DOS A LA SEMANA

NO HAY QUE VOTAR
Jorge Aragón Campos                               jaragonc@gmail.com

“Yo no voto porque todos son iguales, una bola de corruptos rateros”, es el argumento que con mayor frecuencia encuentro en los segmentos donde suelen estar los que supuestamente tienen una educación por encima del promedio; con toda seguridad asistieron a muy buenas escuelas, pues lo dicen con aire de suficiencia intelectual y superioridad moral.

Confieso que me preocupa adonde vino a desembocar una aspiración que se nos cumplió en el año dos mil, cuando el triunfo de Fox demostró que por la vía electoral sí era posible generar cambios.

Dieciocho años después, haciendo un balance concluyo que los únicos que han hecho la tarea han sido…los de la clase política, porque los ciudadanos sólo confirmamos esa visión peyorativa que se tiene del mexicano, como un individuo flojo que duerme la siesta recargado en un cardón.

Nuestros políticos hoy viven con un ojo al gato y otro al garabato, han abandonado ideologías y convicciones en aras de su interés personal y hacen cuanto desfiguro sea necesario para beneficiarse, nosotros en cambio hemos hecho exactamente lo contrario, porque no tenemos ninguna disposición para ningún esfuerzo que sirva para el bien común, porque no somos animales sociales y tengo mis dudas que seamos animales racionales, basándome en la experiencia acumulada durante estas casi dos décadas.

Nuestros políticos han alcanzado un espíritu de cuerpo digno de mejores causas, pueden decirse y hacerse horrores entre ellos, pero a la hora buena hacen a un lado las diferencias de siglas y de colores y cierran filas cuando se presenta alguna amenaza a sus intereses, han aprendido que cuando el marco general de su actividad pretende afectar a uno de ellos, será cuestión de tiempo para que también les llegue la lumbre a los aparejos, nosotros los ciudadanos, en cambio, nos hemos dedicado a adoptar y fomentar conductas que atentan contra nosotros mismos por pura flojera, el voto es un buen ejemplo de ello.

Todavía en el dos mil, tuvimos disposición de levantarnos en domingo para ir a emitir nuestro voto, con la peregrina esperanza de que si ganaba por primera vez la oposición, la economía mejoraría, la corrupción acabaría, la educación se volvería del primer mundo, nuestra salud pública sería insuperable, la contaminación se vería reducida a cero y, como cereza del pastel, cada mañana el presidente de la república nos llamaría por teléfono para consultarnos sobre qué hacer exactamente para tenernos contentos…a todos y cada uno de los mexicanos. Como nada de eso pasó, tiramos la toalla indignados pues nosotros ya habíamos cumplido a cabalidad nuestra parte: aquel domingo por la mañana, ahí habíamos estado en la casilla depositando nuestro voto.

No veo un país donde sus ciudadanos van a la escuela de sus hijos para informarse sobre la calidad de la educación que reciben, no veo gente respetando el espacio y los derechos de sus vecinos, no veo a nadie preocupado por obtener entretenimiento de buena calidad para él y toda su familia, ya no hablemos de información coherente y fidedigna. Para acabar pronto, no veo a nadie haciendo la tarea de construir nada, como si Roma hubiera sido hecha en menos de un día, los veo agotados y decepcionados por haber asistido aquel domingo a votar y no haber obtenido absolutamente todo a cambio. No hemos sabido entender, que padecemos algo muy malo como pueblo cuando vivimos renunciando a cualquier acto que pueda incidir sobre nuestro futuro, a la vez que vivimos admitiendo que en el pasado inmediato estábamos mejor.

Todos hemos cambiado, unos para bien y otros para mal, de ahí que algunos han salido muy beneficiados y a la mayoría nos llevó la chingada. Cada quien obtiene lo que se merece.

¿De Qué Calibre los Van a Querer?

No le veo el caso a ahondar la crónica de lo ocurrido el pasado jueves 4 de enero, durante el inicio de campaña a senador de Héctor M. Cuén Ojeda, porque supongo usted ya debe estar enterado del sainete escenificado por un miembro de la derecha sinaloense.

Me parece un despropósito, ponerse a analizar sobre la base de a quién le convino más lo ocurrido, si el saboteador cumplió su cometido o si resultó contraproducente; me parece alarmante la actitud ya general de aceptar estos hechos como distintivos de lo que será (ya es) el actual proceso electoral.

Hay que agradecerle a Cuén, la decencia de no haberse aprovechado para hacer más grande el mitote; formado en la escuela del botepronto político universitario, tiene sobrada agilidad mental para dar respuesta similar a la provocación, lo cual desembocaría en lograr que el otro lo agrediera físicamente sin muchas consecuencias, para salir convertido en mártir, una etiqueta que en tiempo de elecciones es oro puro, pero que dado el particular momento histórico en el que estamos, resultaría un precedente peligrosísimo.

Es en serio, el horno no está para bollos.

Me preocupa sobremanera, la autoridad no haya hecho ni siquiera un pronunciamiento al respecto. Lo menos que podemos hacer es preguntarnos el significado de ese silencio ¿O sea que se puede hacer tal cosa? ¿Hasta ese punto, al menos hasta hoy, será el límite legal para actuar? ¿En serio?

El autor del zipizape es confeso zavalista, es decir apoya a una aspirante independiente a la presidencia, que renunciara a su militancia panista. Legalmente en qué situación está el tipo me resulta un misterio por los cambios a recientes a la legislación electoral, y por desconocer los estatutos panistas; ahí, tanto PAN como INE deben aclarar si es aún panista, o sus actos se abonan a la aspirante, porque de resultar que existe un limbo, donde a quien se le ocurra por cualquier motivo reventar el evento que se le antoje podrá hacerlo, las dudas quedarían disipadas: esto va a terminar a balazos.

Este asunto es muy grave.

Como universitarios, no podemos dudar sobre cuál es la postura correcta frente a estos hechos: condenar a quien los comete, solidaridad con quien los padece. No pasarán. No deben pasar estos modernos camisas pardas, esta derecha extrema, camorrera y doctrinaria, que sin ningún empacho asoma el rostro y asesta el golpe. Me cuesta aceptar las declaraciones de supuestos liberales y progresistas, festejando lo ocurrido partiendo de sus filias y sus fobias personales. Me asusta el nivel de miopía y la profundidad de su desmemoria: cómo iniciaron la Alemania nazi, la España franquista, el Chile de Pinochet y tantos y tantos ejemplos, que tantas veces juraron no olvidar nunca y que hoy les pasaron de noche.

Que en la UAS no nos ocurra lo mismo. Por favor.

DOS A LA SEMANA

TIANGUIS TURÍSTICO Y TORTUGAS
Jorge Aragón Campos                       jaragonc@gmail.com

No cabe duda que en Sinaloa sólo tenemos un problema; repito, uno: los sinaloenses. Si no fuera por nosotros este lugar sería perfecto. Lo más fácil sería no hacer tabla rasa y refugiarme en las excepciones, pero eso sería engañarme yo mismo, algo así como alucinar en seco o auto recetarse una masturbación mental.

Afirmo todo lo anterior, por la barrabasada que pretenden cometer en San Ignacio contra el programa de protección a tortugas, con el pretexto de ampliar el malecón de barras de piaxtla. Lo de menos sería echarle la culpa a la autoridad municipal, acusar al alcalde de un IQ similar al de un albañil a las tres de la tarde (cuando ya trae encima cuatro caguamas y una insolación), pero les repito que eso sería optar por una salida fácil.

Sinaloa pasó de ser un estado rico y vivible a un infierno caro y sin dinero, o sea nos lo jodimos por los cuatro costados, pero eso no es lo más grave, lo que en verdad resulta alarmante, es nuestra insistencia por seguir haciendo lo mismo que hemos hecho durante los últimos cincuenta años, como si los resultados obtenidos fueran para que nos nominaran al Nobel, la última muestra de este comportamiento aberrante nos la regaló esta semana el alcalde de Elota, al darle continuidad a un malecón que, inicialmente, generó problemas en la zona protegida donde, desde hace décadas, la UAS opera el programa de protección a la tortuga y ahora, con la ampliación del malecón que se pretende, pudiera dar al traste con el sitio de anidamiento.

Ahora que tenemos gobernador turistero, lo que menos podemos esperar es un cambio en la visión sobre nuestras ventajas competitivas para el impulso a la actividad, digo, como que ya es hora de ofrecer a los turistas algo más que la certeza de poder incurrir, con toda libertad, en excesos que en sus países son impensables, además de ser ilegales: alcoholismo en la vida pública, semidesnudez callejera, gritos y escándalos, etc.

Vamos hablando en plata, Mazatlán no repunta como destino porque desde siempre ha estado orientado al adolescente del sur de Estados Unidos, que visita el puerto para alcoholizarse y apaciguar “la cosquilla”, de ahí que de poco tiempo para acá la gran novedad de su oferta sea apenas su centro histórico y, la verdad, es muy poco lo que se ha hecho tomando el tiempo transcurrido. La neta.

Si miramos a Cancún, Puerto Vallarta o Riviera Nayarita, encontraremos un concepto turístico que hace de la sustentabilidad su principal atractivo, es decir que aprovechan las ventajas de los atractivos naturales que poseen en lugar de jodérselos; en Elota, lo que se debe hacer es crear sinergia, entre los recursos económicos disponibles para el mejoramiento de su infraestructura y un programa de protección de la fauna, que en cualquier otro lugar del mundo es un golpe de suerte, un verdadero tesoro natural para aprovecharse en lugar de pasar por encima de él.

El año que entra, en el puerto se llevará a cabo el tianguis turístico, un evento que nos pondrá en la mira mundial de esa industria, dejen que algún medio de comunicación internacional o especializado descubra lo de Elota, o el desaprovechamiento de la zona del Espinazo del diablo y nos vamos a convertir en el hazmerreír. ¿La entidad anfitriona a contrapelo de la tendencia mundial? Va a ser lo menos que dirán.