ANDO POR LA PLAZUELA

En 1968 la población de México era de alrededor 47 millones 668 mil 303 personas, la matrícula de las instituciones de educación superior en el mismo año, se estipula, era de entre 150 mil y 170 mil personas, incluyendo los alumnos de los subsistemas de educación media vinculados a las instituciones de nivel universitario.

Matrícula estimada de las principales instituciones que participaron en las protestas estudiantiles de 1968

Fuentes: https://www.ahunam.unam.mx/68/index.html, https://www.ipn.mx/decanato/archivo-   historico.html, https://www.normateca.inah.gob.mx/, https://ri.ibero.mx/handle/ibero/5421, https://direcciondearchivos.umich.mx/archivo-hist%C3%B3rico/acervo-documental, https://consejouniversitario.buap.mx/?q=content/1968, https://escolar.buap.mx/?q=content/b%C3%BAsqueda-de-kardex-o-historial-acad%C3%A9mico-para-matr%C3%ADculas-anteriores-al-a%C3%B1o-1994.

El Consejo Nacional de Huelga (CNH), lo llegaron a conformar entre 160 y 350 representantes, los cuales actuaban en nombre de un número impreciso de representados, podía ser uno o ser 10, 50… Esto dependía de la habilidad que tuviera para convencer y unir a la causa (lo que significara eso) a alumnos, maestros o transeúntes desprevenidos. Existen testimonios de los mismos miembros del CNH1 que dan cuenta de lo fluctuante del número de personas involucradas en el movimiento, así como del poco conocimiento y cohesión de fines y objetivos, fuera del grupo nuclear conformado por 5 personas del mismo CNH y en concreto de lo que fue el pliego petitorio.

En la manifestación de Tlatelolco de 1968 se especula por parte de distintas fuentes no oficiales con la cifra de 300 fallecidos, en su mayoría estudiantes. En el periodo llamado de la Guerra Sucia, que operó el gobierno mexicano de 1969 a 1982, se estima que fueron asesinadas entre 1200 y 1500 personas, sumadas a estas la Comisión Nacional de Derechos Humanos ha documentado más de 500 desapariciones en el mismo periodo, asociaciones civiles ponen esta cifra por encima de las mil.

fig 1.1

Fuente: https://www.populationpyramid.net/es/m%C3%A9xico/1968/

1Gonzáles de Alba, L. (1993). 68: La fiesta y la tragedia. Una visión crítica en Nexos, número 189, México.

Si tomamos en cuenta el universo de jóvenes entre los 15 y los 29 años, tenemos que la población juvenil en edad escolar en los sistemas de nivel profesional y bachiller en 1968 rondaba los 12 millones de individuos. El fin de establecer las cifras demográficas es obtener, más allá de los discursos que han trascendido en el tiempo e influido en la retórica política, el impacto del movimiento estudiantil, con elementos reales, en la población en general de aquel momento.  

Concediendo, por lo impreciso de las cifras, que el universo total de estudiantes calculados para los niveles medio y superior (150-170 mil) hubieran participado del movimiento (hecho estadístico imposible), estaríamos hablando de entre 1.25% al 1.4% de los jóvenes de entre 15 y 29 años. Si tomamos como referencia para la proporción de participación la población total de México estaríamos hablando del 0.32% al 0.35%.

¿Cómo se puede explicar que un movimiento tan limítrofe en relación, en su momento, a el universo de la población del país haya tomado una relevancia y tenido un impacto de carácter nacional?  

Sumando a esto, ni siquiera presentaban un discurso homogéneo y estructurado, en los panfletos y propagandas se mezclaban muy diversas ideologías e igual diversidad de reclamos, de índole personal, político, espiritual, ideológico… los cuales sólo tenían como factor común el estar de moda y ser percibidos como novedad intelectual.

Parte de una respuesta probable y posible fundada en una característica general común de los participantes del movimiento estudiantil del 68, es su pertenencia (consciente o no) a la clase privilegiada de la sociedad, no con los distintivos clásicos de concentración de capital o poder político, pero sí en el acceso a un sistema restringido de educación superior el cual para ese momento histórico todavía representaba un factor de movilidad social ascendente así como una reserva alterna de los grupos de la elite, al que no tenían acceso ni la mayoría de la población ni la mayoría de la juventud de la época.

En retrospectiva la interpretación del conflicto estudiantil del 68 y sus sucesivos sucedáneos morales en el periodo de la guerra sucia hasta llegar al grupo gobernante actual, puede leerse como el conflicto entre grupos de la misma élite nacional en su lucha por el poder, por ello no es extraño que uno de los logros que se apropian los que se identifican con este movimiento y que el status quo les concede son las reformas políticas del último cuarto del XX, las cuales tuvieron efecto sobre todo en los convenios y reglas para el acceso al poder entre los grupos privilegiados.

Es evidente, dado que el conflicto y acuerdos a los que me refiero, que estos se dieron en las cúpulas de poder, por lo tanto, se infiere que donde menos tuvieron repercusión, si no es que ninguna, fue en las capas económicas y sociales más desprotegidas, por eso no es extraño que México siga acumulando población en pobreza y pobreza extrema y este lejos de resolver el problema. Aunque en la retórica de los grupos beligerantes del 68 y sus sucesores enarbolaban banderas de índole social en los hechos se puede concluir que fueron más un recurso discursivo para lograr el apoyo de clases desfavorecidas con mayor densidad demográfica en movilizaciones de demostración de fuerza pública, para avasallar los recursos de contención de la facción de élites adversarias.

Es a través de este conflicto entre los que conforman los círculos de privilegio que se puede explicar que un movimiento que estuvo conformado con una representación demográfica ínfima tenga una repercusión simbólica y política tan dominante en el discurso público actual, que el calendario cívico se haya llenado de celebraciones que aluden organicamente a unos cientos de miles (en el mejor de los casos), los santorales oficiales y memoriales tengan como ofrendas la vida de alrededor de 3 mil acaecidos, según registros oficiales y de organismos civiles, que sin ser deseables y evidencia dolorosas para miles de familias, están lejos de las afectaciones de otros episodios históricos como la Revolución mexicana donde se establece un rango de perdida de millones de vidas (entre 1.4 y 3.5 millones) por no hablar del sisma económico y social que devino con este movimiento armado.

Incluso si la comparación pareciera desproporcionada entre ambos episodios históricos, en el discurrir de la actualidad habría que cuestionarse por qué la perdida de vidas que el país ha tenido desde que se desplegaron fuerzas militares en 2006, que en un principio se declaró Guerra contra las drogas, y que ha seguido hasta el día de hoy, 2025, con otros nombres pero en la misma lógica del despliegue militar, ya no sólo en el ámbito de la seguridad pública sino en otras esferas de la administración pública, lo cual ha costado más de medio millón de muertos, en su mayoría jóvenes, población que en el presente año, entre los 15 y los 29 años, ronda los 3 millones 260 mil individuos, es decir, la cantidad de fallecidos en el presente conflicto armado representa el 15.33 % si  sólo tomamos el total de ese rango de edades, y aún si completamos la comparación con la población total de México, la cual es alrededor de 132 millones de personas, el porcentaje de vidas perdidas estaría en un aproximado de  0.38 %.

A lo que habría que sumar el hecho de que la demografía actual refleja que la perdida de jóvenes se vuelve de mayor relevancia para nuestra perspectiva a futuro como país, en 1968 la figura poblacional (figura 1.1) era una pirámide perfecta en la que entre menor edad tenía el estrato mayor era la población, lo que hacía que la base activa y de tributación cubriera con suficiencia las necesidades del Estado para su desarrollo económico y social. Al día de hoy la proporción de nacimientos no alcanza las tazas de reemplazo poblacional (figura 1.2).

 Figura 1.2

Fuente: https://www.populationpyramid.net/es/m%C3%A9xico/2025/

Es un tema que convendría esclarecer, por qué el Estado, el gobierno y las instituciones de nuestro país se niegan a abordar la dimensión real del desastre, a casi 20 años de la escalada militar que ha provocado la muerte de cientos de miles de personas, buscar retribución a las víctimas y resarcir en algo la memoria, así como los daños que una parte de la sociedad ha recibido. A asumir el alto costo en vidas que la retórica de evasión del problema hasta el día de hoy sigue cobrando y buscar una solución real al conflicto.

Parte de la respuesta del porqué no se aplica la misma reverencia y boato público al tema de los caídos por la violencia militar que tiene como justificación el narcotráfico, como sí se aplica al tema del movimiento del 68 y la posterior Guerra sucia, es debido a la secular sacralización seudoidelógica que del episodio histórico hizo la facción de la élite de poder público actual como narrativa y discurso de apalancamiento para desplazar a sus adversarios de los puestos de decisión política.

También hay que puntualizar que el fenómeno del narcotráfico, con el cual se ha justificado la militarización del país, a diferencia del movimiento estudiantil no surgió de un círculo pretendidamente ilustrado, sino de núcleos de pobreza y en gran parte de su existencia y desarrollo ese ha sido su nicho de sostén, sólo en una pequeña proporción debido al peso económico que ha conseguido algunos de sus elementos han accedido a posiciones de poder fáctico, en buena medida debido a la relación que los círculos de poder formal han tendido hacía los grupos dedicados a ese mercado negro. Por lo que las élites entran en una contradicción al combatir a grupos de los que también se benefician.

Es en este aspecto en el que se puede observar una diferencia crucial en la construcción de las narrativas del movimiento estudiantil del 68 y el episodio de conflicto armado contra el narcotráfico: si bien los grupo del narcotráfico han llegado a ejercer cierto de nivel de poder informal es porque los círculos de poder formal consintieron y fomentaron la actividad delictiva por las retribuciones que de ello han obtenido, no son por naturaleza y estructura social elementos propiamente constitutivos  de los estratos privilegiados, han jugado un papel utilitario para las élites, en contraste al papel de los elementos que conformaron el movimiento estudiantil, los cuales eran parte consustancial de los grupos de privilegio social.                   

Lo que en el tiempo ha formado un discurso de satanización y condena moral para unos, y una épica social-moral para otros. En términos llanos hemos conformado como sociedad una simbología y una narrativa donde unas vidas valen más que otras en episodios de violencia institucional de Estado igual de injustificable.

ANDO POR LA PLAZUELA     

No busco conciliar

sino un epitafio adecuado.

                                                                                  -México como síntoma: la miseria moral institucionalizada.

Es un acto de mezquindad escatimarle logros a alguien sólo porque no se coincide en ciertas premisas con él. Y si algo tengo que reconocerle a Andrés Manuel López Obrador es que, en mi caso, tuvo la facultad de despejarme algunos desaciertos.

Desde hace tiempo me daba la impresión de que este país no tenía remedio, guardaba algún margen de optimismo por el patrimonio moral que las personas que lo conforman como población tendrían, esa idea que el mismo Peje expresó como “reserva moral del México profundo”. En realidad, en este sentido lo mío era más bien ceguera, una conclusión a la que no había llegado por una mínima lógica, sino que adopté irracionalmente de tanto escucharla desde hace mucho como condición dada en el mexicano.

Andrés Manuel, como si fuera psicoanalista, ejerciendo su “performance” de hijo del pueblo, me descubrió la realidad y me hizo recordar que no hay ignorante que pueda ser virtuoso, la construcción de civilidad, que no es sino la búsqueda de la convivencia lo más armoniosa posible dentro de nuestras contradicciones, requiere de instrucción por el simple hecho de que el medio en el que nos desenvolvemos desde hace siglos es en mayor medida artificial, como construcción humana se requiere cierto conocimiento para ser funcional al artificio que es la civilización.

Y precisamente en este sentido lo que me ha dejado claro, sin duda alguna, la administración de López Obrador, es que México es un país de profunda miseria moral, en donde apostó a sobornar con el presupuesto a la mayor cantidad posible de personas para que mansamente laman la mano; estrategia que tiene como antecedente directo la forma en que dimos carta de naturalidad al narcotráfico y su dominancia en nuestro cotidiano.

Esta miseria moral no es obra sola de Obrador, simplemente es la forma nueva de hacer política que tiene la simpleza de pasar de la simulación al cinismo más llano, vuelve las condiciones de la moral pública más descarnadas, las deja obscena y mórbidamente expuestas; uno sabe que el desagüe trae mierda, pero ese nivel de conocimiento se trasciende cuando el albañal revienta y nos impregna de su generosa humedad.

No voy a hacer un recuento de todos los lamentables lugares que el país ocupa en el mundo, como el de asesinatos, pornografía y prostitución infantil, falta de innovación y generación de conocimiento… Si en algo le importa su futuro o el de alguien por quien sienta un mínimo de aprecio, dé una googleada y hágase una mínima idea de cómo andamos más allá del Facebook, Whatsapp o Tiktok. Con todo lo señalado México no es una excepción sino un síntoma.

Boomer: La obsesión de acabar con el mundo antes de morir

Resulta paradójico que la generación de los Baby Boomers es la que más visiblemente en el ámbito público se queja del rumbo que toma occidente y su civilización, como si no hubieran sido ellos los artífices de nuestro presente posthistórico y deconstruido. Con su panfleto del amor libre y reblandecimiento de figuras referenciales tanto morales como éticas, sin la construcción del andamiaje que las sustituyera.

Es en este orden de ideas que empecé  a hacer una revisión de líderes mundiales con la  edad para ser considerados Boomers, en primera instancia por sus consecuencias y actualidad me llamaron la atención las declaraciones y acciones de Benjamín Netanyahu en contra del grupo terrorista Hamas, reacción a mi parecer lógica, hacía las acciones de secuestro y asesinato de población israelí por parte de los extremistas islámicos; sin que esto haga olvidar que el precedente directo anterior a la desgracia de Gaza,  fue la crisis interna provocada por el mismo primer ministro judío por su intento de concentración de poder, en el que maniobró para quitarle peso en el gobierno de Israel a la Suprema Corte, a través de aplicar una serie de reformas parlamentarias que fueron respondidas por la población con protestas multitudinarias en contra de las mismas.

Siguiendo el registro de mandatarios en funciones del periodo del Baby Boom recordé a Vladimir Putin y su infructífera guerra en Ucrania que va para cuatro años, la cual empezó justificándola en nombre de no sé qué gaitas por la incapacidad de reconocer su nostalgia imperial. De ahí mi memoria se traslada a finales de 2019 y principios de 2020, a la obcecación de Xi Jinping en simular que tenía controlado el COVID, hasta que el asunto le estalló en la cara, aunado a la parálisis de los organismos internacionales, particularmente la Organización Mundial de la Salud (OMS) que dirige Tedros Adhanom Ghebreyesus (60 años), que terminó en la mayor crisis económica, humanitaria e institucional de lo que va del XXI.

En este repaso de actores es inevitable la reflexión de la actitud del entonces presidente mexicano López Obrador, quién en una muestra más de falta de entendimiento de lo que está por fuera del corralito de la grilla nacional, se negó denodadamente a dar una declaración condenatoria al ataque terrorista de Hamas hacía Israel en el cual se tomaron más de mil rehenes, torturaron y asesinaron a algunos de manera mórbida, entre ellos niños, en 2023. En contraste sí ocupó su tiempo en condecorar en esos días a figuras militares, que en su momento él mismo acusó de ser representantes ilustres de la descomposición de las instituciones nacionales, y también centro su atención en exacerbar un conflicto con la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) operando un acto de doma, primero de supresión presupuestal y después de reformas legislativas, lo que tiene un paralelismo escalofriante con lo arriba descrito realizado por el ultraderechista Netanyahu, sólo que en el caso de la población mexicana con una arraigada tradición de excesiva reverencia al poder, ni por asomo hubo marchas de la población, como en la nación hebrea, cuestionando las acciones del presidente.

En E.U., los Boomers han sido tan poco logrados políticamente que en la esfera del poder fue desplazada un breve momento anterior por la generación que le precede, el expresidente Joe Biden pertenece a la Generación Silenciosa. Y todo mundo pensó que no podía existir nada peor que un hombre senil a cargo de la nación más poderosa del mundo hasta que Trump tomó las riendas del país norteamericano por segunda vez, en la cual ha mostrado un cabalgante delirio que no tiene ni reparo, ni brida, la última muestra de su contrición a los ideales de libertad, hermandad universal y paz de su generación fue el de devolver su antiguo nombre al Departamento de Defensa, cambiando el complemento por Guerra.    

Hay un factor temporal común en todos los personajes a los que se hace referencias líneas arriba, aquella que declaró el prohibido prohibir, el haz el amor y no la guerra, que vaticinó la era de Acuario, la revolución de las conciencias. El derrotero ideológico de la generación del Baby Boom en su última expresión gira hacia los perfiles autoritarios. ¿Cómo hay que interpretar las últimas decisiones políticas de estos representantes?        

¿Es una declaración política de arrepentimiento hecha en su cenit? Olvídense de todos los frutos del legado hippie y la sicodelia, todo era mentira: necesitamos más orden que libertad. Es la respuesta de la capitulación moral en los hechos de la generación hija de los ismos del XX.

-La virtualidad salvaje-

Toda intención interpretativa tiene trampas, en este caso una de ellas es que para considerar a alguien un “Baby Boomer” se necesita que haya crecido en lo que concebimos históricamente como Occidente, definición ya de por sí porosa.

A diferencia de Trump, con riguroso criterio ni Xi Jinping, Vladimir Putin o Benjamín Netanyahu pueden considerarse estrictamente occidentales, y en el caso de López Obrador podría aplicarle el término de manera muy limítrofe, en tanto Latinoamérica, en lo que se refiere a cultura, puede tomarse como una singularidad dentro de Occidente. Lo que sí se puede decir con mayor precisión es que comparten temporalidad generacional, actitudes autoritarias (francas o veladas), así como un manejo público teatral y cínico en el ejercicio del poder.

Puede resultar contradictorio entonces que la generación de mediados del XX que ejerce en el presente el poder político y económico tenga una actitud de extrañeza hacía los devaneos existenciales de sus hijos o sus nietos (¿perrhijos, perrinietos?), cuando estos pueden verse perfectamente como la consecución y consecuencia de las premisas obnubiladas aplicadas como ideologías íntimas y principios educativos toda la segunda mitad del siglo pasado, el cuerpo de pensamiento generado a partir de todos los ismos de este lapso de tiempo tienen el gran defecto de ser sólo revisionistas, es decir, son en el mejor de los casos métodos de análisis o crítica a estilos de vida y cuerpos de pensamiento anteriores, en su mayoría no ofrecen soluciones sino que observan lo que les parecen defectos y las pocas respuestas están planteadas desde lo idílico o subjetivo, incluso los que presumen el adjetivo de materialistas no son sino ensoñaciones intelectuales.

No es extraño que Europa occidental en lo político este dando en su conjunto virajes hacía opciones de derecha que optan por apelar a la nostalgia de los “valores de antaño”,  que es otra ilusión pero también una declaración de inviabilidad práctica y existencial de los preceptos posmodernos que configuran nuestro comportamiento como sociedad, reflejado ya en bajas tasas de natalidad, en algunos casos irreversible, de países desarrollados, así como en el pesimismo actual dominante en la perspectiva de futuro mundial.

La generación de los Baby Boomers en gran medida dilapidó irracionalmente la mayor concentración de recursos materiales registrados en la historia humana, subyace cierta lógica en el hecho de que no reconozca como parte de su obra la delirante mentalidad de sus descendientes, donde las categorías más simples como hombre-mujer, arriba-abajo, esfuerzo-recompensa, humano-animal, pretenden sean abolidas y supuestamente superadas por el concepto balbuceante de moda (¡Oh Da-da! Diría el vestigial surrealista), enunciable pero inoperante para tratar con la realidad circundante. No reconocen su creación porque como generación han desplegado su recorrido vital en un entorno de abundancia exuberante, en relación a las generaciones predecesoras y sucedáneas, de la cual la mayoría no es consciente, no es casual que la aparición y duración de los Estados del bienestar correspondan a este periodo histórico. Han discurrido en algo parecido al frenesí de la etapa adolescente o primera juventud en la cual nuestro accionar es en gran medida impulsivo e inconsecuente, la algidez vital provoca embotamiento mental.

No es por generación espontánea que estemos lidiando con esta humanidad huérfana de referentes claros y con ideas confusas, ante una realidad compleja que la avasalla, pero muy pendiente del estimulante reflejo narcisista que la tecnología nos ha puesto a la mano. Es resultado de la cavilación idealista y revoluciones fracasadas sin asideros realistas, posibles gracias a una despensa llena y recursos desbordados, así como cierta mezquindad inconsciente que provoca la sensación de falsa autosuficiencia. Y surge la pregunta frente al pasmo existencial: ¿Quiénes son estos seres jóvenes extraños que me acompañan y que actúan contra toda noción de sentido común y de supervivencia? ¿De dónde salieron? ¿Qué relación tengo con ellos? No sin cierto rasgo esquizoide se reniega de la descendencia y se le desconoce porque aún no se es consciente de que es la resaca después de los excesos.

ANDO POR LA PLAZUELA

El gobierno mexicano desde hace siete años ha optado por intentar el modelo autoritario capitalista, como el que practica principalmente China y en algo Rusia, lo cual implica seguir con el modelo de libre mercado, pero concentrando el poder político en un grupo, en este caso un partido político, suprimiendo de facto los rasgos democráticos incipientes que nuestro país ha mostrado, coincidiendo con similitudes del régimen anterior en tiempo de la multicitada Dictadura Perfecta (Mario Vargas Llosa, dixit). Hay que dejar en claro que las razones de las coincidencias son casuales, las causas responden a momentos y razones históricas muy distintas, por lo cual no se está tratando con el mismo animal.

Para este fin se opera en el sentido de centralizar la influencia de las decisiones en los poderes de la Unión: Ejecutivo, Legislativo y Judicial. Con los dos primeros bastó con operar el endeble sistema de partidos para asegurar los resultados electorales, ya que en la democracia mexicana la separación entre Ejecutivo y Legislativo nunca ha sido real sino nominal, pero teniendo los dos de manera directa abarata las negociaciones y evita las posibles disidencias. Con el poder Judicial se tuvo que operar de manera más ríspida porque presenta cierta independencia en razón de ser nodo de intereses de peso político y de poder por lo regular, no siempre, ajeno al ámbito e interés del Estado mexicano.

También se observa un intento de subordinación de los poderes fácticos de todos los ámbitos, sobre todo el económico, al gobierno mexicano, lo que ha provocado mayor resistencia, incluso armada.

Esta intentona política tiene un factor de latente de caos ya que tiene una dependencia de elementos externos internacionales por lo cual el trabajo cultural se vuelve esencial en la población de México, si se pretende cierta permanencia a futuro, que es donde tienen el mayor equivoco y donde se observa que hay altas probabilidades que este proyecto, a mediano plazo, naufrague.

Para este tipo de modelos es necesario homogenizar la identidad de la población para lo cual se ha hecho uso de una narrativa creada tiempo atrás, residuo del Romanticismo europeo, en las vanguardias posmodernas mexicanas: el Indigenismo, idealizando la sociedad prehispánica con énfasis en la mexica y al mismo tiempo utilizando un viejo recurso para cohesionar sociedades creando un enemigo (real o imaginario) en este caso España, villano recurrente de la élite política mexicana desde antes de la independencia, exigiendo unas disculpas innecesarias por repetitivas, así como absurdas por exigirlas una mestiza judía, en nombre de un imaginario país de 123 millones de autóctonos puros.

Si bien este neoindigenismo romántico parecería coincidir con ciertas reivindicaciones deconstructivistas del individuo, muy en boga estos días, como los movimientos LGTB+ y Feminista, no es más que de manera superficial, esta engañosa similitud se debe sobre todo al pastiche político de lo que se llama izquierda en México, ya que acudió a volver sus propuestas un mercado de veleidades para englobar en sus filas a la mayor cantidad de (lo que en su momento fueron) disidencias políticas.

Intentar centralizar la identidad de México en la caricatura que se tiene de la civilización mexica es un callejón sin salida, una premisa que ya se probó y falló, de lo cual quedó registro incluso en murales, excelsos murales únicos con ideas falibles. Por las expresiones y la edad de la clase gobernante es probables que exista la lectura que esta vertiente discursiva fue saboteada por la imposición de los valores y cultura neoliberal más en específico la anglosajona, lo que no es sino una conclusión que muestra cierto sesgo ideológico, incompetencia o esclerosis mental.

La noción que supone a México como sucedáneo del Imperio Azteca no tiene ningún asidero histórico, geográfico o étnico, esta premisa falló como discurso porque es muy reduccionista, sólo hay que ver la dimensión actual de nuestro país, lo variado de sus climas, geografías y la diversidad de procedencia étnica de los mexicanos para darse cuenta que el imaginario posible que ofrece la idea de los mexicas como nuestros únicos o más importantes ancestros es ridícula por pobre.

Si la idea de los mexicas como identidad raíz de México se adoptó algún tiempo fue en parte por la imposición autoritaria de un sistema político y gubernamental hegemónico, si esta no sobrevivió es tan simple como que no era una buena idea, ni representa a la mayoría de los mexicanos y en contraste habrá que preguntarnos por qué se han seguido afianzadas e incluso tomado mayor fuerza otras representaciones culturales como el Día de muertos e incluso la música regional del norte de México siendo un fenómeno cultural mundial y no fueron avasallados por el diabólica doctrina neoliberal.

El grupo que en este momento detenta el poder político operó en lo práctico lo necesario para hacerse de la posición que ahora ocupa, pero carece de los elementos que le puedan dar permanencia a largo plazo, del constructo necesario para establecer una representación funcional para su asimilación cultural por parte de la población que planteé hitos nuevos, acorde a la realidad actual y con perspectiva de futuro, en lugar de esto han optado por recuperar viejas recetas o tomar prestados referentes superfluos de la moral en turno.

No sería extraño que simplemente no tomen en cuenta estas cuestiones que han acompañado a los regímenes más longevos de la historia de occidente, ya que existen evidencias claras de su holgazanería intelectual, como no contemplar en la relación con España aparte de un reclamo burdo, un agradecimiento por el exilio español de mediados del XX, que proveyó a México de una potencia de pensamiento el cual marcó una de las épocas de mayor pujanza y relieve cultural de la época moderna que nuestro país ha tenido y sin el cual muchos de nuestras mejores mentes, entre literatos, cinematógrafos, filósofos, arquitectos, artistas y científicos no hubieran sido posibles.