Para AMLO, la consulta del domingo no fue un fracaso sino algo infinitamente más perjudicial, al menos en política: fue un error. Lo que en verdad se demostró, es que el presidente perdió el piso desde hace tiempo y su abordaje sobre la realidad mexicana parte de premisas falsas. No es un fenómeno nuevo ni raro aquí en México, ocurrió con Echeverría, con López Portillo, con Fox y con Calderón, por mencionar algunos casos: todos cayeron en el intento de tragar lumbre, encandilados por sus propios fuegos de artificio. Lo malo para el presidente es que reveló su fórmula secreta cuando apenas está a la mitad de su mandato, lo cual podrá prestarse para discutir si es bueno o malo para él, pero para todos nosotros que estamos en medio de una vorágine que no ocupo explicarles, eso no es para nada bueno y no lo vamos a arreglar diciendo que “yo en política no me meto”.
Vamos dándole por buenos los 7 millones y medio de votos recibidos, hagamos lo mismo con la tendencia que lleva el resultado y que anticipa un 90% a favor del sí; dado el galimatías que logró crear AMLO, no puedo asegurar que quizá pretendían lo contrario: el triunfo del no. Por lo mismo centrémonos en que lo pronunciado del sesgo nos da la materia de que está hecho ese resultado: su voto duro. El faltante para los 30 millones que le atribuían ya no son de él porque nunca lo fueron. Cualquiera que anda en este negocio sabe por experiencia que nunca se miente tanto como cuando se va de pesca o cuando se afirma con cuantos votos se cuenta. En toda negociación política esa es siempre la gran pregunta ¿Qué tanto exagera éste? Esa exageración da el diferencial que representa la utilidad, es la tajada de “plusvalía” (patrimonio político) que cambia de manos y a decir verdad, AMLO gozaba de una tasa de rendimiento que ya quisiera cualquier banco poder ensartársela a sus clientes de tarjeta de crédito.
Tuvo avisos en la elección de este 6 de junio, el mismo se encargó de que lo supiéramos con sus declaraciones, a la luz de los despidos y los cambios que hizo en el nivel de sus principales operadores políticos; la narrativa que construyó a ese respecto fue transparente (o sea que nada más cuando le conviene…): los resultados no fueron satisfactorios, no era lo esperable partiendo de que este gobierno cuenta con 12 millones de beneficiarios en sus programas de apoyo social. Hasta ahí, su capital seguía intacto pues reforzaba el consenso que ya existía en torno a su magnitud y por ende a su fuerza ¿Qué tantos votos más tendrá ahorita?
La explosión del ducto en Hidalgo, debe servirnos para entender que el fenómeno de los robos a PEMEX no es un problema político, tampoco de corrupción ni mucho menos cultural, como llegan a sostener algunos; lo que PEMEX enfrenta es un problema de seguridad industrial, se trata de una cuestión técnica que para resolverse requiere de conocimiento especializado, cuya ausencia quedó demostrada en la torpeza con que se manejó el incidente.
Nadie hasta el momento ha hecho una pregunta elemental ¿Qué hubiera sido si no se registra la explosión? Si nos atenemos a ciertos hechos básicos que están a la vista de todos, la respuesta no puede ser otra que: nada. Ni nos hubiéramos enterado de una nueva pérdida monumental de recursos nacionales, de hecho hasta el momento seguimos sin saber el motivo de la fuga ¿Fue un parche que falló? ¿Fue un intento de robo? Si fue lo segundo ¿Quién de los que siguen dentro de PEMEX avisó del momento adecuado para perforar? No son dudas razonables, son dudas obligadas.
Vamos a olvidarnos del momento y la razón por la que se presentó el derrame, concentrémonos en las horas transcurridas desde cuando coinciden, en el teatro de los hechos, una multitud cercana a las mil personas además de reporteros, policías y un piquete de soldados. Fueron más de dos horas donde no hubo ninguna otra reacción oficial, salvo el estupor de los uniformados que nunca recibieron refuerzos, nuevas instrucciones… como sus mismos testimonios lo admiten, no supieron qué hacer y optaron por no hacer nada… por fortuna, porque si hubieran optado por la fuerza además de quemados tendríamos también baleados. Es de reconocerles que su actuación demuestra un sentido común ausente en sus superiores, a la vez que pone al descubierto que el problema de la estrategia aplicada para solucionar los robos no es su ineficiencia, sino su inexistencia. Para mayores referencias aconsejo remitirse al sexenio de Felipe calderón y su guerra contra el narco, la cual por cierto disfrutó de una mayoritaria aprobación ciudadana por lo menos durante año y medio, medida por una buena parte de las mismas encuestadoras que hoy conceden oreja y rabo al nuevo Comandante en jefe.
En este mismo espacio, he sostenido mi coincidencia con el planteamiento de que la matriz de la corrupción está en las competencias, en la facilidad con que cualquier miembro de nuestra clase política -sea o no sea del partido que sea-, puede desempeñarse en el cargo que sea con solo tener a su favor la decisión del mandamás, apellídese Fox, Calderón, Peña o López; la corrupción en México pasó de sistémica a genética, desde que todos aceptamos que un político es el súper hombre de Nietzsche, capaz de resolver cualquier problema, cuando sólo se trata de un hombre con un martillo que a todo le ve cara de clavo y a todo responde igual: con política, pero a la mexicana. López Obrador no sabe nada de seguridad industrial, de la misma forma que Calderón no sabe nada de narcotráfico, no estoy diciendo que ambos sean iguales, estoy diciendo que a nosotros nos va a ir igual. Si otra vez ya aceptamos como natural y válido, que al frente de una petrolera acosada por la delincuencia externa e interna pongan a un agrónomo, cuya principal virtud va a venir siendo -si nos atenemos a los resultados- la rapidez con que responde “las que usted diga”, cuando el presidente pregunta qué horas son, no tenemos cara para esperar esto acabe distinto.
Y luego está otro asunto.
Ahora exhortan a la unidad y piden el respaldo de toda esa población, que justificadamente se quejó por las inconveniencias de la acción oficial en contra del huachicoleo, y que se le dio un trato de traidores a la patria y casi les toman nombres y domicilios -ya qué falta-, para negarles gozar de las indudables mieles de la 4T que en un futuro próximo llegaremos a ver, de la misma forma que también gozaremos de los resultados de las reformas peñanietistas (¿Ya no se acordaban verdad?). Con sinceridad deseo que el daño hecho a esa franja ciudadana se pueda revertir, pero tengo mis dudas por esa persistente torpeza, esa necedad por discriminar y considerar sospechoso de corrupto prianista a quien no esté en condición de famélico muerto de hambre. Me cuesta darle crédito a mis ojos y mis oídos, cuando veo y escucho al presidente pidiendo ahora sí disculpas por las consecuencias que afectan a un grupo de malos ciudadanos, que incurrieron en un condenable acto de rapiña después de todos los llamados, las advertencias, los avisos, etc. Ni modo, lo voy a decir con todas sus letras: mostraron en su justa medida, el verdadero liderazgo de López Obrador en ese sector de nuestra sociedad donde suponíamos está su mayor fuerza.
Le escupieron la cara. Ni más ni menos.
Pero en lo que a mí respecta, le propongo amigo lector que de nuevo le digamos sí a López Obrador, vamos para adelante y sin aflojarle, pero no en total acuerdo; de hecho nos la pone fácil porque ya estamos duchos después de hacerlo en más de una ocasión con otros presidentes… a los que luego les cobramos en las urnas su estupidez propia de corruptos; por lo mismo, y por la patria y por las dudas, que nos demuestre que esta vez sí es diferente, que presente y deje hablar al cerebro de esta nueva guerra y que explique cómo fue que ocurrió la falla, porque para eso son los planes, para evitar contratiempos imprevistos o por lo menos explicar por qué sí se presentaron.
A Plutarco Elías Calles se le sigue considerando el creador del México moderno, entre otras cosas porque fue quien cerró la etapa de los “generales”, lo hizo a base de cañonazos de 50 mil pesos o de los de verdad, pero lo hizo.
Nacido en 1877 en Guaymas, Sonora, llegó a Coronel durante la revolución y ocupó la presidencia de México de 1924 a 1928; fue más despiadado en el campo de la política que en el de la guerra: supo resistir a la tentación de la reelección y se convirtió en el poder tras el trono, fundando el Partido Nacional Revolucionario (1929) e influyendo en los presidentes que le sucedieron: Emilio Portes Gil (1928-30), Pascual Ortiz Rubio (1930-32) y Abelardo Rodríguez (1932-34); es de ahí de donde le vino el mote de “jefe máximo de la revolución”, así como la costumbre del público durante todo ese tiempo, para señalar a palacio nacional mientras se decía: el presidente vive ahí, pero el que manda vive enfrente. En 1936, Cárdenas lo paró en seco y lo mandó al exilio, de donde regresó a México en 1941 pero ya no intervino más en la política nacional, iniciando a partir de ahí una profunda relación con Sinaloa, más concretamente con Navolato, esa conflictiva región de Culiacán que Santa Anna le vendió al Melitón (Un saludote y un gran abrazo, por cierto) pero que pronto recuperaremos, en cuanto doña Lucila tome posesión como nuestra primera gobernadora.
Ánime muchaches!!! Ya falte menes!!!
La casa de la cultura de la UAS, primero fue asiento de la familia Almada Calles, emparentados en serio con el sonorense, dueños del ingenio La Primavera y del campo Montelargo: fueron quienes en su momento, construyeron el puente Almada, el que va paralelo al puente negro. Durante la larga y sosegada etapa final de su vida, Plutarco Elías Calles fue visitante frecuente del municipio y fue un profundo enamorado de la playa de El Tambor, al extremo de contar con una casa propia ahí. Un rasgo poco conocido de don Plutarco es que fue un apasionado trotamundos, seguramente herencia de su padre, un árabe que entre fines del siglo XVIII y el siglo XIX vino a parar a la California gringa, merced a un experimento del ejercito: crearon un regimiento de caballería con camellos que trajeron de medio oriente, buscando mejorar rendimientos en los desiertos del sur de USA. Al estilo de nuestros vecinos, que no suelen andarse por las ramas, además de los dromedarios se trajeron de allá mismo cuidadores experimentados, de entre los cuales uno de ellos migró a Sonora cuando el experimento acabó en fracaso. En innumerables noches de conversaciones en torno a una fogata, don Plutarco afirmaba conocer todas las playas de México y daba la máxima calificación a El Tambor como la mejor, sólo acotaba la posibilidad de que fuera superado por un sitio en el sureste de nuestro país, en la parte contraria al golfo de México, es decir en el mar caribe, pero con la desventaja de ser una región insalubre y peligrosa, por la presencia de unas fiebres que no existían en el resto del país: se refería a lo que hoy es Cancún y, todo indica, las fiebres eran dengue hemorrágico.
Hará cosa de veinte años, las ruinas de esa casa de playa aún eran visibles, me tocó verlas pues estaban junto a otra construcción más moderna, propiedad de uno de los asistentes a las tertulias que ahí se dieron. No sé cómo estén hoy esos vestigios, así como el estado de la playa, pues son por lo menos dos décadas desde que me vi obligado a abandonarla por un edicto municipal que me prohíbe visitarla, en respuesta a los estragos que solían causar hordas de mujeres enloquecidas al verme en traje de baño… de acuerdo, ya ha corrido mucha agua desde entonces y ya no estoy en edad para esas mortificaciones, pero a diferencia de la inmensa mayoría, a mí la pandemia me ha hecho bajar más de 20 kilos, así que prefiero no correr riesgos.
¡Dios mío! ¡Por qué me hiciste tan cuero! ¡Yo no pedí nacer así!
Todas estas disquisiciones surgen de una conversación en el grupo/chat de La Feria, como parte de una alegata sobre las características de las numerosas playas que se conocen entre todos los miembros de ese grupo, charla que coincidió con el momento donde el ayuntamiento de Navolato, sindicatura de Culiacán, anunció que sus playas (en realidad: nuestras.) no se abrirán en semana santa. El punto entonces no es que tan fregona es la del Tambor, en realidad se trata de tomar conciencia sobre otro costo más que debemos cubrir a resultas de la pandemia, el cual muchos de inmediato lo considerarán superfluo y tal vez tengan razón… o tal vez no. Ese es el problema: nadie se ha parado a revisar en detalle las implicaciones de todas las renuncias en que hemos incurrido hasta hoy, para a la vez contrastarlas contra lo que hemos recibido a cambio.