ZONA POLITEiA: Un orden en permanente demolición.

06 de diciembre de 2021


César Velázquez Robles



En el caso mexicano, la democracia no es un orden en permanente construcción. Durante un buen tiempo, fuimos muchos los que pensamos que las conquistas en la construcción de una mejor vida democrática, eran irreversibles, y que nuestra larga transición dejaba ya la suficiente experiencia y cultura para impedir el despliegue de tentaciones autoritarias. Y es que, ciertamente, las preocupaciones para romper con el viejo modelo político se relacionaban con el Estado de derecho, la necesidad de un sistema de pesos y contrapesos para limitar el ejercicio arbitrario del poder, la conformación de organismos con autonomía constitucional, las exigencias de transparencia y rendición de cuentas, pero poco tenían que ver con el mundo real de las necesidades y aspiraciones de millones de ciudadanos cuyas depauperadas condiciones de vida los convertían en habitantes permanentes de los patios traseros de la modernidad.
Quienes desde los años 80 del siglo pasado vendieron en nuestros países la idea de que el advenimiento de la democracia resolvería los problemas de pobreza y desigualdad, y asegurarían el acceso de todos a los bienes básicos de la modernidad, tenían razón: una democracia que no atiende los problemas estructurales de la pobreza y la desigualdad, de la exclusión y la marginación, es una democracia frágil, débil, sin una base social de apoyo sólida, y, consecuencia, presa relativamente fácil de charlatanes, demagogos, redentores, iluminados y populistas. De todo hemos tenido en estos años y en todas las latitudes: Orban en Hungría, Trump en Estados Unidos, Chávez en Venezuela, Bukele en El Salvador y López Obrador en México.


Eso es lo que está pasando en México: un orden democrático en permanente destrucción; una política sistemática de demolición de la institucionalidad democrática construida por el esfuerzo colectivo a lo largo de cuatro décadas, y que nos lleva a constatar que muchas de nuestras conquistas son reversibles. Algunas de las instituciones de la sociedad democrática sobreviven a los impulsos autoritarios, pero otras han sido desmanteladas o colonizadas por el poder político. La decisión de someter a control una de las pocas que quedan en pie, el Banco de México, da cuenta del futuro ominoso que se cierne sobre la vida democrática del país y los riesgos de una restauración autoritaria.
Los resultados de la elección de medio término, sin embargo, dieron cuenta de cómo se está configurando un ánimo social dispuesto a la defensa de las conquistas que han sido muy caras a la democracia. Las cantidades similares de votos obtenidos por los partidos del bloque gobernante y los obtenidos por las oposiciones aliadas o en solitario, dan cuenta de que pese a todo hay un equilibrio inestable si se quiere, pero que ha impedido en el Congreso la conformación de un partido hegemónico y la construcción de mayorías calificadas para reformar el texto constitucional.
Los riesgos de ruptura en morena
Ha iniciado la segunda mitad de la gestión presidencial y es inevitable que todo se vea en clave de la elección de 2024, con sus estaciones intermedias en las elecciones locales en seis estados en 2022, y las cruciales elecciones de 2023 en el Estado de México. El presidente entiende que en esa perspectiva, tiene que poner desde ya en tensión todos los resortes institucionales y para-institucionales que le permitan garantizar la continuidad de su proyecto de cambio de régimen. Las dificultades para sacar adelante las reformas constitucionales que abonarían a su propósito, han creado un estado de ánimo presidencial poco proclive al respeto, no solo a sus adversarios, sino a quienes desde sus propias filas, aspiran a representar a morena en la contienda presidencial del 2024. ¿Qué ha traído ello como consecuencia? Que ante la ausencia de democracia interna en morena, y la decisión de jugar con dados cargados en favor de Sheinbaum, empieza a romperse el espíritu de cuerpo, a generarse una ruptura que pone desde ahora en peligro la posibilidad de continuidad del poder, más allá del horizonte temporal del actual sexenio.
Esta idea ya ha sido planteada de diversas formas en estos días. La planteó ayer Porfirio Muñoz Ledo en los siguientes términos: “Algo teme (López Obrador), y lo lamento, yo creo que está sintiendo el vacío del abandono del poder, sabiendo además que el nivel de concentración de poder que existe en México no es eterno, que, por fuerza de la economía, de la política, de la sociedad, y de las ambiciones, este régimen tenderá a desgajarse en los próximos años”.


Este desgajamiento del que habla Muñoz Ledo es lo que en otros términos puede denominarse la activación de tendencias centrífugas en el morenismo. Se activan por la ausencia de democracia interna, por la falta de debate, por la obturación de los canales de movilidad y ascenso político basados en el mérito y las capacidades de los militantes, por la imposición de métodos de designación de candidatos y dirigentes a través de encuestas unidigitales orquestadas por el gran elector. En esas condiciones, se enrarece el ambiente interno, las ideas no circulan libremente, y no hay ambiente ni condiciones para la crítica y confrontación de proyectos y propuestas. Todo está ocurriendo en morena. Hay una transgresión de su propia legalidad interna, un código de valores que no se respeta, lo que estimula procesos de exclusión y autoexclusión, que pueden conducir a fracturas, divisiones y disensos que, de continuar, pueden conducir a la derrota al ahora partido gobernante.
Tiene a su favor, sin embargo, que en las oposiciones las cosas están igual o peor. Es cierto que hasta hoy no aparece en los partidos ninguna figura política capaz de concitar consensos, ni se advierte imaginación ni talento para pensar una propuesta alternativa. La iniciativa de creación del Frente Cívico Nacional es, así, esperanzadora de que pueda finalmente construirse un polo opositor con la suficiente fuerza para entrar en serio, con posibilidades reales de triunfo, a la competencia por el poder político.
Veremos.

El Rencor Vivo

30 de noviembre de 2021

César Velázquez Robles

El presidente López Obrador es el rencor vivo. Como escribió hace tiempo Gilberto Guevara Niebla, “no es un hombre bueno”. Todo el que ose criticarlo recibe de inmediato su respuesta flamígera. Es puesto en la picota y recipiendario de todos los calificativos habidos y por haber. No estoy diciendo nada nuevo. Ha sido invariable norma de conducta desde su ascensión al poder, y las agresiones verbales, los insultos, las descalificaciones aumentan en la medida en que se levantan obstáculos a la que él entiende como la tarea de arrancarle a la epopeya un gajo. La semana pasada la emprendió contra Enrique Krauze y contra Héctor Aguilar Camín, padrecitos de dos iglesias culturales de nuestro país. El primero de ellos acaba de publicar un libro de ensayos que recoge una parte importante de su trayectoria intelectual, y uno de ellos se refiere al titular actual del poder ejecutivo federal, que reclama que nunca antes se criticó al poder como se hace ahora.

El director de la revista Letras Libres dio una respuesta puntual al presidente. Ahí dijo que reacios a la crítica han sido todos los presidentes. Sin embargo, lo nuevo “es usar la tribuna presidencial para insultar a los críticos”. Y agregó: “Hay una gran asimetría porque el presidente tiene la tribuna todos los días, dos horas para difundir no tanto sus ideas y conceptos sino sus insultos y sus agresiones y han sido muchas. Y los críticos, periodistas, académicos, intelectuales pues tienen medios infinitamente más limitados”. ¿Qué ocurre cuando en lugar de convertirse en el eje articulador de los consensos que requiere el país, propaga a diario una visión maniquea para la cual todo es blanco o negro, sin matices, sin zonas grises? Esto responde Krauze: “Envenena la atmósfera, envenena la convivencia, en las plazas, los cafés, las aulas, en el seno de las familias, esta polarización los mexicanos no la merecemos”. Y esta polarización, insiste, “es el mayor cáncer que estamos viviendo en México”.

Pues esta conducta reiterada se ha convertido en la especialidad presidencial. Hoy la emprendió contra la revista Proceso, contra Carmen Aristegui y contra el Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE). Aristegui hizo público en el hebdomadario un reportaje sobre el ya muy famoso negocio de chocolates de los hijos de López Obrador y la relación que ello tiene con uno de los programas emblemáticos de este gobierno, Sembrando Vida. Ello causó la inquina, el coraje presidencial y la emprendió contra la periodista y contra la revista. Les dijo hasta de lo que se iban a morir. No hay en el presidente la más mínima autocontención. Ha perdido todo control, toda mesura, arrastra la investidura sin decoro alguno y todo ello no conduce sino a que cada vez le empiecen a faltar más al respeto, lo que resulta en verdad lamentable.

Entre otras expresiones para mostrar su desagrado por el reportaje están éstas: “Proceso y Carmen Aristegui nunca han estado a favor de nuestro movimiento y ellos dicen que porque son independientes. Y yo sostengo que sí son independientes, pero independientes del pueblo, que nunca se han involucrado, nunca han hecho un periodismo en favor del pueblo”. “No tenemos identificación, no hay simpatías, Carmen Aristegui, pues escribe en Reforma  y pues pertenece al grupo que apoya al bloque conservador. Entonces, nada más aclararlo porque ya no estamos en tiempos de simulación”. Como tiene para todos y reparte mandobles a diestra y siniestra, todavía le alcanzó tiempo para una de las instituciones académicas de excelencia que tenemos en el país, el CIDE. De ella dijo: “Hay que ver quiénes están ahí. A lo mejor pues es de los grupos de Krauze y de Aguilar Camín que acaparan todo, que estaban metidos en todos lados y esos son los que están inconformes porque nosotros lo que queremos es que se cuiden todos los procesos y que se acaben los cacicazgos en la academia, en los grupos intelectuales, porque también había mucha corrupción, todos estos grupos que estaban muy enojados por eso”.

Krauze y Aguilar Camín se han convertido en obsesiones enfermizas para el presidente. Pero no son las únicas. Todo aquél que exprese un disenso, forma parte del bando de sus enemigos, porque en verdad que así los considera, ya que impone en el espacio público una lógica de guerra. Eso es lo peligroso. No hay ninguna señal de que pretenda corregir ese rumbo. Vamos camino al abismo.

¿Hay vía libre para la construcción de la planta de fertilizantes en Topolobampo?

La tarde del lunes 29 de noviembre, se dieron a conocer los resultados de la consulta a la población sobre la planta de fertilizantes en Topolobampo. Más allá de los notables desaciertos y desaseos del procedimiento, que tendrán que ser resueltos en las instancias legales correspondientes, los resultados son muy elocuentes: una gran mayoría de los participantes se inclinó por el sí. 75 por ciento dio su voto favorable, un porcentaje que se encuentra a medio camino entre el resultado el sondeo realizado en días previos por la empresa Enkoll (85 por ciento) y el realizado por la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de Los Mochis (65 por ciento). Ciertamente, el resultado no es vinculante, esto es, no tiene fuerza obligatoria para las instituciones, pero si es un gran aliento a quienes desde hace tiempo han apostado por este proyecto que está llamado a consolidarse como uno de los grandes detonadores del desarrollo económico del norte de la entidad. Es también un sólido aval para el gobernador del estado, Rubén Rocha Moya, que ha apostado fuerte por un proceso de industrialización de Sinaloa que rompa con un modelo de desarrollo, que siendo muy importante para la entidad, difícilmente puede contribuir a acelerar el ritmo de crecimiento de la economía sinaloense.

Volviendo a los resultados que arrojó la consulta, hubo un total de 39 mil 753 participantes, de los cuales 30 mil 59 votaron por el sí, y 9 mil 402 por el no. Higueras de Zaragoza, en Ahome, fue la sindicatura con mayor participación, en tanto que la casilla de Topolobampo, como era natural, fue la más cerrada: 54 por ciento se pronunció por el sí, y 45 por ciento por el no.

El conflicto, por supuesto, sigue abierto. Pero corresponde a las partes hacer ahora un esfuerzo extraordinario por acercar posiciones, encontrar convergencias y puntos de equilibrio de tal modo que la población entera pueda compartir un proyecto estratégico para la región, que genere empleos, ingresos, mejore el tejido social, incorpore a grupos sociales vulnerables al bienestar social y al progreso material. Se trata de hacer de la zona norte, un proyecto ganador, un juego de suma positiva, donde todos los participantes ganen. Diría, sobre todo, que hay que poner énfasis en las externalidades negativas que implica el proyecto de construcción de la planta, y que están contenidas en el trabajo coordinado por Federico Páez, y que cité ayer. Si todos son capaces de acercar posiciones, recurriendo a eso de lo que mucho se habla y poco se aplica, esto es, al método de aproximaciones sucesivas, no hay duda de que se abrirá una nueva etapa de prosperidad en esta región de Sinaloa.

ZONA POLITEiA:El control de la calle y de las instituciones.

29 de noviembre de 2021

César Velázquez Robles

Históricamente, la calle, la plaza pública, ha sido de las oposiciones. El poder ha encontrado en las instituciones su trinchera desde la cual lanza sus estrategias que le permitan la reproducción ampliada de las más diversas formas de dominación política e ideológica. Así se ha dividido el monopolio de la arena pública, sobre todo si asumimos que ambos, la plaza y las instituciones forman parte del espacio público. Pero en nuestro país ocurre algo curioso: a la oposición no le sienta bien la calle. Parece gustarle más el confort, la comodidad, los mullidos bancos congresuales, las oficinas lujosas, los reflectores, los medios, las redes, que el trajín diario, el contacto con las multitudes, la orientación sistemática a la militancia, el trabajo desde la base social, el contacto con los grupos de trabajadores, o con las diversas expresiones de la sociedad civil. Quizá sea cierto lo que hace no mucho tiempo dijo un personaje de la vida política nacional: se está produciendo un aburguesamiento de las oposiciones.

Bueno, lo mismo pasa en quienes hasta hace tres años eran oposición. La llegada al poder cambia la forma de percibir la vida política. El acceso a las instituciones, a las decisiones y al control modula en los nuevos depositarios, una conducta que pronto olvida sus prácticas pasadas. Los que antes hacían de la calle su espacio vital, ahora son los nuevos burócratas, la nueva nomenklatura que se coloca por encima de la militancia, las propias estructuras partidarias y que hace de la administración pública un sistema de botín. Pero hay quien se siente bien en la calle, que añora la plaza pública, vivir en loor de multitudes, como se decía en el viejo y arcaizante lenguaje: Ya Saben Quien: el presidente de la República, Andrés Manuel López Obrador. Ocurre que ha convocado a una concentración en el Zócalo de la Ciudad de México para el próximo primero de diciembre, a fin de celebrar con la gran masa el tercer aniversario de su ascensión al poder.

Será un recuento de la mitad del camino recorrido al que solamente le faltarían tres reformas, según sus “ideólogos” para cerrar el ciclo de la cuarta transformación: la (contra)reforma eléctrica; la (contra)reforma electoral y la de seguridad, que tiene como propósito fundamental integrar la Guardia Nacional en el Ejército Mexicano. Ya sabemos cuál será la estructura del discurso del poder: una exaltación del hecho; un fenómeno histórico del que hay que destacar su condición de gesta heroica, de momento épico que condensó años de lucha del pueblo mexicano. El inicio de cambio de gobierno y de régimen, las grandes reformas que lo han ido haciendo posible, y la reiteración, como lo han hecho todos los presidentes, de que si no se hubiera actuado así, el país ya se les hubiera deshecho entre las manos, esto, es, redimensionar su condición de salvadores de la patria. Por supuesto, una nueva repasadita a los “conservadores”, y el llamado a prepararse para las nuevas gestas que habrán de librarse en la perspectiva de 2024 con sus estaciones intermedias.

Así será el script del primero de diciembre en el Zócalo. Pero me interesa más que cualquier otra cosa, destacar el espíritu de la convocatoria. Algo que las oposiciones han olvidado o que ha desaparecido de su ADN: recuperar la calle, tomar de nuevo la plaza pública, levantar las demandas de la ciudadanía, tremolar las banderas de la protesta ante el poder. Pues justamente, eso es lo que va hacer el poder dentro de dos días: tensar todos los resortes internos que son capaces de movilizar a la masa; recuperar el espíritu de cuerpo que cohesiona, identifica y genera los lazos de solidaridad que convocan a compartir aspiraciones y propósitos. Ese es el sentido del movimiento y, por supuesto de el Movimiento. Así que nadie podrá decir después que los tomaron desprevenidos, con la guardia baja. Al contrario, listos y dispuesto a la lucha.

No me canso de insistir. Lo he hecho en otras ocasiones en este espacio. Eso es justamente lo que deberían estar haciendo las oposiciones: convocar a la protesta, a la concentración en la plaza pública para exponer razones, argumentos y orientaciones de lucha a su militancia. A establecer el contacto con una miríada de organizaciones de la sociedad civil, ahora tan vilipendiada y humillada por el gobierno. A convocar a las instituciones de educación y cultura, a las organizaciones sindicales y gremiales, a los ciudadanos de a pie, comunes y corrientes, que están dispuestos a luchar pero a condición de que se les diga por qué y para qué. ¿No pueden? ¿No son capaces de hacerlo? ¿No tienen iniciativa? Ya empiezan a aparecer otras iniciativas que, de prender, los pueden dejar en el camino.

La iniciativa del Frente Cívico Nacional

Hay una iniciativa en marcha. Este pasado fin de semana se constituyó el Comité Promotor del Frente Cívico Nacional, una organización amplia, pluralista, con representaciones políticas que van desde la centroizquierda a la centroderecha, dispuesta a encontrar y procesar las convergencias estratégicas que permitan construir una candidatura y un programa de consenso en la perspectiva de la elección presidencial de 2024. En ese comité están Raúl Trejo Delarbre, Cecilia Soto, Gustavo Madero, Emilio Icaza, Guadalupe Naranjo, y muchas otras personalidades reconocidas en las luchas políticas sociales y partidistas. En el acto de formalización del comité, Acosta Naranjo señaló que “Mientras en el partido gobernante el partido oficial se teje un dedazo envuelto en una encuesta, nosotros queremos proponer que el candidato o la candidata que surja de un gran bloque opositor sea electo por los ciudadanos”. Por su parte, Cecilia Soto, ex candidata presidencial, apuntó: “La tarea, nuestra tarea, por eso se llama comité promotor del Frente Cívico Nacional, es fundar las representaciones, los frentes cívicos de los estados, los frentes cívicos estatales, de tal manera que este movimiento se extienda de manera muy amplia y en una fecha de los primeros meses del próximo año tengamos ya una gran convención fundadora”.

Es, sin duda, un movimiento esperanzador. Se propone organizar desde la base social un movimiento genuinamente independiente, que construya su propia propuesta, que la discuta y la debata en ambiente de libertad, pluralismo y tolerancia como expresión de su vocación y condición democrática. Se trata de una nueva pedagogía en la construcción de una alternativa política, que no nace desde arriba, desde una cúpula o un grupo de iluminados, sino de ciudadanos deseosos de hacer su contribución a la lucha por una sociedad democrática. Ahí estarán, seguramente, muchos mexicanos preocupados por la deriva autoritaria y antidemocrática, por el ambiente de choque, confrontación y polarización que se alienta desde el poder, y que aspira a una convivencia más respetuosa y civilizada.

Parece que la planta de fertilizantes va

Hubo protestas, manifestaciones, bloqueos, gritos, insultos a los medios, hubo de casi todo en la jornada de consulta llevada a cabo ayer para decidir si se apoya o no la construcción de la planta de fertilizantes en Topolobampo. Era previsible que así ocurriera: los meses precedentes –más bien los años: el proyecto empezó en 2003— estuvieron marcados por una confrontación no de ideas, sino de prejuicios, de lugares comunes, de desconocimiento de detalles finos del proyecto, todo lo cual contribuyó a dividir grupos sociales. Habiendo razones atendibles por las partes, dominó la inquina, la descalificación. Estudios como el que referí en mi colaboración del viernes pasado, que hubiese sido un excelente documento orientador de un debate serio, maduro y responsable, fue dejado de lado. No hubo ideas; hubo frases zahirientes, diálogo de sordos. Es cierto también que, como todas las consultas que se han llevado a cabo, ésta también fue desaseada, y en estricto rigor no cumple con las condiciones establecidas en la norma.  

La empresa Enkoll, que levantó entre el 20 y el 22 de noviembre una encuesta con 868 entrevistas directas, y que anunciaba un claro triunfo del sí, realizó también una encuesta a salida de casilla, con un resultado abrumadoramente favorable al sí a la planta. 81.9 por ciento a favor de que sí se instale la planta en Topolobampo, y tan solo el 15.9 por ciento en contra, con datos actualizados a las seis de la tarde de este domingo 28. Por supuesto, esto no quiere decir que el asunto ya esté resuelto, y que la planta no enfrentará ya ningún obstáculo para su construcción. Hay amparos pendientes, y faltan todavía algunas resoluciones que deberán ser atendidas. Sería deseable que todos estos temas se resolvieran en estricto apego a la legalidad y respeto al Estado de derecho.

El gobernador ha apostado una parte de su capital político a favor de la planta. Ha hecho una decidida apuesta por la industrialización de Sinaloa, y la planta es clave en ese propósito. Perder esta batalla por decisión de la Corte, sería una derrota para Sinaloa y una derrota para Rubén Rocha Moya. Difícilmente podrá atraer y retener capitales e inversiones. Eso es lo que está en juego.