NO HAY BIEN QUE POR MAL…
Jorge Eduardo Aragón Campos
jaragonc@gmail.com
El tema de las nuevas condiciones para la comunicación política, creadas por la tecnología, apenas comienza a ser abordado con la seriedad requerida aquí en nuestro país, de hecho este abordaje tardío –Chile, Argentina y España van muy delante de nosotros- es consecuencia del resultado electoral, que les reventó en la cara a quienes sostenían, por ejemplo, que las redes sociales no eran útiles para la propaganda, una respuesta surgida más de la incapacidad para entenderlas y aprovecharlas, que del análisis riguroso que se supone deben realizar quienes se asumen y se venden como especialistas de ese campo.
Apenas la semana pasada, Raymundo Rivapalacio señalaba el poderoso cambio que nuestra clase política se negó sistemáticamente a admitir: la verticalidad con que siempre nos fue entregado el discurso político, desapareció para dar paso a un sistema horizontal donde el poder ya no pudo imponerse sobre el ciudadano común. El respeto a las investiduras y a las instituciones, quedó reducido a los resultados que arrojen y no a la pompa que los distingue, como bien hemos podido atestiguar en actos públicos donde hasta niños se le han puesto al tú por tú a secretarios de estado, gobernadores, presidentes, etc.
Si nos atenemos a la definición clásica, que pone a la comunicación como la piedra angular de la actividad política, la transformación que ya provocó en el público la interconexión digital, permite equiparar a este momento con el del final de la segunda guerra mundial o la segunda mitad de los sesentas, dos momentos donde nuestra civilización cambió de rumbo: el calado de los cambios que estamos viviendo, así como la incapacidad de la mayoría para dimensionarlos, bien pueden ser ilustrados por Mark Zuckerberg –creador de Facebook-, quien enfrenta una cauda de problemas porque todavía no logra entender la función de su invento.
No es de extrañar entonces, la insistencia de nuestra élite política en vivir mirándose el ombligo, ensimismada en su circunstancia y sus intereses, mientras desprecia a una sociedad que de mil maneras, le expresó su negativa a seguir los dictados de una minoría privilegiada que insiste en sólo discutir entre ella, en un lenguaje distinto al del resto, usando medios distintos y atendiendo intereses distintos, es decir, con su agenda por carriles ajenos a los del resto de la sociedad, como estamos viendo aquí en Culiacán cuando las “fuerzas vivas” acusan al alcalde electo de misógino, mal hablado, inexperto, etc. no se dan cuenta que ese es el lenguaje, la actitud y la convicción que desde años atrás les venimos mostrando los culichis, pero nunca nos quisieron ver ni oír.
El tsunami del primero de julio no se lo esperaba nadie, aquí en Culiacán la mayor sorpresa sin duda fue el triunfo de Estrada Ferreiro, digo “fue”, porque ya hay otra más novedosa que consiste en sentirse ofendidos por haber sido derrotados, como los buenos para nada del Consejo de Seguridad Pública, que le reclaman, por lo menos, “respeto institucional”, que quién sabe qué será eso pero debe ser muy fácil de conseguir, al ostentarlo un organismo dizque ciudadano –y al no tenerlo un alcalde electo- cuya mayor aportación ha sido servir de refugio a empresarios tronados y figuras públicas charlatanas, hermanados por la falta de vergüenza y la rapacidad presupuestal. Les recomiendo escoger con mayor cuidado sus batallas, el que sean más conocidos que el alcalde electo en realidad abona a favor de él y en contra de ustedes, sin olvidar que tiene la ventaja estratégica de que ustedes no le conocen nada mientras él les sabe todo.