AL DIABLO CON LOS MITOS

Jorge Eduardo Aragón Campos  jaragonc@gmail.com

Dicen que un clavo saca otro clavo; nada más falso. El discurso oficial sobre el atipismo (positivo, claro) de AMLO, pasó de la burla al rechazo desde hace rato, evidenciando aún más, con ello, la absurda pretensión de seguir tapando el sol con el mismo dedo de siempre.

¿En verdad creen que apantallan a alguien con las dichosas encuestas de aceptación? Anda circulando un chiste de comunicadores: basta que un morenista piense en una mentira, para que antes de soltarla el mismo ya se la creyó entera. Le hago una pregunta a usted, lector ¿Después de verle la zanca al pollo, a poco más de un año de gobierno transcurrido, usted cree que si AMLO tuviera esa aceptación que le atribuyen las encuestas, no haría cada fin de semana una concentración monstruosa en el Zócalo?

Sus panegiristas, y hasta algunos supuestos críticos, no dejan de describirlo como un sagaz carismático y maestro del ajedrez político, como un orador capaz de mantener en vilo a un pueblo, mediante una retórica distinta y refrescante.

¿En serio?

O sea que el tipo es simpático, más convincente que un vendedor de autos usados, congruente e imaginativo para ofrecer soluciones innovadoras a problemas viejos… y por lo menos 30 millones lo adoran. Pues se están durmiendo, porque con la mitad de eso ya estuvieran haciendo la mañanera en el estadio Azteca y cobrando la entrada; de ahí se paga el avión, las medicinas, el impuesto a las gasolinas, etc.

Yo me apunto para la reventa.

El tipo habla mal y se explica peor, dejando aflorar una mente retorcida, incapacitada para recurrir a una recta a la hora de recorrer la distancia entre dos puntos: es día que no ha pronunciado una sola línea memorable por su brillantez. Los únicos dos asuntos que mantuvo resueltos durante la campaña, ya resucitaron corregidos y aumentados: su boca. No la tiene fácil. Mientras menos tiene que decir, más habla. Sus dictados en contra de la realidad no reflejan a un tramposo, sino una patología: la del burócrata grillo, cuya mayor pesadilla es la de un problema bien resuelto. Ni siquiera fue capaz de meter orden en su propio partido. Su único mérito para llegar hasta donde está, fue el de no morirse mientras sus opositores le hicieron todo el trabajo.

No es más que un afortunado farsante más, como lo fueron Luis Echeverría, José López Portillo, Miguel de la Madrid, Ernesto Zedillo, Vicente Fox, Felipe Calderón y Enrique Peña nieto…o como los que aún siguen siéndolo, como la Yakult Polevsky, Bartlett, Durazo, napito, Elba Esther… Estoy en todo mi derecho de expresar mi inconformidad, frente a la forma como AMLO se está comportando desde que llegó a la silla presidencial; estoy en todo mi derecho a llamarme engañado; estoy en todo mi derecho de señalarle su carácter de estafador, marrullero y corrupto, una y mil veces corrupto, además de intolerante, pues no le basta con jodernos igual que lo hicieron quienes le precedieron; estoy en todo mi derecho, a negarme en cumplir su exigencia de que le aplaudamos y agradezcamos cada barbaridad que a cada rato nos avienta. Viene por lo último que nos queda: nuestro derecho a quejarnos.

No vaya fregando.

UNA REVOLUCIÓN CULTURAL (TERCERA)

SUSANITAS

Jorge Eduardo Aragón Campos jaragonc@gmail.com

La próxima semana ya será marzo, es decir estaremos a menos de 30 días de cumplir un año viviendo bajo la égida de la pandemia. Un año. Al menos no podemos quejarnos de que nos resultó inútil: el esfuerzo económico, sanitario, social, educativo… que nos ha costado la experiencia, demuestra que los sinaloenses mantenemos muy buenas reservas de nuestra capacidad para tolerar cuánta barbaridad nos cometan nuestros políticos… comerciantes… médicos… narcos… policías… abogados… albañiles… camioneros… el del carro de las donas que nunca se para (este es el peor de todos).

¡Maldito! ¡Mil veces maldito!

No debe extrañarnos entonces, que entre la sarracina de “mierda guardada” en que han derivado las campañas políticas (perdón por mi francés), resalte la poca presencia del tema de la pandemia, ya no digamos que lo hiciera bajo un abordaje primordialmente local.

Aquí es adónde yo quería llegar.

En la entrega anterior, concluí señalando que los sinaloenses somos dados a describirnos como lo que somos, mientras que raras veces lo hacemos recurriendo a lo que hacemos. El motivo es muy sencillo: nunca hacemos nada y para muestra basta un botón. Podemos hacer mil especulaciones y aventurar mil hipótesis sobre las medidas que se han tomado, así como sus resultados para enfrentar la pandemia tanto a nivel mundial como nacional, estatal… y lo único en firme que tenemos es a Sinaloa como el estado con la mayor incidencia de casos y de muertos, lo cual no es digno de ser tomado en cuenta, al menos no lo suficiente como para despertarnos alguna duda o siquiera la curiosidad, porque los únicos culpables de todo esto son los que salieron a fiestas… en diciembre. No deja de sorprender la facilidad con que le encontramos una conveniente explicación a lo que sea que se nos presente. En la tira cómica de Mafalda, la protagonista tiene su némesis en Susanita (que mejor debería llamarse sinaloita), quien para enfrentar en un examen la pregunta sobre ¿cuánto tiempo llevaría levantar un muro de X longitud, si el albañil responsable puede hacer Y cantidad de metros por día? ella responde: ni un milímetro, porque el albañil no hará nada, porque en este país los pobres son pobres porque ninguno de ellos quiere trabajar. Susanita no se mete en problemas porque no permite que el mundo se le meta en ella (salvo lo que le conviene), y lo logra porque su estrecha visión es tan limitada que no percibe la más ínfima mota de realidad, salvo su único problema que es su único objeto de su único interés: Felipito, quien no la quiere.

Dios castiga sin palo y sin cuarta.

¿Estoy sugiriendo que los sinaloenses somos como Susanita? No, de ninguna manera, no sería justo de mi parte, ella por lo menos tiene una meta bien definida, así como los motivos que la llevaron a esa decisión: a Felipe lo quiere para que sea su marido y le resuelva todos sus problemas. Nosotros no ocupamos metas ¿Para qué? Ya las tuvimos; ya las alcanzamos; ya las perdimos ¿Y? ¿Algún problema? ¿Sirvieron para algo? La pregunta es pertinente porque quien nos viera juraría que no, caso contrario alguien las recordaría y por ende las mencionaría, pero no, de ahí que nuestros candidatos luzcan más como aspirantes a gerentes de supermercado que a cargo de elección popular…y eso en los casos donde vamos de gane, porque hay otros que…

UNA REVOLUCIÓN CULTURAL (QUINTA) DOBLE NAVOLATO PERO SIN FIBRASIN

Jorge Eduardo Aragón Campos  jaragonc@gmail.com

En 1982, Navolato se convirtió en el municipio más joven de Sinaloa, con el pretexto de que sería el detonante industrial de la zona centro del estado gracias a FIBRASIN, una fábrica de paneles producidos a partir del bagazo de caña que generaba el ingenio azucarero, la cual había sido adquirida en Puerto Rico por gobierno del estado durante la administración de Toledo Corro ¡Preparémonos para administrar la abundancia! nomás les faltó decir. El año entrante será la conmemoración de un experimento iniciado hace 40 años, una experiencia a la que vale la pena asomarnos ahora que la celebración coincidirá con el nacimiento de dos nuevos municipios para Sinaloa (El Dorado y Juan José Ríos).

No me voy a extender mucho sobre esa parte de la historia reciente de nuestro vecino, nada más voy a subrayar que FIBRASIN no alcanzó a cumplir los diez años de vida, mientras que el año pasado inició la demolición de las chimeneas del ingenio azucarero. Sería injusto decir que de aquella promesa de ser el detonante industrial no quedó nada: a un costado de la iglesia, se ponen unos churros y unos quequis que son más caros que buenos, pero es industria de transformación y algo es algo. La comunidad que tuvo más crecimiento durante el periodo fue Villa Juárez, cuyo principal distintivo es su tremenda similitud con un barrio bajo de Calcuta: entre antropólogos franceses hay lista de espera para venir. La agricultura de Navolato fue el núcleo duro de la agricultura de exportación, hoy es preponderantemente maicera, pero la voz de ese municipio siguió sonando fuerte en el concierto de las naciones, con las exportaciones de un poderoso cártel nacido de entre sus pródigas labranzas y fecundas tierras, un proceso exitoso de reconversión productiva realizado además con un profundo sentido social, pues no se han visto hasta hoy efectos negativos sobre su población, que además no tenían por qué: en el vecino Culiacán hay como 20 grupos de esos y de igual manera no se ve que tengan algún impacto.

Pero Navolato no es nada más agricultura y el temperamento amigable de su gente, Navolato también es playas, como la de Altata, donde desde hace pocos años la infraestructura pública la hizo crecer y abrirse hasta el pleno mar de Cortez; hoy, el visitante puede disfrutar de lo mejor y de lo más hermoso de Sinaloa, en un complejo turístico propiedad de un culichi que se niega a pagarle al municipio hasta el recibo del agua, por cierto con un éxito por encima de lo razonable si esto lo entendemos como el que obtendríamos usted o yo… o los tradicionales restauranteros del viejo Altata, quienes fueron desplazados de la orilla del agua hacia un callejón trasero, por la construcción de un nuevo malecón que ya ha aportado más de una viralización en Tik Tok por las cosas que ahí se ven… y se graban.

Mejor no hacernos bolas: Navolato produce hoy menos bienes y menos riqueza que hace 40 años. El resto es literatura. Cambios, lo que se dice cambios, los hay y sin duda son visibles, pero de igual manera no son atribuibles a la cuenta municipal pues se deben a un rasgo de los navolatenses que no es privativo de ellos: tienden a reproducirse y eso hace que crezca su número y que ocupen más espacio. Hace 40 años Navolato era un pueblo horroroso, hoy es un pueblo horroroso y además está más viejo.

Esa sí fue nomás por joder ¡Un abrazo Meli!

Mi punto es que en valoraciones materiales, no se percibe que la municipalización haya marcado una diferencia con respecto a sus hermanos mayores, como igual ocurre con todo lo demás: ciudadanía, cultura, educación, salud… sin embargo, aunque así lo parezca, mi intención no es la de expresarme en contra de la creación de nuevos municipios, lo que quiero hacer notar es que frente a la circunstancia actual, la aprobación para El Dorado y para Juan José Ríos no está entre las primeras preocupaciones de los sinaloenses que no vivimos en ellos, y hasta de los que sí, salvo quienes integran el grupo que en todos los casos y bajo cualquier circunstancia, tienen beneficios asegurados en todo ayuntamiento que se respete de serlo: los políticos y la burocracia.

Con razón andan tan contentos.

Y conste que eso fue porque pretenden nuestro voto, espérense a que no lo ocupen. O ya pensándola bien, no se esperen nada, tengo una grata sorpresa para ustedes: esta columna, además de ser una muestra suprema de prosa de alta calidad y deslumbrante intelecto, también puede usarse como entretenido juego de mesa… o más bien de dispositivo: Usando el comando reemplazar, donde diga Navolato ponga el nombre de su municipio y así sucesivamente con sus similares, le aseguro horas y horas de diversión encontrando a cada paso las semejanzas. El nombre del juego es: lo que está secuestrado es Sinaloa.

Y vamos a saber por quién. Le seguimos en la próxima.