ZONA POLITEiA. Sinaloa: camino a la industrialización.

26 de noviembre de 2021

César Velázquez Robles

Los esfuerzos de Sinaloa en la perspectiva de su industrialización son de vieja data. Hace poco más de medio siglo, en 1967, se realizó el Primer Congreso Industrial, y ahí, funcionarios públicos federales y estatales, empresarios locales, nacionales y extranjeros, así como académicos e investigadores de instituciones de educación superior, discutieron políticas y estrategias para impulsar el crecimiento sostenido de la entidad, para la que se abrían importantes expectativas, desatadas por las grandes obras de infraestructura hidráulica que habían consolidado la actividad agrícola como motor del desarrollo regional y local. Se presentaron y discutieron proyectos y propuestas. Algunos se materializaron; otros quedaron en el olvido. Hubo un incipiente desarrollo industrial, más estrictamente agroindustrial, pero la entrada en vigor del Tratado de Libre Comercio en 1994, dio al traste con ese esfuerzo. Quedan ahí como mudos testigos las carcasas de lo que fue una floreciente industria, y que se pueden observar sobre todo en el trayecto de Guasave a Los Mochis.

Pero estos propósitos siguen vivos. Pese a que también desde hace un cuarto de siglo se insistía en que la mejor política industrial es que no haya política industrial, en Sinaloa ha habido, sobre todo desde las universidades, una corriente académica que enfatiza en la necesidad de impulsar la industrialización como clave de un crecimiento y un desarrollo sostenido. Una parte de esa corriente, influida por las lecturas de economistas marxistas, cuya figura más destacada fue el profesor José Luis Ceceña Cervantes, propugnaba el modelo de impulsar primero la industria textil, esto es, industria ligera, para pasar posteriormente a una etapa cualitativamente superior: el desarrollo de la industria pesada, esto es, la producción de medios de producción. La experiencia de muchos países ha demostrado que ésta era una visión lineal del desarrollo, que no toma en consideración las condiciones estructurales, las ventajas comparativas o la dotación de recursos naturales y dinámicas particulares de expansión y crecimiento de las regiones.

Pero también ha habido una corriente poderosa, no directamente vinculada a las instituciones educativas, pero tampoco al aparato productivo y a las necesidades y exigencias de los agentes económicos, convencida de que en el desarrollo de la entidad, había que quemar etapas. La mejor evidencia está en el Plan Estatal de Desarrollo 2005-2010, que pone el acento en una política de desarrollo sustentada en el sector terciario con servicios altamente sofisticados. Es decir, la apuesta no estaba ya en la industrialización, y si se aspiraba a alcanzar a los más adelantados en la carrera, había que dar el gran salto. Es cierto: ahora tenemos un sector de servicios cuasi-hipertrofiado, que representa dos terceras partes del producto interno bruto de la entidad; el problema es que no son servicios sofisticados, sino, sobre todo, comercios pequeños que no pueden ser locomotoras de arrastre del aparato productivo en su conjunto.

Ahora, de nueva cuenta, el acento está y estará puesto en la necesidad de impulsar la industrialización de Sinaloa. Esa es la apuesta del gobernador Rubén Rocha Moya, y sus declaraciones no apuntan en otro sentido. No puedo decir que haya sido derrotado en aquel tiempo y que hoy venga por la revancha, ya desde la principal posición de poder en la entidad. No, porque, en primer lugar, no se trató de un debate teórico entre corrientes ni de disputas sobre el modelo de desarrollo a seguir; simplemente, que la corriente predominante en la conducción de la política en Sinaloa tenía una visión que se articulaba con la de un grupo de economistas y políticos en las más altas esferas del poder. Pero tiene claro que con todos sus bemoles es el camino que hay que (re)emprender como condición para un crecimiento sostenido, una estructura productiva diversificada, con capacidad de innovación y capaz de tener un efecto multiplicador sobre todo el aparato económico. Así lo señaló desde prácticamente el momento en que se cerraron las urnas en junio pasado: “Nuestra vocación natural es la agricultura, la ganadería y la pesca, nosotros somos productores de granos en gran escala, ahí vamos también a concentrarnos, en la industrialización desde luego, y en brindar oportunidades a los que menos tienen”, y lo reiteró en el reciente Foro del Mar de Cortés, e incluso advirtió que estará disponible un fondo de inversión que se orientará fundamentalmente a este añorado proceso industrializador de Sinaloa.

La planta de fertilizantes en Topolobampo: un paso decisivo a la industrialización

En este propósito, el gobernador no se ha andado por las ramas. Ve en la construcción de la planta de fertilizantes en Topolobampo, la posibilidad real de transformar y consolidar la región norte de Sinaloa en un polo de desarrollo industrial, que modifique el rostro de Sinaloa. Todo indica que es una apuesta decidida, y en abono a ella, lo ha declarado sin reticencias: está a favor de la construcción de la planta, y la pondera como la oportunidad de poner en marcha un proceso virtuoso de reconversión de la planta productiva, de modernización del sector agrícola y del conjunto de las actividades económicas, de garantizar un crecimiento sostenido de la economía estatal, de atracción de nuevas inversiones, de generación de empleos mejor remunerados, de posibilidad real de incorporación a las actividades productivas y al mercado laboral, de grupos sociales largamente excluidos del progreso y el bienestar material y social.

Creo que no estamos ante un fenómeno de inflación de expectativas. Sinaloa requiere con urgencia romper los círculos viciosos que inhiben el despliegue de sus potencialidades económicas y productivas. Necesita recuperar el impulso y el dinamismo que ya no le garantiza –con todo lo relevante e importante que sigue el desarrollo de las actividades primarias–, su condición de proveedor de alimentos y garantía de seguridad alimentaria para el país. Y construir un tejido productivo sólido y firme requiere de ofrecer condiciones para la atracción de inversiones y garantizar certidumbre jurídica a quienes decidan arriesgar en esta región del estado sus inversiones.

Me parece que el proyecto de la planta de fertilizantes es una iniciativa muy importante en esta perspectiva. Más allá de los presuntos choques entre presuntos grupos de poder económico en la región, me parece –y si solo fuera por eso, valdría la pena hacer el esfuerzo de construir la planta— que se rompería con un esquema monopólico de control del amoniaco y urea, que impone por su propia naturaleza condiciones al mercado, eleva los costos de producción, hace de los pequeños productores rehenes y anula toda perspectiva de desarrollo armónico y sostenido del espacio local. Los estudios técnicos más calificados dan cuenta del notable incremento en la generación de empleo que traerá la planta, que presupone en un horizonte de mediano plazo una inversión del orden de los cinco mil millones de dólares, esto es, unos 100 mil millones de pesos. No ha habido en Sinaloa una inversión de esta magnitud después de aquélla que significó la introducción del sistema para el gas natural en el estado. Y a propósito: la utilización del gas natural para la producción del amoniaco y otros productos, será también una clave para detonar un nuevo estilo de desarrollo en la región y en el estado.

Apostar a la planta y, en consecuencia, al proceso de industrialización en Sinaloa, es una apuesta de futuro. No pocas veces Sinaloa, la región norte del estado han dejado pasar el tren del progreso, de la modernización, del progreso y el bienestar compartido. Hoy no puede permitirse ese lujo. Es una oportunidad histórica de contribuir a acelerar el crecimiento económico, a hacer que la cantidad de beneficiarios de la modernización sean muchos menos, y menos también los excluidos que siguen viviendo en la pobreza, ese patio trasero de la modernización.

Con el tema de la planta, se ha hecho demagogia en exceso, se han explotado miedos aprovechando el desconocimiento de las condiciones técnicas de construcción y funcionamiento de una unidad de producción de esta naturaleza, llamada a ser la más moderna de su tipo en América Latina, y que garantizará a los productores acceso a productos que empiezan a alcanzar en un mercado bajo control precios exorbitantes. Este es un plano del debate que poco se ha tomado en consideración, y que deberá ocupar ahora un lugar preponderante en el debate.

Un debate lleno de prejuicios y alejado del conocimiento científico

Advertirá, si ha tenido el valor de llegar en su lectura hasta aquí, que no hago referencia a elementos de carácter científico-técnico relativos a la planta, su instalación, la relación con el ambiente, y muchas otras características que van mucho más allá de mi conocimiento. Pero sí debo decir que tengo una enorme confianza en que quienes han puesto sus saberes especializados al estudio concienzudo de la planta, así que doy por sentado. Aquí bien puedo decir: yo no tengo otros datos. Pero los datos que conozco, basados en la ciencia, al avalar la construcción, me dan la confianza necesaria para decir que estoy de acuerdo. ¿De qué estudio hablo? Hablo del estudio coordinado por el científico sinaloense Federico Páez, titulado “Alternativas para reducir el impacto medioambiental de una planta de producción de amoniaco adyacente a una laguna costera en el sureste del Golfo de California”, publicado en 2018 en el Journal of Cleaner Production, que sistematiza y pondera los elementos que inciden en el entorno de la planta, así como el conjunto de recomendaciones para mitigar y contrarrestar los efectos de las externalidades negativas que la hay y las habrá siempre en todo proceso industrializador. Asimismo, en las opiniones formuladas por el ex rector de la UNAM, José Sarukhan, quien actualmente preside la Comisión Nacional de la Biodiversidad (CONABIO), quien también se ha pronunciado en favor de la construcción de la citada planta.

Esto es lo que dicen las encuestas

Por último, me referiré a las encuestas que, a propósito de la planta, y en la perspectiva de la consulta programada para el próximo domingo 28 que se realizará en localidades de los municipios de Guasave, Ahome y El Fuerte. Hoy se hizo pública la encuesta levantada por la empresa Enkoll, y estos son los resultados que arrojan algunas de las preguntas:

  • Ante la pregunta ¿Usted está a favor o en contra de la construcción de la planta de fertilizantes en Topolobampo?, estas son las respuestas: 86 por ciento a favor y 14 por ciento en contra. Estos resultados de encuestas realizadas en vivienda, mejoran los resultados de una encuesta telefónica levantada en septiembre, en la que 71 por ciento de los encuestados estaba a favor, y 29 por ciento en contra.
  • Ante la pregunta ¿Por qué razón está a favor de la instalación de la planta de fertilizantes en Topolobampo?, estas son las respuestas: generaría empleos (51 por ciento); beneficiaría a los campesinos (14); beneficiaría a los habitantes del municipio (12); permitiría adquirir fertilizantes más baratos (5); mejoraría la economía (5); sería necesaria (2); modernizaría la región (1); sería amigable con el ambiente (1); por la cercanía (1), y atraería mayor inversión al estado 81).

La encuesta fue levantada del 20 al 22 de noviembre, en 808 entrevistas cara a cara en viviendas; bajo un esquema de muestreo probabilístico polietápico los resultados tienen un margen de error de +/-3.46% con un nivel de confianza de 95%.

También se dieron a conocer los resultados de otra encuesta realizada por estudiantes de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UAS Zona Norte. Estos son los resultados que arrojó: 65 por ciento de aceptación, y 25 por ciento de rechazo. Otros datos que acompañan la encuesta son los siguientes: 2 mil 800 empleos; se han concedido cuatro amparos contra la construcción de la planta y hay una controversia constitucional.

Así están las cosas. El domingo 28 de noviembre es la consulta. Es muy seguro que por la tarde-noche se conozcan los resultados definitivos. Estaremos al pendiente.