DOS A LA SEMANA

Cuando el escándalo de Watergate, la enorme desconfianza ciudadana sobre el presidente ayudó a volver muy famoso un cartel donde se veía una foto de Richard Nixon con la leyenda ¿Le comprarías un auto usado a este tipo?

Conocí a Héctor M. Cuen Ojeda y conozco a Rubén Rocha Moya, para ambos he realizado trabajos profesionales y remitiéndome al trato que he recibido siempre de ellos, me siento con el derecho a decir que con los dos gozo de la consideración de ser amigo. A cualquiera de los dos yo sí le compraría un auto usado. Por eso lamento mucho la muerte de Héctor M. Cuen Ojeda, no diré que “con mayor razón” debido a la forma como ocurrió porque no veo nada extraordinario en eso, lo cual no significa que me parezca bien, o plausible, o merecido, o algo así, ocurre que yo ya aprendí la lección.

El 21 de mayo de 1990 fue asesinada una amiga mía, se llamaba Norma Corona; en septiembre del mismo año, fue asesinado el jefe de seguridad de Labastida Ochoa, Adelaido Valverde; 11 años después, el 14 feb del 2001, ocurre la masacre de 12 hombres inocentes e indefensos en El Limoncito; al año siguiente, el 10 de mayo del 2002 en Ajoya, San Ignacio, otro incidente deja el mismo número de muertos; el 17 de febrero de 2003, en Culiacán, ocurre el asesinato de Jorge Chávez Castro. Este listado es lo que a botepronto se me vino a la memoria, por lo que a manera de update agréguenle los casos de “los venezolanos” y “los desaparecidos de Las Quintas”; todos tienen en común que, al día de hoy, no es posible afirmar si hay algún detenido o no, aunque tampoco puede afirmarse lo contrario… es decir un enredo tipo caso Ayotzinapa en cada uno… además de estar relacionados con el narcotráfico –o crimen organizado si les gusta más- porque es ahí donde está la vuelta de tuerca: no son asesinatos comunes, son asesinatos políticos, porque aquí y en China los negocios de verdad –y vaya que el narcotráfico es uno de esos- sólo pueden florecer al amparo del gobierno. Ni modo de decir que esto es novedad, donde quiero poner el énfasis es que aun así, la mayoría de las víctimas no se dedicaban a la política. La lección que yo ya me aprendí, es que la cuota de sangre aportada por la clase política, por su tamaño, se corresponde con la que hemos tenido que pagar el resto.

Que estuvieran agarrados de la greña aquellos que hace poco eran aliados bajo el sello de un partido, no puede extrañarle a nadie porque no es ninguna novedad, es la marca de la casa y todos los participantes lo saben y lo aceptan y es bronca de ellos. Lo que en verdad está pasando, es que cada vez más políticos son víctimas de vejaciones y atentados, sí, pero el problema es que los porcentajes se mantienen.

 ¡Ese es el mensaje!

Las sociedades se parecen a los barcos en que cada una naufraga distinto, en el caso nuestro y manteniendo el símil, en cada cubierta los pasajeros se mantienen casados con la idea de que el agua no les afectará conforme vaya ascendiendo en su nivel; se le apuesta a que el barco se va a hundir pero no se hundirá todo el barco; el razonamiento es válido: está bien demostrado que el hundimiento no obliga al ahogamiento de todos los ahí presentes, además no faltarán los casos donde el vato chilo de la película garra se salve y se quede con la muchacha. El detalle a resaltar es que en todas las cubiertas están haciendo lo mismo, eso significa que nadie tiene garantizado que la suya sea la afortunada en el supuesto caso de que efectivamente haya una ganadora, porque eso tampoco es obligación, cabe aclarar. El secreto entonces no consiste en ser suertudo, sino en saber evaluar con crudeza en dónde estamos parados: para que quede bien claro, esto lo voy a repetir en sinaloense llano ¿Qué tan chingón es usted?

¿Vamos perdiendo o vamos ganando?

Yo digo que vamos perdiendo y explico por qué, nada más como preámbulo deben saber que las pesadillas se ordenan primeramente como experiencias sensoriales en torno a 3 grandes troncos, el más común donde soñamos en blanco y negro sin sonido, luego otras menos frecuentes donde soñamos “a color” o también a “colores”, por último cualquiera de las dos pero con sonido, que suelen ser excepcionales. Seguidamente, se dividen en categorías por temores atávicos, están las Táctiles (que recrean sensaciones físicas como la de caer a un abismo), las Trágicas (el sufrimiento y la muerte), las Dolorosas (la culpa y el rechazo). Ahora sí, vámonos de pinta al cine: Los Muchachos Perdidos (Lost Boys, 1987) es una buena película donde una banda de jóvenes vampiros opera en Monterey Bay, California; jóvenes, guapos y ávidos de sangre, cada noche recorren sobre sus motocicletas las innúmeras fiestas playeras para diezmar al turismo que favorece a ese destino con el privilegio de su preferencia. Suena como comedia, pero es una lograda película de terror en serio, es decir que tiene bien resuelto el requisito principal para ese género: la atmósfera. La historia se va desarrollando a la vez que recorre cualquier cantidad de sitios hermosos de Monterey Bay, donde en todos ellos el paisaje es el mismo: momentos ordinarios como los de cualquier ciudad en cualquier momento, con los equipamientos urbanos como postes para electricidad, cabinas telefónicas, paraderos para camiones, árboles en plazas y camellones, estaciones de trenes, etc. cubiertos por carteles que claman por ayuda para encontrar a desaparecidos, mientras la multitud pulula entre ellos con una clara actitud de absoluta indiferencia; es una verdadera pesadilla de categoría Dolorosa, una expresión del más cruel de los rechazos: el del grupo hacia el individuo que es diezmado por una entidad desconocida. Soy un convencido de que si no tengo seguridad no tengo nada, y mi convicción puede ser porque ahora vivo en lo que hace 37 años era una película de terror, pero eso no cambia su validez como referencia. Tenemos un señor problema y no tenemos el remedio; yo no tengo ninguna solución; no sé qué debe hacerse ni cómo, pero sí sé que no hay quién o qué nos lo resuelva; sé también que nunca debemos hablar mal de un muerto, pero tampoco demasiado bien. Éstos que sin empacho proclaman que a Cuén lo mandó matar Rocha; ésos que de igual forma responden que Cuén se llevaba de pellizco y nalgada con ysq y por eso… ¿En verdad piensan que se las estamos creyendo? Aquí todos sabemos bien que eso sólo abona para que todo siga igual y ese es el punto.

Esto ya no tiene vuelta de hoja, a todos y cada uno de nosotros se nos llegó la hora del todos ponen: Los de la UAS tienen su agenda y sus prioridades; los del gobierno tienen su agenda y sus prioridades; los del crimen organizado tienen su agenda y sus prioridades; los de la iglesia tienen su agenda y sus prioridades (digo, a reservas de que mañana los noticieros nos anuncien que las presas amanecieron llenas); los maiceros tienen su agenda y sus prioridades; los partidos tienen su agenda y sus prioridades… y ninguna de esas agendas y ninguna de esas prioridades coinciden con las nuestras. ¡No! ¡Ni madres! ¡Ninguna! Estoy de acuerdo en que todos los recién mencionados y un montón más que me faltaron, son los eternos convocantes para que los defendamos pues, al menos así lo dicen, son parte de nuestro patrimonio social: se trata de instituciones nuestras que por ser de nosotros nos pertenecen. De eso ni duda cabe, mucho menos cuando por regla general el masiosare enemigo nos cuenta la misma película, que por cierto siempre termina con ellos caminando de manita sudada, un letrero de FIN y la frase “Esto es una muestra de madurez política”.

Ya estoy muy colgado con el espacio, así que seré breve: los pendejos somos otros.

No me pidan recetas ni fórmulas porque no las tengo, pero sí les voy a dar un consejo no pedido: nunca le hagan caso a un consejo que se los den sin que lo hayan pedido. Mejor quédense con las afirmaciones, porque implican un compromiso y pueden reclamar su incumplimiento, y yo les tengo una, y gratis: les aseguro, que si en este momento no logramos tener la suficiente humanidad para, mínimo, sentarnos y acordar una agenda para nuestras 5 prioridades más urgentes, entonces tendremos bien merecido todo lo que nos va a pasar.

No se confundan: no estoy organizando nada; no pretendo encabezar nada; no busco ningún liderazgo; no ando quedando bien con ninguna vieja. Considérenme una especie de profeta liberado de su carga: he cumplido con ustedes mi obligación por ser el único que tuvo el privilegio de ver el infierno antes de caer en él. Sí pues… también lo he vivido en carne propia, pero el valor metafórico y legal del matrimonio ya está muy devaluado por churpias. Pa´qué lo mencionan…

DOS A LA SEMANA ¿QUÉ SIGUE? ¡LA MUJER BARBUDA!

La primera vez eres víctima,

la segunda vez eres cliente.

Jorge Eduardo Aragón Campos

Lo peor que se puede decir de Xóchitl Gálvez, es que pertenece a la clase política mexicana desde hace 4 sexenios, mientras que lo mejor que tendríamos para señalarle, es que pertenece a la clase política mexicana desde hace 4 sexenios.

Antes que nada, vamos diciéndolo con franqueza: es falsa la narrativa que el mismo MoReNa ha contribuido a crear, donde quienes la desaprobamos somos un sector más cultivado, porque somos aspiracionistas y hemos abjurado de nuestra noble cuna pobre, mientras que ellos son una horda salvaje, semicanibal y orgullosamente terraplanista. Volvamos con Xóchitl.

A mí también me encantó ver tragar camote al presidente, pero una cosa es una cosa y otra cosa es otra cosa, y discúlpenme, pero Xóchitl no está enfrentando a Churchill… ni el pleito es por el pueblo inglés, por lo mismo les recuerdo que ya nos vieron la cara un ranchero lenguaraz y un bombón analfabruto para el colchón, por lo mismo quiero ser insistente en afirmar que sí tiene su mérito el haber flotado apenas por arribita durante estos 4 sexenios, es una señal de mesura, sin duda, y otro punto bueno es que también transitó por más de un cargo sin escándalos, pero creo que ocupamos a alguien más calificado para el puesto, y si me contestan -porque los conozco- que cualquiera es mejor que el actual, pues entonces con mayor razón necesitamos a alguien muchísimo más capaz, porque como suele ocurrir, estos pocos días que lleva la xochimanía han sido suficientes para revelar más de una limitante de la precandidata: ahora que se alejó más alto de su línea de flotación, la sobreexposición le da más luz y se vuelven visibles las costuras,  que se mantienen invisibles sólo para quienes no las quieren ver.

El medio es el mensaje. Lo ruidoso de su éxito no es tanto por su éxito en sí, sino por lo sorpresivo, y esto es porque todos saben quien es pero nadie la conoce. No pretendo ningunearla pero tampoco le voy a dar alas ¿La hemos tenido frente a las narices desde hace 24 años y ninguno de nosotros la vio venir? Oigan ¿A qué estamos jugando? No lo voy a negar, tiene su lado seductor el tomar la contienda como una deleznable lucha en lodo entre un ruquillo crápula contra una doñis gordita semi new age, pero ahora esos entretenimientos -ya sin El Santo ni Jorge Rivero en el reparto- no dan para mucho, sin dejar de mencionar que los niveles de atención que les ponemos, y de importancia que les damos, nos evidencian más a nosotros que a ellos.

Que Xochitl Gálvez logre llegar o no a la presidencia, pertenece al mundo de lo posible y ahora también al mundo de lo probable, pero lo mismo se puede afirmar sobre las aspiraciones de Claudia Scheinbaum, Marcelo Ebrard, Santiago Creel, Beatriz Paredes… y ese… es pedo de ellos, porque el de nosotros radica en que sea quien sea el triunfador, en el mejor de los casos el próximo será otro sexenio perdido: por lo que estamos viendo, a lo que aspira el sector ilustrado es a romper las cadenas que lo atan al atolito blanco con el dedo, para ir a ponerse el grillete del atolito de Maizena con el dedo. Del “ahora vamos a robar otros”, no vamos a pasar ni siquiera al de “Ahora vamos a robar menos”, de mí se acuerdan. Les aclaro que no es reclamo ni regaño, sino más bien señalo una ventana de oportunidad: queda a la vista que nuestras discrepancias no pasan de la capa cosmética, lo cual nos dice que la polarización que estamos viviendo es más artificiosa que real. Debe ser relativamente sencillo, encontrar puntos de coincidencia entre la ciudadanía que sirvan para ir creando una nueva agenda pública más apegada a la realidad en que vivimos los mexicanos de a pie, aunque aceptando que todavía resulta más sencillo seguir esperando por una nueva aparición de la virgen de Guadalupe que venga a ponernos en orden; la narrativa sobre un crisol de razas y culturas que dificulta el entendimiento y los acuerdos entre los distintos méxicos, ya no opera en esta nueva época (si es que alguna vez operó) donde somos una sociedad más homogénea de lo que solemos aceptar, semejante a la descrita por García Márquez en una de sus obras, donde la diferencia principal entre conservadores y liberales es que unos van a la misa de seis y los otros a la de ocho.

Lo Barato Cuesta Caro

mazorca

Llega al manicomio municipal un nuevo director y es guiado por el administrativo durante el recorrido por el lugar, visitan los patios, la cocina y los comedores… es en los baños donde el director ve con sorpresa a uno de los pacientes que, sosteniéndose precariamente con sus manos, pende de un cable anclado a una porción desnuda de una de las varillas del techo; viendo su desconcierto, el administrativo le explica:

“Éste es lalito, que se cree foco, así lo vera 24/7 pero es pacífico y muy buena onda”.

¡Ah no! ¡Pues ya no! Está muy arriesgado todo esto, bájenlo y si es necesario amárrenlo pero que no vuelva a treparse” -indica el alto funcionario-, a lo que el administrativo le responde:

“Aquí quien manda es usted, pero le advierto que en la noche, a oscuras, nadie le atina a la taza y cada mañana la limpieza es una chinga”.

Nomás faltó que el director le revirara: “Sí, pero el recibo de la luz bajará”. Igualito está el asunto del maíz.

El problema no es del maíz, vaya, ni siquiera es de la agricultura y aunque parezca increíble es cultural; en prácticamente todos los órdenes de la vida nacional no hay problema por grave y profundo que sea, que no haya recibido como respuesta puras machincuepas y cochupos hasta, con el correr del tiempo, parecerse a un pastel milhojas por la acumulación de consecuencias sobre el problema original, generando a la vez una red cada vez más extensa donde confluyen intereses, adaptaciones, transas y, sobre todo, la convicción general de que esa es la normalidad, como en el caso del loco que se cree foco, pero el loco es él.

El asunto del maíz, no es consecuencia de la falta de acciones firmes para resolverlo, más bien es consecuencia de la falta de acciones a secas y esto viene desde décadas atrás, mismo tiempo que se tiene demandando la intervención del gobierno para que imponga un modelo pertinente y adecuado a las particularidades del país, así que aquí no hay inocentes y por ello, viendo la panorámica a rin pelón, hay algunas experiencias recientes que dejan lecciones dignas de tomar en cuenta. Por el lado del gobierno, resulta ocioso abundar cuando, para variar, todos y cada uno de los integrantes de la república opinativa ya emitieron su dictamen, con fórmula garantizada anexa, para resolver la bronca en cinco minutos.

Es indudable que las reacciones contrarias a la estrategia oficial provienen de quienes han sido los auténticos beneficiarios del esquema que persistió hasta el año pasado, y de eso no nos vamos a asustar, aquí y en China existen los intereses ilegítimos (que no son ilegales) y lo más común es que quienes los poseen los defiendan, por lo general con mayor intensidad a la que exhiben los poseedores de los legítimos, lo cual también es común aquí y en China, por lo mismo llama la atención la estrategia de los productores que, siguiendo con el símil del manicomio, los llevó a quedarse a oscuras pero sin que el recibo de la luz se abaratase; desde el origen cometieron un error del que se dieron cuenta hasta ahora, recientemente: no vieron que detrás del árbol estaba el bosque. Lo primero que hicieron fue anticiparse para quedar en situación comprometida, con la pretensión de negociar después; luego lo de Larrea fue un precedente que no quisieron ver, para encima ir a rematar con la toma del aeropuerto y con eso se les cayó la aprobación pública. Hicieron lo mismo que se viene haciendo desde quién sabe cuándo y hoy todavía no saben qué los golpeó. El elemento en verdad central es que para bien y para mal, el gobierno se decidió a actuar. Eso fue claro desde el principio y no lo vio quien no quiso hacerlo, y conste que ¡Ellos mismos lo señalaban! cuando argumentaban: “Al gobierno le salía más barato subsidiar, en cambio decidió meterse en camisa de once varas al pretender modificar el esquema”. ¿Qué tanto más claro la querían? Ahora, las preguntas obligadas son ¿Qué le salía más barato a los productores? Con la estrategia que decidieron adoptar ¿Qué tanto ganaron? O en su defecto ¿Qué tanto perdieron? Allá ellos con sus cuentas.