DOS A LA SEMANA

EL MOVIMIENTO SE DEMUESTRA ANDANDO

Jorge Aragón Campos                               jaragonc@gmail.com

Por allá en los tempranos ochentas, en Estados Unidos hubo un hecho criminal cuyos ecos llegaron hasta acá; en una ciudad de ese país, un joven matrimonio circulaba por una autopista con su bebe sentado en el asiento trasero, cuando al pasar bajo un puente peatonal les entró por el cristal una bola de boliche que fue y mató a la criatura. ¿Cómo resolvieron el caso las autoridades? ¿Crearon una fiscalía especial? ¿Llamaron al ejército? ¿Llenaron la ciudad de retenes? ¿Dieron a conocer los antecedentes de los padres? Nada de eso.

Las fuerzas policiacas enviaron a dos policías investigadores a resolver el caso, partiendo de los dos únicos elementos con que contaban: una bola de boliche y una ubicación, el puente desde el cual la dejaron caer. En menos de quince días ubicaron y detuvieron a los responsables, un par de adolescentes que cometieron su crimen influenciados por dos personajes televisivos.

Menciono todo esto, porque aquí en Culiacán la PGJE se anotó un éxito haciendo más o menos lo mismo, en torno al crimen del hermano de Radamés Díaz, cuyos asesinos habían usado las tarjetas de crédito de su víctima; siguiendo esa línea, dieron con los tres cómplices (dos hombres y una mujer), los detuvieron y ya entonces lo dieron a conocer a la prensa.

También, por cierto, fue esclarecido el asesinato de una madre y su hijo, fue uno de esos crímenes intrafamiliares que se vuelven cada vez más comunes en nuestro entorno, por lo mismo mejor no ahondar.

El policiaco es uno de los ambientes sobre el cual más ignorancia padezco, por lo mismo siempre pregunto a los que sí saben, ellos me comentan que a la PGJE ha arribado un nuevo responsable de investigaciones (comandante Almanza), un profesional avalado por un buen currículum técnico y laboral, cuyo estilo de trabajo se sustenta en una conducta profesional de resultados, hoy estamos viendo los primeros frutos.

A lo que quiero llegar con todo esto, es que la policiaca es una actividad profesional como la ingeniería o la medicina, no se resuelve en base a negras o blancas palomas sino con gente competente en ese terreno. Dice Warren Buffet: contrata a los mejores en su campo y déjalos hacer lo que saben hacer, o contrata a los más baratos y ponlos a hacer todo lo que les digas. Soy el primero en desear que sea eso lo que está ocurriendo en la procuraduría local, y que estemos presenciando el inicio de un periodo exitoso. Nos urge, porque me faltó decir que desde los tempranos ochentas, la anécdota de la bola de boliche la vengo publicando cada inicio de sexenio. Ya me tiene harto.

DOS A LA SEMANA

LOS PRIMEROS TREINTA DIAS

Jorge Aragón Campos                                   jaragonc@gmail.com

El jueves quince de junio, se cumplió el primer mes del asesinato de Javier Valdez y las noticias hasta ese momento no eran buenas, de hecho el pretexto de la fecha sirvió para hacer un recuento sobre la situación del caso y la evaluación fue mala: no se avanza.

A decir verdad no debe extrañarnos ni tantito, el propio Javier Valdez más de una vez expuso nuestro error de permitir la parcelación de la justicia, es decir, la politización (con su correspondiente estela de abusos, impunidad, incompetencia, corrupción etc.) del sistema judicial, que hoy ya con todo descaro se comporta como cualquier candidato a cargo de elección popular: cuentos por aquí, cuentos por allá…

El único verdadero logro de la justicia mexicana, ha sido tomarnos bien la medida: sabe que no nos interesa la equidad, no deseamos justicia, deseamos privilegios, recibir la señal de que no somos del montón y por lo tanto gozar de una porción, aunque sea mínima, en el mapa de la impunidad nacional. Por eso han tenido mucha resonancia algunos (ojo: nada más algunos) asesinatos recientes, que han afectado a miembros de diversos gremios: maestros, periodistas, empresarios, abogados, etc. Esos gremios han elevado su voz en protesta, pero manteniendo la premisa básica de que pelean por ellos mismos y que los demás se rasquen con sus uñas; los abogados piden justicia para sus muertos, los periodistas para los suyos… y aquí seguimos, expresando monstruosidades como “algo habrá hecho”, “de seguro andaba mal”, no como mi muertito, ese sí era decente y sí se merece justicia, los otros no porque esos de seguro se lo buscaron.

No entiendo, en verdad no entiendo, por qué hay tantos convencidos de que ahora sí se hará justicia y encima se desesperan; el argumento es que Javier era especial (y sí lo era), como si eso sirviera de algo. ¿Quieren oír una anécdota sobre el asesinato en México de alguien muy especial? Ahí les va: ¿se acuerdan del diputado Muñoz Rocha? Él era el hilo conductor que llevaba a la autoría intelectual del asesinato de Colosio ¿Qué pasó con él? ¿O el equivocado soy yo? Quizá nunca me di cuenta de que Colosio andaba mal, buscándoselo.

Quizá.

Mientras nuestras demandas por justicia sigan llevando nombre y apellido, nuestra frustración y nuestra indefensión también seguirán llevando nombres y apellidos: los nuestros. Por eso yo no pido justicia para Javier ni para nadie, tampoco para Jasiel, un muchacho santo y bueno, cuyo asesinato es un misterio porque sus familiares no dieron tiempo a las autoridades para enlodar su buen nombre, por eso mejor quiero hacerles un público reconocimiento a ellos, sus deudos, que lo lloraron en privado y no quisieron ni oír hablar de nada que tuviera algo que ver con nosotros y nuestras autoridades, con su actitud nos mandaron a la chingada a todos, por parejo. Ellos supieron ser equitativos y a todos nos procuraron lo que nos merecemos: nos dieron la única justicia que nos hemos sabido ganar.

Gracias.

DOS A LA SEMANA

DIA DEL ESTUDIANTE

Jorge Aragón Campos                         jaragonc@gmail.com

Esta vez debo darle todo el mérito a mi compañero de micrófonos, Ramón Rodríguez, pues supo dar al clavo en uno de los que sin duda fue tema de la semana en Sinaloa; hecho el debido reconocimiento, caigo en cuenta está de la patada el final que acabo de usar en el párrafo anterior, ese que dice “tema de la semana en Sinaloa”: ya vamos para medio año en una situación donde cada semana lo que sobran son temas, desgraciadamente malos la inmensa mayoría.

Ya todos estamos enterados del festejo del día del estudiante que se salió de madre en una parte de CU, no está por demás insistir en señalar el grave error cometido por las fuerzas policiacas, al dar al problema el mismo tratamiento que a un motín en el penal. Las versiones se contradicen entre el “sí nos hablaron” y el “no les hablamos”, ante la ausencia de pruebas documentales yo me quedo con la versión del rector. ¿La razón? Porque me da mi gana.

Es natural nadie quiera cargar con la responsabilidad, los que tenemos memoria sabemos hasta dónde pudo haber escalado la irrupción de la fuerza pública en un recinto universitario, da vértigo pensarlo, sobre todo cuando se contextualiza.

Hasta aquí, como lo admito, todo resulta natural, lo aberrante aparece cuando hace rugir su ronco pecho una parte del público, donde por cierto es posible ver a más de un universitario de la vieja guardia, aplaudiendo el acto y reclamando la represión por la fuerza y por la ley contra los vándalos, salvajes, bestias, etc. que protagonizaron el tumulto. Ahora resulta que en Sinaloa lo que nos sobran son santos, es en verdad una sorpresa que en nuestra entidad, abunde gente que puede presumir de una conducta victoriana e irreprochable a lo largo de toda su vida: nunca han dicho una mala palabra, nunca han alzado la voz, su paso por las aulas fue ejemplo de morigeración, prudencia y bondad cristianas, nunca participaron en pleitos ni manifestaron expresión de violencia, nunca bailaron de cartoncito, no fuman, no toman ni van pa´llá.

Ajá.

En su mensaje para fijar la posición institucional, el rector recurre a la expresión “en la UAS estudian los hijos de las familias sinaloenses”, es decir que en ella conviven los hijos tanto de los santurrones como de los “anarquistas”, son los jóvenes que hemos producido los adultos de este estado, son como nosotros…somos nosotros: mostrencos, mal educados, borrachos, mal hablados, incivilizados, agresivos y violentos. Por eso están ahí en la UAS, para medio suavizarles las taras sociales de que los hemos recargado, no nos hagamos tontos solos: no es el aula la que les ha fomentado esas conductas, es la familia de donde provienen, por lo general de recursos medios para abajo…afortunadamente, porque si el disturbio hubiera ocurrido entre nuestros jóvenes pudientes, no quiero ni pensar en la matanza que pudo ser. Esos que se desgarran las vestiduras ante la postura del rector, por considerarla entre excesivamente tolerante o abiertamente cómplice, es evidente no entienden lo que es una universidad, la confunden con un penal y se equivocan: en la cárcel de Bachigualato nadie tarda cinco años para graduarse.