10 de noviembre de 2021
César Velázquez Robles
Cada vez es más claro que el gobierno y sus partidos han puesto en marcha una estrategia de acoso y derribo contra el Instituto Nacional Electoral (INE). La comparecencia de consejero presidente, Lorenzo Córdova, fue el primer acto de la puesta en marcha del operativo contra el árbitro electoral. Un árbitro que en estos tiempos recientes ha sido capaz de resistir junto a un sólido equipo de profesionales, los embates de un régimen que empeña sus mejores esfuerzos en una regresión autoritaria. Así se advierte con la captura o colonización de organismos con autonomía constitucional, como la Comisión Nacional de los Derechos Humanos, o que gozan de autonomía técnica y presupuestal. Ningún contrapeso, ninguna limitación a los excesos arbitrarios del poder, ninguna crítica: esa es la consigna y el objetivo que se ha planteado la llamada Cuarta Transformación. Cada vez son menos las instituciones de nuestra vida democrática que resisten estos embates, y no es una exageración decir que el INE es el último valladar en la defensa de la institucionalidad del orden democrático en nuestro país.Frente a la gritería ensordecedora de los diputados de morena, frente a los vituperios, los insultos y las majaderías, el titular del INE mantuvo la serenidad. Frente a los exabruptos de un diputado saltimbanqui que ha pasado ya por cuatro partidos, respondió con elegancia y sobriedad republicana. Explicó una y otra vez los requerimientos financieros del Instituto para el año venidero frente a los oídos sordos de unos diputados que, al estilo de los del viejo Bronx, mostraron su bajo nivel de cultura política, y la absoluta carencia de ideas, razones y argumentos. De esa comparecencia, ciertamente, como ha apuntado José Woldenberg, el INE y su presidente salieron fortalecidos: éste “dio una lección de pedagogía democrática” frente a unas señorías que con su comportamiento no han hecho sino cortocircuitar nuestra convivencia democrática.

¿Preocupa a los diputados morenas este comportamiento? Claro que no preocupa. Es parte de la estrategia para dinamitar la institucionalidad democrática que entre todos hemos construido en estos años de nuestro tránsito democratizador.El siguiente paso en este proceso de demolición de las instituciones, estará en la aprobación del Presupuesto de Egresos de la Federación para el 2022. El INE verá reducido su presupuesto en casi cinco mil millones de pesos y de más de tres mil millones de pesos en el caso del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, justamente en un año en que desde el poder se pretende realizar la consulta de ratificación de mandato, y la realización de elecciones en seis entidades de la República. Por supuesto que estos recortes serán aprobados con toda la fuerza de la nueva aplanadora, como ya se ha anunciado por algunos de sus más conspicuos representantes.Con relación a los salarios de los consejeros del INE, como he dicho en otras ocasiones, me parece que son agraviantes para millones de mexicanos. Más allá de que hayan sido decididos por los diputados, deberían asumir que estos son desproporcionados, y al igual que los salarios de los magistrados de la Suprema Corte de Justicia de la Nación y otras instancias como el propio Tribunal Electoral del PJF, constituyen un insulto, son ofensivos y son atentatorios contra la dignidad de quienes viven en situación de pobreza y pobreza extrema. Nada justifica esos niveles salariales. Por dignidad, por sensibilidad, deberían los consejeros decidir una reducción considerable de sus salarios. Es lo menos que pueden y deben hacer, en lugar de interponer recursos ante la Suprema Corte en defensa de ese privilegio. No importa que los diputados así lo hayan decidido. Revertir esa decisión sería un ejemplo de generosidad y de auténtico espíritu republicano. ¿No lo pueden hacer? Claro que lo pueden hacer.

La comparecencia de López Obrador en la ONU
Somos muy dados a hacer bulla. La comparecencia del presidente López Obrador ha sido sobredimensionada, y no son pocos los comentaristas y analistas que hablan de un discurso histórico ante mandatarios de todas las naciones del mundo (¡!), cuando el único jefe de Estado y de Gobierno presente en la reunión del consejo de Seguridad, era el mexicano. Pero somos dados a los excesos y los despropósitos verbales. Ni modo. En la estrategia de López Obrador en el país, hay mucho de voluntarismo, de buenos deseos. Ese mismo voluntarismo, esos buenos deseos, son los que llevó a la reunión en Nueva York, para plantear la creación de un mecanismo global de fraternidad y bienestar para aliviar la pobreza de 750 millones de habitantes que sobreviven con menos de dos dólares al día. El fondo para este propósito se conformaría con una contribución voluntaria anual del cuatro por ciento de las fortunas más grandes del mundo; un porcentaje similar de las mil empresas más grandes, y un 0.2 por ciento del PIB de cada uno de los países agrupados en el G20. Como en México, el mecanismo de entrega sería directo en mano a los pobres. Así como aquí, pues, con sus excelentes, extraordinarios resultados, que han modificado el modelo de distribución del ingreso en favor, por supuesto, de los sectores de mayor vulnerabilidad social. Digo que son buenos deseos, voluntarismo, no por estar dándole la vara a nuestro presidente. Muchos mecanismos se han ensayado en tiempos pretéritos con el propósito de ayudar en la lucha para abatir la pobreza y la desigualdad. Todos ellos han tenido resultados muy limitados. Por si no se sabe o no se recuerda, estas políticas que ciertamente no son de caridad sino de justicia, tienen al menos medio siglo. He aquí lo que escribió Frank Cortada, director general de Oxfam Intermón:“El 24 de octubre de 1970, los países más ricos de la tierra hicieron una promesa solemne, a través de una resolución histórica de la ONU: aportar un pequeño porcentaje de su riqueza ―solo el 0,7% de la renta nacional― en ayuda internacional para ayudar a los países de ingresos bajos y medios a enfrentarse al impacto de la pobreza y el hambre. El compromiso colectivo fue, entonces, alcanzar este objetivo en solo cinco años.”¿Qué ha sido de esta política? ¿Qué países han cumplido su compromiso? Eso lo vamos a dejar para la próxima colaboración. Lo que quiero decir es que no se está inventando el agua tibia ni descubriendo el hilo negro. Hay una tradición de al menos medio siglo de buenos propósitos.Luego le seguimos.
