¿De Qué Calibre los Van a Querer?

No le veo el caso a ahondar la crónica de lo ocurrido el pasado jueves 4 de enero, durante el inicio de campaña a senador de Héctor M. Cuén Ojeda, porque supongo usted ya debe estar enterado del sainete escenificado por un miembro de la derecha sinaloense.

Me parece un despropósito, ponerse a analizar sobre la base de a quién le convino más lo ocurrido, si el saboteador cumplió su cometido o si resultó contraproducente; me parece alarmante la actitud ya general de aceptar estos hechos como distintivos de lo que será (ya es) el actual proceso electoral.

Hay que agradecerle a Cuén, la decencia de no haberse aprovechado para hacer más grande el mitote; formado en la escuela del botepronto político universitario, tiene sobrada agilidad mental para dar respuesta similar a la provocación, lo cual desembocaría en lograr que el otro lo agrediera físicamente sin muchas consecuencias, para salir convertido en mártir, una etiqueta que en tiempo de elecciones es oro puro, pero que dado el particular momento histórico en el que estamos, resultaría un precedente peligrosísimo.

Es en serio, el horno no está para bollos.

Me preocupa sobremanera, la autoridad no haya hecho ni siquiera un pronunciamiento al respecto. Lo menos que podemos hacer es preguntarnos el significado de ese silencio ¿O sea que se puede hacer tal cosa? ¿Hasta ese punto, al menos hasta hoy, será el límite legal para actuar? ¿En serio?

El autor del zipizape es confeso zavalista, es decir apoya a una aspirante independiente a la presidencia, que renunciara a su militancia panista. Legalmente en qué situación está el tipo me resulta un misterio por los cambios a recientes a la legislación electoral, y por desconocer los estatutos panistas; ahí, tanto PAN como INE deben aclarar si es aún panista, o sus actos se abonan a la aspirante, porque de resultar que existe un limbo, donde a quien se le ocurra por cualquier motivo reventar el evento que se le antoje podrá hacerlo, las dudas quedarían disipadas: esto va a terminar a balazos.

Este asunto es muy grave.

Como universitarios, no podemos dudar sobre cuál es la postura correcta frente a estos hechos: condenar a quien los comete, solidaridad con quien los padece. No pasarán. No deben pasar estos modernos camisas pardas, esta derecha extrema, camorrera y doctrinaria, que sin ningún empacho asoma el rostro y asesta el golpe. Me cuesta aceptar las declaraciones de supuestos liberales y progresistas, festejando lo ocurrido partiendo de sus filias y sus fobias personales. Me asusta el nivel de miopía y la profundidad de su desmemoria: cómo iniciaron la Alemania nazi, la España franquista, el Chile de Pinochet y tantos y tantos ejemplos, que tantas veces juraron no olvidar nunca y que hoy les pasaron de noche.

Que en la UAS no nos ocurra lo mismo. Por favor.

DOS A LA SEMANA

TIANGUIS TURÍSTICO Y TORTUGAS
Jorge Aragón Campos                       jaragonc@gmail.com

No cabe duda que en Sinaloa sólo tenemos un problema; repito, uno: los sinaloenses. Si no fuera por nosotros este lugar sería perfecto. Lo más fácil sería no hacer tabla rasa y refugiarme en las excepciones, pero eso sería engañarme yo mismo, algo así como alucinar en seco o auto recetarse una masturbación mental.

Afirmo todo lo anterior, por la barrabasada que pretenden cometer en San Ignacio contra el programa de protección a tortugas, con el pretexto de ampliar el malecón de barras de piaxtla. Lo de menos sería echarle la culpa a la autoridad municipal, acusar al alcalde de un IQ similar al de un albañil a las tres de la tarde (cuando ya trae encima cuatro caguamas y una insolación), pero les repito que eso sería optar por una salida fácil.

Sinaloa pasó de ser un estado rico y vivible a un infierno caro y sin dinero, o sea nos lo jodimos por los cuatro costados, pero eso no es lo más grave, lo que en verdad resulta alarmante, es nuestra insistencia por seguir haciendo lo mismo que hemos hecho durante los últimos cincuenta años, como si los resultados obtenidos fueran para que nos nominaran al Nobel, la última muestra de este comportamiento aberrante nos la regaló esta semana el alcalde de Elota, al darle continuidad a un malecón que, inicialmente, generó problemas en la zona protegida donde, desde hace décadas, la UAS opera el programa de protección a la tortuga y ahora, con la ampliación del malecón que se pretende, pudiera dar al traste con el sitio de anidamiento.

Ahora que tenemos gobernador turistero, lo que menos podemos esperar es un cambio en la visión sobre nuestras ventajas competitivas para el impulso a la actividad, digo, como que ya es hora de ofrecer a los turistas algo más que la certeza de poder incurrir, con toda libertad, en excesos que en sus países son impensables, además de ser ilegales: alcoholismo en la vida pública, semidesnudez callejera, gritos y escándalos, etc.

Vamos hablando en plata, Mazatlán no repunta como destino porque desde siempre ha estado orientado al adolescente del sur de Estados Unidos, que visita el puerto para alcoholizarse y apaciguar “la cosquilla”, de ahí que de poco tiempo para acá la gran novedad de su oferta sea apenas su centro histórico y, la verdad, es muy poco lo que se ha hecho tomando el tiempo transcurrido. La neta.

Si miramos a Cancún, Puerto Vallarta o Riviera Nayarita, encontraremos un concepto turístico que hace de la sustentabilidad su principal atractivo, es decir que aprovechan las ventajas de los atractivos naturales que poseen en lugar de jodérselos; en Elota, lo que se debe hacer es crear sinergia, entre los recursos económicos disponibles para el mejoramiento de su infraestructura y un programa de protección de la fauna, que en cualquier otro lugar del mundo es un golpe de suerte, un verdadero tesoro natural para aprovecharse en lugar de pasar por encima de él.

El año que entra, en el puerto se llevará a cabo el tianguis turístico, un evento que nos pondrá en la mira mundial de esa industria, dejen que algún medio de comunicación internacional o especializado descubra lo de Elota, o el desaprovechamiento de la zona del Espinazo del diablo y nos vamos a convertir en el hazmerreír. ¿La entidad anfitriona a contrapelo de la tendencia mundial? Va a ser lo menos que dirán.

DOS A LA SEMANA

LO PEOR ESTÁ POR VENIR
Jorge Aragón Campos                          jaragonc@gmail.com

En definitiva los culichis no estamos sabiendo ponernos a la altura de nuestros retos, ya hasta estoy sospechando sea genético y en un descuido abarque a todo Sinaloa.

La oleada de asesinatos que asola a la capital, particularmente los de muchachos muy jóvenes, ha provocado una respuesta muy original de ellos: llamar a protestar contra los juvenicidios.

Al igual que las mujeres, frente a una situación que demanda a convocar a todos los sinaloenses sin distingos, los jóvenes han optado por poner su raya y separarse del resto de la sociedad, para exigir un trato especial que plantea no el logro de justicia, sino el privilegio de ser favorecidos por la autoridad responsable no de impedir ocurran esos hechos, sino de castigarlos conforme lo dicta la ley, que sin duda es la mejor manera de prevenirlos; es decir, en el discurso juvenil subyace la idea de mantener intocado el estado de cosas mientras a ellos no les perjudique.

Las mujeres se les adelantaron desde hace años y hasta la fecha no han logrado nada, bueno en realidad sí: han contribuido al empeoramiento del fenómeno, por la vía de alejarse del resto de los grupos afectados. Nadie quiere entender que los sinaloenses estamos todos juntos en esto, toda propuesta de solución que no nos abarque y beneficie a todos sólo redundará en nuevos fracasos.

En lo que va de este mes, en redes apareció un meme sobre Copérnico que decía “hace 500 años lanzó su teoría heliocéntrica, aquella que afirma que tú no eres el centro del universo. Ridícula!” Así estamos aquí, con un atraso aproximado de cinco siglos.

Los culichis seguimos pensando que el mundo se puede acabar sin ningún problema, pues es posible tal cosa ocurra sin que me afecte en lo más mínimo, cuestión de seguir cuidando bien mis muy particulares intereses así sea en detrimento de los demás, que los problemas de Culiacán son problemas de ellos y a mí que me esculquen.

Me parece en verdad increíble –en el peor sentido de la expresión-, nuestra firme voluntad para insistir en obtener resultados distintos por la vía de seguir haciendo lo mismo, es una demostración de irracionalidad que obliga a preguntarnos cómo es que aún no nos hemos matado todos contra todos, aunque para esto último ahí la llevamos, cuestión de pasearse por las calles de nuestra ciudad capital.

Ya no me alcanza la imaginación para especular hasta dónde vamos a llegar.