ALGÚN DÍA DESTOS

Hasta donde creo recordar, fue durante uno de los Festivales Culturales del sexenio de Juan S. Millán cuando Miguel Sabido estuvo en Sinaloa presentando María Egipciaca; como al mitotero todo se le pone, me tocó estar en una plática donde Sinaloa fue el tema y Sabido compartió unas observaciones interesantes sobre esta región:

“Entre el sur de USA y el norte de México está surgiendo un nuevo país que no es USA ni es México, ustedes no lo ven porque están aquí, pero a partir de los respectivos centros de cada país, es un fenómeno más que evidente porque ya tienen lo fundamental: una cultura propia que ni es la estadunidense ni es la mexicana.”

¡Vamos ganando! Me explico: el señalamiento de Sabido está resultando al revés y eso demuestra que es real. Era de esperar que fuera un proceso donde nosotros los mexicanos nos agringaríamos, pero basándonos en la tragedia de Texas, allá fue a la inversa y hasta parecen sucursal de Guasave. Los esfuerzos no vanos, sino contraproducentes, que hacen las autoridades para cubrir sus errores y omisiones, han servido para lo contrario: han hecho resaltar que lo obligado era un operativo especial por tratarse de una fecha festiva, de ahí que no sólo fallaron las alertas, también los agarró fuera de base una serie de irregularidades como la absoluta descoordinación en los sistemas de radiocomunicación de los diferentes cuerpos policiacos, donde cada uno tiene frecuencia fija y no pueden enlazarse entre ellos, así como el desmantelamiento de equipos, recortes de personal… suena demasiado conocido ¿No?

Patton decía que frente a la guerra, cualquier otra actividad humana luce insignificante. La cobertura noticiosa sobre la tragedia de Texas, nos ha permitido darnos cuenta de que aquí vemos a la protección civil como un asunto cuantitativo: mientras más torretas y sirenas se junten a “ayudar”, mejor. En cambio, los texanos parten del principio de que es más fácil quitar una vida que salvarla. Si en la punta del Everest le pego un balazo a un tipo, y de manera simultánea usted hace lo mismo pero en la playa de Copacabana, en ambos casos el resultado será el mismo: un muerto. Pero si el resultado no es un muerto sino un herido, el de Copacabana se vuelve un caso esperanzador, mientras que en el del Everest… alguien deberá decirle que de todas formas ya se chingó. Una misma contingencia (una tormenta de rápida formación) no produce el mismo efecto en la sierra de Badiraguato que en el valle de Navolato; un accidente automovilístico en ciudad no es lo mismo que en carretera (es mucho más peligroso en ciudad cuando se trata de Culiacán); un niño que es atacado por una manada de perros embravecidos no es lo mismo que un niño atacado por un enjambre de abejas; un quemado con gasolina ardiendo no es lo mismo que un quemado con chapopote hirviendo… los texanos entienden bien que se trata de un juego de casuística y parten de las condiciones particulares de cada región, para de ahí seguir delimitando y aislando cada situación de riesgo y resolverla con los recursos y las herramientas específicas para cada caso. Que lo hagan y además lo hagan bien es punto y aparte, lo que se les reconoce es la claridad que tienen sobre la naturaleza y el sentido de la prevención, de ahí que, por ejemplo, su sistema de alertas de tornado no es igual a su sistema de alerta de tormentas rápidas, y ambos también son distintos a su sistema de alerta de inundaciones. Es como en la CDMX, donde el sistema de alertas sísmicas no es igual al sistema de las marchas de la CNTE.

Lo de Texas es para nosotros los culichis todo lo que no parece: lección, advertencia, oportunidad, etc. No lo parece porque Texas tiene un territorio que es entre once y doce veces el de Sinaloa, y mientras nosotros tenemos una población de tres millones, en Texas tienen treinta millones. Estas desproporciones no dejan ver bien las numerosas semejanzas que producen la diversidad climática de cada uno, así como sus causas y sus cadenas de efectos, además existe un ingrediente extra que puede ahorrarnos muchos quebraderos de cabeza: el dinero. Siendo más preciso: el dinero de ellos. Ni modo que el de nosotros.

¿Con qué ojos?

En comparación con Sinaloa Texas es un Shangry – La, nomás que con vacas, petróleo y las porristas de los Vaqueros de Dallas, allá cuentan con recursos para destinarlos a cubrir las necesidades de tecnología, personal, instalaciones, etc. que se requieren para una buena prevención y atención de desastres; lo más interesante es que, según se ve, se han puesto a cometer el mismo tipo de pendejadas a las que aquí somos tan afectos; lo menos que estamos obligados a hacer, es aprovechar las experiencias que están teniendo para ahorrarnos errores que no podemos darnos el lujo de cometer, pues los culichis ya tenemos tiempo valiéndonos de premisas equivocadas para hacer nuestras valoraciones de riesgos; en estos tiempos actuales una sequía no mata a nadie, pero una inundación puede volverse una masacre. Ha ocurrido más de una vez. No es común, de acuerdo, como tampoco está siendo común esta temporada de lluvias, además de que a nivel global una de las pocas regiones del mundo donde no están ahogándose es la del mar de cortés, o sea nosotros. Aquí las inundaciones son a partir de septiembre. De eso hablaremos en la siguiente entrega, algún día destos.

ALGÚN DÍA DESTOS

La inundación ocurrida el 4 de julio en Texas no es una tragedia, puede ser algo peor: la demostración empírica que dé validez científica a la expresión “una manzana podrida te echa a perder toda la jaba”: Por todo lo que desde acá se alcanza a ver, pareciera que lo estamos manejando nosotros. Me refiero a nosotros, los mexicanos, y a que aquello es un desmadre.

La cobertura mediática ha sido buena, pero la narrativa ha estado mejor –hecha sin sobadas de lomo- y desde que inició, no han dejado suelta ninguna posible línea para investigar por qué tantos muertos. Esa es la verdadera tragedia, eso es lo que no debió suceder. Eso es lo que más nos vale no perder de vista nunca: la diferencia entre desastre natural y pendejada (natural también, si quieren).

Conforme ha fluido la información, se han ido llenando los huecos para cada una de las preguntas que nos hicimos los no familiarizados con el ecosistema tejano, en un proceso que nos lleva a una conclusión contraria a la que inicialmente teníamos la mayoría -la del desastre natural-, porque quién sabe en qué parte del camino se nos olvidó que los desastres naturales no existen, como se acaba de demostrar en Texas: todos los grandes sucesos naturales son necesarios y cumplen una función para que el mundo sea como es, como ha sido y como será. Lo del desastre es un invento nuestro porque siempre y en todas partes nos andamos atravesando, de ahí que cada que la madre naturaleza se tira un pedo nos pone una chinga en infraestructura y en vidas. No es que no nos quiera, es que le valemos madre. A través de toda nuestra historia como especie, sólo hemos logrado encontrar dos respuestas frente a los fenómenos naturales: correr como locos y escondernos bien. Se trata siempre de una estrategia de control de daños, porque con el mundo natural no te sientas a negociar: o te aclimatas o te aclichingas.

El corazón de la prevención es el tiempo, sin él son inútiles los albergues, refugios, escondites, etc. Mientras menos señales anticipadas ofrece un fenómeno, menos tiempo tenemos para correr al lugar donde estaremos a salvo ¡Tan tan! Es todo. No tenemos manera de enfrentar a la naturaleza. Esas narraciones épicas de hombrazos enfrentando mares furiosos, o de sobrevivientes en luchas contra bestias descomunales, son como la del boxeador que tras recibir una golpiza y ya para entrar en agonía, exclama en voz alta ¡Pero ya vieron cómo le dejé las manos!

Lo que falló en Tejas fue la prevención. Dije “lo que falló”, no dije “lo que faltó”. El territorio texano es enorme y muy variado en regiones climáticas, una de ellas forma parte del corredor de los tornados, mientras que en la de este caso las tormentas de rápida formación son comunes, así como los saldos trágicos: el último que se tiene registrado fue en 1987. Esta vez fue una tormenta de muy rápida formación que nadie previó, porque nadie vio nada, porque no había nada que ver, tan intensa que en 45 minutos vertió agua suficiente para que subiera 8 metros el nivel del río Guadalupe; ni modo de no decirlo: suena como a informe de Gertz Manero, pero si le agregamos que esa es precisamente la explicación que ofrecen las autoridades gringas, entonces esto ya es para que nos preocupemos todos… porque sí están diciendo la verdad. Efectivamente así ocurrió: La tormenta. El resto es otra historia.

Las tormentas de rápida formación son tan detectables como las de normal formación, porque son igualitas salvo que la primera cumple su ciclo de vida en mucho menos tiempo; aun así no son tan rápidas ni tan desmadrosas como los tornados. Aquí se reduce a dos sopas: la tormenta debió ser detectada a tiempo, o no fue detectada, porque no se nos olvide que es USA, ni modo que no tengan los fierros para poder hacerlo. Todo apunta a los protocolos porque eso de los 45 minutos que tardó en configurarse la tragedia, puede parecernos un lapso cuya fugacidad desarmaría cualquier intento por salir airosos, pero en verdad se trata de todo el tiempo del mundo ¿Se imagina usted cómo sería la historia si la alarma antisísmica de la CDMX tuviera 45 minutos de margen? Para no pelearnos déjenlo en 5 y de todas formas sigue siendo mucho margen. Recurro a los volcanes como ejemplo, porque en el caso de la tormenta de rápida formación en Texas, hay zonas a la vera del río Guadalupe donde la alerta llegó con tres horas de retraso y otras donde nunca llegó… o para no ser acusado de andar esparciendo afirmaciones temerarias, mejor diré que no lo ha hecho hasta el día de hoy, porque sí existe una razón para que ocurriera así y las autoridades texanas de manera pública lo han declarado y además lo han explicado muy bien: es una región muy grande con muchas comunidades aisladas, a veces sin telefonía celular o análoga, sin señales de televisión, inclusive sin energía eléctrica, etc. Es una buena razón para explicar lo ocurrido, pero ni lo justifica, ni lo disculpa: al listado de carencias debieron agregarle que a la autoridad correspondiente nadie la ha puesto al tanto de que existen las baterías y la radio de onda corta. Para terminar de redondear y concluir, al final anexo un enlace al sistema de alertas rápidas de tornados, vale la pena echarle un ojo, porque el tema de la siguiente entrega es que, con respecto al clima, este año nos está resultando muy afortunado. Pero lo vamos a echar a perder.

https://www.weather.gov/safety/tornado-ww