Octavio Valdez Aguilar
Los eufemismos en el código político mexicano se vuelven muy barrocos debido a la alta dosis de moralina con la que la sociedad se dirige. Es común que el punto central de los asuntos públicos se pierda en larga discusiones en las que se plantean un montón de supuestos de todo tipo (técnicos, legales, éticos, históricos…), se forman bandos a favor y en contra para saturar después el intercambio de puntos de vista con un laberinto de frivolidades camuflajeadas de razonamientos. Los mexicanos cuando en lo público ahondamos en tema no es para darle profundidad y agudeza, sino para procrastinar las decisiones, embelesándonos con nuestra perorata, que termina volviéndose por sí misma en motivo y fin último de nuestro discurrir.
Si concordamos en lo anterior y para no perder el tiempo abordemos la confrontación actual entre el binomio UAS-PAS y el Gobierno del Estado de Sinaloa como lo que es: la forma en la que dirimen sus intereses Héctor Melesio Cuén Ojeda y Rubén Rocha Moya, respecto a la contienda electoral que se avecina en 2024. El juego se llama “poder”, asumamos que en medio de este agarre todo lo demás es decorativo, que si la libertad, la autonomía, la justicia, los alumnos, la universidad, la ley… Bambalinas para ocultar las gónadas de los contendientes. En medio están un mundo de asalariados exigidos por su patrón y luego los que ni vela tiene en el entierro que son la mayoría y los que menos importan a las partes.
Que si antes cada uno por su lado hablaba maravillas del otro, que si se juraron amor eterno, que ahora sí pero mañana no. Nada más que conveniencia coyuntural de ambas partes, el que se dé por sorprendido en qué jungla ha estado perdido.
De entre ambos, Rocha Moya trae un juego muy cantado, en concordancia con muchos de los lineamientos del gobierno federal, abordar organismos que representen concentración de poder público en manos de grupos ajenos al morenismo, pragmatismo puro.
En el caso de Cuén Ojeda, su posición política parece más descuadrada. Aunque su partido político el PAS está alineado públicamente a los intereses del Secretario de Gobierno federal, el morenista, Adán Augusto López, a final de cuentas por su filiación y posición, se entiende que este tendrá en primer orden de preferencia su relación con Rocha. A su vez, ante las implementaciones legales que buscan quitarle el control político que ejerce en la UAS, toca la puerta de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN), para que echen para atrás las reformas operadas por el Congreso de Sinaloa para descuajarlo de la universidad, pero la SCJN ha sido uno de los principales focos de ataque de su gallo político, Adán Augusto. Y aunque existe el supuesto de la imparcialidad de la corte, políticamente no deja de ser un desfiguro ¿Convendrá a la SCJN abrirle la puerta a un declarado alfil del Secretario de Gobernación, lo que a su vez fortalecería a este?
En el actual pleito de distinguidos e ilustres exrectores, no hay que confundirse: no hay más que puro y duro cálculo electoral, lo demás es pura entelequia.






