DOS A LA SEMANA: YA POR LO MENOS

Jorge Aragón Campos                     jaragonc@gmail.com

Insuficiente, apoyo para víctimas de Tlahuelilpan: diputados del PRD

La explosión del ducto en Hidalgo, debe servirnos para entender que el fenómeno de los robos a PEMEX no es un problema político, tampoco de corrupción ni mucho menos cultural, como llegan a sostener algunos; lo que PEMEX enfrenta es un problema de seguridad industrial, se trata de una cuestión técnica que para resolverse requiere de conocimiento especializado, cuya ausencia quedó demostrada en la torpeza con que se manejó el incidente.

Nadie hasta el momento ha hecho una pregunta elemental ¿Qué hubiera sido si no se registra la explosión? Si nos atenemos a ciertos hechos básicos que están a la vista de todos, la respuesta no puede ser otra que: nada. Ni nos hubiéramos enterado de una nueva pérdida monumental de recursos nacionales, de hecho hasta el momento seguimos sin saber el motivo de la fuga ¿Fue un parche que falló? ¿Fue un intento de robo? Si fue lo segundo ¿Quién de los que siguen dentro de PEMEX avisó del momento adecuado para perforar? No son dudas razonables, son dudas obligadas.

Vamos a olvidarnos del momento y la razón por la que se presentó el derrame, concentrémonos en las horas transcurridas desde cuando coinciden, en el teatro de los hechos, una multitud cercana a las mil personas además de reporteros, policías y un piquete de soldados. Fueron más de dos horas donde no hubo ninguna otra reacción oficial, salvo el estupor de los uniformados que nunca recibieron refuerzos, nuevas instrucciones… como sus mismos testimonios lo admiten, no supieron qué hacer y optaron por no hacer nada… por fortuna, porque si hubieran optado por la fuerza además de quemados tendríamos también baleados. Es de reconocerles que su actuación demuestra un sentido común ausente en sus superiores, a la vez que pone al descubierto que el problema de la estrategia aplicada para solucionar los robos no es su ineficiencia, sino su inexistencia. Para mayores referencias aconsejo remitirse al sexenio de Felipe calderón y su guerra contra el narco, la cual por cierto disfrutó de una mayoritaria aprobación ciudadana por lo menos durante año y medio, medida por una buena parte de las mismas encuestadoras que hoy conceden oreja y rabo al nuevo Comandante en jefe.

Explosión en Hidalgo en un ducto de Pemex deja 21 muertos y más de 70  heridos - El Sur Acapulco suracapulco I Noticias Acapulco Guerrero

En este mismo espacio, he sostenido mi coincidencia con el planteamiento de que la matriz de la corrupción está en las competencias, en la facilidad con que cualquier miembro de nuestra clase política -sea o no sea del partido que sea-, puede desempeñarse en el cargo que sea con solo tener a su favor la decisión del mandamás, apellídese Fox, Calderón, Peña o López; la corrupción en México pasó de sistémica a genética, desde que todos aceptamos que un político es el súper hombre de Nietzsche, capaz de resolver cualquier problema, cuando sólo se trata de un hombre con un martillo que a todo le ve cara de clavo y a todo responde igual: con política, pero a la mexicana. López Obrador no sabe nada de seguridad industrial, de la misma forma que Calderón no sabe nada de narcotráfico, no estoy diciendo que ambos sean iguales, estoy diciendo que a nosotros nos va a ir igual. Si otra vez ya aceptamos como natural y válido, que al frente de una petrolera acosada por la delincuencia externa e interna pongan a un agrónomo, cuya principal virtud va a venir siendo -si nos atenemos a los resultados- la rapidez con que responde “las que usted diga”, cuando el presidente pregunta qué horas son, no tenemos cara para esperar esto acabe distinto.

Y luego está otro asunto.

Ahora exhortan a la unidad y piden el respaldo de toda esa población, que justificadamente se quejó por las inconveniencias de la acción oficial en contra del huachicoleo, y que se le dio un trato de traidores a la patria y casi les toman nombres y domicilios -ya qué falta-, para negarles gozar de las indudables mieles de la 4T que en un futuro próximo llegaremos a ver, de la misma forma que también gozaremos de los resultados de las reformas peñanietistas (¿Ya no se acordaban verdad?). Con sinceridad deseo que el daño hecho a esa franja ciudadana se pueda revertir, pero tengo mis dudas por esa persistente torpeza, esa necedad por discriminar y considerar sospechoso de corrupto prianista a quien no esté en condición de famélico muerto de hambre. Me cuesta darle crédito a mis ojos y mis oídos, cuando veo y escucho al presidente pidiendo ahora sí disculpas por las consecuencias que afectan a un grupo de malos ciudadanos, que incurrieron en un condenable acto de rapiña después de todos los llamados, las advertencias, los avisos, etc. Ni modo, lo voy a decir con todas sus letras: mostraron en su justa medida, el verdadero liderazgo de López Obrador en ese sector de nuestra sociedad donde suponíamos está su mayor fuerza.

Le escupieron la cara. Ni más ni menos.

Pero en lo que a mí respecta, le propongo amigo lector que de nuevo le digamos sí a López Obrador, vamos para adelante y sin aflojarle, pero no en total acuerdo; de hecho nos la pone fácil porque ya estamos duchos después de hacerlo en más de una ocasión con otros presidentes… a los que luego les cobramos en las urnas su estupidez propia de corruptos; por lo mismo, y por la patria y por las dudas, que nos demuestre que esta vez sí es diferente, que presente y deje hablar al cerebro de esta nueva guerra y que explique cómo fue que ocurrió la falla, porque para eso son los planes, para evitar contratiempos imprevistos o por lo menos explicar por qué sí se presentaron.

Es lo menos que le debemos exigir. Lo menos.

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