LA DIPLOMACIA COMO JARDINERÍA
Emb. Enrique Hubbard Urrea
Cuando se suscribe un tratado como el que se firmó con Canadá y los Estados Unidos, los países que lo suscriben acuerdan una renuncia parcial a su soberanía.
Hay que recordar también que, en términos jurídicos, un tratado internacional ratificado por el senado mexicano, como éste, tiene un nivel superior al de leyes secundarias y se encuentra solamente condicionado a la Constitución de la república.
Artículo 133. esta constitución, las leyes del congreso de la unión que emanen de ella y todos los tratados que estén de acuerdo con la misma, celebrados y que se celebren por el presidente de la república, con aprobación del senado, serán la ley suprema de toda la unión. los jueces de cada estado se arreglarán a dicha constitución, leyes y tratados, a pesar de las disposiciones en contrario que pueda haber en las constituciones o leyes de los estados.
Esto es más visible en otro tipo de tratados como las uniones económicas, como en el caso de la Unión Europea, donde incluso se renuncia a tener sus propias aduanas.
De acuerdo con los tiempos previstos por el propio tratado, el desenlace podría llegar hacia 2023, un vez agotados los plazos para consultas entre gobiernos y luego, de ser el caso, de que se integre un panel de solución de controversias que tendría, en primera instancia, seis meses para su actuación antes de dar una resolución.
A menos que haya una gran sorpresa y que el gobierno actual decida modificar su perspectiva, lo más probable es que, tras concluir el periodo de consultas, se tenga que llegar al establecimiento de un panel para la solución de controversias.
Ojalá que en el curso de las pláticas que se llevarán a cabo durante septiembre y parte de octubre, se encuentre una solución que no requiera la instalación del panel, porque si éste se instala, creo que lo vamos a perder y habrá serias consecuencias.
¿Podremos solucionar la controversia comercial con Estados Unidos en la etapa de consultas, sin llegar al panel? ¿En qué consiste “la litis” del conflicto?
La representación comercial de los Estados Unidos señala que: “México está tomando, acciones o inacciones que están restringiendo la capacidad de las empresas privadas para participar de manera efectiva, si es que lo hacen, en el sector energético de México. Estas acciones incluyen, pero no se limitan a: retrasar, denegar o no actuar sobre las solicitudes de nuevos permisos o modificaciones de permisos; suspender o revocar los permisos existentes; o bloqueando de otro modo la capacidad de las empresas privadas para operar instalaciones de energía renovable, como instalaciones eólicas y solares, para importar y exportar electricidad y combustible, para almacenar o trasvasar combustible, y para construir u operar estaciones minoristas de combustible”.
El presidente López Obrador piensa que debido a que se incluyó un capítulo, el 8, en el cual se señala que el control de los hidrocarburos corresponde al estado mexicano, con ello es suficiente para justificar las políticas que se han aplicado. O por lo menos es lo que públicamente ha planteado.
Por su parte, el gobierno mexicano (más bien el presidente) parte de la premisa de qué está en su derecho de establecer mecanismos y eventualmente cambiar las leyes para fortalecer la posición de la Comisión Federal de Electricidad y PEMEX, a su arbitrio.
Pero me temo que nada tiene que ver ese capítulo con la disputa.
Cuando existen condiciones monopólicas como las que teníamos antes de la firma del T MEC, la regulación que buscaba la creación de mercados en energía y petróleo procuraba establecer condiciones para evitar que los monopolios mantuvieran el control. Eso pasa en cualquier lugar cuando se transita de un monopolio a un régimen de competencia.
El problema para el actual gobierno es que las reglas para crear un mercado energético – en lugar de tener exclusivamente monopolios – quedaron plasmadas en la constitución y en diversos capítulos del T-MEC, por ejemplo, los que establecen un trato igualitario a las empresas de los países que suscribieron el acuerdo y los que definen las condiciones de competencia en los diversos sectores económicos.
En esas condiciones, lo más probable es que ese panel dé la razón a los quejosos y que se decrete un castigo arancelario a nuestro país. Falta conocer si habrá un solo panel debido a que Canadá también anunció la solicitud de consultas, aunque no se ha formalizado esa solicitud hasta ahora. en las próximas semanas deberá definirse si los reclamos son los mismos o difieren y si hay un solo panel o dos.
Para satisfacer a los quejosos de Estados Unidos y Canadá, se requeriría que el gobierno modificara la ley de la industria eléctrica o que cambiara las políticas que han puesto en práctica la Comisión Reguladora de Energía (CRE) y la secretaría de energía.
Sin embargo, López 0brador ha planteado que eso significaría una violación de la soberanía.
El presidente ha señalado que se pedirá el apoyo del actual embajador en china, Jesús Seade, quien fue el negociador por parte de su administración en este tratado, incluso antes de que comenzara formalmente el sexenio. No veo cómo pueda eso ayudar, ya que el embajador ha estado alejado de las negociaciones primero como subsecretario en relaciones exteriores y ahora como embajador. pero apunta esto a que se necesitará más apoyo de la diplomacia que de la secretaría de economía.
Dado que seguimos insertos en la “amenaza” de un panel de solución de controversias en el contexto del T MEC, y que nuestra diplomacia tendrá que enfrentarse a ese mecanismo, cabe hacerse la pregunta ¿qué es la diplomacia?
Veamos. Cuando china estableció su ministerio de relaciones exteriores en 1949, suprimer ministrode relaciones exteriores, Zhou Enlai, respondió a esa pregunta parafraseando a Von Clausewitz en aquello de que:
“Es la continuación de la guerra por otros medios”.
Pero a su juicio, “la lucha armada y la lucha diplomática son similares” y describió a los diplomáticos como “el ejército popular de liberación vestido de civil”.
En el diseño e implementación de la política exterior, en Washington se utiliza el acrónimo dime, que se refiere a los instrumentos indispensables para un ejercicio exitoso de la diplomacia, es decir:
Diplomacy, intelligence, military power and economic power.
A mi juicio, la más útil definición de diplomacia es la de Chas W. Freeman, quien declara que:
“La diplomacia es el método establecido para influir en las decisiones y el comportamiento de gobiernos y pueblos extranjeros a través del diálogo, la negociación y otras medidas distintas de la guerra o la violencia”.
Visto así, la diplomacia es un complejo arte que combina relaciones, promoción, incentivos, amenazas, coerción y lenguaje persuasivo, para hacer avanzar la agenda de una nación sin el uso de las armas ni las balas.
Conceptualmente, la diplomacia incluye tres etapas que se pueden describir como:
- el arte de gobernar o de conducir los asuntos del estado (statecraft);
- la arquitectura; y
- la jardinería.
El arte de gobernar consiste en las decisiones fundamentales que toma una nación sobre su papel en el mundo y el camino que elige para enfrentar los principales desafíos para su supervivencia y progreso.
La decisión en el arte de gobernar es fundamental. Si un estado elige objetivos inalcanzables, incluso las mejores arquitecturas estarán condenadas al fracaso.
La arquitectura a su vez consiste en el diseño y la construcción de regímenes, normas, instituciones y procesos para lograr los objetivos del estado. Éstos cubren un espectro que va desde el ámbito multilateral, como la ONU, hasta otros organismos internacionales, regionales y los tratados, tales como como el T-MEC.
Estas instituciones dan forma al comportamiento de los estados, de manera que protegen los intereses de la nación. Habría que tener en cuenta aquí que toda la arquitectura fundamental posterior a la Segunda Guerra Mundial, desde la propia ONU, el FMI y el Banco Mundial, hasta la OMC, la OTAN y la una gran variedad de agencias y organizaciones internacionales, fue construida en gran parte por Estados Unidos.
El tercer nivel de la diplomacia es el trabajo diario que el exsecretario de estado George Shultz denominó “jardinería”, es decir: sembrar, desyerbar, regar y alimentar las relaciones para influir en las decisiones y acciones de los estados que son socios o contrapartes.
Un México estable, abierto y próspero, que asuma sus responsabilidades para construir un mundo más pacífico, está profundamente ligado al interés nacional. En otras palabras, un México que sea participante activo en la defensa responsable de los tratados y del sistema internacional existente, es un jugador sobresaliente en el ámbito internacional.
Los diplomáticos exitosos entienden a las naciones y a las personas con las que están negociando; establecen relaciones, dan forma a las percepciones, brindan incentivos, amenazan con castigos y elaboran argumentos para ganar amigos e influir en sus interlocutores.
México tiene una red de consulados en Estados Unidos que es la más grande de cualquier otro país. deberíamos ejercer cabalmente ese poder suave. El poder suave se refiere al “uso de la atracción y la persuasión positivas para lograr objetivos de política exterior, principalmente haciendo que otras naciones quieran lo que tú quieres”.
La duda radica en si escucharemos en el discurso del 16 de septiembre una amenaza explícita de abandonar el T-MEC o nada más que los fuegos encendidos de un discurso nacionalista, aunque ya el canciller y luego el presidente aseguraron que no hay intención de abandonar el tratado. Pero antes de “el grito” vendrá el secretario de estado a una visita de trabajo que se centra en un diálogo económico de alto nivel, lo cual abre otra interrogante
Parecería que si una retórica exagerada – en sorprendente repliegue nacionalista – alimenta la polarización, el gobierno de México se negaría a sí mismo algunos de los instrumentos diplomáticos más efectivos, incluyendo el poder suave.
La diplomacia se atrofiaría.
El antiamericanismo y el uso de un “extraño enemigo” como amenaza, son estrategias recurrentes en el populismo mexicano y latinoamericano. Empero, no hay escenario en el que una fractura con Washington pueda ser favorable para México. No debemos dejar que el instrumento retórico se convierta en una primera opción en lugar de en un último recurso. La consecuencia sería un daño irreparable para todos los mexicanos. Nos tomaría muchos años reformar la política exterior y aún más recuperar la influencia y la reputación de México.
¿DEFENDER AL TLC?
Jorge Eduardo Aragón Campos
Como bien se habrán dado cuenta, la nueva histeria es ahora en torno a una probable cancelación del TLC y a decir verdad, me inquieta que o no la vi o seguimos sin tener una mínima valoración sobre los resultados del TLC, a dos años de cumplir los 30 de iniciado; me refiero a un amplio conjunto de interrogantes que desde entonces afloraron y que hasta la fecha ahí siguen; desde entonces, fueron inevitables las comparaciones con respecto al proyecto de la Unión Europea y lo primero que brinca es que aquellos sí han hecho esa tarea de la evaluación, mientras que nosotros no.
Mira qué novedad.
La primera conclusión que nos ofrece Europa es su diagnóstico: su proyecto de unión fracasó, pues estaba planteado como un plan de integración de las economías y nada más. Fue un error grave, reconocen ahora. La segunda: han entendido que debe ser sobre bases culturales, dicho esto en su sentido más amplio, o lo que es lo mismo, han confirmado que a Europa no la constituyen un conjunto de monedas, vocaciones productivas, patrones de consumo, etc. sino un conjunto de naciones que a su vez son constituidas por un conjunto de identidades. Esto que menciono es a botepronto y con respecto al momento actual, porque aquellos desde el inicio lo hicieron mejor que nosotros y miren como les fue; pero nosotros no nos damos por aludidos ¿A qué me refiero? Dejando para después las lecciones principales de la experiencia europea, para no hacerla cansada retomo dos asuntos que desde el inicio y hasta hoy siguen siendo fundamentales: la corrección de las asimetrías y lo limitado de los alcances del propio TLC.
Las dos fórmulas
Entre otros, Portugal, España y Grecia fueron algunos de los países beneficiados con apoyos, prórrogas, etc. en los inicios del proyecto europeo, al considerar todos sus miembros que no era justo, ético, posible, etc. someter al mismo esfuerzo a países con evidentes debilidades frente a las también evidentes fortalezas de los restantes; en cambio aquí… En lo económico, un rasgo importante del salinismo -que desde hace rato se dejó de mencionar- se describía con la siguiente frase: la mejor política industrial consiste en no tener una política industrial. Lo más curioso es lo siguiente:
“No queremos ayuda, queremos comercio”, fue la justificación de Salinas frente a las advertencias sobre las limitaciones de un Tratado, diseñado para que corrieran con la parte principal de los costos el más pobre de los tres firmantes y los segmentos de más bajos ingresos de USA. En sentido contrario a la orientación de la UE, nuestro TLC se hizo para garantizar el libre tránsito de mercancías y de capitales pero no el de personas y el de profesiones. Si a esto le agregamos su rasgo anti industrial, cabe preguntarse ¿Pues qué pensaba comerciar el salinismo? Sobre eso no hay dudas porque nos lo dijeron de manera clara, directa y con todas sus letras: mano de obra barata. Nuestra aspiración era convertirnos en los maquiladores de nuestros dos socios. No sonaba tan mal, hasta eso. También de eso deberíamos preguntarnos por qué. El eje central del TLC para México, consistía en abandonar uno de los dos mayores soportes de la etapa del desarrollo estabilizador: el programa de sustitución de importaciones. Para quienes no tengan mayores referencias, ese programa era muy parecido al del actual modelo chino para la industrialización acelerada. Se trataba, entonces, de hacer del sector maquilador la locomotora de la economía mexicana. Es de aquel momento, que Guadalajara se hizo de mulas Pedro para volverse ciudad industrial, además de comercial -que ya lo era- en detrimento de Monterrey. Guadalajara es un caso de éxito y de buena fortuna, pues desde dos décadas antes, el efecto cucaracha la había convertido en asiento del narco sinaloense. Yo les pregunto a ustedes ¿Del resto qué pudiéramos decir? De una vez y para ser más específicos ¿Qué podemos decir de lo que ha significado el TLC para Sinaloa? Los nacidos antes de 1977 y que no padezcan de mala memoria económica, pueden dar excelente testimonio y compartir sus conclusiones sobre la salud de sus billeteras tanto en aquel momento como en este. Si conoce a alguien de ese rango, pregúntele y haga sus comparaciones, así a mí no me tiene que creer nada. De hecho, si la plática se alarga, aproveche y pregúntele si recuerda sobre cómo eran en aquel entonces la educación, la seguridad, la salud…
Van los obligados créditos: el sábado pasado en El Miradero, estuvo como expositor invitado de la tertulia de Don Mario Montijo, el diplomático sinaloense Enrique Hubbard Urrea con el tema La Diplomacia como Jardinería, es de su charla y de la posterior sesión de preguntas y respuestas que surgieron la mayoría de los elementos que constituyen este artículo; la principal lección que estamos obteniendo los participantes, es la demostración de que el diálogo resulta ser una actividad sumamente compleja que reclama un arduo aprendizaje hasta lograr el hablar poco, el escuchar mucho y el actuar un chinguero más, y la recompensa vale la pena: bajando el ruido se mejora la vista y todo resulta más claro. El resto no es literatura, son mamadas para escurrir el bulto.
El texto realizado por Hubbard para su exposición de La Diplomacia como Jardinería, en su versión adaptada como artículo, muy pronto será publicado aquí en SINALOATV.MX.






