVA no recuperado.
Ya se reunió con los alcaldes electos de MORENA y quién sabe si ya se reunió con los del PRI, pero eso es un buen paso porque él –quieran aquellos o no – los encabeza como gobernador de Sinaloa ante el gobierno de la república y es Quirino Ordaz Coppel quien comanda, parafraseando a Pablo Rubio Apiolaza, “La Nave Sinaloense”, por lo menos de aquí al 2021.
Cuestión que obliga a pensar al gobernador sobre qué hacer los próximos tres años en el nuevo escenario que bien puede ser adverso para su partido, pero puede ser muy favorable para Sinaloa, porque al final del día López Obrador requerirá – como el gobernador de Sinaloa – la gobernancia para el país y lo ocupa al gobierno de Sinaloa, junto con que hay un cúmulo de propuestas de AMLO que nos hacen falta en nuestro estado.
Por ejemplo, es factible que el gobernador y el Congreso del Estado pueden proponer que en la Ley de Coordinación Fiscal para el 2019 de lo que se recaude de impuestos especiales (IEPS) quede un porcentaje mayor a Sinaloa o sobre la agricultura donde ya propuso el regreso de los precios de garantía para las cosechas ¿Qué van a proponer? O ante el déficit portuario del pacífico ¿Por qué no ampliar ya el puerto de Mazatlán o hacerlo nuevo? O el caso del gasoducto que le falta la parte terminal y operativa ¿Cuándo se va a terminar? En fin, hay mucho qué hacer y justo es no ensimismarnos ¿No cree?