15 de noviembre de 2021
César Velázquez Robles
La aprobación del Presupuesto de Egresos de la Federación (PEF) para 2022, no deparó ninguna sorpresa. La dinámica de los días previos, desde la discusión en comisiones y las declaraciones de parlamentarios del bloque gobernante, indicaban con claridad la tendencia: se respetaría el espíritu y la letra, esto es, no se le movería ni siquiera una coma para ganarse la aquiescencia de una parte de las oposiciones en la cámara baja. La votación final, después de 45 horas de discursos –iba a escribir “debate”, pero ni por asomo lo hubo–, y el repaso de cerca de dos mil observaciones, fue lapidaria: 273 votos a favor y 214 en contra. Nada que alegar: se impuso la mayoría, la nueva aplanadora, cuya cultura política abreva de la vieja, recargada, se dio el lujo de despreciar las razones y argumentos esgrimidos por los adversarios. No es nuevo. Proceden de la misma cultura, provienen de la misma matriz, pero sus tics autoritarios son aun peores que los del viejo régimen. Nos encaminamos a pasos acelerados, a una regresión autoritaria sin precedentes en la vida política del país.
Antes había un cierto, mínimo decoro, que obligaba al partido mayoritario a simular un respeto al Estado de derecho. Ahora ni eso. Por encima de la ley está y estará siempre la justicia, dice el nuevo ideólogo del partido mayoritario, Ignacio Mier, quien, ¿sabe?, procede de las filas del viejo partido gobernante. Así que no hay nada nuevo qué llevar a casa. Más de lo mismo y peor. De ese pasado sombrío, autoritario, que pensábamos que se había ido para no volver, la pátina del tiempo nos lleva a la tristemente célebre “roqueseñal”, símbolo de la decadencia de la política, de la violencia institucionalizada para la cual no existían los consensos, sino las imposiciones grotescas.
Nada puede ser peor que eso, creíamos con ingenuidad. Pero no, llega el lumpen a la política gobernante, y muy pronto enseñó el cobre: “se las metimos doblada”, dijo el flamante director del Fondo de Cultura Económica (FCE), la empresa editorial del gobierno mexicano.
Sus correligionarios celebraron la estulticia, como no podía se de otra manera, pero ese lenguaje procaz, vulgar, zorrastro, diría nuestro querido Liberato Terán, anunciaba ya la llegada de los nuevos vientos en la vida política nacional. Bueno, otra vez se impuso la creencia de que el exabrupto había sido solo eso, un exabrupto, que no se repetiría.
Pero hete aquí que llega una nueva sorpresa. ¿Saben dónde? Justamente en la cámara de diputados, el recinto de la representación popular, la honorable cámara baja. Resulta que las oposiciones asaltaron la tribuna en respaldo a una de sus oradoras en exigencia de cambios a la iniciativa de prepuesto de egresos. Minutos antes, no sé si la misma oradora u otra, había llamado “borregas” a las diputadas de morena que protagonizaban desde sus bancos una gritería ensordecedora que impedía escuchar. La diputada de morena vio en ese gesto la oportunidad para sus minutos de gloria: tomó una pequeña pizarra rectangular, escribió en ella con marcador la palabra culera, con mayúsculas, para que se notara claramente, se encaminó hacia la tribuna, buscó acomodo entre las diputadas de la oposición, se acercó a la oradora y mostró, muy orgullosa, con un gesto de heroína de la Patria, su letrero, y así lo mantuvo por todo lo alto un buen rato. De ese tamaño es la estulticia que se ha apoderado de algunos congresistas del bloque en el poder. Ya esta diputada no necesita volver a subir a tribuna, ni pedir la palabra, ni pronunciar un discurso. No necesita nada. Ya es inmortal. Ya tiene un reconocimiento: es una Lady…
Pablo Gómez en la UIF
Pablo Gómez fue una de las figuras destacadas en el movimiento estudiantil de 1968. Militante del Partido Comunista Mexicano, diputado, senador, asambleísta, de nuevo diputado, todo esto durante al menos tres décadas, lo que ha permitido que algunos de sus enemigos o amigos que no lo quieren, digan que nunca en su vida ha trabajado. Pero su estrella empezó a periclitar en las elecciones del pasado 6 de junio: perdió la elección de candidato a diputado federal por el distrito del que forma parte el elegante y universitario barrio de Coyoacán, en la ciudad de México. Sin embargo, es un tipo con suerte: duró muy poco en el desempleo. La caída en desgracia de Santiago Nieto lo volvió a la vida. Fue designado por López Obrador como su relevo en la Unidad de Inteligencia Financiera. El asunto tiene su gracia. López Obrador, ya se sabe, es el rencor vivo. Y debió haber recordado aquellos ya lejanos días en que Pablo Gómez intentó atravesarse en su camino para impedir que fuera candidato al gobierno del Distrito Federal. Eran aquellos tiempos de la militancia en el Partido de la Revolución Democrática. No está de más recordar algunas partes del contenido de aquella carta. Vamos a eso. Escribió Gómez lo siguiente:
“López Obrador tiene el apoyo de los grupos que cuentan con organizaciones clientelares. Esos cuerpos han adquirido gran significación en la elección interna, aunque carecen de fuerza política en el gran conjunto ciudadano. Esa circunstancia pone en peligro al partido de la Revolución Democrática, ya que podría quedarse sin candidato en la elección del 2 de julio del año 2000.
“Es evidente que en un tribunal de derecho, López Obrador no podría demostrar una residencia ininterrumpida durante cinco años anteriores al día de la elección, ya que sencillamente no cuenta con ella. La idea de recurrir a una maniobra leguleya, a una manipulación de la ley, es utópica, aunque también contiene elementos de aquella cultura que queremos eliminar en el país”.
Bueno, eso es lo que decía Pablo Gómez de López Obrador en 1999. Y como López Obrador no olvida –ya dije que es el rencor vivo—, el ahora titular del UIF prefiere hacer como que el asunto no va con él.
La carta de marras no fue publicada en La Jornada, diario en el que entonces escribía Gómez Álvarez, lo que le obligó a renunciar a su espacio semanal, acusando censura sobre “el tema de la falta de requisito constitucional de residencia de Andrés Manuel López Obrador para ocupar el cargo de jefe de gobierno de la ciudad de México”.
Algo sobre el Plan Mundial de Fraternidad y Bienestar
El Plan Mundial de Fraternidad y Bienestar que presentó López Obrador en la sesión del consejo de seguridad de la ONU ha provocado los más diversos comentarios. No todos para bien. Ciertamente hay algunos que en el colmo de los despropósitos, lo postulan ya como un muy serio candidato al premio Nobel de la Paz, como es el caso de la diputada Patricia Armendáriz. Otros advierten de la ingenuidad de la propuesta y algunos como Jorge Castañeda, hablan del “fusil” del planteamiento, algo de lo que no puede acusarse al mandatario mexicano, aunque sí a algunos de sus asesores involucrados en la redacción del discurso. En su artículo del pasado fin de semana, “El plagio en la 4T (no me refiero a Gertz)”, Castañeda escribió: Desde 1970, la comunidad internacional en la ONU aprobó como meta que los países ricos o donantes aportaran el 0.7 % de su PIB anual en Asistencia Oficial para el Desarrollo (AOD). En principio se excluía la inversión privada en el cálculo, aunque Estados Unidos nunca aceptó dicha exclusión. No se alcanzó jamás la meta, de tal suerte que en los Objetivos de Desarrollo del Milenio, aprobados por la ONU en el año 2000, se repitió el compromiso. La Unión Europea se comprometió de nuevo en 2001 con la cifra de 0.7 %. En febrero de 2002, la Cumbre de Monterrey volvió a enunciar la misma meta. En otras palabras: la primera fuente de financiamiento propuesta por AMLO fue planteada hace más de medio siglo y sigue sin cumplirse.” (11 de noviembre).
Y agrega: “No existe el plagio en materia de ideas, ni mucho menos sobre políticas públicas: nadie es dueño de nada. Pero presentar propuestas antiguas —y en términos antiguos— como si fueran originales y propias es en el mejor de los casos una tomadura de pelo y en el peor una estafa. Que la comentocracia no se dé cuenta, o que a nadie le importe, es lo de menos. Lo grave es verle la cara a los otros catorce miembros del Consejo de Seguridad, que ni siquiera se tomaron la molestia de decir que inmediatamente transmitirían la propuesta mexicana a sus capitales, donde se perdería en los hoyos negros de las cancillerías. Pero por lo menos no hubo oso.”
Tiene razón Castañeda: Eso de querer verle la cara a los miembros del consejo de seguridad no se vale. En mi colaboración para este espacio de Punto Crítico, escribí el pasado 10 de noviembre –y cité al director de Oxfam Intermon– lo siguiente:
“Digo que son buenos deseos, voluntarismo, no por estar dándole la vara a nuestro presidente. Muchos mecanismos se han ensayado en tiempos pretéritos con el propósito de ayudar en la lucha para abatir la pobreza y la desigualdad. Todos ellos han tenido resultados muy limitados. Por si no se sabe o no se recuerda, estas políticas que ciertamente no son de caridad sino de justicia, tienen al menos medio siglo. He aquí lo que escribió Frank Cortada, director general de Oxfam Intermón:
‘El 24 de octubre de 1970, los países más ricos de la tierra hicieron una promesa solemne, a través de una resolución histórica de la ONU: aportar un pequeño porcentaje de su riqueza ―solo el 0,7% de la renta nacional― en ayuda internacional para ayudar a los países de ingresos bajos y medios a enfrentarse al impacto de la pobreza y el hambre. El compromiso colectivo fue, entonces, alcanzar este objetivo en solo cinco años.’

Quedan muchos temas pendientes, pero por hoy aquí lo dejamos.
La revista POLITEiA está en el horno
La revista POLITEiA en su edición 78 correspondiente a los meses de noviembre y diciembre está en el horno. Esta misma semana estará en circulación, y como es obvio, el tema central se relaciona con el cambio de gobierno en Sinaloa. Abordan el tema desde distintas perspectivas Aarón Sánchez, Arturo López Flores, Sergio Rosales Inzunza y Arturo Lizárraga. Se trata de ensayos interesantes, lúcidos y esclarecedores, que plantean una visión crítica de la situación actual de Sinaloa, así como un propuestas e ideas para cambiar Sinaloa, como reza el titulo de una de las colaboraciones.
Este número 78 incluye también un ensayo crítico de Carlos Calderón Viedas sobre el gobierno de López Obrador, y opiniones de Arturo Santamaría, Ernesto Hernández Norzagaray y César Velázquez Robles sobre los avatares de la designación del ex gobernador de Sinaloa, Quirino Ordaz Coppel, como embajador en España.
Un número bueno, de contenido relevante puesto a la crítica de nuestros lectores, son quienes tienen la última palabra.



