ZONA POLITEiA:Una boda y un “embajador” en problemas

12 de noviembre de 2021


César Velázquez Robles


Como se sabe, el ex gobernador de Sinaloa, Quirino Ordaz Coppel ha sido propuesto por el presidente López Obrador para hacerse cargo de la embajada de México en España. El asunto ha llamado la atención en los medios tradicionales y en las redes sociales por el simple hecho de que Quirino, un miembro del PRI, haya sido postulado por un presidente que trae atravesado a este partido; además, entre las muchas especulaciones que se desataron a raíz de la propuesta, está la de que el ex gobernador trabajó para reventar la candidatura priista de Mario Zamora a la gubernatura, y trabajó en favor de la candidatura morenista de Rubén Rocha Moya, lo cual, como se entiende, le hacía merecedor de un premio.

El asunto, paradójicamente, ha llamado más la atención fuera de Sinaloa, particularmente de los políticos en la capital del país –caja de resonancia de todos los asuntos de ámbito nacional, regional o estatal—; en la entidad, quizá por el regionalismo, algunos lo vean como un merecido reconocimiento del que hay motivos para sentir cierto orgullo, y no ha generado mayor controversia. Quizá también se deba a cierta cultura política. En fin, a medida que se vayan acomodando las calabazas, tendremos más elementos para el análisis. Mientras, el asunto del nombramiento sigue el curso formal, va caminando. ¿O iba?
¿Qué es lo que pasó? Pues nada, resulta que una vez destapado el asunto de la boda del entonces titular de la Unidad de Inteligencia Financiera, Santiago Nieto, con la consejera del Instituto Nacional Electoral, Carla Humprey, apareció el nombre de Quirino Ordaz Coppel, como uno de los invitados a la boda en la ciudad de Antigua, Guatemala. De nuevo, en Sinaloa no llamó mucho la atención. Pero allá, en la Ciudad de México, sí. Se ha montado una especie de “comité de salud pública”, que se encargará de castigar los excesos o las excentricidades de políticos que acuden a reventones de este tipo, más todavía cuando son protagonizados por figuras que son víctimas de las reconvenciones y del dedo flamígero de YSQ. El asunto es que Quirino fue a la boda y por ese solo hecho merece pagar.


Ese es el dictamen de Germán Martínez, senador ex panista, ex dirigente nacional del PAN, lopezobradorista, senador por morena, director del IMSS, y ahora integrante, con otros cuatro senadores, del llamado Grupo Plural del Senado. En uno de los programas noticiosos al que acude con regularidad, abordó el tema de la boda y de la propuesta presidencial de Quirino para ocupar el cargo de embajador. Esto dijo el ilustre senador, un hombre normalmente sensato, pero que se me hace que ahora si se salió: “No hay embajador de México en Nicaragua y el propuesto embajador de México para España, Quirino Ordaz, andaba en la boda de Santiago. De una vez regreso a ese tema, lo vamos a vetar al señor Ordaz Coppel por ir a la boda de Nieto y Carla Humprey. Señores del gabinete, vamos a vetarlo de una vez, para que nos ahorren una discusión en el Senado”.
Un veto en el Senado por la boda
Lo dijo claramente: “… lo vamos a vetar por ir a la boda”. No hay otra razón. Ese no es ningún argumento de peso, es más, creo que es una verdadera frivolidad acudir a ese expediente para aprovechar el cargo de senador para arremeter contra el ex gobernador. Fue invitado, no es el artífice de esa boda –bueno, eso supongo–, y de haber sabido que se iba a armar la de Dios por esos 35 mil dólares, ténganlo por seguro que no viaja, menos sabiendo que hay un senador o un grupo de senadores que aprovecharían para pasarle la cuenta. Así que lo van a vetar, y piden que le ahorren al Senado una discusión innecesaria.


No tengo por qué defender a Quirino; supongo que él puede defenderse solo o lo defenderá el presidente. Lo que no me parece, es que se aproveche el cargo de senador para bloquear sin razón alguna una propuesta presidencial. Que al presidente no le guste que su gente se exhiba en bodas de esas, que castigue a su gente más cercana que cae en esas tentaciones como le ocurrió a César Yañez, o que la emprenda por la vía judicial contra otras gentes que asisten a esos saraos, es distinto de emprenderla contra un invitado. Si Quirino hubiera sido el protagonista de la boda, otra cosa sería: ahí si tendría que responder, como figura pública que es. Eso de que la boda era un asunto privado, no es argumento: los políticos están acostumbrados a hacer y deshacer en reventones, y a argumentar que eso responde a su vida privada, y que ésta no puede estar sometida al escrutinio público. Hay algo que siguen sin entender: que hay una clara distinción entre el principio de intimidad uniforme y el principio de intimidad restringida; que el primero es para todo mundo, para cada ciudadano; es el derecho a la privacidad, que no puede ser violentado por nadie; el segundo es para las figuras públicas, cuya intimidad o privacidad es más restringida justamente por ser figuras públicas, cuyas decisiones pueden afectar al resto de ciudadanos, o cuyo quehacer puede y debe estar sometido a escrutinio público.
Bueno, Santiago Nieto, precisamente por ese escrutinio público, ya pagó. Renunció al cargo. Ya dijo el presidente: tiene que someterse a un proceso de reeducación. ¿Dónde se ha escuchado antes eso? Quirino no tiene más vela en ese entierro que la de haber sido invitado. Pero su designación como embajador tiene que ser aprobada por el Senado. ¿Qué peso tendrán esos cinco votos? ¿O también recibirá el castigo presidencial?
Veremos.