
TODOS SOMOS EL PALENQUE
Jorge E. Aragón Campos
Bien reza el dicho: a toda capillita le llega su fiestecita. Y para quedar bien con los laicos, si es que alguno queda: lo que ocurre una vez puede ocurrir dos veces. La noticia sobre una segunda cancelación del Palenque ganadero este año, una exitosa empresa culichi que genera empleos, produce riqueza, difunde cultura y ofrece alegría, solaz y esparcimiento al público adulto y chiquitines que lo acompañan, provocó una sorprendente ruptura de las leyes de la física que actualmente rigen sobre Sinaloa: nadie dijo gran cosa.
Por algo será.
No deja de ser significativo que nadie protestó amargamente por los daños económicos del cierre de la empresa, cuando son muchos los casos de changarros más pequeños que han recibido expresiones de solidaridad, junto a reclamos donde se acusa al gobernador de ser el único responsable; en el mejor de los casos, esto evidencia la pobre –por limitada- percepción que tenemos los culichis sobre nuestra actual circunstancia, pero como no estamos “en el mejor de los casos”, queda en claro nuestra persistencia en ser convenencieros.
La cultura a escena
Deberíamos estar festejando esta segunda cancelación del Palenque y a la vez exigir su final definitivo, junto con todo ese mamotreto llamado Feria Ganadera, un concepto que desde hace muchos años perdió toda relación con las intenciones para las que fue concebida y devino en viles espacio y ambiente buchón. En ese inter, el artisterío local fue sometido a un despiadado ostracismo por una sociedad ladina como los mismos narcos a los que ahora critica; digo, aquellos por lo menos hacen expresión pública de sus preferencias –de retribuciones materiales mejor ni hablar-. En este mundo interconectado, esa feria ganadera es el mayor y más representativo festival artístico cultural que tenemos, de ahí que con los años la contraparte oficial se le parece cada vez más, por un proceso donde la mayor contribución ha sido hecha por un público que frente a las más altas expresiones de la sensibilidad y creatividad humanas, presenta un cuadro similar a la de las babosas cuando les echamos sal. Las pobres reacciones frente al cierre del palenque, ponen al descubierto que no tenemos intención de cambiar nada, deseamos que todo siga igual, nomás con lana porque sin ella es imposible ser felices como lombrices.
Nadie lo está festejando como el triunfo que es, porque todos lo asumieron como una derrota.
Esa tenaz incivilidad culichi ya está poniéndose peligrosa, es sorprendente la manera cómo encuentra nuevos cauces frente a hechos inusitados y peligrosos, siendo uno de ellos la masacre del Hospital Civil. Ese caso es particularmente confuso y da materia para el sospechosismo por un asunto que, sin restarle magnitud a la tragedia, no es menor: en un primer momento las versiones apuntaban a un ataque ciego y para que un acto caiga en la categoría de terrorismo lo que importa es la intención. Esa sospecha, justificada o no, existe. Cuando se menciona al terrorismo, todos piensan en las torres gemelas y se les olvida que Pablo Escobar hizo explotar en vuelo aviones de pasajeros. Lo del Civil no es menor y se ha convertido en el ariete para exigir a la autoridad estatal suspenda la ceremonia del Grito, bajo el argumento de que cumplirla es un acto de irresponsabilidad, desprecio por la vida, negación de la realidad, etc. si la autoridad cancela, es mala señal; si no lo hace, también; voy más allá y seré más explícito: si yo fuera el gobernador lo cancelaría, porque si yo fuera el gobernador no me fiaría de ninguna afirmación –viniera de donde viniera- que me asegure no fue un acto terrorista, pero no lo haría ahorita, me esperaría hasta el día 14, de ser necesario.
¿Cuál es la prisa?
Ese mismo razonamiento para exigir se suspenda la ceremonia del Grito (es un acto de irresponsabilidad, desprecio por la vida, negación de la realidad, etc.) se le debe aplicar a la marcha por la paz, convocada para este domingo 7 de septiembre a las 8 30 de la mañana. Ni se les ocurra pretender salirme con payasadas tipo “el responsable de la seguridad de toda la sociedad es el gobierno”. En el fondo de todo esto, lo que predomina es la visión que tenemos los culichis sobre nosotros mismos como una sociedad donde leyes, reglamentos, obligaciones, etc. son para los demás, pero como no las cumplen pues entonces yo tampoco pero con mayor razón.
Lo bueno es que esto ya no puede empeorar.

