30 de noviembre de 2021
César Velázquez Robles
El presidente López Obrador es el rencor vivo. Como escribió hace tiempo Gilberto Guevara Niebla, “no es un hombre bueno”. Todo el que ose criticarlo recibe de inmediato su respuesta flamígera. Es puesto en la picota y recipiendario de todos los calificativos habidos y por haber. No estoy diciendo nada nuevo. Ha sido invariable norma de conducta desde su ascensión al poder, y las agresiones verbales, los insultos, las descalificaciones aumentan en la medida en que se levantan obstáculos a la que él entiende como la tarea de arrancarle a la epopeya un gajo. La semana pasada la emprendió contra Enrique Krauze y contra Héctor Aguilar Camín, padrecitos de dos iglesias culturales de nuestro país. El primero de ellos acaba de publicar un libro de ensayos que recoge una parte importante de su trayectoria intelectual, y uno de ellos se refiere al titular actual del poder ejecutivo federal, que reclama que nunca antes se criticó al poder como se hace ahora.
El director de la revista Letras Libres dio una respuesta puntual al presidente. Ahí dijo que reacios a la crítica han sido todos los presidentes. Sin embargo, lo nuevo “es usar la tribuna presidencial para insultar a los críticos”. Y agregó: “Hay una gran asimetría porque el presidente tiene la tribuna todos los días, dos horas para difundir no tanto sus ideas y conceptos sino sus insultos y sus agresiones y han sido muchas. Y los críticos, periodistas, académicos, intelectuales pues tienen medios infinitamente más limitados”. ¿Qué ocurre cuando en lugar de convertirse en el eje articulador de los consensos que requiere el país, propaga a diario una visión maniquea para la cual todo es blanco o negro, sin matices, sin zonas grises? Esto responde Krauze: “Envenena la atmósfera, envenena la convivencia, en las plazas, los cafés, las aulas, en el seno de las familias, esta polarización los mexicanos no la merecemos”. Y esta polarización, insiste, “es el mayor cáncer que estamos viviendo en México”.
Pues esta conducta reiterada se ha convertido en la especialidad presidencial. Hoy la emprendió contra la revista Proceso, contra Carmen Aristegui y contra el Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE). Aristegui hizo público en el hebdomadario un reportaje sobre el ya muy famoso negocio de chocolates de los hijos de López Obrador y la relación que ello tiene con uno de los programas emblemáticos de este gobierno, Sembrando Vida. Ello causó la inquina, el coraje presidencial y la emprendió contra la periodista y contra la revista. Les dijo hasta de lo que se iban a morir. No hay en el presidente la más mínima autocontención. Ha perdido todo control, toda mesura, arrastra la investidura sin decoro alguno y todo ello no conduce sino a que cada vez le empiecen a faltar más al respeto, lo que resulta en verdad lamentable.
Entre otras expresiones para mostrar su desagrado por el reportaje están éstas: “Proceso y Carmen Aristegui nunca han estado a favor de nuestro movimiento y ellos dicen que porque son independientes. Y yo sostengo que sí son independientes, pero independientes del pueblo, que nunca se han involucrado, nunca han hecho un periodismo en favor del pueblo”. “No tenemos identificación, no hay simpatías, Carmen Aristegui, pues escribe en Reforma y pues pertenece al grupo que apoya al bloque conservador. Entonces, nada más aclararlo porque ya no estamos en tiempos de simulación”. Como tiene para todos y reparte mandobles a diestra y siniestra, todavía le alcanzó tiempo para una de las instituciones académicas de excelencia que tenemos en el país, el CIDE. De ella dijo: “Hay que ver quiénes están ahí. A lo mejor pues es de los grupos de Krauze y de Aguilar Camín que acaparan todo, que estaban metidos en todos lados y esos son los que están inconformes porque nosotros lo que queremos es que se cuiden todos los procesos y que se acaben los cacicazgos en la academia, en los grupos intelectuales, porque también había mucha corrupción, todos estos grupos que estaban muy enojados por eso”.
Krauze y Aguilar Camín se han convertido en obsesiones enfermizas para el presidente. Pero no son las únicas. Todo aquél que exprese un disenso, forma parte del bando de sus enemigos, porque en verdad que así los considera, ya que impone en el espacio público una lógica de guerra. Eso es lo peligroso. No hay ninguna señal de que pretenda corregir ese rumbo. Vamos camino al abismo.
¿Hay vía libre para la construcción de la planta de fertilizantes en Topolobampo?
La tarde del lunes 29 de noviembre, se dieron a conocer los resultados de la consulta a la población sobre la planta de fertilizantes en Topolobampo. Más allá de los notables desaciertos y desaseos del procedimiento, que tendrán que ser resueltos en las instancias legales correspondientes, los resultados son muy elocuentes: una gran mayoría de los participantes se inclinó por el sí. 75 por ciento dio su voto favorable, un porcentaje que se encuentra a medio camino entre el resultado el sondeo realizado en días previos por la empresa Enkoll (85 por ciento) y el realizado por la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de Los Mochis (65 por ciento). Ciertamente, el resultado no es vinculante, esto es, no tiene fuerza obligatoria para las instituciones, pero si es un gran aliento a quienes desde hace tiempo han apostado por este proyecto que está llamado a consolidarse como uno de los grandes detonadores del desarrollo económico del norte de la entidad. Es también un sólido aval para el gobernador del estado, Rubén Rocha Moya, que ha apostado fuerte por un proceso de industrialización de Sinaloa que rompa con un modelo de desarrollo, que siendo muy importante para la entidad, difícilmente puede contribuir a acelerar el ritmo de crecimiento de la economía sinaloense.
Volviendo a los resultados que arrojó la consulta, hubo un total de 39 mil 753 participantes, de los cuales 30 mil 59 votaron por el sí, y 9 mil 402 por el no. Higueras de Zaragoza, en Ahome, fue la sindicatura con mayor participación, en tanto que la casilla de Topolobampo, como era natural, fue la más cerrada: 54 por ciento se pronunció por el sí, y 45 por ciento por el no.
El conflicto, por supuesto, sigue abierto. Pero corresponde a las partes hacer ahora un esfuerzo extraordinario por acercar posiciones, encontrar convergencias y puntos de equilibrio de tal modo que la población entera pueda compartir un proyecto estratégico para la región, que genere empleos, ingresos, mejore el tejido social, incorpore a grupos sociales vulnerables al bienestar social y al progreso material. Se trata de hacer de la zona norte, un proyecto ganador, un juego de suma positiva, donde todos los participantes ganen. Diría, sobre todo, que hay que poner énfasis en las externalidades negativas que implica el proyecto de construcción de la planta, y que están contenidas en el trabajo coordinado por Federico Páez, y que cité ayer. Si todos son capaces de acercar posiciones, recurriendo a eso de lo que mucho se habla y poco se aplica, esto es, al método de aproximaciones sucesivas, no hay duda de que se abrirá una nueva etapa de prosperidad en esta región de Sinaloa.