ZONA POLITEiA:El control de la calle y de las instituciones.

29 de noviembre de 2021

César Velázquez Robles

Históricamente, la calle, la plaza pública, ha sido de las oposiciones. El poder ha encontrado en las instituciones su trinchera desde la cual lanza sus estrategias que le permitan la reproducción ampliada de las más diversas formas de dominación política e ideológica. Así se ha dividido el monopolio de la arena pública, sobre todo si asumimos que ambos, la plaza y las instituciones forman parte del espacio público. Pero en nuestro país ocurre algo curioso: a la oposición no le sienta bien la calle. Parece gustarle más el confort, la comodidad, los mullidos bancos congresuales, las oficinas lujosas, los reflectores, los medios, las redes, que el trajín diario, el contacto con las multitudes, la orientación sistemática a la militancia, el trabajo desde la base social, el contacto con los grupos de trabajadores, o con las diversas expresiones de la sociedad civil. Quizá sea cierto lo que hace no mucho tiempo dijo un personaje de la vida política nacional: se está produciendo un aburguesamiento de las oposiciones.

Bueno, lo mismo pasa en quienes hasta hace tres años eran oposición. La llegada al poder cambia la forma de percibir la vida política. El acceso a las instituciones, a las decisiones y al control modula en los nuevos depositarios, una conducta que pronto olvida sus prácticas pasadas. Los que antes hacían de la calle su espacio vital, ahora son los nuevos burócratas, la nueva nomenklatura que se coloca por encima de la militancia, las propias estructuras partidarias y que hace de la administración pública un sistema de botín. Pero hay quien se siente bien en la calle, que añora la plaza pública, vivir en loor de multitudes, como se decía en el viejo y arcaizante lenguaje: Ya Saben Quien: el presidente de la República, Andrés Manuel López Obrador. Ocurre que ha convocado a una concentración en el Zócalo de la Ciudad de México para el próximo primero de diciembre, a fin de celebrar con la gran masa el tercer aniversario de su ascensión al poder.

Será un recuento de la mitad del camino recorrido al que solamente le faltarían tres reformas, según sus “ideólogos” para cerrar el ciclo de la cuarta transformación: la (contra)reforma eléctrica; la (contra)reforma electoral y la de seguridad, que tiene como propósito fundamental integrar la Guardia Nacional en el Ejército Mexicano. Ya sabemos cuál será la estructura del discurso del poder: una exaltación del hecho; un fenómeno histórico del que hay que destacar su condición de gesta heroica, de momento épico que condensó años de lucha del pueblo mexicano. El inicio de cambio de gobierno y de régimen, las grandes reformas que lo han ido haciendo posible, y la reiteración, como lo han hecho todos los presidentes, de que si no se hubiera actuado así, el país ya se les hubiera deshecho entre las manos, esto, es, redimensionar su condición de salvadores de la patria. Por supuesto, una nueva repasadita a los “conservadores”, y el llamado a prepararse para las nuevas gestas que habrán de librarse en la perspectiva de 2024 con sus estaciones intermedias.

Así será el script del primero de diciembre en el Zócalo. Pero me interesa más que cualquier otra cosa, destacar el espíritu de la convocatoria. Algo que las oposiciones han olvidado o que ha desaparecido de su ADN: recuperar la calle, tomar de nuevo la plaza pública, levantar las demandas de la ciudadanía, tremolar las banderas de la protesta ante el poder. Pues justamente, eso es lo que va hacer el poder dentro de dos días: tensar todos los resortes internos que son capaces de movilizar a la masa; recuperar el espíritu de cuerpo que cohesiona, identifica y genera los lazos de solidaridad que convocan a compartir aspiraciones y propósitos. Ese es el sentido del movimiento y, por supuesto de el Movimiento. Así que nadie podrá decir después que los tomaron desprevenidos, con la guardia baja. Al contrario, listos y dispuesto a la lucha.

No me canso de insistir. Lo he hecho en otras ocasiones en este espacio. Eso es justamente lo que deberían estar haciendo las oposiciones: convocar a la protesta, a la concentración en la plaza pública para exponer razones, argumentos y orientaciones de lucha a su militancia. A establecer el contacto con una miríada de organizaciones de la sociedad civil, ahora tan vilipendiada y humillada por el gobierno. A convocar a las instituciones de educación y cultura, a las organizaciones sindicales y gremiales, a los ciudadanos de a pie, comunes y corrientes, que están dispuestos a luchar pero a condición de que se les diga por qué y para qué. ¿No pueden? ¿No son capaces de hacerlo? ¿No tienen iniciativa? Ya empiezan a aparecer otras iniciativas que, de prender, los pueden dejar en el camino.

La iniciativa del Frente Cívico Nacional

Hay una iniciativa en marcha. Este pasado fin de semana se constituyó el Comité Promotor del Frente Cívico Nacional, una organización amplia, pluralista, con representaciones políticas que van desde la centroizquierda a la centroderecha, dispuesta a encontrar y procesar las convergencias estratégicas que permitan construir una candidatura y un programa de consenso en la perspectiva de la elección presidencial de 2024. En ese comité están Raúl Trejo Delarbre, Cecilia Soto, Gustavo Madero, Emilio Icaza, Guadalupe Naranjo, y muchas otras personalidades reconocidas en las luchas políticas sociales y partidistas. En el acto de formalización del comité, Acosta Naranjo señaló que “Mientras en el partido gobernante el partido oficial se teje un dedazo envuelto en una encuesta, nosotros queremos proponer que el candidato o la candidata que surja de un gran bloque opositor sea electo por los ciudadanos”. Por su parte, Cecilia Soto, ex candidata presidencial, apuntó: “La tarea, nuestra tarea, por eso se llama comité promotor del Frente Cívico Nacional, es fundar las representaciones, los frentes cívicos de los estados, los frentes cívicos estatales, de tal manera que este movimiento se extienda de manera muy amplia y en una fecha de los primeros meses del próximo año tengamos ya una gran convención fundadora”.

Es, sin duda, un movimiento esperanzador. Se propone organizar desde la base social un movimiento genuinamente independiente, que construya su propia propuesta, que la discuta y la debata en ambiente de libertad, pluralismo y tolerancia como expresión de su vocación y condición democrática. Se trata de una nueva pedagogía en la construcción de una alternativa política, que no nace desde arriba, desde una cúpula o un grupo de iluminados, sino de ciudadanos deseosos de hacer su contribución a la lucha por una sociedad democrática. Ahí estarán, seguramente, muchos mexicanos preocupados por la deriva autoritaria y antidemocrática, por el ambiente de choque, confrontación y polarización que se alienta desde el poder, y que aspira a una convivencia más respetuosa y civilizada.

Parece que la planta de fertilizantes va

Hubo protestas, manifestaciones, bloqueos, gritos, insultos a los medios, hubo de casi todo en la jornada de consulta llevada a cabo ayer para decidir si se apoya o no la construcción de la planta de fertilizantes en Topolobampo. Era previsible que así ocurriera: los meses precedentes –más bien los años: el proyecto empezó en 2003— estuvieron marcados por una confrontación no de ideas, sino de prejuicios, de lugares comunes, de desconocimiento de detalles finos del proyecto, todo lo cual contribuyó a dividir grupos sociales. Habiendo razones atendibles por las partes, dominó la inquina, la descalificación. Estudios como el que referí en mi colaboración del viernes pasado, que hubiese sido un excelente documento orientador de un debate serio, maduro y responsable, fue dejado de lado. No hubo ideas; hubo frases zahirientes, diálogo de sordos. Es cierto también que, como todas las consultas que se han llevado a cabo, ésta también fue desaseada, y en estricto rigor no cumple con las condiciones establecidas en la norma.  

La empresa Enkoll, que levantó entre el 20 y el 22 de noviembre una encuesta con 868 entrevistas directas, y que anunciaba un claro triunfo del sí, realizó también una encuesta a salida de casilla, con un resultado abrumadoramente favorable al sí a la planta. 81.9 por ciento a favor de que sí se instale la planta en Topolobampo, y tan solo el 15.9 por ciento en contra, con datos actualizados a las seis de la tarde de este domingo 28. Por supuesto, esto no quiere decir que el asunto ya esté resuelto, y que la planta no enfrentará ya ningún obstáculo para su construcción. Hay amparos pendientes, y faltan todavía algunas resoluciones que deberán ser atendidas. Sería deseable que todos estos temas se resolvieran en estricto apego a la legalidad y respeto al Estado de derecho.

El gobernador ha apostado una parte de su capital político a favor de la planta. Ha hecho una decidida apuesta por la industrialización de Sinaloa, y la planta es clave en ese propósito. Perder esta batalla por decisión de la Corte, sería una derrota para Sinaloa y una derrota para Rubén Rocha Moya. Difícilmente podrá atraer y retener capitales e inversiones. Eso es lo que está en juego.

ZONA POLITEiA. Sinaloa: camino a la industrialización.

26 de noviembre de 2021

César Velázquez Robles

Los esfuerzos de Sinaloa en la perspectiva de su industrialización son de vieja data. Hace poco más de medio siglo, en 1967, se realizó el Primer Congreso Industrial, y ahí, funcionarios públicos federales y estatales, empresarios locales, nacionales y extranjeros, así como académicos e investigadores de instituciones de educación superior, discutieron políticas y estrategias para impulsar el crecimiento sostenido de la entidad, para la que se abrían importantes expectativas, desatadas por las grandes obras de infraestructura hidráulica que habían consolidado la actividad agrícola como motor del desarrollo regional y local. Se presentaron y discutieron proyectos y propuestas. Algunos se materializaron; otros quedaron en el olvido. Hubo un incipiente desarrollo industrial, más estrictamente agroindustrial, pero la entrada en vigor del Tratado de Libre Comercio en 1994, dio al traste con ese esfuerzo. Quedan ahí como mudos testigos las carcasas de lo que fue una floreciente industria, y que se pueden observar sobre todo en el trayecto de Guasave a Los Mochis.

Pero estos propósitos siguen vivos. Pese a que también desde hace un cuarto de siglo se insistía en que la mejor política industrial es que no haya política industrial, en Sinaloa ha habido, sobre todo desde las universidades, una corriente académica que enfatiza en la necesidad de impulsar la industrialización como clave de un crecimiento y un desarrollo sostenido. Una parte de esa corriente, influida por las lecturas de economistas marxistas, cuya figura más destacada fue el profesor José Luis Ceceña Cervantes, propugnaba el modelo de impulsar primero la industria textil, esto es, industria ligera, para pasar posteriormente a una etapa cualitativamente superior: el desarrollo de la industria pesada, esto es, la producción de medios de producción. La experiencia de muchos países ha demostrado que ésta era una visión lineal del desarrollo, que no toma en consideración las condiciones estructurales, las ventajas comparativas o la dotación de recursos naturales y dinámicas particulares de expansión y crecimiento de las regiones.

Pero también ha habido una corriente poderosa, no directamente vinculada a las instituciones educativas, pero tampoco al aparato productivo y a las necesidades y exigencias de los agentes económicos, convencida de que en el desarrollo de la entidad, había que quemar etapas. La mejor evidencia está en el Plan Estatal de Desarrollo 2005-2010, que pone el acento en una política de desarrollo sustentada en el sector terciario con servicios altamente sofisticados. Es decir, la apuesta no estaba ya en la industrialización, y si se aspiraba a alcanzar a los más adelantados en la carrera, había que dar el gran salto. Es cierto: ahora tenemos un sector de servicios cuasi-hipertrofiado, que representa dos terceras partes del producto interno bruto de la entidad; el problema es que no son servicios sofisticados, sino, sobre todo, comercios pequeños que no pueden ser locomotoras de arrastre del aparato productivo en su conjunto.

Ahora, de nueva cuenta, el acento está y estará puesto en la necesidad de impulsar la industrialización de Sinaloa. Esa es la apuesta del gobernador Rubén Rocha Moya, y sus declaraciones no apuntan en otro sentido. No puedo decir que haya sido derrotado en aquel tiempo y que hoy venga por la revancha, ya desde la principal posición de poder en la entidad. No, porque, en primer lugar, no se trató de un debate teórico entre corrientes ni de disputas sobre el modelo de desarrollo a seguir; simplemente, que la corriente predominante en la conducción de la política en Sinaloa tenía una visión que se articulaba con la de un grupo de economistas y políticos en las más altas esferas del poder. Pero tiene claro que con todos sus bemoles es el camino que hay que (re)emprender como condición para un crecimiento sostenido, una estructura productiva diversificada, con capacidad de innovación y capaz de tener un efecto multiplicador sobre todo el aparato económico. Así lo señaló desde prácticamente el momento en que se cerraron las urnas en junio pasado: “Nuestra vocación natural es la agricultura, la ganadería y la pesca, nosotros somos productores de granos en gran escala, ahí vamos también a concentrarnos, en la industrialización desde luego, y en brindar oportunidades a los que menos tienen”, y lo reiteró en el reciente Foro del Mar de Cortés, e incluso advirtió que estará disponible un fondo de inversión que se orientará fundamentalmente a este añorado proceso industrializador de Sinaloa.

La planta de fertilizantes en Topolobampo: un paso decisivo a la industrialización

En este propósito, el gobernador no se ha andado por las ramas. Ve en la construcción de la planta de fertilizantes en Topolobampo, la posibilidad real de transformar y consolidar la región norte de Sinaloa en un polo de desarrollo industrial, que modifique el rostro de Sinaloa. Todo indica que es una apuesta decidida, y en abono a ella, lo ha declarado sin reticencias: está a favor de la construcción de la planta, y la pondera como la oportunidad de poner en marcha un proceso virtuoso de reconversión de la planta productiva, de modernización del sector agrícola y del conjunto de las actividades económicas, de garantizar un crecimiento sostenido de la economía estatal, de atracción de nuevas inversiones, de generación de empleos mejor remunerados, de posibilidad real de incorporación a las actividades productivas y al mercado laboral, de grupos sociales largamente excluidos del progreso y el bienestar material y social.

Creo que no estamos ante un fenómeno de inflación de expectativas. Sinaloa requiere con urgencia romper los círculos viciosos que inhiben el despliegue de sus potencialidades económicas y productivas. Necesita recuperar el impulso y el dinamismo que ya no le garantiza –con todo lo relevante e importante que sigue el desarrollo de las actividades primarias–, su condición de proveedor de alimentos y garantía de seguridad alimentaria para el país. Y construir un tejido productivo sólido y firme requiere de ofrecer condiciones para la atracción de inversiones y garantizar certidumbre jurídica a quienes decidan arriesgar en esta región del estado sus inversiones.

Me parece que el proyecto de la planta de fertilizantes es una iniciativa muy importante en esta perspectiva. Más allá de los presuntos choques entre presuntos grupos de poder económico en la región, me parece –y si solo fuera por eso, valdría la pena hacer el esfuerzo de construir la planta— que se rompería con un esquema monopólico de control del amoniaco y urea, que impone por su propia naturaleza condiciones al mercado, eleva los costos de producción, hace de los pequeños productores rehenes y anula toda perspectiva de desarrollo armónico y sostenido del espacio local. Los estudios técnicos más calificados dan cuenta del notable incremento en la generación de empleo que traerá la planta, que presupone en un horizonte de mediano plazo una inversión del orden de los cinco mil millones de dólares, esto es, unos 100 mil millones de pesos. No ha habido en Sinaloa una inversión de esta magnitud después de aquélla que significó la introducción del sistema para el gas natural en el estado. Y a propósito: la utilización del gas natural para la producción del amoniaco y otros productos, será también una clave para detonar un nuevo estilo de desarrollo en la región y en el estado.

Apostar a la planta y, en consecuencia, al proceso de industrialización en Sinaloa, es una apuesta de futuro. No pocas veces Sinaloa, la región norte del estado han dejado pasar el tren del progreso, de la modernización, del progreso y el bienestar compartido. Hoy no puede permitirse ese lujo. Es una oportunidad histórica de contribuir a acelerar el crecimiento económico, a hacer que la cantidad de beneficiarios de la modernización sean muchos menos, y menos también los excluidos que siguen viviendo en la pobreza, ese patio trasero de la modernización.

Con el tema de la planta, se ha hecho demagogia en exceso, se han explotado miedos aprovechando el desconocimiento de las condiciones técnicas de construcción y funcionamiento de una unidad de producción de esta naturaleza, llamada a ser la más moderna de su tipo en América Latina, y que garantizará a los productores acceso a productos que empiezan a alcanzar en un mercado bajo control precios exorbitantes. Este es un plano del debate que poco se ha tomado en consideración, y que deberá ocupar ahora un lugar preponderante en el debate.

Un debate lleno de prejuicios y alejado del conocimiento científico

Advertirá, si ha tenido el valor de llegar en su lectura hasta aquí, que no hago referencia a elementos de carácter científico-técnico relativos a la planta, su instalación, la relación con el ambiente, y muchas otras características que van mucho más allá de mi conocimiento. Pero sí debo decir que tengo una enorme confianza en que quienes han puesto sus saberes especializados al estudio concienzudo de la planta, así que doy por sentado. Aquí bien puedo decir: yo no tengo otros datos. Pero los datos que conozco, basados en la ciencia, al avalar la construcción, me dan la confianza necesaria para decir que estoy de acuerdo. ¿De qué estudio hablo? Hablo del estudio coordinado por el científico sinaloense Federico Páez, titulado “Alternativas para reducir el impacto medioambiental de una planta de producción de amoniaco adyacente a una laguna costera en el sureste del Golfo de California”, publicado en 2018 en el Journal of Cleaner Production, que sistematiza y pondera los elementos que inciden en el entorno de la planta, así como el conjunto de recomendaciones para mitigar y contrarrestar los efectos de las externalidades negativas que la hay y las habrá siempre en todo proceso industrializador. Asimismo, en las opiniones formuladas por el ex rector de la UNAM, José Sarukhan, quien actualmente preside la Comisión Nacional de la Biodiversidad (CONABIO), quien también se ha pronunciado en favor de la construcción de la citada planta.

Esto es lo que dicen las encuestas

Por último, me referiré a las encuestas que, a propósito de la planta, y en la perspectiva de la consulta programada para el próximo domingo 28 que se realizará en localidades de los municipios de Guasave, Ahome y El Fuerte. Hoy se hizo pública la encuesta levantada por la empresa Enkoll, y estos son los resultados que arrojan algunas de las preguntas:

  • Ante la pregunta ¿Usted está a favor o en contra de la construcción de la planta de fertilizantes en Topolobampo?, estas son las respuestas: 86 por ciento a favor y 14 por ciento en contra. Estos resultados de encuestas realizadas en vivienda, mejoran los resultados de una encuesta telefónica levantada en septiembre, en la que 71 por ciento de los encuestados estaba a favor, y 29 por ciento en contra.
  • Ante la pregunta ¿Por qué razón está a favor de la instalación de la planta de fertilizantes en Topolobampo?, estas son las respuestas: generaría empleos (51 por ciento); beneficiaría a los campesinos (14); beneficiaría a los habitantes del municipio (12); permitiría adquirir fertilizantes más baratos (5); mejoraría la economía (5); sería necesaria (2); modernizaría la región (1); sería amigable con el ambiente (1); por la cercanía (1), y atraería mayor inversión al estado 81).

La encuesta fue levantada del 20 al 22 de noviembre, en 808 entrevistas cara a cara en viviendas; bajo un esquema de muestreo probabilístico polietápico los resultados tienen un margen de error de +/-3.46% con un nivel de confianza de 95%.

También se dieron a conocer los resultados de otra encuesta realizada por estudiantes de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UAS Zona Norte. Estos son los resultados que arrojó: 65 por ciento de aceptación, y 25 por ciento de rechazo. Otros datos que acompañan la encuesta son los siguientes: 2 mil 800 empleos; se han concedido cuatro amparos contra la construcción de la planta y hay una controversia constitucional.

Así están las cosas. El domingo 28 de noviembre es la consulta. Es muy seguro que por la tarde-noche se conozcan los resultados definitivos. Estaremos al pendiente.

ZONA POLITEiA: Cultura de la opacidad y cultura de la desconfianza.

25 de noviembre de 2021

César Velázquez Robles

Todo poder es oculto, decía Norberto Bobbio en sus conversaciones con Maurizio Viroli, una idea que además está presente en muchas de sus obras. No hay razones, no hay argumentos, no hay explicaciones sobre sus decisiones. Entre mayor y más concentrado está ese poder, menos importan los destinatarios de sus disposiciones. Así, resulta muy lógico que haya una correlación directa entre autoritarismo y opacidad. En línea con esta idea, puede decirse que, en efecto, “el soberano por derecho divino tiene el deber de mantener ocultos sus designios en la medida de lo posible. A imagen y semejanza del Dios escondido, el soberano es más potente cuanto mejor consigue ver a sus súbditos sin dejarse ver por ellos: el omnividente invisible”. Y si no hay razones y argumentos, eso significa simple y llanamente, que toda disposición del poder debe estar al margen de cualquier escrutinio público. Si no hay controles o contrapesos, o si esos controles pueden eludirse, el secreto está garantizado. Abona a favor de ello, la celeridad con que pueden adoptarse e instrumentarse las decisiones del poder sin tener que dar explicaciones. Como ocurre ahora aquí, donde la razón suprema del Estado recurre a las supuestas necesidades de la seguridad nacional como método para evitar explicaciones a la masa o para eludir los mecanismos de control que establece el propio Estado de derecho.

Esta cultura de la opacidad, de la secrecía, durante mucho tiempo pensamos que era privativa del viejo sistema autoritario. Un poder que no estaba obligado política, ni ética, ni moralmente a dar razones de sus actos. De ahí que una de las grandes tareas de nuestro tránsito democratizador fue obligar al poder a poner bajo la luz sus hechos, sus acciones y sus razones. No fue fácil. Hubo enormes resistencias. Sin embargo, pudimos crear una de esas instituciones autónomas que son, pese a todo, motivo de orgullo de nuestra transición. Pero esa cultura de la opacidad tuvo un larguísimo proceso de sedimentación, y ocupó todos los intersticios de nuestra vida colectiva. Evidentemente, su contraparte tenía que ser una cultura de la desconfianza de la ciudadanía. Los ciudadanos, pese a las existencia ahora de instituciones que garantizan la transparencia y la rendición de cuentas, desconfían casi como un acto reflejo de cualquier explicación y asume que el poder siempre quiere darles gato por liebre. Así, están instaladas en nuestra vida pública esas dos culturas: la cultura de la opacidad del poder y la cultura de la desconfianza de los ciudadanos.

Con mucha ingenuidad, según puede verse ahora por la deriva que ha tomado el ejercicio del poder con el nuevo gobierno y nuevo régimen –bueno, eso dicen–, llegamos a creer que habría un cambio cualitativo: un nuevo ejercicio pedagógico en la tarea de gobernar, siempre explicando y dando razones de las decisiones. Pero nada, ¡al contrario! Se ha producido en este ámbito un grave retroceso que nos lleva de manera acelerada hacia un régimen autoritario. El presidente, harto de que subsistan controles democráticos que limitan el ejercicio arbitrario del poder, ha decidido saltárselos a la torera, y para eludir la ley, ha decidido gobernar con base en decretazos. No se anduvo con rodeos. Sin ningún rubor, lo dijo alto y claro: era inevitable.

No podía evitar que trasluciera en sus palabras el talante autoritario, el lenguaje propio de un autócrata. Todas las obras relacionadas con lo que llama proyectos estratégicos, son de seguridad nacional. Así, el amparo, esa institución que ha sido tan cara a las sociedades democráticas, desaparece de un plumazo. Si un ciudadano se cree violentado en sus derechos, lastimado en sus propiedades, si requiere argumentos y razones sobre hechos y obras, se quedará chiflando en la loma. Si no hubo licitaciones y hay reclamos, estos serán intrascendentes e inocuos. La Constitución es letra muerta. Contra los excesos y arbitrariedades del poder, ha desaparecido hoy toda defensa legal posible. Es la entronización del autoritarismo, que desde hace tiempo se venía perfilando y que ahora se ha materializado. No es un exceso verbal decirlo. Es simplemente la constatación de que la restauración autoritaria anunciada, se ha convertido en una realidad.

Solidaridad con Felipe Guerrero

En todos los oficios y profesiones, las solidaridades corporativas son muy funcionales. Con razón y sin ella, éstas se activan cada vez que es necesario. Con más razón, cuando se producen hechos que lastiman la integridad física, la integridad moral, cuando se calumnia a compañeros que han hecho del oficio periodístico un compromiso con el derecho a informar y un ejercicio crítico de libertad. Es el caso de nuestro amigo Felipe Guerrero, víctima de una campaña que busca desprestigiarlo, pero que se ha estrellado con el espíritu de cuerpo de un gremio azotado por el flagelo de la violencia, y al que poderes legales o extralegales quisieran ver ejerciendo solo el género del silencio. Desde aquí, nuestra solidaridad de quienes desde Punto Crítico Digi TV y desde la revista POLITEiA queremos, como Felipe Guerrero, ampliar los espacios para que las ideas circulen con libertad y contribuyan a mejorar nuestra vida democrática.

Camino a hacer de POLITEiA una revista de referencia

El número 78 de la revista POLITEiA ya está en circulación. Tenemos una deuda con nuestro compañero y amigo editor Nicolás Vidales Soto, quien trabajó horas extras para tener listo esta nueva edición correspondiente a los meses de noviembre y diciembre, que incluye un ensayo central, Reforma y melancolía en López Obrador, de Carlos Calderón Viedas, e incorpora cuatro excelentes ensayos sobre las perspectivas económicas, políticas, sociales y culturales de Sinaloa, a propósito del inicio de una nueva gestión institucional que desde el pasado primero de noviembre encabeza Rubén Rocha Moya.

POLITEiA, gracias a su compromiso de mantener un alto listón de calidad en sus colaboraciones, ha ganado un sitio entre las revistas de referencia en el ámbito del análisis político. Sin duda, un gran mérito en un ambiente donde esfuerzos de esta naturaleza son poco alentados, incluso por entidades que tienen como propósito alentar y estimular la libre circulación de las ideas. Pero el respaldo de nuestros lectores nos ha permitido mantener presencia en un mercado, como el de las revistas de análisis político, muy salvaje y competido.

Es nuestro propósito que ese respaldo del que hemos disfrutado en años pasados se mantenga ahora y en el futuro. Sinaloa es mucho más que los estereotipos con que se nos ha presentado en otras partes del mundo. Es también cultura, es talento, es esfuerzo intelectual. Y la revista es, junto a muchas otras manifestaciones de cultura, una expresión de ese esfuerzo que creemos debe alentarse. Es una revista nacional e internacional hecha por sinaloenses. ¡Apoyemos este proyecto!

Ayer lancé la iniciativa de apoyo a la revista que rápidamente encontró eco en muchos compañeros y amigos que desde hace tiempo han acompañado este esfuerzo editorial. A todos ellos agradezco su respaldo y su confianza, y ese aliento es fundamental para seguir adelante. Seguro que tendremos revista para rato.