VIDA COTIDIANA

Una reflexión de la cultura política mexicana a través de un caso de la vida cotidiana mazatleca

“¿qué horas son?… las que usted mande y disponga, Señor Presidente…”

Dicho coloquial en la política mexicana

Víctor Javier Pérez Montes

Una brevísima introducción…

El presente ensayo tratará de manera muy breve, algunos aspectos de la cultura política en nuestro país. Para ello, tomo como pretexto una breve narración de la vida de un individuo que llamaré mi tío Antonio y a su familia –para ello fue necesario cambiar los nombres reales y poner algunos ficticios, esto con el fin de evitar ofensas-al igual que usaré algunas de sus frases coloquiales, al igual del uso de vocabulario político mexicano, producto de esa cultura coloquial –sin la más mínima intención de ofender al lector- para describir algunos aspectos culturales de la política que los  mexicanos hacemos.

            La propuesta final del ensayo, es ilustrar al lector de la importancia de obtener una educación y ética que pretendan dar propuestas de cambio, a la cultura y el sistema políticos mexicanos.

            Sin más preámbulo, invito al lector a divertirse –ya que yo me divertí mucho narrando la historia de mi tío Tony-. Insisto, esta historia fue real, solo los nombres se tuvieron que cambiar para evitar el herir las susceptibilidades de mi familia. Y daré inicio por compartir como eran las visitas de este personaje a mi casa hace ya algunos años, lo cual titularé el priista de hueso colorado.

De hueso colorado…

Siempre he recordado con mucho cariño, la visitas de mi tío Antonio -hermano de mi padre- a nuestra casa, eran verdaderas cátedras de cómo se vivía y proyectaba la política en nuestro país, claro está; desde una pequeña muestra tal como lo era la vida de mi tío Antonio. Empezaré describiendo al susodicho: Era alto -bueno, a mi me parecía alto-, ojos de color negro, pelo castaño, ondulado  y siempre abrillantado; tez morena obscura -bronceado por el sol mazatleco, ya que en los años sesentas fue surfo en las Olas Altas-,eso si; siempre a la línea del buen vestir, y con una sonrisa que cautivaba a las masas o por lo menos siempre me inspiraba a querer votar por él, si se postulaba pa´ presidente municipal como él mismo lo mencionaba -bueno, eso pasaba en mi mente, hasta que supe cuales eran sus tendencias políticas-.

Por aquellos años, mi querido tío se desempeñaba como encargado de los camiones recolectores del departamento de aseo y limpia en el ayuntamiento de Mazatlán. Era impresionante saber la cantidad de gente que conocían al güero Tony, cuya fama de extorsión y técnica de mordelón era de admirar y hasta de envidiar.

Pero que decir de sus cualidades en la militancia partidista, o mejor aún, de sus tan depuradas técnicas que hacían de él, un verdadero sacerdote cuya catequesis doctrinal  rezaba todos los días de la siguiente manera: He aquí, hijo mío te digo: “el que no tranza no avanza” -dogma doctrinal que describe todo un sistema complejo para adquirir ingresos extras en las labores del servicio público en México-; las cuales para aquellos años le habían remunerado muchos favores políticos y por supuesto, también los económicos.

En pocas palabras, mi tío era un hombre de partido y sobre todo del ambiente que rodeaba al sistema político de su época -no muy distante del actual-. Como mi padre solía decir: Mi carnal el Tony, era un priista de hueso colorado, no había “cargada de búfalos” en la que no participara, ni “acarreo” en el que no estuviera metido, siempre el saber que había apoyado a su partido le apasionaba, se sentía realizado al saber que su partido se llevaba “el carro completo”, mas bien, era como su forma de “hacer patria” y sentirse muy, pero muy mexicano. Ese era mi tío Antonio.

La afrenta del mazatleco…

Recuerdo en especial una de esas visitas, cuyo escenario era de la siguiente manera: Era finales del mes de Julio, estaba terminándose la década de los ochenta. En Mazatlán como en muchos lugares de México, se vivía el desencanto por la Renovación moral[1], todavía para esos años, se hablaba del  fraude electoral del PRI –por supuesto que no sería ni el primero ni el último- que favoreció al candidato del llamado partido oficial[2].

 La frustración de algunos mazatlecos era visible, el hijo del Tata Cárdenas[3] fallaba en su carrera hacia los Pinos, Acción nacional con todo y su Maquío[4] no daban el ancho, pero la victoria del partido oficial, daba esperanza a muchos que no querían dejar el hueso[5] así porque si.

Entre esos que querían defender sus intereses como un perro defiende su hueso[6], estaba mi querido tío Antonio. El malhumor en las personas se asociaba con la temperatura natural del puerto (o así yo lo entendía en su momento), pero pasaba algo más. Eran tiempos de la alternancia política en la perla del Pacífico, parecía que se lograba lo siempre soñado. El Partido Acción Nacional ganaba la alcaldía en Mazatlán.

Recuerdo el rostro desencajado de mi tío, él no daba crédito a lo que pasaba. El soldador de fierros[7] como hacía nombrar mi tío a Humberto Rice, ganaba la alcaldía de Mazatlán, el blanco y azul hacía desvanecer a los tres colores patrios, fue en esos momentos cuando mi tío se acordó de todas sus amistades que vivían de aviadores o pargos[8] en el Ayuntamiento, de las dificultades que tendría que sortear para seguir con sus negocios y formas de obtener un mejor chivo pa´ la Magda,-o sea, mi tía Magdalena-.

Era la tarde triste, sus auto reclamos y técnicas electorales en bien de la familia revolucionaria patasalada  habían fallado, el robo de las urnas, la votación de los del panteón del Ángela Peralta y el panteón de la Esperanza y los esfuerzos acarreadores de la güera guerrillera no habían sido suficientes para el gane. Aún cuando había hecho el típico amago a sus subalternos en el departamento de aseo y limpia, mi tío estaba seguro que no todos le habían obedecido al votar por el candidato oficial, y con rabia se prometía así mismo que: ¡a primera hora mandaré llamar a fulano y perengano a rendirme cuentas!, y se juraba así mismo de manera tajante: ¡a mi no me van a ver la cara de pend…!, ¡ Ellos saben que soy el chingón y van a saber de que están hechos mis huevos![9]. Mi tío estaba extremadamente ofendido por la derrota de su partido y no era menos de esperar que rasgara las vestiduras.

A pesar de la jalada de orejas a los subordinados de su departamento, pasó lo que había de esperar, se asignó a un nuevo director del departamento de aseo y limpia en el Ayuntamiento,  por supuesto que mi tío empezaba a perder poder, él siempre mencionaba que le habían quitado sus influencias para dárselas a otro que no tenía  la experiencia ni el conocimiento en el mundo pragmático de la política mazatleca.

Pasaron los meses y mi tío parecía que había perdido las ganas de vivir, ¡y cómo no!, así como lo describe la frase de uno de los amigos del  cachorro de la Revolución[10]  “vivir fuera del presupuesto, es vivir en el error”[11], esta frase tan contundente y cierta en la práctica del sistema político mexicano, era una realidad en la vida cotidiana de mi tío.

A propósito de ello, el líder sindical Vicente Lombardo Toledano, hacía mención de los adjetivos de la corrupción:

La mordida, el atraco, el trinquete, el cohecho, el embute, el chupito, una serie de nombres que se han inventado para calificar esta practica inmoral. La justicia hay que comprarla, primero al gendarme, luego al ministerio público, luego al juez, luego al alcalde, luego al diputado, luego al gobernador, luego al ministro, luego al secretario de Estado…luego al presidente de la República”[12]

Tal parecía que el antiguo líder sindical, describía la vida política del güero Tony, era exactamente el atraco y la mordida lo que sostenía la economía familiar de nuestro ilustre servidor público patasalda.

Los años difíciles…

Mi tío Tony era como cualquier mazatleco, tenía una esposa y tres hijos-sin mencionar algunos amoríos e hijos, que hasta la fecha no han sido confirmados-, mi tío siempre se expresaba de sus hijos diciendo: mis chamacos son todos bien machitos, así como su padre… esta era la excusa que expresaba cada vez que mis primos salían golpeados de una clásica riña de barrio, o cuando sacaban malas notas en la escuela o  que los corrían de ella, tal parecía que el poder machista que pretendían heredar a sus hijos perdonaba e incluso premiaba o peor aún, reconocía para bien sus conductas tanto educativas como sociales de sus amados retoños.

Entre esa vida familiar, la escasa educación y oportunidades que Tony pudo tener, a finales de los años sesenta entró como empleado del departamento de parques y jardines, eran años difíciles mencionaba mi tío con un tono melancólico,…ganaba una miseria, eso de barrer y cuidar el zacate de la plazuela de los Leones y de los burros no era para mi, yo me alivianaban con los vales de despensa que canjeaba en algunos puestos del mercado Pino Suárez, pero después  me fijé que se podía tirar el zarpazo y sacar un dinerito extra, entonces me puse  trucha y todo empezó a cambiar…[13] obviamente el güero Tony, entendió que afiliarse a la familia revolucionaria, mantener fidelidad al Partido y  a sus lideres, le traerían beneficios y un crecimiento en su situación laboral y por supuesto en la monetaria.

Ser miembro activo del partido era como ser parte de la familia, los principios y reglas del partido, eran practicadas también en el interior de su seno familiar. Las palancas y la mordida eran los recursos “salvadores” de las mensadas de sus hijos. En una ocasión, uno de mis primos fue expulsado de la primaria en donde asistía, y digo “asistía” por eufemizar sus inasistencias en las clases, el mal comportamiento y  pésimas calificaciones que el Toñito llevaba.

La noticia no fue tomada con grata bienvenida en la casa de mis tíos, mi tía le dio una santa soba de perro bailarín, que si la hubiera visto el Negro Durazo, la hubiera contratado para corretear rojillos y a los revoltosos de la liga 23 de septiembre. Pero que contar de mi tío, el no era tan bronco como mi tía –ya que así se expresaba de ella, porque ella era del Verde, poblado perteneciente al municipio de Concordia, en la sierra sinaloense-. El actuaría de otras formas, haría valer sus técnicas de persuasión diplomática y saneamiento de relaciones.

La mordida…

Era hora de poner en práctica lo teórico. Con mirada agresiva y con sus mejores trapos –mi tío decía que si te veían bien vestido, eso imponía respeto y hasta te podían decir licenciado-, el gran Tony hizo su entrada triunfal a la escuela de donde habían osado en correr al Toñito, por sabe que?. Se presentó con el director, platicó unos minutos, como siempre mi tío, hacía alarde de sus amistades en la secretaría de educación pública, de la amistad que tenía con  algunos inspectores de la zona escolar y hasta de su relación con gente del sindicato de maestros en Mazatlán.

Pero seguramente, las amplias credenciales de recomendación que mi tío ostentaba, no habían hecho ningún efecto en el director escolar, por lo que el recurso de la mordida o la extorsión empezaba su trabajo. Mi tío Tony siempre solía decir: Siempre  le digo a la Magda que tenga un clavo por ahí alzado, uno nunca sabe cuando y porque usarlo. Parecía que eseera el momento de usar ese clavo, los resultados de tal hecho fueron: mi primo terminó la primaria y por si fuera poco, le dieron un reconocimiento y hasta en la casa de mi tío, recuerdo que le hicieron un pastel y mi tío se puso una borrachera que parecía que su hijo había obtenido un doctorado honoris causa. Ese era la familia de mi tío. Las festividades eran importantes en la familia de mi Tony como en la familia revolucionaria.

La grande…

Pero el suceso que marcó, de manera profunda la carrera de servicio público del güero Tony, fue el día en que lo nombraron Encargado general de los camiones recolectores del departamento de aseo y limpia del Ayuntamiento de Mazatlán, mas que puesto público parecía eso un título de una tesis doctoral, sin embargo yo siempre dije que era el encargado de los camiones de la basura y punto.

Parecía que el nuevo puesto de mi tío, le había levantado la autoestima por arriba de la cabeza. En donde fuera, sin importar si se hablara o no del tema o por si de casualidad se mencionaba el empleo o profesión que se tenía, mi tío se echaba el título casi virreinal de Encargado general de los camiones recolectores del Departamento de Aseo y Limpia del Ayuntamiento de Mazatlán, y bueno, había siempre algún gacho, que le refería en su cara que era trabajador de la basura en el ayuntamiento.

Sin embargo, este nuevo nombramiento no era casualidad, los años de acarreo y de organizar manifestaciones políticas en la Machado, al igual que enfrente de la Catedral, en la Sánchez Tabeada, en el restauran Copa de Leche en Olas Altas, entre otras,  habían dado frutos, resulta ser que el jefe inmediato de mi tío Tony, era un viejo compañero del partido, hábil político mazatleco, que terminaría como miembro del cabildo mazatleco una década mas adelante.

Era un sueño hecho realidad, no había más honra y gloria en la vida de mi tío que en esos momentos. Su ascenso político –como él lo decía-, era inminente, si se dejaban hasta como Secretario del Ayuntamiento llegaría ser, sin embargo, como buen integrante de la familia revolucionaria, entendía que había niveles, jerarquías y que a los Tlatoanis por mas locales que fueran, había que besarle la mano y rendirle honra y gloria.

El paternalismo…

Con respecto a esta práctica paternalista, mi tío era un fiel creyente y practicante de ella. Cada lunes no faltaban las cartas al presidente municipal, en ellas se solicitaban entre otros favores, la súplica de los servicios de pavimentación en la colonia por donde vivía él y su familia, rogaba de manera muy atenta –yo diría hasta servil- una considerable rebaja en el pago del impuesto catastral y la exención del pago del agua, ya que mi tío se considerable exento del pago de tal servicio, por el hecho de que hacía patria al servir a la ciudadanía mazatleca, y él no tenía porque pagar como aquellos que nunca hacían nada por su patria y comunidad. Mi tío Tony, era todo un caso en el folclor político mexicano…al igual que muchos.

Entre sus discursos y pláticas comensales, siempre le afloraba la ideología del partido, su lema fue: la modernidad y justicia social al servicio de las clases populares, y como el se consideraba parte de las clases populares, el merecía que el gobierno velara por su modernidad y justicia social. Papá gobierno me tiene que solucionar las broncas, esa era su proyecto de vida.

Entre sus figuras de autoridad, habían dos muy marcadas en su vida, la primera su madre –mejor dicho mi abuela Vicente,  un clásico ejemplo del mas ortodoxo gobierno matriarcal- y la segunda, el presidente de la República o en el caso local, el presidente municipal. Mi tío aseguraba, que los únicos responsables de conducir su destino, al igual que el de muchos mexicanos; para luego echarle la culpa de sus propias limitaciones y fracasos, eran el gobierno[14] y la virgen de Guadalupe… ¡los meros meros chingones! –Como él lo mencionaba- eran el presidente de la República o municipal y el padre Chema –que oficiaba misa en la Juárez[15]– . En fin, mi tío vivía un tipo de paternalismo mental, que le permitía descargar sus sentimientos de inferioridad[16] en una figura de superioridad, como es el caso del presidente de la República o el municipal.

El sentimiento de inferioridad…

Siempre que había reuniones familiares, mi tío siempre era el responsable de los debates políticos, parecía que todo lo que él leía era sobre política y cultura- y a hasta estos días yo dudo que haya leído en realidad algún libro o la sección editorial de algún periódico o revista cultural-. Era el clásico sabelotodo, una extraña imitación o copia mal hecha del pedante intelectual, del que habla Samuel Ramos en su obra El Perfil del Hombre y la Cultura en México, pero como mi padre mencionaba Tony era un burro hasta no más poder.

Parecía que las disertaciones de política que mi tío mantenía, eran una manera de cómo él mismo cubría sus sentimientos de inferioridad intelectual. Odiaba a los estudiantes universitarios, los tildaba de huevones niños bien –con el perdón de mis compañeros en la maestría y de profesores-, para mi tío, los universitarios y gente culta eran un tipo de gente que no merecía respeto, para él no era justo que les pagaran por leer libros, platicar puras chingaderas, tomar cafecito y verles las nalgas a las morritas que van a la universidad. Como lo mencioné párrafos anteriores, quizá esta aversión a los que habían tenido una educación formal, era porque el güero Tony nunca tuvo educación formal de relevancia, es más; solo terminó la primaria y párale de contar.

Debido a esa escasa cultura y estudios, era muy común y hasta natural, que dijera disparates entre sus conversaciones o disertaciones sobre debates de política local, regional o nacional. Así era un poco la vida de mi tío Tony, proyectaba sus sueños, triunfos, miedos, frustraciones y sentimientos de inferioridad en su vida como individuo que interactuaba en una sociedad que no distaba de ese tipo de valores que el mostró y ejerció en su momento.

Todavía es común ver a mi tío Tony rondando el palacio municipal, en ocasiones sentado en las bancas comiendo un raspado de nanchi o guayaba, ver a los camaradas, cotorrear con algunos fósiles de su época, y seguir arreglando el mundo político en una especie de manifestación política enfrente de la Catedral, pero ahora solo por comentarios y viejos recuerdos, antiguas formulas que según él, si se aplican otra cosa sería Mazatlán.

Una breve reflexión de la historia del priista…

Jorge G. Castañeda en su obra La Herencia, hace mención sobre los atributos meta constitucionales del presidencialismo en el sistema político en México, pero, al respecto de tales atributos, me pregunto: ¿quién le da esos atributos metaconstitucionales a los presidentes no solo a nivel nacional, sino a los gobernadores y alcaldes locales? La respuesta, creo está en nuestra cultura política a nivel nacional, la cual permea a la estatal y local.

 La cultura política en México envuelve al sistema político del mismo, esto es, la cultura envuelve, modifica, moldea y en ocasiones distorsiona a la parte institucional de la política en México. Un día antes, el mismo profesor explicaba que en una sociedad como la nuestra, era una sociedad poco normada, nuestra cultura y estilos de vida se basaban mas en los usos, tradiciones y costumbres, que al momento de establecer normas de conducta, lineamientos o leyes, nadie estaba dispuesto a acatar. Dice una canción popular mexicana…a veces es mas fuerte la costumbre…que nos gana la tradición y la costumbre, el hábito que la norma o la ley que trata de imponer orden.

Este es el caso de nuestra cultura mexicana, pareciera que nuestros sistemas de vida no tienen orden alguno, poseemos una tremenda tendencia a romper reglas,  y esto a su vez, afecta de manera directa y profunda a los sistemas económicos, culturales, sociales y por supuesto al político que en esta ocasión atañe a su reflexión.

Todo esto se ve reflejado en el relato anterior (la breve historia del  güero Tony). No hay un orden en su estilo de vida, es mas no hay un proyecto de vida sustentable,  no existen los elementos necesarios para enfrentar imprevistos de cualquier tipo (ya fuera en lo familiar como en lo laboral).

Su cultura del desorden, es claramente vista en sus técnicas y formas de hacer política. El embute o mordida, pereciera que era el modo único y eficaz de solucionar los asuntos familiares, laborales, personales y políticos claro está.

La importancia de la aparentar la “seguridad” –cubrir el sentimiento de inferioridad- en todo lo que hacía, es otro aspecto psicológico que define al mexicano –en este caso a este tipo de mazatleco- envuelve al sistema político, con este rasgo de tan gran importancia cultural, que impacta en su conducta y forma de pensar.

¿Qué no acaso es, la actitud de culpar o responsabilizar a otros del bienestar presente o futuro como lo hacía el güero Tony?, y ¿no es acaso la actitud que nuestra cultura ha llevado por casi 2 siglos?, ¿será que no hemos madurado como sociedad y el reflejo en las vidas particulares, son el reflejo en pequeña escala del sistema político, social, económico y cultural de nuestra nación?

Pareciera que esta actitud o estilo de vida no tiene solución. Pareciera que este sistema político y cultural no tiene manera de modificar para mejorar, sin embargo, la propuesta es la que muchos pueblos han optado y sus sociedades han tenido cambios significativos; la solución es la Educación.

Pero que esta Educación sea de calidad, en donde los valores de orden gubernamental, económico, sindical, laboral, social y familiar sean por una causa en común: la plena realización del hombre sin complejos y con visión de triunfo en todos los niveles.

Quizá esta posición sea muy idealista, pero me pregunto ¿qué acaso los nuevos milagros económicos y culturales –en los países asiáticos- no han tenido una base la institucionalización de una educacional sólida y a la vanguardia, con miras a un cambio real a favor de su identidad y cultura natal? Nunca acomodando viejas formulas y tratando de poner trajes a la fuerza, pero siempre haciendo trajes a la medida de sus características culturales, políticas, económicas y sociales.

La propuesta, dejemos de imitar y empecemos a ser originales. El mexicano tiene un ingenio para crear, adaptar, modificar y en ocasiones para mejorar lo que le rodea. Usemos tales características para reducir los rezagos educativos, culturales y económicos actuales. Ya no sigamos cultivando más individuos como el güero Tony, cortemos de raíz el sentimiento de inferioridad, cultivemos en nuestros nuevos mexicanos un sentimiento de igualdad, de orgullo, una mentalidad de competencia y de progreso, que solo la educación de calidad puede brindar.


[1] Lema de la campaña electoral del Lic. Miguel De la Madrid Hurtado, candidato por el Partido Revolucionario Institucional, durante las elecciones de Julio de 1982.

[2] Para esos años, se tenía muy en cuenta que el partido oficial de cualquier gobierno en turno era el Partido Revolucionario Institucional

[3] Cuahutemoc Cárdenas Solórzano, candidato opositor apoyado por una alianza de partidos en la contienda electoral de 1982.

[4] Don Manuel Clouthier, nacido en Culiacán Sinaloa,  prominente hombre de negocios, criado y amparado a la sombra del sistema político mexicano, fue el candidato por el Partido Acción Nacional en la contienda electoral, su manera de expresar y carisma, hicieron un ícono en la conducción de masas y mítines políticos.

[5] Hueso: es la forma como el vocabulario político mexicano llama a los cargos públicos.

[6] Frase que plasmaría el drama y el supuesto interés por defender la economía nacional, por parte del presidente José López Portillo y Pacheco durante uno de sus informes sexenales ante el Congreso.

[7] Humberto Rice era propietario de la fundidora Rice en Mazatlán.

[8] Aviador: es la forma como se le llama a las personas que se aparecen a firmar y cobrar la quincena en los días de pago, o sea, solo cobra y nunca trabaja. El sobrenombre de Pargo, es lo mismo, ya que el pargo es un pez y lo único que hace es “nada”.

[9] Samuel Ramos en su obra El perfil del hombre y la cultura en México nos describe el “pelado”, el cual es un tipo de mexicano de la gran ciudad o de alguna ciudad, que en la jerarquía social es menos que un proletario y en lo intelectual  un primitivo. Es un individuo que trata de cubrir sus sentimientos de inferioridad por medio de la violencia tanto física como verbal. Siempre hace alusión a la potencial sexual o virilidad, para consolarse así mismo gritando a todo el mundo que tiene “muchos huevos” y que es un “chingón”. Y como el mismo Ramos lo menciona, no solo ve el poder sexual en el órgano sexual masculino, sino todo tipo de potencia humana. Para el “pelado”, como lo menciona Ramos, un hombre triunfa en cualquier actividad y en cualquier parte. De ahí el concepto empobrecedor del “macho” como un figura de poder y autoridad. Samuel Ramos. El perfil del Hombre y la Cultura en México. México. Espasa-Calpe mexicana. XXII ed. 1994. pp. 54-55.

[10] Sobrenombre que le puso la familia revolucionaria –PRI- al licenciado Miguel Alemán Valdez y que hizo hacer  notar en su campaña electoral por la presidencia de la repúblicaen 1946.

[11] Frase atribuida a Cesar “El Tlacuache” Garizurieta. Enrique Krauze. La presidencia imperial. México. Tusquets editores. 1997. p.128

[12] Ibíd. Pp. 112-113

[13] Plática familiar navideña. Diciembre de 2000.

[14] Eliseo Mendoza Berrueto. El presidencialismo mexicano. Tijuana. FCE-CFN.1996. p.23

[15] Nombre de una de las colonias mas representativas de la ciudad de Mazatlán.

[16] Como afirma Samuel Ramos en su obra El Perfil del Hombre y la cultura en México, el mexicano no es que sea un ser inferior, sino que se siente inferior, lo cual es cosa muy distinta. Samuel Ramos. El perfil del Hombre y la Cultura en México. México. Espasa-Calpe mexicana. XXII ed. 1994. p.52