EL CUERNO DE LA ABUNDANCIA

UNA REVOLUCIÓN CULTURAL (OCTAVA)

Jorge Eduardo Aragón Campos  jaragonc@gmail.com

En la entrega anterior, les describí grosso modo la situación que privaba en la UAS durante su última crisis mayor, a la cual se le puede poner como fecha final el año de 1977 con el inicio del rectorado del ingeniero Eduardo Franco.

En aquel momento, cuando la UAS comenzaba a dar los primeros pasos hacia su reinvención, buena parte de los sinaloenses la miraban con desprecio por estar a la zaga del desarrollo que por todo el estado se manifestaba, dotando a sus habitantes de un alto sentido de autoestima, además de una confianza plena donde el progreso ya habría cruzado la línea de no retorno, cancelando así cualquier posibilidad de retroceso: para el sinaloense común, el futuro consistía en la seguridad de que cada nueva generación tendría una vida mejor a la que habría tenido la generación que le precedía.

En la década de los setentas, Sinaloa era uno de los cinco estados más ricos del país: el nivel nutricional de su población estaba a la par de los países más desarrollados. En Culiacán la riqueza abundaba y para donde uno volteara había oportunidades de negocios relampagueantes; la agricultura cumplía con dos ciclos por año para producir hortalizas, granos, frutales, etc. y ya mostraba músculo en torno a la industrialización. Operaban tres ingenios azucareros en Costa Rica, El Dorado y Navolato; por el boulevard Zapata (a partir de su cruce con la Bravo) abundaba la industria metalmecánica ligera, de donde surgían manufacturas para sostener la operación de los empaques hortícolas, de las arroceras y de las aceiteras que más adelante poblaban esa misma ruta, ya pasando el puente a desnivel sobre la vía ferroviaria; también por esos rumbos, junto al centro comercial de Plaza Lomas, estaba IASA (Industrias de Agricultores S.A.), una de las muchas iniciativas exitosas de los agricultores privados de Sinaloa, y expresión de una clase empresarial que daba sus primeros pasos hacia una cultura de asociacionismo, al estilo de la que existía en el Monterrey altamente industrializado de aquella época; ahí se fabricaban fertilizantes, insecticidas, aperos de labranza, etc. El concepto de IASA era reflejo de una fórmula de negocios redondita: reducían costos, aumentaban calidad, generaban empleo y producían riqueza para beneficio del estado.

La agricultura intensiva que se practicó a partir de la construcción de infraestructura hidráulica, aún no provocaba la salinización que tenemos hoy en los valles, un fenómeno que de igual manera debió afectar las condiciones del agua del mar de Cortez con todo lo que ello implica, además la actividad pesquera no era tan intensiva ni acumulaba mucho tiempo de explotación desmedida: meros de 50 kilos, bancos de curvinas que a puro anzuelo te podían dar media tonelada en una jornada, pargo colorado, coconaco… eran cosa de todos los días y su consumo estaba muy por encima de los mariscos, como ejemplo, en Altata lo que se comía era pescado en caldo, a las brasas, a la veracruzana… y los  restaurantes solían tener al lado un patio de arena sombreado con tejaban, donde sesteaban cahuamas que los niños podían montar como juego; era obligado regresar hasta pasadas las seis de la tarde, para llegar a cenar tacos dorados de camarón en Navolato y así aterrizar directo a la cama llegando a Culiacán. Concluyendo: la pesca era una importante fuente de prosperidad al igual que la agricultura y la industria, pero también contribuía enriqueciendo nuestra dieta con grasas omega trans, cuyo consumo se ha venido reduciendo durante los últimos 50 años mientras obesidad, diabetes, hipertensión, entre otras, han crecido. No estoy diciendo que la comida chatarra no sea la responsable: todo mundo acepta que hubo un proceso negativo de cambio en los hábitos alimenticios, pero nadie dice el cómo y el por qué, es decir se renuncia a la potestad sobre un asunto que nos atañe y nos afecta, y que si fue provocado entonces puede ser remediado. Por cierto, en ganadería sí andábamos mal: la leche tenía que ser bronca porque la industrial local no se la tomaba ni un becerro huérfano, mientras comer un buen corte sólo era posible en restaurantes que los traían de Sonora, pero abona a esta idea de que nuestra dieta estaba más orientada hacia productos del mar.

En este recuento de abundancias aún están pendientes comercio y narcotráfico, y muchas carencias que ya desde entonces se habían manifestado, así que le seguimos en la próxima.

UNA REVOLUCIÓN CULTURAL (CUARTA)

ELOGIO DE ROSA ELENA MILLÁN

Jorge Eduardo Aragón Campos  jaragonc@gmail.com

La alianza PAS – MORENA, sumada a la toma de protesta del Comité Directivo Estatal del partido Fuerza por México, encabezado por Juan Ernesto Millán Pietsch y con Rosa Elena Millán Bueno como su virtual candidata a la gubernatura de Sinaloa, demostraron que los diagnósticos de los geólogos sobre la sismicidad regional están equivocados: aquí sí ocurren terremotos de gran magnitud. Las réplicas del hecho sirven también para confirmar lo que nadie quiere aceptar: la clase política sinaloense está formada por sinaloenses. Tomo como ejemplo el caso de Rosa Elena Millán, por algunas particularidades que lo distinguen del resto y no porque sea una amiga a la que quiero y respeto, sino por lo contrario pues en situaciones como esta el orden de los factores sí altera el producto. A Rosa Elena es a la que más ha tundido el priismo y no me extraña, como tampoco me sorprende le recriminen su deserción bajo el argumento de todo lo que ese partido le dio, a la vez que no hay una sola mención a las aportaciones que ella pudiera haber hecho a ese instituto político, una omisión más que justificada pues hoy entiendo que, por lo menos durante la última década, Rosa Elena ya no le llevó al PRI nada que ahí les pudiera interesar.

No tenía mucho de iniciado el PAS y desde el PRI ya traían la cantaleta que todavía hoy mantienen: no le alcanza, no puede solo, es puro cuento, estamos jodidos por culpa de él… fue en una de las tertulias de El Miradero, mientras el invitado se expresaba en ese sentido sobre ese asunto, que mi agudeza visual (entrenada desde que vivía de ejecutar el “dos de bastos” en el transporte urbano) me permitió notarle a Rosa Elena un gesto tipo “no sé qué que qué sé yo”; ahí mismo tuve oportunidad de preguntarle en corto:

… “de seguro que sobre esa visión optimista algo hay que yo no sé, porque el PAS está haciendo lo mismo que hacíamos nosotros, y en algunos casos hasta un poco mejor; por otro lado no veo se haga nada para contrarrestarlo, porque cada vez más el partido está dejando de hacer política y se está dedicando únicamente a hacer campañas”…

Palabras más, palabras menos, ese era el espíritu de su respuesta y a la vez me puso en claro que Rosa Elena Millán sí había aprendido la lección del 2010, así como las del 2016 y 2018. Yo creo que ella no se fue del PRI: se largó, harta de hacer el papel de alarmista y agorera del desastre por andar previniendo sobre lo evidente. Estoy de acuerdo en que la ortodoxia política recomienda linchar a los desertores, pero nada puede estar por encima de las leyes de la naturaleza y una de ellas dice que a situaciones extraordinarias se les dan respuestas extraordinarias, no pan con lo mismo siempre, como pretenden. En el PRI se les “olvidó” lo que en su momento presumieron, uno de esos rasgos que sin duda y por mérito propio le dan un sitial en la historia universal de la política: Diez años después de la caída del comunismo y el derrumbe del bloque socialista, en buena parte de esos países ya habían recuperado el poder -por la vía electoral- los mismos antiguos partidos comunistas, que habían optado por someterse a profundas reformas para responder a la nueva realidad. Alrededor del año 2010, ya era más que evidente la derrota del PAN y su salida de la presidencia para cerrar un ciclo de 12 años, pero lo extraordinario es que ya resultaba visible el regreso del PRI al poder pero sin cambiarle una coma a sus principios, visiones, estatutos, etc. Más que una hazaña, un tremendo golpe de suerte.

Y como lo que fácil llega fácil se va… y como la suerte siempre toca dos veces… y como dos es media y tres es una…

Lo primero que piensa uno, es que el priismo como un todo nos debe una explicación, como corresponde a quienes defraudan una segunda oportunidad, pero conformémonos con que algún día se la den entre ellos; desde ya, que quede como lo que es: muy su bronca. Ya son los tiempos de la cosecha y sabremos si acertaron en usar la misma táctica de pesca que han usado desde hace tiempo: pararse abajo a cachar todos los strikes del contrincante. Además de su probada eficacia, se destaca por su productividad: no necesitas a nadie.

A nadie.

Changuerismo puro, diría Sergio Torres, que se abrió y se fue además de Juan Ernesto Millán, Rosa Elena y no recuerdo cuántos más; a ojos vistas, el PRI se está desangrando y pretenden vendernos la imagen de que cumple como donador voluntario cada mes. Van a tener que inventar algo mejor.

TODAVÍA TENGO 64

UNA REVOLUCIÓN CULTURAL (SEXTA)

Jorge Eduardo Aragón Campos                                            jaragonc@gmail.com

Recordará usted, en la entrega anterior le pegamos una repasada al municipio de Navolato, centrada en indicadores muy concretos, para ponderar resultados que están a simple vista y por si no bastara, con disponibilidad de los números suficientes como para confirmarlos. Aunque fue un ejercicio ocioso: hubiera resultado más productivo hacerlo sobre Culiacán y ya nada más al final agregarle “Navolato es copia fiel”.

A cuarenta años de distancia, los navolatenses no se han emancipado de nosotros: se siguen portando igual. Si ellos lo han perdido todo, porque todo lo entregaron sin presentar batalla, es por el ejemplo cercano que tienen en los culichis. Si vamos a tomar como cierta la afirmación de que Sinaloa es su gente, entonces los sinaloenses nunca hemos destacado en nada, primeramente porque nunca nos ponemos de acuerdo sobre nada: cada quien tiene la firme idea de que a sus convicciones personales están subordinadas las de la generalidad.

La noche del 31 de diciembre del año 1975, la capital del estado vivió su primer festival armado de media noche; aquello sí que fue una sorpresa, al punto de que cuando regresamos de vacaciones el tema seguía hirviendo, pues no había una, sino muchas voces que anticipaban un virtual estado de sitio no sólo en la capital sino en todo Sinaloa: para aquel momento, el hecho era un sacrilegio mayor al de los rupestres tomando el capitolio gringo, eran los tiempos donde si el presidente preguntaba “qué horas son”, se le respondía “las que usted diga, señor presidente”. Se trataba de un desafío similar o mayor a los de Lucio Cabañas y los de Genaro Vázquez (dos legendarios guerrilleros guerrerenses) y nadie tuvo la menor duda de que aquello no se quedaría así.

Pero sí se quedó así. A la distancia y a la luz de los hechos, ahora entiendo que no fue un desafío: era festejo.

Por cierto, una pequeña acotación: la segunda enmienda estadounidense reza que el pueblo tiene la obligación de deponer a un mal gobierno, de ahí que el ciudadano común tiene la libertad para comprar y poseer armamento. En sentido contrario, los gobiernos de los revolucionarios que destronaron a Porfirio Díaz aprendieron la lección y quitaron la escalera: aquí en México desde entonces están prohibidísimas las armas. Son dos caminos diametralmente opuestos que 50 años después coinciden en un mismo punto. Esto lo vamos a retomar más adelantito.

Por más de una razón, 1975 es un buen año para tomarlo como referencia para comparar al Culiacán y al Sinaloa de entonces contra los de hoy. A mí me queda perfecto porque toda mi vida he sido un Forrest Gump de petatiux: siempre estuve en el momento y en el lugar correctos, salvo lo que lleva esto de la pinche pandemia que ya me tiene hasta su ¡puta madre! Perdón por mi francés y mi temperamento explosivo, pero soy pata de perro… de perro chafa: yo con que me saquen a la banqueta tengo, pero acá donde estoy la más cercana me queda a 5 kilómetros. Ha sido mucho tiempo perdido, es un lujo que no puedo darme cuando este año ya cumplo 65. Sí… 65 ¡Nombre! ¡Qué más quisiera yo! ¡Claro que es en serio! ¡Naaaah! ¡No me los estoy aumentando! ¡Sí… seguramente para hacerme el interesante! ¡Lo único que me faltaba! Yo lo mencioné porque ese año completaba 19 de edad, y ya portaba un bagaje de experiencias privilegiadas que me permitieron observar ciertos detalles que todavía hoy me sirven para compartírselos, uno de ellos es que como institución, gobierno del estado estaba en pleno auge y lo dejaría registrado al estilo de los faraones: con la nueva unidad estatal administrativa y el edificio de DIFOCUR. Por otro lado, la UAS pasaba por su propia edad media y faltaban unos pocos años para que le pusieran competencia en la banqueta de enfrente. Como se habrán dado cuenta, ahí están dos historias paralelas a las que vale la pena asomarnos. De hecho ya empezamos. Le seguimos en la próxima.