Lo Barato Cuesta Caro

mazorca

Llega al manicomio municipal un nuevo director y es guiado por el administrativo durante el recorrido por el lugar, visitan los patios, la cocina y los comedores… es en los baños donde el director ve con sorpresa a uno de los pacientes que, sosteniéndose precariamente con sus manos, pende de un cable anclado a una porción desnuda de una de las varillas del techo; viendo su desconcierto, el administrativo le explica:

“Éste es lalito, que se cree foco, así lo vera 24/7 pero es pacífico y muy buena onda”.

¡Ah no! ¡Pues ya no! Está muy arriesgado todo esto, bájenlo y si es necesario amárrenlo pero que no vuelva a treparse” -indica el alto funcionario-, a lo que el administrativo le responde:

“Aquí quien manda es usted, pero le advierto que en la noche, a oscuras, nadie le atina a la taza y cada mañana la limpieza es una chinga”.

Nomás faltó que el director le revirara: “Sí, pero el recibo de la luz bajará”. Igualito está el asunto del maíz.

El problema no es del maíz, vaya, ni siquiera es de la agricultura y aunque parezca increíble es cultural; en prácticamente todos los órdenes de la vida nacional no hay problema por grave y profundo que sea, que no haya recibido como respuesta puras machincuepas y cochupos hasta, con el correr del tiempo, parecerse a un pastel milhojas por la acumulación de consecuencias sobre el problema original, generando a la vez una red cada vez más extensa donde confluyen intereses, adaptaciones, transas y, sobre todo, la convicción general de que esa es la normalidad, como en el caso del loco que se cree foco, pero el loco es él.

El asunto del maíz, no es consecuencia de la falta de acciones firmes para resolverlo, más bien es consecuencia de la falta de acciones a secas y esto viene desde décadas atrás, mismo tiempo que se tiene demandando la intervención del gobierno para que imponga un modelo pertinente y adecuado a las particularidades del país, así que aquí no hay inocentes y por ello, viendo la panorámica a rin pelón, hay algunas experiencias recientes que dejan lecciones dignas de tomar en cuenta. Por el lado del gobierno, resulta ocioso abundar cuando, para variar, todos y cada uno de los integrantes de la república opinativa ya emitieron su dictamen, con fórmula garantizada anexa, para resolver la bronca en cinco minutos.

Es indudable que las reacciones contrarias a la estrategia oficial provienen de quienes han sido los auténticos beneficiarios del esquema que persistió hasta el año pasado, y de eso no nos vamos a asustar, aquí y en China existen los intereses ilegítimos (que no son ilegales) y lo más común es que quienes los poseen los defiendan, por lo general con mayor intensidad a la que exhiben los poseedores de los legítimos, lo cual también es común aquí y en China, por lo mismo llama la atención la estrategia de los productores que, siguiendo con el símil del manicomio, los llevó a quedarse a oscuras pero sin que el recibo de la luz se abaratase; desde el origen cometieron un error del que se dieron cuenta hasta ahora, recientemente: no vieron que detrás del árbol estaba el bosque. Lo primero que hicieron fue anticiparse para quedar en situación comprometida, con la pretensión de negociar después; luego lo de Larrea fue un precedente que no quisieron ver, para encima ir a rematar con la toma del aeropuerto y con eso se les cayó la aprobación pública. Hicieron lo mismo que se viene haciendo desde quién sabe cuándo y hoy todavía no saben qué los golpeó. El elemento en verdad central es que para bien y para mal, el gobierno se decidió a actuar. Eso fue claro desde el principio y no lo vio quien no quiso hacerlo, y conste que ¡Ellos mismos lo señalaban! cuando argumentaban: “Al gobierno le salía más barato subsidiar, en cambio decidió meterse en camisa de once varas al pretender modificar el esquema”. ¿Qué tanto más claro la querían? Ahora, las preguntas obligadas son ¿Qué le salía más barato a los productores? Con la estrategia que decidieron adoptar ¿Qué tanto ganaron? O en su defecto ¿Qué tanto perdieron? Allá ellos con sus cuentas.