29 de noviembre de 2021
César Velázquez Robles
Históricamente, la calle, la plaza pública, ha sido de las oposiciones. El poder ha encontrado en las instituciones su trinchera desde la cual lanza sus estrategias que le permitan la reproducción ampliada de las más diversas formas de dominación política e ideológica. Así se ha dividido el monopolio de la arena pública, sobre todo si asumimos que ambos, la plaza y las instituciones forman parte del espacio público. Pero en nuestro país ocurre algo curioso: a la oposición no le sienta bien la calle. Parece gustarle más el confort, la comodidad, los mullidos bancos congresuales, las oficinas lujosas, los reflectores, los medios, las redes, que el trajín diario, el contacto con las multitudes, la orientación sistemática a la militancia, el trabajo desde la base social, el contacto con los grupos de trabajadores, o con las diversas expresiones de la sociedad civil. Quizá sea cierto lo que hace no mucho tiempo dijo un personaje de la vida política nacional: se está produciendo un aburguesamiento de las oposiciones.
Bueno, lo mismo pasa en quienes hasta hace tres años eran oposición. La llegada al poder cambia la forma de percibir la vida política. El acceso a las instituciones, a las decisiones y al control modula en los nuevos depositarios, una conducta que pronto olvida sus prácticas pasadas. Los que antes hacían de la calle su espacio vital, ahora son los nuevos burócratas, la nueva nomenklatura que se coloca por encima de la militancia, las propias estructuras partidarias y que hace de la administración pública un sistema de botín. Pero hay quien se siente bien en la calle, que añora la plaza pública, vivir en loor de multitudes, como se decía en el viejo y arcaizante lenguaje: Ya Saben Quien: el presidente de la República, Andrés Manuel López Obrador. Ocurre que ha convocado a una concentración en el Zócalo de la Ciudad de México para el próximo primero de diciembre, a fin de celebrar con la gran masa el tercer aniversario de su ascensión al poder.
Será un recuento de la mitad del camino recorrido al que solamente le faltarían tres reformas, según sus “ideólogos” para cerrar el ciclo de la cuarta transformación: la (contra)reforma eléctrica; la (contra)reforma electoral y la de seguridad, que tiene como propósito fundamental integrar la Guardia Nacional en el Ejército Mexicano. Ya sabemos cuál será la estructura del discurso del poder: una exaltación del hecho; un fenómeno histórico del que hay que destacar su condición de gesta heroica, de momento épico que condensó años de lucha del pueblo mexicano. El inicio de cambio de gobierno y de régimen, las grandes reformas que lo han ido haciendo posible, y la reiteración, como lo han hecho todos los presidentes, de que si no se hubiera actuado así, el país ya se les hubiera deshecho entre las manos, esto, es, redimensionar su condición de salvadores de la patria. Por supuesto, una nueva repasadita a los “conservadores”, y el llamado a prepararse para las nuevas gestas que habrán de librarse en la perspectiva de 2024 con sus estaciones intermedias.
Así será el script del primero de diciembre en el Zócalo. Pero me interesa más que cualquier otra cosa, destacar el espíritu de la convocatoria. Algo que las oposiciones han olvidado o que ha desaparecido de su ADN: recuperar la calle, tomar de nuevo la plaza pública, levantar las demandas de la ciudadanía, tremolar las banderas de la protesta ante el poder. Pues justamente, eso es lo que va hacer el poder dentro de dos días: tensar todos los resortes internos que son capaces de movilizar a la masa; recuperar el espíritu de cuerpo que cohesiona, identifica y genera los lazos de solidaridad que convocan a compartir aspiraciones y propósitos. Ese es el sentido del movimiento y, por supuesto de el Movimiento. Así que nadie podrá decir después que los tomaron desprevenidos, con la guardia baja. Al contrario, listos y dispuesto a la lucha.
No me canso de insistir. Lo he hecho en otras ocasiones en este espacio. Eso es justamente lo que deberían estar haciendo las oposiciones: convocar a la protesta, a la concentración en la plaza pública para exponer razones, argumentos y orientaciones de lucha a su militancia. A establecer el contacto con una miríada de organizaciones de la sociedad civil, ahora tan vilipendiada y humillada por el gobierno. A convocar a las instituciones de educación y cultura, a las organizaciones sindicales y gremiales, a los ciudadanos de a pie, comunes y corrientes, que están dispuestos a luchar pero a condición de que se les diga por qué y para qué. ¿No pueden? ¿No son capaces de hacerlo? ¿No tienen iniciativa? Ya empiezan a aparecer otras iniciativas que, de prender, los pueden dejar en el camino.
La iniciativa del Frente Cívico Nacional
Hay una iniciativa en marcha. Este pasado fin de semana se constituyó el Comité Promotor del Frente Cívico Nacional, una organización amplia, pluralista, con representaciones políticas que van desde la centroizquierda a la centroderecha, dispuesta a encontrar y procesar las convergencias estratégicas que permitan construir una candidatura y un programa de consenso en la perspectiva de la elección presidencial de 2024. En ese comité están Raúl Trejo Delarbre, Cecilia Soto, Gustavo Madero, Emilio Icaza, Guadalupe Naranjo, y muchas otras personalidades reconocidas en las luchas políticas sociales y partidistas. En el acto de formalización del comité, Acosta Naranjo señaló que “Mientras en el partido gobernante el partido oficial se teje un dedazo envuelto en una encuesta, nosotros queremos proponer que el candidato o la candidata que surja de un gran bloque opositor sea electo por los ciudadanos”. Por su parte, Cecilia Soto, ex candidata presidencial, apuntó: “La tarea, nuestra tarea, por eso se llama comité promotor del Frente Cívico Nacional, es fundar las representaciones, los frentes cívicos de los estados, los frentes cívicos estatales, de tal manera que este movimiento se extienda de manera muy amplia y en una fecha de los primeros meses del próximo año tengamos ya una gran convención fundadora”.
Es, sin duda, un movimiento esperanzador. Se propone organizar desde la base social un movimiento genuinamente independiente, que construya su propia propuesta, que la discuta y la debata en ambiente de libertad, pluralismo y tolerancia como expresión de su vocación y condición democrática. Se trata de una nueva pedagogía en la construcción de una alternativa política, que no nace desde arriba, desde una cúpula o un grupo de iluminados, sino de ciudadanos deseosos de hacer su contribución a la lucha por una sociedad democrática. Ahí estarán, seguramente, muchos mexicanos preocupados por la deriva autoritaria y antidemocrática, por el ambiente de choque, confrontación y polarización que se alienta desde el poder, y que aspira a una convivencia más respetuosa y civilizada.
Parece que la planta de fertilizantes va
Hubo protestas, manifestaciones, bloqueos, gritos, insultos a los medios, hubo de casi todo en la jornada de consulta llevada a cabo ayer para decidir si se apoya o no la construcción de la planta de fertilizantes en Topolobampo. Era previsible que así ocurriera: los meses precedentes –más bien los años: el proyecto empezó en 2003— estuvieron marcados por una confrontación no de ideas, sino de prejuicios, de lugares comunes, de desconocimiento de detalles finos del proyecto, todo lo cual contribuyó a dividir grupos sociales. Habiendo razones atendibles por las partes, dominó la inquina, la descalificación. Estudios como el que referí en mi colaboración del viernes pasado, que hubiese sido un excelente documento orientador de un debate serio, maduro y responsable, fue dejado de lado. No hubo ideas; hubo frases zahirientes, diálogo de sordos. Es cierto también que, como todas las consultas que se han llevado a cabo, ésta también fue desaseada, y en estricto rigor no cumple con las condiciones establecidas en la norma.
La empresa Enkoll, que levantó entre el 20 y el 22 de noviembre una encuesta con 868 entrevistas directas, y que anunciaba un claro triunfo del sí, realizó también una encuesta a salida de casilla, con un resultado abrumadoramente favorable al sí a la planta. 81.9 por ciento a favor de que sí se instale la planta en Topolobampo, y tan solo el 15.9 por ciento en contra, con datos actualizados a las seis de la tarde de este domingo 28. Por supuesto, esto no quiere decir que el asunto ya esté resuelto, y que la planta no enfrentará ya ningún obstáculo para su construcción. Hay amparos pendientes, y faltan todavía algunas resoluciones que deberán ser atendidas. Sería deseable que todos estos temas se resolvieran en estricto apego a la legalidad y respeto al Estado de derecho.
El gobernador ha apostado una parte de su capital político a favor de la planta. Ha hecho una decidida apuesta por la industrialización de Sinaloa, y la planta es clave en ese propósito. Perder esta batalla por decisión de la Corte, sería una derrota para Sinaloa y una derrota para Rubén Rocha Moya. Difícilmente podrá atraer y retener capitales e inversiones. Eso es lo que está en juego.








