ZONA POLITEiA: Las machincuepas del registro de partidos.

08 de diciembre de 2021

César Velázquez Robles

La configuración del sistema de partidos en México ha tenido un recorrido un tanto extraño. Más allá de los que han constituido su columna vertebral PRI, PAN, PRD y morena —y que le han dado estabilidad al sistema–, a lo largo de la transición  han aparecido y desaparecido formaciones de 24 horas, casi todos ellos auténticos negocios familiares que han abarcado una gran parte del espectro: de la derecha más conservadora y reaccionaria, como la Unión Nacional Sinarquista, hasta el Partido Revolucionario de los Trabajadores (jocosamente llamado peerretrés) de corte trotskista.

Afortunadamente, la competencia, cada vez más abierta y transparente, ha actuado como un verdadero instrumento de diferenciación, echando del mercado político abierto a aquellas ofertas incapaces de representar siquiera alguna causa notable. En no pocos casos, los padrinazgos de esos partidos son lo que destaca. Responden a grupos de interés, a necesidades de equilibrio del sistema para asegurar su reproducción sin sobresaltos, a exigencias de la coyuntura, a motivaciones de los grandes partidos para atomizar el voto de los adversarios. Muy pocas veces han respondido a motivaciones ideológicas o a auténticos reclamos ciudadanos, y en el caso del Partido de la Revolución Democrática, su surgimiento se localiza en la fractura o ruptura de la élite gobernante en los años decisivos en los que había una verdadera disputa por la nación.

El caso del Partido del Trabajo es paradigmático de los avatares que ha experimentado en México la construcción del sistema de partidos. Creado desde el poder, parasitó a la sombra del PRI; la impronta salinista fue siempre evidente e incluso, hoy, esa huella, pese a su adscripción a la alianza Juntos hacemos historia, todos la reconocen, nadie la olvida. En la elección intermedia de 2015 perdió el registro como partido político nacional, al no alcanzar el 3 por ciento de la votación, como lo establece la ley electoral.

¿Cuál fue el mecanismo al que apeló para recuperar y mantener el registro? Fueron muchos, pero uno fue fundamental desde el principio: ¡exigió la nulidad de una elección que había ganado! Parece absurdo –y, en efecto, lo es— pero de machincuepas de este tipo ha estado siempre empedrado el largo y sinuoso camino de nuestra democracia. Pidió la anulación y la reposición del proceso para completar los alrededor de 15 mil votos que le hacían falta para mantener el registro. Muchos ires y venires hubo en este recorrido, y cuando un camino parecía irremisiblemente cerrado, otro se abría para insuflar vida a una formación parasitaria. El caso es que lo logró. A su lado, de manera abierta o soterrada, siempre estuvo el PRI, al que terminaría dándole la espalda para sumarse al proyecto alternativo que triunfó en 2018. Y ahí está ahora en el Congreso, con un discurso incendiario, cuasi-abyecto con el “compañero presidente”, como si Roma  no pagara y despreciara a los traidores.

En las pasadas elecciones, tres partidos perdieron el registro por no alcanzar el tres por ciento de la votación nacional: Fuerza por México, Redes Sociales Progresistas y Partido Encuentro Social. Los tres interpusieron en su momento recursos de impugnación frente a la decisión de las autoridades electorales, y hoy miércoles, se decidirá su destino. Es un  hecho que la formación que se identifica con Elba Esther Gordillo, y la de corte evangelista, tienen su destino ya sellado.

Puede sobrevivir Fuerza de México, de Pedro Haces Barba, ex priista, ahora militante de Morena y dirigente de la Confederación Autónoma de Trabajadores y Empleados de México (CATEM). Así lo señala el dictamen que ha preparado el magistrado del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, Indalfer Infante, que propone revocar el acuerdo del Instituto Nacional Electoral, que en su momento canceló el registro. FxM argumenta que las condiciones atípicas generadas por la pandemia, el escaso tiempo disponible para hacer campaña dado el retraso con que se les autorizó el registro, entre otras razones, fundadas o no fundadas, dificultó alcanzar el porcentaje exigido por la ley, y que, en caso de haber dispuesto de más tiempo, habrían superado con creces ese requerimiento, ya que alcanzaron el 2.5 por ciento de la votación nacional.

No se necesita ser un genio para saber por dónde irán los tiros. El dictamen del magistrado es favorable al partido de Haces Barba. Todos los “argumentos” esgrimidos por FxM los ha hecho suyos el magistrado; Haces Barba es militante de morena; morena requiere más aliados con registro. Habrá protestas. Habrá reclamos. Hay ya exigencias de que se respete el dictamen del INE, pues restituirle el registro a esa formación se considera una falta absoluta de respeto a la más elemental legalidad en la materia.

Así lo establece, por ejemplo, la declaración formulada ayer por la Cámara de Diputados, en los siguientes términos: “La Cámara de Diputados del Congreso de la Unión exhorta respetuosamente a la Sala Superior del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, a respetar lo establecido en la base I del artículo 41 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, respecto a los partidos políticos nacionales que no obtuvieron el 3 por ciento de la votación total válida emitida en el proceso electoral federal 2020-21… y a no realizar interpretaciones que excedan los parámetros mínimos dispuestos por los principios fundamentales en materia electoral y que trastoquen los valores esenciales de nuestra democracia”.

Así las cosas, restituirle el registro a FxM, que le permitiría ir en Alianza con YSQ en las elecciones de 2024, pero también en las locales del 22 y el 23, no sería sino una mancha más al tigre.

Pero todo parece indicar que la suerte está echada. Así está y así seguirá estando el contrahecho y deforme sistema de partidos en México. Este es nuestro Quasimodo electoral.