ZONA POLITEiA 27 de junio de 2022

César Velázquez Robles

*Sucesión: ruptura y continuidad (III)

*La construcción de la planta de fertilizantes en Topolobampo

Desde el partido en el poder se está haciendo todo lo posible por contener la activación de tendencias centrífugas en el proceso sucesorio. Las declaraciones mismas del presidente López Obrador “pidiendo” que se incluya en la lista a todos los pretensos a la candidatura, es una advertencia de que los riesgos de ruptura están ahí, latentes, y que en un momento dado, un conjunto de factores críticos puedan llevar a la fractura de una supuesta unidad. La ausencia de democracia interna, el predominio y el control de los cargos de dirección por parte de las corrientes duras del morenismo, las formas de exclusión y marginación de los disensos, las acusaciones de traición a quienes no comulgan con las ideas del Supremo, la decisión al parecer inquebrantable de jugar con dados cargados y decidir con una “encuesta unidigital” a quien será el abanderado rumbo al 2024, conforman un explosivo coctel que puede dar al traste con el propósito y aspiraciones de continuidad de un proyecto que cada vez está más lejos de ser histórico, como preconizan sus promotores.

El “desgajamiento” del que no hace mucho habló Porfirio Muñoz Ledo forma parte de la agenda. Partamos de una evidencia empírica: la continuidad o ruptura pactada que podrían representar Sheinbaum o Ebrard, por ser los más adelantados en la carrera, no excluye la posibilidad de una fractura interna que complique las posibilidades de mantener la presidencia en 2024. Una y otro encarnan la mayor parte de las fuerzas y corrientes políticas internas, y una cultura política dogmática y sectaria en Morena, como lo denunció el senador Ricardo Monreal en Coahuila ayer domingo, es y será con más fuerza el factor que conspire contra esa unidad que parece estar prendida con alfileres.

Discursos como el pronunciado ayer por el líder la Cámara Alta, convertido en una especie de conciencia crítica del morenismo, son como los llamados a misa. En Morena, como ha sido evidente en estos años, no hay espacio para el debate interno, para la libre circulación de las ideas. En Morena se reproduce, además, la vieja cultura priista de la unidad a toda costa, que inhibe la confrontación respetuosa y civilizada de ideas, proyectos y propuestas de presente y de futuro. En esas circunstancias, un discurso como el de Monreal no tiene cabida en Morena. Es un discurso meramente testimonial que quedará ahí para recordar en el futuro cómo pudo haber transitado hacia la construcción de un partido democrático, pluralista, abierto, fincado en los valores de la tolerancia y la libertad, sin perecer en el intento. El caso del secretario de Gobernación es todavía peor: su discurso es el discurso de la intolerancia en el que está ausente el respeto a los adversarios y al árbitro de la contienda electoral, al que espera ver pasar frente a él “con la cola entre las patas”, como dijo en un discurso pronunciado en los tiempos de la campaña oficial de ratificación de mandato. Así, con ninguno de estos dos, ni con Monreal ni con Adán López hay para Morena posibilidades de victoria.

Así que mi conclusión es: con Ebrard puede que no haya ruptura con el pasado, sino recuperación crítica que marque la continuidad del proyecto lopezobradorista. Con Sheinbaum no hay ninguna posibilidad ni siquiera de ruptura pactada, sino continuidad acrítica que agudice la fractura social, el choque y la confrontación permanente. Monreal no tiene ninguna posibilidad de alcanzar la candidatura y tendrá que buscar nuevos derroteros, mientras que el encargado de la política interior, pudiendo ser el tercero en discordia, no es garantía de triunfo ni de un discurso de corte democrático.

La construcción de la planta de fertilizantes en Topolobampo.

Entiendo que encontrar la cuadratura al círculo en el caso de la construcción de la planta de fertilizantes en la Bahía de Ohuira es bastante complicado. Dejar contentos a unos, significa dejar encendidos a otros: puede terminar siendo un juego de suma cero y, en un descuido, un juego de suma negativa: que pierda el estado, que pierdan las posibilidades de impulso a nuevos proyectos de desarrollo regional que rompan con un crecimiento mediocre de una economía sin capacidad de innovación, con escasa diversificación y bajos niveles de competitividad, por más que el IMCO coloque a la entidad en el ten top de las entidades con mejor desempeño en este campo.

La reciente presencia del gobernador Rubén Rocha Moya con los miembros de las comunidades indígenas, evidenció las dificultades para construir los consensos, alcanzar los acuerdos y continuar una obra que significa una inversión de alrededor de cinco mil millones de dólares en un horizonte temporal de varios años. La presión de quienes se oponen, de algunos de sus dirigentes que prefieren seguir anclados en el pasado, sobreviviendo de una pesca casi de autoconsumo, sin presencia en los circuitos productivos, comerciales y financieros, prefigura un panorama sombrío.

Rocha les dijo claramente: no tiene ningún interés económico en la planta, pero si la responsabilidad de promover el desarrollo económico de la entidad, y la planta contribuirá a ese propósito. Decir que si tanto interés tiene en la planta, que se la lleve a Badiraguato, no sólo es un despropósito verbal. Es cancelar las oportunidades de desarrollo para los años venideros.

¿Acaso los representantes del Consejo Ejecutivo de Empresas Globales, que recientemente se reunieron con el gobernador, celebrarán una decisión que vaya en el sentido de cancelar la construcción de la planta? Simplemente veamos los efectos que han tenido en el ámbito nacional decisiones absurdas “legitimadas” a mano alzada: inversiones que no llegan, empresarios que emprenden la retirada ante la falta de respeto a los contratos y a los derechos de propiedad.  ZP

ZONA POLITEiA 24 de junio de 2022

Sucesión: ruptura y continuidad (II)

César Velázquez Robles

En mi colaboración de ayer, planteé las posibilidades de ruptura y continuidad en el contexto de la sucesión presidencial. Partía del supuesto de que Morena repetirá en el poder en 2014, pero los modos de ejercer el poder tendrán que cambiar, en algunos aspectos de manera radical, para ganar la aquiescencia ciudadana. La clásica relación clientelar de apoyo recíproco entre el poder y los electores no dará ya los rendimientos políticos de estos años por el agotamiento de las finanzas públicas, lo que obligará a quien gane la encuesta del presidente  a replantear el modelo de conducción política y el estilo personal de gobernar.

Es obvio que el presidente López Obrador busca garantizar la continuidad de su mandato en una especie de nuevo maximato, sin que se distorsione la naturaleza, fines y propósitos que han guiado el ejercicio del poder en estos casi cuatro años. Dicho de otro modo: el presidente aspira a que quien le suceda condense el continuismo del régimen que se aspira a implantar. Para no darle muchas vueltas al asunto, asumamos la definición que da la RAE: “Situación en la que el poder de un político, un régimen, un sistema, etc., se prolonga sin indicios de cambio o renovación”.

Preguntaba, entonces, ¿quién de las “corcholatas” puede garantizar en el marco de la sucesión continuidad?, ¿quién está dispuesto a intentar una recuperación crítica para dar un nuevo impulso al cambio de régimen?, ¿quién podría intentar una ruptura?

Intentemos aportar elementos para una posible respuesta. Veamos el caso del llamado plan a) presidencial: ¿Puede Sheimbaum, en caso de alzarse con la candidatura de Morena, plantearse un modelo de continuidad o, más bien, de continuismo, y transitar sin mayores dificultades hacia la presidencia? Por lo que hasta hoy se ha visto, su condición de mímesis, de epígono presidencial, la ausencia de autonomía e independencia política e intelectual, no dan cuenta ni siquiera de manera remota de una reconducción de la vida democrática del país.

Resulta lastimosa la vehemencia acrítica con que reproduce en sus intervenciones el discurso presidencial, y si ese estilo se impusiera en la campaña, significaría otra vuelta de tuerca en los riesgos de una regresión de corte autoritario. Sus respaldos principales parecen provenir de ese núcleo duro no muy dispuesto a la conciliación y el acuerdo para una competencia civilizada, y son los que la jalean en las concentraciones masivas con los gritos de ¡presidenta!, ¡presidenta! En otras palabras: una eventual candidatura de la jefa de gobierno de CDMX tendría el propósito fundamental de llevar adelante las transformaciones pendientes para completar la aspiración del presidente: el cambio de régimen.

En el caso del plan b), Marcelo Ebrard, me parece que hay más posibilidades de cambios importantes en el talante, naturaleza y contenido del discurso como candidato. Ha hecho ahora hasta lo imposible por identificarse plenamente con el discurso presidencial, apechugando con errores y justificando conductas y comportamientos que en el escenario internacional han dañado la imagen del presidente y del país. No es del pleno agrado del presidente, pero su pragmatismo puede hacer que reconsidere la decisión final, si se convence de que la eventual candidatura de Ebrard le ofrece mayor certidumbre de triunfo en 2024.

Decía que la clave para garantizar fidelidad y lealtad de los beneficiarios de la política social, requería de recursos adicionales que solo podrán provenir de una reforma fiscal a la que López Obrador ha opuesto una resistencia numantina. Creo que Ebrard, en caso de hacerse con la candidatura y llegar a la presidencia, tendría que plantearla de inmediato, lo que significaría no una ruptura con el pasado, sino una recuperación crítica que buscaría marcar la continuidad histórica del proyecto lopezobradorista.

Es cierto que es muy temprano para estas conjeturas algo deshilvanadas, pero la abreviación de los tiempos sucesorios crea el marco para ello. El desparpajo con el que se mueven las principales figuras, como ocurrió en Coahuila, puede que vaya dando sentido a las conjeturas o de plano las elimine. Veremos. ZP