DOS A LA SEMANA

LOS PRIMEROS TREINTA DIAS

Jorge Aragón Campos                                   jaragonc@gmail.com

El jueves quince de junio, se cumplió el primer mes del asesinato de Javier Valdez y las noticias hasta ese momento no eran buenas, de hecho el pretexto de la fecha sirvió para hacer un recuento sobre la situación del caso y la evaluación fue mala: no se avanza.

A decir verdad no debe extrañarnos ni tantito, el propio Javier Valdez más de una vez expuso nuestro error de permitir la parcelación de la justicia, es decir, la politización (con su correspondiente estela de abusos, impunidad, incompetencia, corrupción etc.) del sistema judicial, que hoy ya con todo descaro se comporta como cualquier candidato a cargo de elección popular: cuentos por aquí, cuentos por allá…

El único verdadero logro de la justicia mexicana, ha sido tomarnos bien la medida: sabe que no nos interesa la equidad, no deseamos justicia, deseamos privilegios, recibir la señal de que no somos del montón y por lo tanto gozar de una porción, aunque sea mínima, en el mapa de la impunidad nacional. Por eso han tenido mucha resonancia algunos (ojo: nada más algunos) asesinatos recientes, que han afectado a miembros de diversos gremios: maestros, periodistas, empresarios, abogados, etc. Esos gremios han elevado su voz en protesta, pero manteniendo la premisa básica de que pelean por ellos mismos y que los demás se rasquen con sus uñas; los abogados piden justicia para sus muertos, los periodistas para los suyos… y aquí seguimos, expresando monstruosidades como “algo habrá hecho”, “de seguro andaba mal”, no como mi muertito, ese sí era decente y sí se merece justicia, los otros no porque esos de seguro se lo buscaron.

No entiendo, en verdad no entiendo, por qué hay tantos convencidos de que ahora sí se hará justicia y encima se desesperan; el argumento es que Javier era especial (y sí lo era), como si eso sirviera de algo. ¿Quieren oír una anécdota sobre el asesinato en México de alguien muy especial? Ahí les va: ¿se acuerdan del diputado Muñoz Rocha? Él era el hilo conductor que llevaba a la autoría intelectual del asesinato de Colosio ¿Qué pasó con él? ¿O el equivocado soy yo? Quizá nunca me di cuenta de que Colosio andaba mal, buscándoselo.

Quizá.

Mientras nuestras demandas por justicia sigan llevando nombre y apellido, nuestra frustración y nuestra indefensión también seguirán llevando nombres y apellidos: los nuestros. Por eso yo no pido justicia para Javier ni para nadie, tampoco para Jasiel, un muchacho santo y bueno, cuyo asesinato es un misterio porque sus familiares no dieron tiempo a las autoridades para enlodar su buen nombre, por eso mejor quiero hacerles un público reconocimiento a ellos, sus deudos, que lo lloraron en privado y no quisieron ni oír hablar de nada que tuviera algo que ver con nosotros y nuestras autoridades, con su actitud nos mandaron a la chingada a todos, por parejo. Ellos supieron ser equitativos y a todos nos procuraron lo que nos merecemos: nos dieron la única justicia que nos hemos sabido ganar.

Gracias.

DOS A LA SEMANA

DIA DEL ESTUDIANTE

Jorge Aragón Campos                         jaragonc@gmail.com

Esta vez debo darle todo el mérito a mi compañero de micrófonos, Ramón Rodríguez, pues supo dar al clavo en uno de los que sin duda fue tema de la semana en Sinaloa; hecho el debido reconocimiento, caigo en cuenta está de la patada el final que acabo de usar en el párrafo anterior, ese que dice “tema de la semana en Sinaloa”: ya vamos para medio año en una situación donde cada semana lo que sobran son temas, desgraciadamente malos la inmensa mayoría.

Ya todos estamos enterados del festejo del día del estudiante que se salió de madre en una parte de CU, no está por demás insistir en señalar el grave error cometido por las fuerzas policiacas, al dar al problema el mismo tratamiento que a un motín en el penal. Las versiones se contradicen entre el “sí nos hablaron” y el “no les hablamos”, ante la ausencia de pruebas documentales yo me quedo con la versión del rector. ¿La razón? Porque me da mi gana.

Es natural nadie quiera cargar con la responsabilidad, los que tenemos memoria sabemos hasta dónde pudo haber escalado la irrupción de la fuerza pública en un recinto universitario, da vértigo pensarlo, sobre todo cuando se contextualiza.

Hasta aquí, como lo admito, todo resulta natural, lo aberrante aparece cuando hace rugir su ronco pecho una parte del público, donde por cierto es posible ver a más de un universitario de la vieja guardia, aplaudiendo el acto y reclamando la represión por la fuerza y por la ley contra los vándalos, salvajes, bestias, etc. que protagonizaron el tumulto. Ahora resulta que en Sinaloa lo que nos sobran son santos, es en verdad una sorpresa que en nuestra entidad, abunde gente que puede presumir de una conducta victoriana e irreprochable a lo largo de toda su vida: nunca han dicho una mala palabra, nunca han alzado la voz, su paso por las aulas fue ejemplo de morigeración, prudencia y bondad cristianas, nunca participaron en pleitos ni manifestaron expresión de violencia, nunca bailaron de cartoncito, no fuman, no toman ni van pa´llá.

Ajá.

En su mensaje para fijar la posición institucional, el rector recurre a la expresión “en la UAS estudian los hijos de las familias sinaloenses”, es decir que en ella conviven los hijos tanto de los santurrones como de los “anarquistas”, son los jóvenes que hemos producido los adultos de este estado, son como nosotros…somos nosotros: mostrencos, mal educados, borrachos, mal hablados, incivilizados, agresivos y violentos. Por eso están ahí en la UAS, para medio suavizarles las taras sociales de que los hemos recargado, no nos hagamos tontos solos: no es el aula la que les ha fomentado esas conductas, es la familia de donde provienen, por lo general de recursos medios para abajo…afortunadamente, porque si el disturbio hubiera ocurrido entre nuestros jóvenes pudientes, no quiero ni pensar en la matanza que pudo ser. Esos que se desgarran las vestiduras ante la postura del rector, por considerarla entre excesivamente tolerante o abiertamente cómplice, es evidente no entienden lo que es una universidad, la confunden con un penal y se equivocan: en la cárcel de Bachigualato nadie tarda cinco años para graduarse.

DOS A LA SEMANA

HORROROSA SEMANA SANTA

Jorge Aragón Campos                                              jaragonc@gmail.com

 

Ya en otra ocasión, en este mismo espacio, comenté sobre mis muy particulares hábitos con respecto a la semana mayor. Para acabar pronto, lo sintetizaría de la siguiente manera: a mis sesenta años cumplidos, si acaso habré salido de paseo unas quince veces en esas fechas, o sea que acostumbraba salir muy poco; hoy de plano nada. Pues aún así, o tal vez por eso, puedo afirmar nunca había visto vacaciones tan desastrosas como las de este año.

Primeramente, un amigo me comentaba preocupado si tanto incendio entre fines de marzo y principios de abril no tendrían algún significado alarmante, como piromaniacos, vandalismo simple o algo por estilo; no lo creo, de hecho esa clase de siniestros habían aminorado, antes eran comunes los incendios antes de semana santa ¿razones? Las ignoro todas, pero así ocurría, el único elemento es que esta época es la del estiaje, cuando ya está muy seco todo y el paisaje sinaloense por todos lados cuenta con basura, ramas, hojarasca, etc. donde sólo es necesaria una pequeña chispa para iniciar un buen fuego. Claro, podrán ustedes decir ¿pero tantos y tan grandes en un lapso tan breve? Es verdad, como también lo es que nunca un año es igual a otro.

Lo de accidentes y violencia son otros casos. Por cierto, lo inusitado de este periodo vacacional no abarca sólo a Sinaloa, también fue fenómeno nacional, e inició con el brutal accidente en Michoacán donde mueren 29 personas de una familia en un solo encontronazo carretero, se pudiera decir que fue una tragedia, pero que un transporte de combustible y un transporte de pasajeros choquen y exploten sobre una autopista, indican con fuerza la posibilidad de que ahí hubo irresponsabilidad y negligencia.

Por decir lo menos.

En Sinaloa lo de la inseguridad sí llegó a niveles históricos, presentando para el arranque, los despojos de carros sobre el tramo de la autopista Navolato – Altata, mientras para el cierre tuvimos el falso retén instalado sobre la Maxipista a Mazatlán, a la altura de Celestino Gazca, con el fin de despojar vehículos, donde ya llevaban tres cuando les cayó manotas y se armó la tracatera, con el subsiguiente cierre de la autopista durante cuatro horas. Así empezó y así acabó el periodo vacacional, de lo que hubo en medio no alcanza el espacio para enumerarlo.

Quizá usted no lo sepa, pero el término idiota significa mal ciudadano, se refiere a aquellos que no tienen capacidad para vivir en grupo, un idiota es un hombre que sólo piensa y da importancia a sus asuntos, sólo existe él…según él, el resto del mundo le importa un pito; de ahí derivan idioma e idiosincrasia. Un buen ejemplo de idiotez, es cuando frente a un problema que afecta a la colectividad (o que puede afectarla), respondemos con un “pues a mí nunca me ha perjudicado ni he tenido ningún problema y háganle como quieran”; palabras más, palabras menos, tengo aproximadamente cuarenta años escuchando esa respuesta cuando alguien expone una situación que es, o representa, una amenaza futura.

Al que venga y me diga “ni modo, aquí nos tocó vivir”, le parto la cara, porque este “aquí” es el infierno que nos hemos construido para vivir y para que vivan nuestros hijos, es obra nuestra y de nadie más.

Merecido tenemos todo lo que nos está pasando. Más merecido tenemos todo lo que nos va a pasar.